Correspondencia entre las respuestas fisiológicas y no verbales: comportamiento no verbal que acompaña el desafío y la amenaza. Club Lenguaje No Verbal

27 agosto, 2018 - por Javier Sanz Sierra - en Comunicación no verbal, Comunicación social, Emociones, Percepción

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del estudio “On the Correspondence Between Physiological and Nonverbal Responses: Nonverbal Behavior Accompanying Challenge and Threat”, de los autores Max Weisbuch, Mark D. Seery, Nalini Ambady y Jim Blascovich, quienes investigan la correspondencia entre las respuestas fisiológicas y las no verbales en las situaciones de desafíos y amenazas.

Se sabe que los marcadores fisiológicos son propensos a estar acompañados por un comportamiento no verbal psicológicamente significativo, y esto ha sido estudiado en el caso de las situaciones estresantes. Investigadores como Darwin y Cannon estuvieron de acuerdo en que las respuestas a las situaciones estresantes (por ejemplo, el terror) se caracterizan por patrones específicos fisiológicos y no verbales (temblor del cuerpo, piel pálida, pelo erizado…).

Aunque esta idea sugiere que la actividad fisiológica y no verbal constituyen una respuesta integrada a las demandas ambientales, hay pocas investigaciones que respalden esta teoría, y estas ausencias de investigaciones pueden deberse a la posibilidad de que las respuestas fisiológicas y no verbales ante situaciones ambientales sean independientes. Por ejemplo, las expresiones no verbales pueden funcionar como respuestas comunicativas que no dependen de la actividad autónoma subyacente. Además, la dificultad de medir respuestas fisiológicas complejas puede explicar la falta de evidencia fisiológica-no verbal.

La investigación realizada en el presente estudio examina el grado en que una situación estresante (desafío o amenaza) provoca la covarianza entre los patrones de actividad no verbal (comportamiento no verbal) y fisiológica (medición de marcadores cardiovasculares).

Los marcadores de desafío y amenaza son relevantes dentro de contextos que requieren respuestas cognitivas para cumplir un objetivo relevante. Ejemplos de tales situaciones de rendimiento motivado incluyen realizar un examen, dar un discurso y causar una buena impresión. Por lo tanto, las situaciones de rendimiento motivado incluyen muchas de esas situaciones que comprendemos como “estresantes”. Los estados motivacionales de desafío y amenaza se producen del siguiente modo: El desafío se produce cuando se evalúa que los recursos de afrontamiento (por ejemplo, habilidades, disposiciones, soporte externo) cumplen o superan las demandas de la situación (por ejemplo, esfuerzo requerido, peligro, incertidumbre). La amenaza se produce cuando las demandas de la situación se evalúan como recursos superiores a la superación. Por lo tanto, el desafío y la amenaza pueden entenderse como niveles de “confianza” específica del contexto.  Más de 30 estudios diferentes demostraron que el desafío incluye más confianza en el afrontamiento de tareas y una mayor movilización de energía que la amenaza, factores que deberían mejorar el rendimiento.

En cuanto al comportamiento no verbal estudiado en la investigación, los autores son conscientes de que el comportamiento facial parece ser especialmente susceptible de control consciente, por lo que las respuestas faciales pueden reflejar más la deseabilidad social que la experiencia subjetiva o fisiológica (de hecho, las expresiones faciales positivas a veces pueden ser más probables entre las personas que experimentan un afecto negativo que entre las personas que experimentan un afecto neutral. En este caso, ante una amenaza, quienes experimentan dicha amenaza pueden esforzarse especialmente por crear una expresión facial segura y, por lo tanto, pueden parecer más seguros que los individuos desafiados). En contraste, la voz parece ser menos susceptible al control consciente y puede ser un indicador más verídico de la experiencia psicológica (Ekman y Friesen). Por lo tanto, los canales faciales y vocales pueden diferir con respecto a su relación con los procesos fisiológicos.

En el estudio realizado participaron de forma remunerada 90 mujeres estudiantes de psicología de la Universidad de California. De estas 90 mujeres, 30 fueron seleccionadas para el análisis no verbal sobre

Par la medición fisiológica se usaron dispositivos de medición fisiológica para registrar señales cardíacas, presión arterial y rendimiento cardíaco. Para la medición no verbal se usó un micrófono y cámara de vídeo detrás del cristal tintado situado directamente frente al participante.

Se registró el comportamiento de los participantes a través de las mediciones nombradas, y digitalmente se crearon 2 tipos de packs: Un primer pack de vídeos silenciados en donde se observaba el comportamiento no verbal del participante, enfocándose únicamente la cara, y un segundo pack en donde se eliminó el vídeo y los sonidos de alta frecuencia para que finalmente solo se pudiese percibir la prosodia.

Los participantes completaron el experimento individualmente. Al llegar al laboratorio, un experimentador saludó al participante y la acompañó a una sala de preparación. Se aplicaron los sensores necesarios para el registro fisiológico y se llevó al participante a una sala de control. Allí, se inició un período de descanso de 5 minutos cuando el experimentador abandonó la sala, durante el cual se evaluaron los niveles basales de las respuestas fisiológicas. Después del período de descanso, se informó al participante que un miembro del equipo de investigación entraría ahora en la sala para involucrar al participante en un ejercicio. Una experimentadora desconocida para el participante entró en la sala de grabación, se presentó y se sentó para comenzar una conversación. La conversación duró 3 minutos, durante los cuales se registraron las mediciones fisiológicas. El entrevistador le hizo al participante un conjunto de preguntas predeterminadas sobre sí misma. Las preguntas incluidas generaban sensaciones de desafío o de amenaza dependiendo del participante.

Tras realizar las grabaciones a las participantes, 18 estudiantes de pregrado fueron asignados aleatoriamente para juzgar los clips de video o clips de sonido resultantes, puntuándolos en escalas de 0 a 5 según la confianza y dominio visto u oído en los clips.  Los resultados fueron los siguientes: Autoconfianza facial (a = .81), autoconfianza vocal (a = .59), dominio facial (a = .74) y dominio vocal (a = .56) .

Estudiando las mediciones fisiológicas de las participantes se comprobó que en los casos de sensación de desafío se aumentan las pulsaciones, se dilatan las arterias (disminuye TPR, que es la resistencia vascular), y se produce un mayor flujo sanguíneo. Durante la sensación de amenaza, aumentan las pulsaciones pero disminuye el flujo sanguíneo y la dilatación de arterias es mucho menor.

Se comprobó por tanto que los participantes que exhibieron una amenaza consistente con experimentar una menor confianza, mostraron una confianza vocal menor y una confianza facial mayor. Para los participantes que exhibieron una amenaza, estos resultados son consistentes con el intento de enmascarar una falta subyacente de confianza (indicada por sus respuestas vocales) con un comportamiento no verbal facial relativamente controlable. Por el contrario, el patrón no verbal asociado con el desafío es consistente con la realidad que experimenta una mayor confianza, junto con la falta de preocupación por aparecer con confianza. Las reacciones fisiológicas de los participantes fueron diferentes entre los que sintieron desafío y los que sintieron amenaza. Por tanto, la diferencia entre la confianza vocal y facial que percibían los observadores indicaba un patrón cardiovascular que sólo podría ser observable a través de dispositivos de medición fisiológica.

En términos más generales, estos resultados demuestran que existe covarianza en las respuestas fisiológicas y no verbales, pero que esta covarianza puede observarse mejor con un patrón significativo de actividad fisiológica. Por el contrario, las expresiones faciales a menudo pueden ser engañosas, especialmente en comparación con las expresiones vocales, y pueden estar particularmente sujetas a preocupaciones motivacionales, como la gestión de impresiones. Estas consideraciones resaltan la importancia de utilizar patrones de reactividad fisiológica complejos y validados empíricamente al examinar la relación entre las respuestas fisiológicas y no verbales.

¿Los hombres muestran menos miedo si son observados por mujeres atractivas? Club del Lenguaje No Verbal

17 agosto, 2018 - por Javier Sanz Sierra - en Comunicación no verbal, Emociones, Seducción, Sin categoría

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “Fear Attenuated and Affection Augmented: Male Self-Presentation in a Romantic Context” de Dina Dosmukhambetova y Antony Manstead, en donde se explica el comportamiento facial de los hombres para aumentar su atractivo hacia las mujeres en entornos de miedo (películas de terror) y de ternura (vídeos de niños pequeños). 

La gente se esfuerza en dar una buena impresión cuando ellos mismos se encuentran en presencia de miembros deseables del sexo opuesto.  Las mujeres por ejemplo se presentan como fieles cuando quieren una relación a largo plazo y ayudan más para parecer más generosas, mientras que los hombres se describen a sí mismos como más ambiciosos y reportan dar mayor importancia al éxito financiero y se vuelven más creativos. Dado lo anterior, parece probable que en un contexto romántico los individuos también usarían expresiones faciales de emociones de tal manera que parecieran más deseables. De hecho, hay investigaciones que demuestran que las personas modulan sus emociones para lograr objetivos sociales. Por ejemplo, varios estudios explican que las personas muestran ser felices para ser más agradables, o que las mujeres son más propensas a mostrar emociones “impotentes” ante determinados problemas (como la tristeza y el miedo), mientras que los hombres son más propensos a reportar emociones “poderosas” ante este tipo de situaciones, como la ira y la decepción porque estas últimas están de acuerdo con una motivación para mantener el control.

El objetivo del estudio que resumimos fue examinar si, en el contexto del romance, los individuos intentan manipular su imagen a los ojos de los demás alterando estratégicamente sus expresiones faciales de emoción (según lo medido por el sistema de codificación FACS). Los autores derivan hipótesis sobre el contenido del comportamiento de autopresentación a partir de la teoría evolutiva, que proporciona información sobre lo que la gente valora en las parejas románticas potenciales. Por lo tanto, la teoría evolutiva predice que la conveniencia de un hombre como pareja romántica dependerá, al menos en parte, de la percepción de su voluntad de invertir en sus hijos y de su percepción de su capacidad de proteger físicamente tanto a su pareja femenina como a su descendencia. Estas predicciones también son consistentes con una perspectiva psicológica social sobre el comportamiento romántico. En términos de voluntad de invertir en la infancia, tanto los cambios en los roles de género como la presión social actual sobre los varones para que se involucren más en el cuidado de los niños podrían hacer que los varones expresen más afecto hacia los bebés en el contexto del romance. En cuanto a la capacidad de proporcionar protección física, la investigación psicológica social muestra que las mujeres prefieren a los hombres que no muestran miedo frente a un estímulo que provoca miedo. Ya sea que la preferencia de las mujeres por ciertos rasgos en los varones esté determinada por factores evolutivos o sociales, si estos son los rasgos que prefieren las mujeres, son los que los varones deben mostrar en el contexto del romance. Cuando se encuentren en presencia de una mujer atractiva, los varones deben estar motivados para mostrar menos expresiones que sean indicativas de su incapacidad para proporcionar dicha protección; también deben estar motivados para aumentar las expresiones que demuestren que es probable que sean buenos padres. Sin embargo, existen diferencias individuales conocidas en la forma en que las personas abordan el romance y en su propensión a ejercer un control expresivo sobre sus conductas sociales, por lo que estas hipótesis deben ser más amplias.

Investigaciones anteriores muestran que los esfuerzos de manejo de la impresión en un contexto romántico son moderados por la orientación sociosexual. El Inventario de Orientación Sociosexual (SOI; Simpson y Gangestad 1991) mide la predisposición a tener relaciones sexuales sin compromiso ni intimidad. Las puntuaciones más bajas de esta escala indican que las personas están “restringidas”, lo que significa que necesitan estar emocionalmente apegadas y cómodas con las personas con las que tienen relaciones sexuales; las puntuaciones más altas de esta escala indican que las personas están “sin restricciones”, lo que significa que no necesitan involucrarse emocionalmente antes de tener relaciones sexuales, y que se sienten cómodas teniendo múltiples relaciones sexuales casuales. Consistente con esta distinción, se ha demostrado que la SOI está asociada con un número de tendencias conductuales sociosexuales. Por ejemplo, los individuos “sin restricciones” son más propensos a desear parejas que obtienen un alto puntaje en atractivo y visibilidad social, mientras que los individuos “con restricciones” suelen desear parejas que posean buenas cualidades personales y de crianza. En una serie de estudios relativos al SOI se encontró que los varones sin restricciones se vuelven más generosos y tienen más probabilidades de involucrarse en una ayuda heroica. Los investigadores argumentaron que este comportamiento no restringía la inclinación de los hombres a buscar múltiples parejas románticas.

En el presente estudio resumido los autores buscan mostrar que en el contexto de la atracción romántica los hombres muestran menos miedo ante una película de terror y aumentan sus expresiones de afecto hacia los bebés. Además, predicen que en el contexto romántico los hombres sin restricciones controlarán el miedo mucho más que los hombres con restricciones. Esto se debería a que tal patrón estaría en línea con la tendencia de los varones a exhibir “heroísmo” cuando se encuentran en un contexto romántico.

El autocontrol es otro posible moderador de las conductas de autopresentación. La escala de autocontrol es una medida ampliamente utilizada para medir la propensión de las personas a controlar su comportamiento expresivo con el fin de ejercer control sobre la imagen social que proyectan. Las investigaciones muestran que los sujetos con un alto autocontrol manejan mejor las impresiones que producen en las personas que los sujetos con un bajo autocontrol. La investigación también muestra que la escala de autocontrol está correlacionada con la orientación sociosexual, de tal manera que los individuos sin restricciones tienden a tener un mayor autocontrol. Por lo tanto, hay dos predicciones contradictorias sobre el papel moderador del autocontrol: En primer lugar, en presencia de una mujer atractiva, es probable que los autocontroladores de alto nivel, supuestamente capaces de gestionar la impresión que dan en mayor medida, atenúen sus expresiones de miedo y aumenten sus expresiones de afecto más que los autocontrolados de bajo nivel. En segundo lugar, la correlación positiva entre la falta de restricciones y el alto autocontrol implica que los altos autocontroles podrían comportarse como participantes sin restricciones, en el sentido de que fruncen menos el ceño en presencia de escenas de terror, pero no sonríen más durante la presencia de escenas con niños pequeños (para mostrar esa vinculación con la crianza). En la presente investigación se examinan estas dos predicciones que compiten entre sí. La investigación muestra además que la mera exposición a fotos de mujeres atractivas hace que los hombres se comporten como si estuvieran tratando de impresionar a una mujer. Una razón de tales efectos es que los hombres están más abiertos a encuentros sexuales casuales que las mujeres. Para comprobar todo esto, los autores realizaron una manipulación del contexto romántico, llevando a los participantes masculinos de la investigación a creer que estaban siendo observados a través de una cámara de video por una asistente de investigación atractiva o poco atractiva.

La investigación se realizó del siguiente modo: participaron 62 sujetos masculinos, con una edad media de 22,37 años, y siendo el 47% solteros.

En primer lugar se les mostraron fotografías de mujeres. El material usado fue 6 fotos de mujeres (3 atractivas y otras 3 menos atractivas) que debían ser puntuadas del 1 (“la mujer menos atractiva que he visto nunca”) al 11 (“la mujer más atractiva que he visto nunca”). En ese estudio, la imagen atractiva recibió una puntuación media de 7,37, mientras que la imagen menos atractiva recibió la puntuación media de 2,47.

Posteriormente se prepararon tres breves películas. La película 1 (horror) fue un extracto de 2 min 20 s de la película de terror “1408”. El extracto representa a un hombre tratando de escapar de una habitación “maldita”; al final del clip un atacante intenta apuñalar al protagonista. Este film fue seleccionado de entre un número de clips de horror que habían sido probados previamente para evocar miedo. La película 2 (neutral) fue la película ‘Sticks’ , un film emocionalmente neutro que únicamente muestra palos dibujados en la pantalla. También tuvo una duración de 2 min 20 s. La película 3 (infantes) era una versión editada del comercial “Pampers Peace on Earth”  que muestra a niños durmiendo con una suave melodía; duraba 1 minuto.

Para medir los resultados se usaron dos medidas, el SOI (Sociosexual Orientation Inventory), una medida de 7 ítems de la preferencia de las personas por el sexo sin restricción o restringido; y el SMS (Self-Monitoring Scale), un instrumento de 18 ítems que mide la propensión de las personas a ejercer un control expresivo sobre su comportamiento. Además, los participantes fueron grabados durante el experimento. Se utilizó el Facial Action Coding System (FACS) para codificar su comportamiento facial. Se codificaron cuatro unidades de acción (UA) o combinaciones de UA: AU1- AU4 (elevador de ceja interno y bajada de ceja), AU4 (bajada de ceja o frunciendo el ceño), AU5 (elevador de párpado superior), y AU12 (tirador de esquina de labio, o sonriendo). AU4 no estaba codificado como’AU4′ cuando ocurrió en combinación con AU1, pero estaba codificado en todos los demás casos por su conexión con la expresión del miedo, mientras que AU12 (con o sin elevador de mejillas, AU6) fue seleccionado porque ha sido usado como una medida de la calidez y afecto de los padres. Todas las codificaciones fueron realizadas por dos expertos codificadores de FACS de forma independiente. La fiabilidad fue del 79%.

Todas las emociones se midieron en una escala de 9 puntos, desde 0 (“no sentí la emoción en lo más mínimo”) hasta 8 (“lo máximo que he sentido en reacción a una película”). Las emociones eran afecto, diversión, ira, miedo, tristeza y sorpresa. También se midió la valencia general del afecto experimentado durante cada película (1 = muy desagradable, 8 = muy agradable).

Antes de que los participantes llegaran al laboratorio, la experimentadora se puso maquillaje y ropa para parecer poco atractiva. Esto era necesario para eliminar la posibilidad de que los participantes consideraran atractivo a la experimentadora, porque esto podría haber interferido con la manipulación del atractivo del asistente de investigación. Después de dar la bienvenida a los participantes y sentarlos frente a un ordenador y una cámara de video, la experimentadora mencionó que tenía que irse en unos minutos y que su asistente de investigación podría monitorear su progreso durante el experimento a través de una cámara y los interrogaría al final del estudio. La experimentadora también mencionó que los participantes eran libres de hacer preguntas a la asistente de investigación, si tenían alguna, durante el experimento. Luego se dejó a los participantes solos para que leyeran el consentimiento informado y comenzaran el experimento.

La manipulación del atractivo físico de la asistente de investigación y el refuerzo de la creencia de los participantes de que vería sus cintas de video se incorporó al consentimiento informado. Después de leer la información estándar sobre las tareas y procedimientos del experimento, los participantes continuaron a una página que proporcionaba información sobre la asistente de investigación, quien ostensiblemente también tendría acceso a sus datos de video para fines de codificación y análisis. El atractivo de la asistente de investigación fue manipulado por una foto que se incluyó en esa página.

Después de acordar participar, los participantes vieron los tres films (horror, infantes y neutrales) y respondieron preguntas sobre sus reacciones emocionales a cada uno de ellos. Al final, los participantes completaron los correspondientes cuestionarios (SOI, autocontrol…). Luego se les dio un informe completo. Las respuestas abiertas a una pregunta sobre el propósito del experimento revelaron que ninguno de los participantes adivinó el verdadero propósito del experimento.

El diseño del estudio fue un doble factorial: Atractivo asistente: atractiva vs. poco atractiva; y Tipo de película: horror vs. neutro vs. infantil.

Los resultados fueron los siguientes: De los 67 participantes, 5 fueron excluidos. Dos reportaron ser homosexuales, uno reportó haber visto la película 1408 demasiadas veces, en otro caso la grabación del vídeo fue de muy baja calidad, y un quinto sujeto declaró no creerse que realmente había una asistente observando tras la cámara. Por tanto, quedaron 62 participantes válidos para el estudio.

Sobre las manipulaciones del tipo de película, la emoción dominante reportada por los participantes mientras veían la película de terror fue el miedo. Reportaron sentir más miedo que enfado o tristeza. La emoción dominante reportada por los participantes mientras miraban el anuncio de niños pequeños fue el afecto. Los participantes reportaron experimentar más afecto que diversión. Para el film neutro, los medios de todas las emociones reportadas (afecto, diversión, enojo, miedo, tristeza y sorpresa) fueron menos de 3 en una escala de 1 a 9 y la valencia media estuvo cerca del punto medio. Por lo tanto, se entiende que las manipulaciones de las películas fueron exitosas.

Sobre la manipulación relativa al atractivo de la asistente, el cuestionario de verificación de manipulación fue administrado después de que las películas hubieran sido vistas, con el pretexto de que ”la investigación muestra que las personas a veces se ven afectadas en cómo se comportan al saber que alguien las está observando”. A los participantes se les instruyó además que ”para eliminar estadísticamente cualquier efecto de la Asistente de Investigación en tu comportamiento, nos gustaría medir tus percepciones de ella”. Hubo un efecto de la atracción de la asistente sobre las percepciones, de tal manera que los participantes vieron a la asistente atractiva como mucho más atractiva que a la asistente poco atractiva. Así, durante la película de terror, aunque el atractivo de la asistente no afectó los auto-reportes de ninguna emoción, incluyendo el miedo, ira, tristeza y sorpresa, si que hubo un efecto del atractivo de la asistente sobre la cantidad de fruncimiento de ceño (AU4) de los participantes. Como se predijo, los hombres en la condición de asistente atractiva fruncieron menos el ceño que los hombres en la condición de asistente poco atractiva.

La cantidad de fruncimiento de ceño (AU4) no se vio afectada por el atractivo de la asistente cuando los participantes estaban viendo el film neutro.

El atractivo de la asistente tampoco afectó a los auto-reportes de ninguna emoción en el visionado del vídeo sobre niños. No influyó en las respuestas sobre afecto, diversión, ira, tristeza o sorpresa, ni sobre la valencia percibida del contenido afectivo de film. Eso si, como se predijo, los participantes en la condición de asistente atractiva sonrieron más veces  (AU12) que los participantes en la condición de asistente poco atractivo.

En cuanto a la Orientación Sociosexual, se utilizó la regresión logística para determinar si la relación entre el atractivo de la asistente y el fruncir el ceño (AU4) durante el film de terror dependía de la orientación sociosexual. Los resultados mostraron que al ver el film de terror, los hombres sin restricciones fruncían el ceño menos cuando eran observados por una asistente atractiva que cuando eran observados por una asistente poco atractiva, mientras que los hombres con restricciones no mostraban apenas diferencia.

En cuanto al autocontrol, los sujetos con alto autocontrol fruncieron menos el ceño cuando fueron observados por asistentes atractivas que cuando fueron observados por asistentes poco atractivas, mientras que los sujetos con bajo autocontrol no mostraron diferencias en la cantidad de veces que fruncieron el ceño con independencia del atractivo de la asistente.

Por tanto, se confirma que bajo determinadas circunstancias y características del sujeto, los participantes varones variaron sistemáticamente en función del atractivo de una observadora. De forma general, la presencia de una atractiva observadora femenina llevó a los varones a fruncir menos el ceño mientras veían un film de terror, pero no mientras veían un film neutral. Como se predijo, este efecto fue más evidente entre los hombres con una orientación socio-sexual sin restricciones, es decir, hombres que están más fuertemente motivados para perseguir múltiples relaciones románticas no comprometidas, así como entre los hombres con un alto nivel de autocontrol.

La presencia de una atractiva observadora femenina también llevó a los varones a sonreír más mientras miraban un film que representaba a bebés “lindos”, pero no cuando veían un film neutral. Sin embargo, ni la orientación sociosexual ni el autocontrol (algo sorprendente) moderaron este efecto.

Una cuestión que surge con respecto a la interpretación de estos resultados es si los hombres atenuaron el miedo y expresaron mayor afecto para parecer más deseables como pareja romántica al observador femenino atractivo. Si los hombres intentaban manipular su imagen social de tal manera, en principio según informaron no lo hacían conscientemente: Los hombres no reportaron querer impresionar a la atractiva asistente más de lo que querían impresionar a la poco atractiva asistente. Sin embargo, la ausencia de estrategias conscientes por parte de los varones no implica que su comportamiento no haya sido impulsado por preocupaciones estratégicas. No sólo la autopresentación es a menudo subconsciente; también es más probable que tenga éxito cuando el autopresentador engaña sin ser consciente de ello.

¿Puede una sonrisa falsa aumentar la percepción de confianza de los demás? Club de Lenguaje No Verbal

10 agosto, 2018 - por Javier Sanz Sierra - en Comportamiento cooperativo, Comunicación no verbal, Comunicacion No Verbal Negocios, Comunicación social, Detección de mentiras, Emociones, Microexpresiones, Percepción

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “A fake smile thwarts cheater detection” de Matia Okubo, Akihiro y Kenta Ishikawa. Un interesante estudio publicado en “Journal of Nonverbal Behavior”, en donde explican como las personas discriminan a posibles mentirosos en base a sus expresiones faciales negativas, y como una expresión facial positiva falsa (como una sonrisa falsa) puede influir en la percepción de confianza de los demás y frustrar la posible detección de una mentira. 

La cooperación social es una característica universal de las sociedades humanas porque las interacciones cooperativas mejoran la aptitud para la supervivencia. Sin embargo, esta mejora puede estar en riesgo si hay mentirosos durante las interacciones de cooperación: Los mentirosos pueden explotar a sus compañeros en un intercambio social beneficiándose de ellos sin reciprocidad. La cooperación social a largo plazo sólo tiene éxito si los individuos son capaces de detectar y evitar a los mentirosos en sus interacciones sociales. Aunque existen técnicas científicas que ayudan a detector las mentiras, Cosmides (1989) propuso que los humanos tienen mecanismos cognitivos innatos para detectar a estos mentirosos, basándose especialmente en las expresiones faciales.

Las expresiones faciales de los demás proporcionan información sobre su estado emocional y sus intenciones, que desempeñan un papel importante en la cooperación social. Algunas investigaciones encontraron que las caras de los mentirosos eran juzgadas más agresivas (amenazantes e intimidantes) y atraían la atención de los observadores durante las tareas visuales. Estos resultados sugieren que las expresiones emocionales agresivas como la ira pueden funcionar como una señal facial para la detección de los mentirosos.

Además, una expresión emocional agresiva es un determinante importante de la confianza facial percibida. Oosterhof y Todorov en una investigación en 2008 utilizaron una técnica de transformación en rostros generados por computadora y demostraron que los cambios en la dimensión confiable de los rostros afectaban principalmente a las percepciones de ira y felicidad, pero no a las percepciones de otras expresiones emocionales básicas. Demostraron además que los rostros dignos de desconfianza son percibidos como más enojados que los rostros confiables. Por tanto la capacidad de detectar a los mentirosos (erroneamente o no) por su apariencia puede basarse, al menos parcialmente, en la detección de expresiones emocionales agresivas de los rostros. Si los mentirosos expresan habitualmente niveles más altos de emociones agresivas, la gente debería ser capaz de distinguir de manera fiable a los mentirosos de los cooperadores. Sin embargo, este no es el caso: Aunque la gente es sensible a los mentirosos, la detección de los mentirosos, por supuesto, no es perfecta en situaciones del mundo real. Los autores de este artículo especulan que estas fallas en la detección de mentirosos son atribuibles a la habilidad de los mentirosos para disfrazar las emociones que indicarían su actitud poco cooperativa.

Una expresión facial que puede utilizarse para disfrazar las emociones subyacentes es la sonrisa, que es la señal más importante en la cooperación social, así como una de las expresiones más fáciles de fingir según Ekman. De hecho, en un experimento se usaron caras generadas por ordenador y demostraron que la percepción de la confiabilidad de las caras estaba correlacionada con la intensidad de las expresiones felices. Utilizaron fotografías de candidatos electorales y descubrieron que la intensidad de la sonrisa predijo la confianza percibida.

Estos resultados sugieren que incluso un símil artificial o planteado aumenta la confianza percibida. Sobre la base de estos hallazgos, se formularon las siguientes hipótesis: (1) Debido a que las expresiones faciales agresivas señalan la actitud poco colaboradora del observador, los observadores pueden discriminar con éxito a los mentirosos de los cooperadores detectando niveles más altos de expresiones faciales agresivas entre los mentirosos. Sin embargo, (2) tal detección de mentirosos puede ser frustrada por una sonrisa falsa, que los mentirosos expresarían con mayor intensidad que los cooperadores.

Para probar estas hipótesis, los autores llevaron a cabo una tarea de calificación utilizando fotografías faciales de los mentirosos y cooperadores, que fueron categorizados sobre la base de las puntuaciones en un juego económico. Se pidió a los modelos para las fotografías (es decir, a los mentirosos y cooperadores) que adoptaran tres tipos de expresiones faciales posadas (feliz, neutral y enojado) cuando se tomaron sus fotografías. Debido a que las  hipótesis involucraban la función de una sonrisa falsa (es decir, una expresión de felicidad posada), se usaron expresiones faciales posadas en lugar de expresiones espontáneas. Los participantes evaluaron las fotografías faciales en términos de intensidad emocional (la fuerza de la emoción que se expresa) y confiabilidad. En base a las hipótesis, se predijo que las fotografías de los mentirosos serían calificadas como emocionalmente más expresivas (más felices y más enojadas por rostros felices y enojados, respectivamente) que las de los cooperadores. Como resultado de una exitosa detección de mentirosos basada en expresiones agresivas, las fotografías de los mentirosos serían calificadas como menos confiables que las de los cooperadores para la expresión de enojo. Sin embargo, para la expresión feliz, la desventaja de los mentirosos en la confiabilidad desaparecería debido a una sonrisa falsa, que los mentirosos expresarían con mayor intensidad que los cooperadores para ocultar su actitud social.

Para comprobarlo hicieron un experimento con 68 estudiantes universitarios o de posgrado (33 mujeres y 35 hombres) de la Universidad de Sophia o de la Universidad de Meijigakuin, Tokio, Japón. La mitad de los participantes calificaron las caras enojadas y la otra mitad las caras felices.

Los modelos para las fotografías de los rostros fueron reclutados en la Universidad de Senshu, Kanagawa, Japón, y eran desconocidos para los participantes en las tareas de calificación. Las fotografías de los rostros se seleccionaron a partir de fotografías de 84 modelos masculinos. Había dos expresiones faciales posadas (feliz, enojado) para cada modelo. Se pidió a las modelos que se sentaran frente a la cámara y se les animó a ser tan emocionalmente expresivos como fuera posible para cada emoción.

La tarea de calificación utilizó un total de 108 fotografías. Fueron 96 fotografías definidas por una combinación ortogonal de 2 expresiones faciales (enojado y feliz) y 2 condiciones de cooperación (mentirosos y cooperadores, 24 cada uno). Además, se utilizaron 12 estímulos de relleno con una expresión neutra en la tarea de clasificación. Los modelos para los estímulos de relleno puntuaron alrededor del promedio en la puntuación de engaño (es decir, 6 modelos cada uno por encima y por debajo de la mediana). Se agregaron estímulos de relleno para aumentar la variedad de intensidad de las expresiones faciales, de modo que los participantes pudieran realizar fácilmente la tarea de calificación.

En cada ensayo, se pidió a los participantes que evaluaran una fotografía de un rostro presentado en un monitor LCD en términos de (1) la confiabilidad y (2) la intensidad de la expresión facial de la persona en la fotografía en una escala de 7 puntos (0 no confiable en absoluto – 6 extremadamente confiable, y 0 extremadamente feliz, 6 extremadamente enojado). La fotografía de la cara estaba presente hasta que se hizo la respuesta.

Cada participante completó 60 ensayos ya sea con caras con expresiones felices o expresiones de enojo. Esto se hace para evitar un efecto potencial de arrastre de presentaciones repetidas del mismo modelo con diferentes expresiones faciales: El juicio previo sobre el modelo con una expresión (por ejemplo, enojado) puede afectar el juicio posterior sobre el mismo modelo con la otra expresión facial (por ejemplo, feliz), especialmente con respecto a la confiabilidad.

La intensidad emocional fue relativamente alta en todas las fotografías porque se animó a los modelos a ser lo más expresivos emocionalmente posible cuando se tomaron sus fotografías. Tales fotografías podrían haber tenido un aspecto similar entre los ensayos en cuanto a intensidad emocional porque los participantes observaron sólo un tipo de expresiones planteadas (feliz o enojado). Por lo tanto, se añadieron los estímulos de relleno con expresiones emocionales neutras para aumentar la variedad de intensidad de las expresiones faciales de modo que los participantes pudieran realizar fácilmente la tarea de calificación. Los 60 ensayos consistieron en 48 ensayos de dos condiciones de cooperación (mentirosos versus cooperadores, 24 cada uno) y 12 ensayos de relleno.

Para analizar los resultados, para cada participante, se calcularon las calificaciones medias de intensidad emocional y confiabilidad para las 4 condiciones definidas, una combinación ortogonal de dos condiciones de cooperación (mentirosos y cooperadores) y dos tipos de calificación (intensidad emocional y confiabilidad). Cada puntaje de calificación fue sometido a un análisis de diseño mixto de dos factores de varianza con la expresión facial (feliz vs. enojado) como un factor entre los participantes y la cooperación (mentirosos vs. cooperadores) como un factor dentro de los participantes.

Sobre la intensidad emocional, las fotografías de los mentirosos fueron calificadas como emocionalmente más expresivas que las de los cooperadores. La expresión facial fue significativa con mayor intensidad para la expresión feliz que para la expresión de enojo. No hubo interacción entre la cooperación y la expresión facial, lo que indica que la ventaja de los mentirosos en la intensidad emocional se observó independientemente de las expresiones emocionales.

En cuanto a la confiabilidad, las fotografías de los mentirosos se calificaron de menos fiables que las de los cooperadores. Hubo un efecto principal significativo de la expresión facial, con mayor confiabilidad para la expresión feliz que para la expresión enojada. Estos efectos principales fueron calificados por una interacción significativa entre la cooperatividad y la expresión facial: Para la expresión de enojo, los mentirosos fueron calificados de menos confiables que los cooperadores. La desventaja de estos mentirosos desapareció para las expresiones felices. Además, la confiabilidad de los mentirosos fue calificada como más alta para la expresión feliz que para la expresión enojada. Esta ventaja de la expresión feliz no era significativa para los cooperadores.

A raíz de los resultados del experimento, se concluye que las fotografías de los mentirosos fueron calificadas como más expresivas emocionalmente independientemente de la expresión emocional en el presente estudio. Para la expresión de enojo, este resultado concuerda con los hallazgos previos de que los rostros de los mentirosos fueron juzgados como más agresivos (amenazantes e intimidantes) y atrajeron la atención de los observadores. Además, encontraron que los rostros poco confiables eran percibidos como más enojados que los rostros confiables.

La intensidad emocional de la expresión feliz también fue calificada como más alta para los mentirosos que para los cooperadores. Además, los rostros con expresiones emocionales felices eliminaron la desventaja de los mentirosos en la confiabilidad que se observaba en la expresión de enojo. Estos resultados apoyan la hipótesis de que la detección de mentirosos puede verse frustrada por una sonrisa falsa, que los mentirosos son más capaces de expresar con mayor intensidad que los cooperadores.

De todos modos, es necesario tener en cuenta algo, y es que a diferencia del presente estudio, otros estudios previos encontrados (no resumidos a fecha actual en el Club de Lenguaje No Verbal) han encontrado que los cooperadores, en lugar de los mentirosos, son emocionalmente más expresivos durante las interacciones sociales que los mentirosos. Estos resultados parecen ser inconsistentes con los hallazgos de este estudio. Esta inconsistencia puede atribuirse a las expresiones faciales planteadas utilizadas en el presente estudio. En contraste con el presente estudio, los estudios consultados anteriormente se centraron en las expresiones faciales espontáneas durante situaciones sociales, por lo que esa “espontaneidad” puede ser la responsable de estas diferencias, ya que las emociones espontáneas pueden funcionar como una señal para la cooperación social porque los individuos emocionalmente expresivos son menos capaces de ocultar emociones y, por lo tanto, deben comprometerse a tener intenciones de cooperación y comportarse de manera cooperativa. Dicho de otra manera, los cooperadores con señales emocionales honestas pueden ser menos capaces de fingir sus emociones que los mentirosos, quienes pueden expresar intensidades más altas de emociones falsas con el fin de disfrazar su actitud no cooperativa para que puedan fingir ser cooperativos. Además, mientras que en el presente estudio se utilizaron imágenes fijas, en estudios anteriores consultados se utilizaron vídeos que pueden transmitir información más significativa desde el punto de vista social, como expresiones faciales dinámicas e interacción social continua.

 

 

Teorías de la carga cognitiva en la detección de las mentiras. La técnica SUE. Club del Lenguaje No Verbal

02 agosto, 2018 - por Javier Sanz Sierra - en Detección de mentiras

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “Outsmarting the Liars: Toward a Cognitive Lie Detection Approach” de Aldert Vrij, Par Anders Granhag, Samantha Mann, y Sharon Leal, en donde explican la influencia de la elaboración de mentiras en la carga cognitiva del sujeto.  En esta ocasión, basándonos en el contenido del artículo, y ampliándolo con contenido adicional, se explicará de forma breve y sencilla cómo afecta la carga cognitiva en las declaraciones de un sujeto y cómo puede utilizarse este factor para la detección de las mentiras. 

Varias décadas de investigación de detección de mentiras han demostrado que la capacidad de las personas para detectar el engaño observando el comportamiento y escuchando el habla es limitada, con, en promedio, el 54% de las verdades y mentiras clasificadas correctamente. Para mejorar las tasas de precisión, algunos investigadores han intentado desentrañar las estrategias utilizadas por ciertas personas identificadas con habilidades extraordinarias de detección de mentiras (los llamados atrapadores de mentiras) mientras que otros investigadores han trabajado en mostrar las señales de “diagnóstico” del engaño. El éxito de tales programas de capacitación ha sido limitado, con solo unos pocos puntos porcentuales, en promedio, ganados en precisión. El problema es que las señales de engaño son generalmente débiles y poco confiables. Una de las razones es que las explicaciones teóricas subyacentes de por qué aparecen tales señales, nerviosismo y carga cognitiva, también se aplican a los que cuentan la verdad. Es decir, tanto los mentirosos como los que leen la verdad pueden temer ser incrédulos y tener que pensar mucho al proporcionar una declaración. ¿Pueden los entrevistadores hacer preguntas que provocan activamente y amplifican las señales verbales y no verbales del engaño? Los esfuerzos en el pasado (por ejemplo, la Entrevista de Análisis de Comportamiento de Reid) se han concentrado en despertar y amplificar las emociones, pero es dudoso si se pueden plantear preguntas que necesariamente generarán más preocupación en los mentirosos que en los narradores de verdad. Sin embargo, es posible hacer preguntas que aumenten la carga cognitiva más en mentirosos que en los que dicen la verdad. Esta perspectiva cognitiva de detección de mentiras consiste en dos enfoques. La técnica de carga cognitiva tiene como objetivo hacer que la entrevista sea más difícil para los entrevistados. Se argumenta que esto afecta a los mentirosos más que a los que dicen la verdad, lo que resulta en señales cada vez más evidentes de engaño. La técnica de preguntas estratégicas examina diferentes formas de cuestionamiento que provocan la mayoría de las respuestas diferenciales entre los sinceros y los mentirosos.

Sobre la técnica de carga cognitiva:  Mentir puede ser más exigente cognitivamente que decir la verdad. En primer lugar, formular la mentira puede ser cognitivamente exigente. Un mentiroso necesita inventar una historia y debe monitorear su fabricación para que sea plausible y se adhiera a todo lo que el observador u observadores saben o podrían descubrir. Por otra parte, los mentirosos deben recordar lo que han dicho a quién para mantener la coherencia. Los mentirosos también deben abstenerse de proporcionar nuevas pistas. En segundo lugar, los mentirosos son menos propensos que los sinceros a dar por sentada su credibilidad. Como tal, los mentirosos estarán más inclinados que los sinceros a monitorear y controlar su conducta para parecer honestos con el investigador, y tal monitoreo y control es cognitivamente exigente. Tercero, como los mentirosos no dan por hecho la credibilidad, también pueden monitorear las reacciones del investigador cuidadosamente para evaluar si parecen estar saliéndose con la suya, y esto también requiere recursos cognitivos. En cuarto lugar, los mentirosos pueden estar preocupados con la tarea de recordarse a sí mismos sus roles, lo que requiere un esfuerzo cognitivo adicional. Quinto, los mentirosos también tienen que suprimir la verdad mientras están elaborando las mentiras, y esto también es cognitivamente exigente. Finalmente, aunque la activación de la verdad a menudo ocurre automáticamente, la activación de la mentira es más intencional y deliberada, y por lo tanto requiere un esfuerzo mental.

Un cazador de mentiras podría explotar los diferentes niveles de carga cognitiva que experimentan los mentirosos y los sinceros para discriminar más efectivamente entre ellos. Los mentirosos requieren más recursos cognitivos que los sinceros y tendrán menos recursos cognitivos sobrantes. Si se aumenta la demanda cognitiva, lo que podría lograrse al hacer solicitudes adicionales es que los mentirosos puedan no ser tan buenos como los sinceros al hacer frente a estas solicitudes adicionales. Una forma de imponer carga cognitiva es pidiendo a los entrevistados que cuenten sus historias en orden inverso. Esto aumenta la carga cognitiva porque (a) va en contra de la codificación de orden directo natural de los eventos que ocurren secuencialmente, y (b) interrumpe la reconstrucción de eventos a partir de un esquema. Otra forma de aumentar la carga cognitiva es instruir a los entrevistados para que mantengan contacto visual con el entrevistador. Cuando las personas tienen que concentrarse en contar sus historias, probablemente cuando se les pide que recuerden lo que ha sucedido, tienden a apartar la mirada de su compañero de conversación (por lo general, a un punto inmóvil), porque mantener el contacto visual es una distracción.

En dos experimentos, se solicitó a la mitad de los mentirosos y narradores de la verdad que recordaran sus historias en orden inverso o que mantuvieran contacto visual con el entrevistador, mientras que no se dio ninguna instrucción a la otra mitad de los participantes. Aparecieron más señales de engaño en el orden inverso y manteniendo las condiciones de contacto visual que en las condiciones de control. Los observadores que vieron estas entrevistas grabadas en vídeo pudieron distinguir mejor entre verdades y mentiras en la condición de orden inverso y mantener las condiciones de contacto visual que en las condiciones de control. Por ejemplo, en el experimento de orden inverso, el 42% de las mentiras se clasificaron correctamente en la condición de control, muy por debajo de las que normalmente se encuentran en la investigación de detección de mentiras verbales y no verbales, lo que sugiere que la tarea de detección de mentiras fue difícil. Sin embargo, en la condición experimental, el 60% de las mentiras se clasificaron correctamente, más de lo que se encuentra típicamente en este tipo de investigación de detección de mentiras.

Sobre la técnica de preguntas estratégicas: Un hallazgo consistente en la investigación del engaño es que los mentirosos se preparan a sí mismos al anticipar una entrevista. La planificación facilita la mentira, y las mentiras planificadas suelen contener menos señales de engaño que las mentiras espontáneas. Sin embargo, los efectos positivos de la planificación solo surgirán si los mentirosos anticipan correctamente qué preguntas se harán. Los investigadores pueden explotar esta limitación haciendo preguntas que los mentirosos no anticipan. Aunque los mentirosos pueden negarse a responder preguntas no anticipadas, las respuestas de tipo “no sé” o “no recuerdo” generarán sospecha si las preguntas son sobre aspectos centrales (pero imprevistos) del evento objetivo. Para probar la técnica de las preguntas imprevistas, se entrevistó individualmente a pares de mentirosos y de personas que hablaban sobre haber almorzado juntos en un restaurante. Mientras los sinceros almorzaban juntos, los mentirosos no lo hicieron, pero se les ordenó que fingieran que sí. Todas las parejas tuvieron la oportunidad de prepararse para la entrevista. El entrevistador hizo preguntas de apertura convencionales (por ejemplo, “¿Qué hiciste en el restaurante?”), Seguidas de preguntas sobre detalles espaciales (por ejemplo, “En relación con dónde te sentabas, ¿dónde estaban los comensales más cercanos?”) y detalles temporales (por ej., “¿Quién terminó su comida primero, usted o su amigo?”). Además, se les pidió que dibujaran el diseño del restaurante. Las preguntas espaciales y las solicitudes de dibujo fueron una sorpresa para los entrevistados (esto se estableció después de la entrevista). Con base en la superposición de las respuestas entre los dos miembros de la pareja a las preguntas anticipadas, los mentirosos y los sinceros no se clasificaron por encima del nivel de oportunidad. Sin embargo, en base a las respuestas a las preguntas imprevistas, hasta el 80% de los pares de mentirosos y sinceros se clasificaron correctamente.

Por lo tanto, hacer preguntas imprevistas provocó señales de engaño. Hacer preguntas no anticipadas también puede ser efectivo al evaluar a los entrevistados individuales en lugar de a los pares de entrevistados. Un entrevistador podría hacer la misma pregunta dos veces. Cuando los mentirosos no han anticipado la pregunta, tienen que elaborar una respuesta en el acto. La memoria de un mentiroso sobre esta respuesta inventada puede ser más inestable que la memoria de un sincero sobre el evento real. Por lo tanto, los mentirosos pueden contradecirse a sí mismos más que los sinceros. Este enfoque probablemente funciona mejor si las preguntas se formulan en diferentes formatos. Cuando se les pidió que describieran verbalmente y dibujaran el diseño de un restaurante, las respuestas verbales y los dibujos de las personas sinceras mostraron más superposición que las respuestas verbales y los dibujos de los mentirosos. Los dibujos nunca se han usado antes como una herramienta de detección de mentiras, pero tienen potencial, como se demostró en otros experimentos. Más que una solicitud verbal, la solicitud del dibujo obliga al entrevistado a transmitir información espacial. Es decir, incluir un objeto dentro de un dibujo requiere que ese objeto esté ubicado espacialmente. En comparación, se puede describir verbalmente un objeto en una habitación sin indicar su ubicación espacial. Si un mentiroso no ha visto un elemento en un lugar determinado, puede describirlo verbalmente, pero lo hará sin explicar su ubicación para evitar el riesgo de ser descubierto. Dicha ” estrategia de enmascaramiento ” no es posible cuando se le pide que haga un dibujo. Como resultado, un mentiroso puede decidir no dibujar el objeto. En un experimento de puestos de trabajo, los sinceros discutían sus ocupaciones reales, mientras que los mentirosos discutían las ocupaciones que fingían tener. Cuando se les pidió que describieran verbalmente el diseño de su oficina, las respuestas de los sinceros y mentirosos fueron igualmente detalladas; sin embargo, cuando se les pidió que dibujaran el diseño de sus oficinas, los dibujos de los mentirosos fueron menos detallados que los de los sinceros.

El uso estratégico de la evidencia (SUE)

 Los sospechosos mentirosos y que dicen la verdad entran en entrevistas con la policía en diferentes estados mentales. Un sospechoso culpable a menudo tendrá un conocimiento único sobre el crimen, el cual, si lo reconoce el entrevistador, hace obvio que él o ella es el perpetrador. La principal preocupación del culpable será asegurar que el entrevistador no obtenga ese conocimiento. Los sospechosos inocentes enfrentan el problema opuesto, por temor a que el entrevistador no crea lo que hicieron en el momento del crimen. Estos diferentes estados mentales implican diferentes estrategias para mentirosos y sinceros. Los sospechosos culpables tienden a usar estrategias de evasión (por ejemplo, evitando mencionar dónde estaban en un momento determinado) o estrategias de negación (por ejemplo, negar haber estado en un lugar determinado en un momento determinado cuando se les preguntó directamente). Por el contrario, los sospechosos inocentes no evitan ni escapan, sino que son comunicativos y dicen la verdad como sucedió.

En la técnica SUE, el investigador busca detectar estas estrategias diferenciales a través de un uso estratégico de la evidencia disponible (por ejemplo, posible información incriminatoria, es decir, el entrevistador tiene pruebas y evidencias sobre el crimen). El propósito de SUE es hacer preguntas abiertas (por ejemplo, “¿Qué hiciste el domingo pasado por la tarde?”) seguidas de preguntas específicas (por ej., “¿Tú o alguien más manejaron tu automóvil el último domingo por la tarde?”) sin revelar la existencia de evidencias (por ejemplo, sin que el entrevistado sepa inicialmente que el entrevistador tiene las imágenes de circuito cerrado de televisión del automóvil del entrevistado conducidas en un lugar específico ese domingo por la tarde). Las personas que cuentan la verdad probablemente mencionen conducir el automóvil ese domingo por la tarde, ya sea espontáneamente o después de que se lo pidan (por ejemplo, “diga la verdad, como sucedió”). Es poco probable que los mentirosos mencionen conducir el automóvil de forma espontánea o después de que se lo pidan.

Esta técnica SUE para detectar mentiras puede ser aprendida (de hecho, es una de las varias herramientas y técnicas que se enseña en nuestro Máster de Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira). De hecho, en un experimento realizado por los autores del artículo que resumimos, la mitad de los entrevistadores recibieron entrenamiento SUE y se les ordenó entrevistar al sospechoso utilizando la técnica SUE. Los entrevistadores restantes fueron instruidos para entrevistar al sospechoso en el estilo de su elección. Los entrevistadores no capacitados obtuvieron una precisión del 56.1% (similar a la que se encuentra típicamente en la investigación de detección de mentiras verbales y no verbales), mientras que los entrevistadores entrenados en SUE obtuvieron un 85.4% de precisión. Los sospechosos culpables contradecían la evidencia con más frecuencia que los sospechosos inocentes, particularmente cuando los interrogaban entrevistadores entrenados por SUE.

¿Es la forma de hablar una señal fiable para detectar el engaño? Club del Lenguaje No Verbal

27 julio, 2018 - por Javier Sanz Sierra - en Comunicación no verbal, Detección de mentiras

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “Detecting Deceptive Speech: Requirements, Resources and Evaluation” de Julia Hirschberg, en donde resumimos concretamente si existen diferencias en la forma de hablar entre mentirosos y sinceros, así como los resultados de un metaanálisis referido a la forma de hablar como señal de identificación del engaño y su fiabilidad. 

El engaño generalmente se define como un intento deliberado de engañar a los demás. Los que engañan son aquellos que intentan convencer a otros de que algo es verdadero y que el engañador sabe que es falso, excluyendo, por ejemplo, a los actores o mentirosos patológicos. Distinguir a los mentirosos de los que cuentan la verdad es un tema de interés tanto para los científicos como para el personal encargado de hacer cumplir la ley, que espera que la investigación científica identifique señales confiables que puedan ser utilizadas por máquinas o humanos en la detección práctica del engaño. La mayoría de los estudios de engaño hoy se enfocan en señales visuales de engaño, como expresiones faciales (por ejemplo, Ekman) o gestos corporales (por ejemplo, Burgoon) o en señales biométricas tradicionales utilizadas en poligrafía (por ejemplo, Horvath). Muchos proyectos de investigación actuales están intentando aplicar enfoques de aprendizaje automático basados ​​en la detección de emociones como la ira, la frustración, la confianza o la incertidumbre en los sistemas de diálogo. Dicha investigación ha motivado la aplicación de técnicas similares en intentos de identificar otros tipos de estado del hablante, como el engaño, que a su vez se ha asociado en la literatura psicológica con emociones tales como miedo (de detección) o euforia (al no ser detectado). Un problema importante para los estudios de engaño en cualquier canal es el hecho de que muchas variables pueden influir en el estado del hablante durante un acto de engaño.

La mayoría de los investigadores, así como los profesionales, estarían de acuerdo en que no hay una sola señal para el engaño, sino que se deben buscar múltiples indicadores. Aunque pocos estudios se han centrado en las claves habladas, ha habido un trabajo considerable en indicadores léxicos y semánticos de engaño. En general, dichas anotaciones han sido codificadas a mano por anotadores capacitados o etiquetadas de forma subjetiva, aunque también se han realizado algunos estudios basados en palabras clave.

Los estudios del habla y el lenguaje engañosos realizados por científicos del comportamiento se han centrado principalmente en la percepción humana del engaño y los análisis descriptivos de la desviación del uso sintáctico o léxico o en el rango de tono o volumen comparado con algunas “normas” generales o específicas declaraciones escritas. Estos estudios proporcionan información útil sobre la percepción humana de las señales de engaño y algunos proporcionan correlaciones entre las percepciones humanas y las medidas objetivas de las señales en la señal del habla. Sin embargo, muchos de los hallazgos de estudios previos han sido inconclusos e incluso contradictorios, tal vez debido a la variación en la motivación de los mentirosos estudiados, a la cantidad de preparación previa empleada en la elaboración de la mentira, a las diferencias individuales entre los hablantes o al modo en que qué características particulares se han definido en diferentes estudios. Por lo tanto, se ha hipotetizado que los mentirosos hablan más que los que cuentan la verdad o hablan menos, dependiendo tal vez del cuidado con el que la mentira ha sido preparada antes de contar o el deseo del engañador de retener la información. También se ha pensado que exhiben más latencia de respuesta o menos, por razones similares; Los mentirosos demasiado ensayados pueden darse a conocer respondiendo preguntas particulares con demasiada rapidez, mientras que los mentirosos que no han sido ensayados deben dedicar más tiempo a pensar sobre la mentira que están inventando. Se ha observado que los mentirosos hablan más alto o más suave cuando están acostados, y exhiben más tensión vocal y menos “agradabilidad” vocal. Los estudios han encontrado que los mentirosos exhiben menos disfluencias o más que los narradores de la verdad, quizás de nuevo dependiendo de la cantidad de ensayo de sus historias. Sobre bases similares de que las mentiras ensayadas difieren de la revelación de la verdad normal, se cree que los mentirosos hacen menos admisiones de olvidos que los que cuentan la verdad. Se dice que los mentirosos menos ensayados parecen menos seguros, para proporcionar menos detalles y descripciones de escenas, para ser menos plausibles y lógicos en sus historias, para producir más repeticiones, para usar más negaciones y expresiones “indirectas” (por ejemplo, atribuir acciones), y opiniones para nosotros o ellos, para proporcionar menos detalles, exhibir una complejidad cognitiva menor en su discurso, y desviarse del tema con mayor frecuencia al mencionar eventos periféricos o relaciones. Estas características se capturan en varios esquemas de codificación, como la codificación NVB de Vrij de comportamientos no verbales de mirada, gesto, falta de fluidez, latencia de respuesta y velocidad de conversación; CBCA (Análisis de contenido basado en criterios), que codifica contenido léxico y RM (Reality Monitoring), que codifica la información perceptual, cognitiva y afectiva identificada en las declaraciones de los sujetos (Vrij y Masip). Los practicantes típicamente explican que pasan una buena parte de una entrevista inicial para determinar si un hablante normalmente exhibe comportamientos tales como evitar la mirada; para estos hablantes, hacer contacto visual puede despertar sospechas en los interrogatorios posteriores, mientras que para aquellos que no evitan el contacto visual normalmente, la evitación de la mirada durante el interrogatorio podría considerarse sospechosa. Y la mayoría de las características que involucran lo que se dice deben ser codificadas o interpretadas de otra manera por un agente humano con cierta habilidad.

El metaestudio de DePaulo et al. sobre las señales del engaño proporciona una excelente encuesta de 158 indicadores hipotéticos y 1338 estimaciones separadas de estudios previos. Este útil estudio compila los resultados de experimentos con sujetos en los que se observó a adultos que mienten y dicen la verdad, donde las señales potenciales de engaño se midieron objetivamente de alguna manera o se evaluaron por los humanos, en un intento de determinar qué señales representan conductas engañosas y no engañosas cuando se examinan en todos los estudios que los incluyen como factores. DePaulo examina la importancia de las claves individuales en apoyo de cinco hipótesis básicas sobre mentirosos:

  1. Los mentirosos son menos comunicativos que los que cuentan la verdad (“detienen algo”).
  2. Las historias de los mentirosos son menos convincentes en términos de la fluidez y verosimilitud de su narrativa; tienden a ser menos convincentes que los que cuentan la verdad sobre todo.
  3. Los mentirosos parecen menos positivos y agradables que los que dicen la verdad, en términos de lo que dicen y cómo lo dicen.
  4. Los mentirosos parecen tensos, debido a la carga cognitiva de mantener una mentira consistente o temer el descubrimiento.
  5. Por razones similares, los mentirosos pueden incluir más imperfecciones en sus historias, o pueden incluir menos, debido al ensayo previo de lo que planean decir.

Si bien muchas de las señales examinadas en estas categorías son gestos faciales y corporales, se incluyen una cantidad de posibles señales del habla y el lenguaje, por lo que es instructivo observar cuáles de estas señales se confirman a través de los estudios.

Con respecto a las señales acústicas y prosódicas al engaño, DePaulo descubrió que, a través de los estudios examinados, había evidencia de una diferencia significativa entre mentirosos y narradores de la verdad en la proporción del tiempo total de conversación que los mentirosos hablaban frente a su compañero de conversación, con mentirosos hablando significativamente menos que los que cuentan la verdad. Sin embargo, factores como la duración global de la respuesta, la duración de la interacción, la latencia de respuesta, el volumen y la frecuencia de conversación, que también se han propuesto como posibles pistas para discriminar el habla engañosa del no engañoso, no mostraron diferencias significativas en este metaestudio.

Con respecto a la falta de fluidez del habla (incluidas las pausas y vacilaciones llenas y silenciosas), DePaulo no encontró evidencia para esto en todos los estudios; de hecho, descubrieron que los mentirosos tendían a hacer significativamente menos autocorrecciones espontáneas. Nótese también el trabajo más reciente sobre pausas llenas y silenciosas como señales de engaño por Benus, que muestra una correlación positiva entre estas pausas y el decir la verdad. Examinando las señales léxicas y semánticas del engaño, codificadas por los evaluadores humanos, DePaulo encontró apoyo en los estudios de afirmaciones de que las producciones de mentirosos son menos plausibles y fluidas que las de los que cuentan la verdad en una serie de categorías hipotéticas en la literatura: los mentirosos proporcionaron significativamente menos detalles que los narradores de la verdad y tendían a hacer declaraciones y quejas significativamente más negativas. Los mentirosos también hicieron menos admisiones por falta de memoria y menos expresiones de duda. Fueron significativamente más propensos a mencionar frases extrañas en sus discursos que los verídicos. En general, hubo correlaciones negativas significativas entre las clasificaciones de engaño y de los observadores sobre la plausibilidad de las historias de los mentirosos y su estructura lógica, y hubo significativamente más discrepancias y declaraciones ambivalentes en sus narrativas.

Para otras señales hipotéticas de engaño en esta categoría, el estudio de DePaulo no encontró correlaciones significativas con el engaño. Estos incluyen la proporción de palabras únicas utilizadas por mentirosos, su uso de términos generalizadores, autorreferencias o referencias mutuas o grupales, el uso de construcciones tentativas (por ejemplo, “yo pienso”), la cantidad de detalles inusuales o superfluos que proporcionaron, sus discusiones sobre estado mental del hablante o del oyente, la cantidad de información sensorial que proporcionaron (codificada usando RM) y la complejidad cognitiva de su resultado. Sin embargo, es importante observar que aunque DePaulo no encontró correlaciones significativas de muchas señales hipotéticas en los estudios que incluyeron, los estudios individuales encontraron que estas características son señales útiles para el engaño, ya sea solo o en combinación con otras características. Y se han realizado trabajos más recientes en algunos de ellos, que por supuesto no se incluyeron en este metaestudio. También es difícil combinar estudios de señales individuales que pueden estar sujetos a diferentes definiciones e interpretaciones, particularmente cuando estas señales se miden perceptualmente en lugar de objetivamente. Entonces, aunque los resultados de DePaulo son útiles, claramente no descartan posibles señales de engaño.

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¿Funcionan los programas para detectar mentiras a través del análisis de la voz? Club del Lenguaje No Verbal

20 julio, 2018 - por Javier Sanz Sierra - en Comunicación no verbal, Detección de mentiras

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Existen pocas aplicaciones creadas con el objetivo de detectar el engaño a través del análisis de la voz del sujeto de forma automática. Ha habido algún intento de automatizar una forma simple de análisis léxico del texto engañoso en un programa llamado Consulta Lingüística y Conteo de Palabras (LIWC), desarrollado en la década de 1990. LIWC calcula el porcentaje de palabras en un texto que cae en una de las 72 categorías diferentes, para capturar emoción “negativa”, grado de autorreferencia e indicadores de complejidad cognitiva, bajo la hipótesis de que los mentirosos exhiben más la emoción negativa y menos las autorreferencias. Utilizando este análisis basado en palabras clave, el programa informa si el contenido del texto responde a un testimonio verídico o falso clasificando a los mentirosos versus los que cuentan la verdad a una tasa de precisión global del 61%.

Por otro lado, existe el análisis de estrés de voz para detectar mentiras. El trabajo sobre Análisis de estrés de voz (VSA) supone que los indicadores de estrés vocal también indican engaño, pero esta hipótesis no se ha respaldado en pruebas experimentales, aunque las características examinadas para el análisis de VSA pueden resultar útiles en combinación con otras caracteristicas. Los enfoques de análisis de estrés de voz (VSA) se basan en indicadores de bajo nivel de estrés, como microtemblores o fluctuaciones vocales, como indicadores indirectos de mentira. Ha habido poca evidencia de que los sistemas VSA puedan discriminar eficazmente el engaño del habla no engañosa, aunque se ha descubierto que dichos sistemas podrían ser herramientas útiles para un examinador experto. Probaron recientemente la utilidad de la inestabilidad frente a otras características como discriminadores para el engaño y encontraron que, aunque la fluctuación de voz no discriminaba, la afinación lo hacía, aunque solo de manera dependiente del hablante. Sin embargo, los sistemas VSA continúan siendo comercializados ampliamente a las agencias de aplicación de la ley como la respuesta a sus problemas de detección de engaño.

Recientemente, ha habido interés en aplicar técnicas de Aprendizaje Automático al problema de la detección del engaño a partir del habla, buscando probar cuáles de las muchas características propuestas en la literatura conductual podrían ser a) objetivamente medibles y b) discriminadores útiles.

Se han realizado estudios utilizando árboles de decisiones capacitados en información léxica para predecir el engaño. Las claves incluyen números de sílabas, palabras, oraciones, oraciones cortas y oraciones ‘simples’; medidas de complejidad de palabras y oraciones; indicadores de especificidad y expresividad; y una medida de “informalidad” basada en errores detectables automáticamente. Los resultados para los árboles de decisión de mejor rendimiento examinados a partir de 20 ejecuciones de validación cruzada en un conjunto de datos muy pequeño muestran una tasa de acierto del 70%. También se ha trabajado para aplicar las tecnologías del habla y las técnicas de aprendizaje automático al lenguaje engañoso a través del programa Columbia-SRI-Colorado (CSC). Este programa fue diseñado para provocar el discurso engañoso y no engañoso dentro del hablante. Las pruebas incluyeron entrevistas con treinta y dos hablantes nativos de inglés americano estándar. Los sujetos realizaron tareas en seis áreas, donde se manipuló la dificultad de las tareas para que los entrevistados obtuvieran puntajes más altos que un perfil artificial en dos áreas, menor en dos e idénticamente en otros dos. Los sujetos recibieron incentivos financieros y de autopresentación para convencer a un entrevistador de que, de hecho, habían realizado lo mismo que el perfil objetivo. Los sujetos fueron instruidos para presionar uno de los dos pedales ocultos del entrevistador después de cada declaración, un pedal de verdad y otro de mentira. Las entrevistas duraron entre 25 y 50 minutos, y comprendieron aproximadamente 15,2 horas de diálogo; produjeron aproximadamente 7 horas de discurso del sujeto. Los datos se registraron utilizando micrófonos en una cabina de sonido y posteriormente se transcribieron ortográficamente. Se crearon varias segmentaciones a partir de los datos: la segmentación implícita de las prensas de pedal, que se corrigió a mano para alinearse con los conjuntos de declaraciones correspondientes; segmentos de palabras, de la alineación automática de la transcripción usando un motor SRI ASR; unidades con forma de oración y etiquetadas; y grupos que se identificaron a partir de alineaciones de palabras ASR más intensidad y pausas, y posteriormente se corrigieron manualmente. Por lo tanto, el estudio consistió en la transcripción léxica, las etiquetas de mentira globales y locales, las segmentaciones y el discurso en sí mismo.

El estudio de este programa ha logrado una precisión del 66,4%, usando una combinación de características acústico-prosódica, léxica y dependiente del hablante y 64,0% utilizando las características acústicas-prosódicas solamente. Por lo tanto, los resultados producidos automáticamente por programas son bastante alentadores, pero no pueden utilizarse como factores inequívocos ni de muy alta fiabilidad.

Comportamiento No Verbal en fotografías naturales versus posadas. Club de Lenguaje No Verbal

12 julio, 2018 - por Javier Sanz Sierra - en Comunicación no verbal, Comunicación social, Posturas, Proxemica

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “Status, gender, and nonverbal behavior in candid and posed photographs: A study of conversations between university employees” de Judith Hall, Lavonia Smith, Frank Thayer y Jeannette Gordon, en donde explican a través de una investigación las diferencias más significativas en el comportamiento no verbal mostrado en fotos posadas frente al mostrado en fotos naturales, así como la posible diferenciación en estos comportamientos entre hombres y mujeres. 

La observación cotidiana sugiere que las personas que difieren en el estado social se comportan de manera diferente el uno del otro. Existe la idea de que los comportamientos no verbales sutiles son una forma de mostrar y mantener las diferencias de estado. La mayoría de los estudios que han examinado el estado y el comportamiento no verbal han utilizado estudiantes universitarios que interactuaron en roles determinados experimentalmente. En un paradigma, por ejemplo, a los participantes se les asignan sus roles, que pueden ser gerente-empleado, profesor-alumno, o entrevistador –entrevistado, pero muy pocos estudios se han llevado a cabo entre personas en puestos establecidos de forma natural. Aunque los experimentos que usan los roles tienen valor porque mantienen los factores extraños constantes mientras manipulan el estado, tales estudios generan preocupación sobre el impacto de las manipulaciones de estado y la naturaleza de las interacciones sociales que siguen al estar, en cierto modo, haciendo un papel.

En este estudio, los empleados de la universidad tuvieron una conversación con alguien de su departamento o unidad mientras se les tomaban fotografías. Llamamos a estas fotografías “francas” porque, aunque los participantes sabían que estaban siendo fotografiados, las fotografías se tomaron a intervalos no anunciados a medida que avanzaba la conversación. Para cada par de empleados, el asistente de investigación también obtuvo una fotografía “posada” al terminar la conversación después de 4 minutos y pidiéndoles a los participantes que miraran a la cámara para obtener una imagen final. Luego se relacionó el estado relativo autoinformado, el tipo de fotografía (sincera vs. posada) y el sexo con ocho comportamientos no verbales: inclinación hacia arriba, postura erecta, inclinación hacia adelante, sonrisa, cejas levantadas, brazos cruzados, auto tocamiento, y descansando los codos en la pierna o en los muebles.

Al tratar de relacionar el estado con una conducta sincera no verbal, lo ideal sería utilizar una observación discreta para obtener muestras de un comportamiento completamente auténtico. Sin embargo, esto no fue posible por razones éticas y, además, la observación no controlada crea ambigüedades interpretativas (debido a la confusión con las tareas y los entornos). La discusión de la relación de estado con el comportamiento no verbal se ha relacionado estrechamente con la discusión de las diferencias de género en el comportamiento no verbal. Los hombres y las mujeres difieren en el número de comportamientos no verbales, y las magnitudes de estas diferencias rivalizan o superan las de otras diferencias psicológicas de género, así como otros correlatos de las mismas conductas no verbales. La literatura indica que las mujeres sonríen y miran más, se inclinan más (se sientan de una manera menos relajada), se acercan a los demás más y se tocan más, entre otras diferencias. Henley propuso que las diferencias de género en el status subyacen a las diferencias de género no verbales, es decir, los individuos de alto status o dominantes se comportan como los hombres, mientras que las personas de bajo status o sumisas se comportan como lo hacen las mujeres, si bien relativamente pocos estudios han medido tanto el estado como el sexo en el mismo estudio y pocos estudios han podido probar esta hipótesis directamente. En este estudio los autores evalúan los resultados en busca de evidencia de que las diferencias de status podrían subyacer a las diferencias de género no verbales.

El estudio parte de la hipótesis de que las fotografías posadas provocarían una diferencia de género más extrema que las fotografías espontáneas. De esos comportamientos que se examinan, uno de los que más veces se ha examinado en investigaciones bajo diferentes circunstancias es la sonrisa. En los metanálisis se encontró que cuando la observación era más notoria (por ejemplo, la presencia de la cámara era más obvia), la tendencia de los hombres a sonreír menos que las mujeres se volvió más pronunciada . Los estudios de fotografías posadas (es decir, cámaras muy destacadas) han sido previamente virtualmente unánimes en mostrar que las mujeres sonríen más que los hombres bajo tales circunstancias. Pero, ¿qué sucede ante fotografías espontáneas? ¿aparece la misma diferencia?

Para comprobarlo, contaron con 96 profesores y personal de Northeastern University en Boston, MA. La mitad (18 mujeres, 30 hombres) de estos individuos fueron seleccionados al azar de la guía telefónica de la facultad / personal universitario por asistentes de investigación; la mitad restante (28 mujeres, 20 hombres) fueron otros profesores universitarios y personal que fueron reclutados por el primer grupo para servir como socios de interacción. Según la inspección visual de las fotografías, la muestra era blanca, con la excepción de cuatro hombres afroamericanos, dos mujeres afroamericanas y una mujer asiática. En lo sucesivo, los reclutados por los asistentes de investigación se llamarán empleados, y aquellos que a su vez fueron reclutados por los empleados serán llamados socios. En total, había 13 díadas parejas socias-socias, 5 dúo parejas socias-socias, 15 díadas parejas socias-socias, y 15 díadas parejas socias-socias. Las restricciones impuestas durante el reclutamiento fueron que los empleados no podían ser estudiantes, no podían ser conocidos por el asistente de investigación y no podían ser del Departamento de Psicología. Los empleados tenían una edad promedio de 47 años (SD = 10.62, rango = 29-69). Los socios tenían una edad media de 38 años (SD = 13.14, rango = 19-68).

60 estudiantes masculinos y femeninos de pregrado que recibieron crédito parcial en su curso de Introducción a la Psicología hicieron juicios de comportamiento no verbal de las fotografías. No se recopilaron datos sobre la etnia, pero la población de la cual se reclutaron los calificadores es predominantemente blanca y de clase media.

Cuatro asistentes de investigación (1 hombre, 3 mujeres) reclutaron a los empleados por teléfono. A los empleados se les preguntó si estarían interesados ​​en participar en un estudio conducido por un profesor en el Departamento de Psicología. Una vez aceptado, se les dijo a los empleados que serían fotografiados durante una conversación para estudiar la interacción social en una situación de “vida real”. Si los empleados estaban dispuestos a participar, se les pidió que contrataran a alguien de su departamento o unidad que no fuera un amigo personal cercano para que participara con ellos. Una vez que los empleados estaban seguros de que tenían un socio interesado en participar, el asistente de investigación programó una cita en la oficina del empleado. Al empleado y a la pareja se les pidió que sostuvieran una conversación de 4 minutos sobre “trabajo y vida en Northeastern”; muchas díadas hablaron sobre temas específicos relacionados con el trabajo. Se les informó que durante esta conversación el asistente de investigación tomaría fotografías en intervalos no anunciados. Cuando el asistente de investigación había tomado cuatro fotografías a intervalos de 40 segundos (en lo sucesivo denominadas fotografías “espontáneas”), pidió a los participantes que miraran la cámara para una fotografía final (fotografía “posada”). El asistente de investigación se abstuvo explícitamente de pedirles a los participantes que sonrieran o que dijeran “queso”. En todo momento, se permitió a los asistentes de investigación interactuar de forma natural con los participantes.

Después de que se tomó la última fotografía, se pidió a todos los participantes que completaran un cuestionario en el que calificaron, en una escala de 9 puntos, su estado relativo a la otra persona: “¿Cómo describiría su relación jerárquica (en términos de rango, autoridad, o cadena de mando) a su socio en su oficina, departamento o unidad? ” (mucho más bajo que mi compañero / mucho más alto que mi compañero). Los participantes también se les pidió que escriban su título de trabajo. Ejemplos de puestos de trabajo de alto status fueron vicepresidente y profesor; ejemplos de puestos de trabajo de bajo status fueron secretario y asistente de programación. Finalmente, los participantes calificaron el grado en que conocían a la otra persona y su comodidad, disfrute y tensión durante la conversación (en escalas de 9 puntos).

Resultaron 235 fotografías que fueron plasmadas de forma aleatoria en álbumes de fotografías. Las mitades izquierda y derecha de cada fotografía se cubrieron alternativamente con papel opaco, de modo que un evaluador determinado solo podía ver un miembro de la díada. En total, cada participante fue calificado por 5 calificadores por cada elemento de calificación no verbal. Cada evaluador puntuó solo uno de los siguientes para las 235 fotografías (solo la persona de la izquierda o de la derecha): posición de la cabeza hacia abajo / posición de la cabeza hacia arriba; cejas arqueadas / cejas levantadas; postura desplomada / postura rígida; inclinarse hacia atrás / inclinarse hacia adelante; no sonríe / sonríe intensamente (todo en escalas de 9 puntos); o una lista de verificación que enumera (1) los brazos cruzados, (2) tocarse a sí mismo (no incluye las manos apoyadas en el regazo, los brazos cruzados o las manos juntas) y (3) los codos apoyados sobre la mesa, el brazo de la silla o la rodilla. Los evaluadores en la condición de la lista de verificación podían verificar todos los que se aplicaron para cada fotografía. En la puntuación, los elementos de la lista de verificación se convirtieron en variables (presente / ausente).

El análisis se realizó del siguiente modo: En primer lugar, para cada fotografía, las clasificaciones realizadas por los cinco observadores se promediaron para cada comportamiento no verbal. A continuación, para cada participante por cada elemento de comportamiento, se promediaron las calificaciones de las cuatro fotografías tomadas durante la conversación (fotografías espontáneas). Estos se analizaron por separado de la fotografía final, que es la fotografía posada.

Los empleados y socios valoraron su propio estado relativo. Debido a que estuvieron muy de acuerdo con su estado relativo, se creó un conjunto de calificaciones de empleados y socios al promediarlos después de revertir la calificación del socio, de modo que para ambos participantes las calificaciones en el extremo superior de la escala indicaron que el empleado tenía mayor estado que el socio, mientras que las calificaciones en el extremo inferior indicaron que el empleado tenía un estado más bajo que el socio. Esta calificación de status compuesto se usó para identificar quién tenía el status más alto y quién era el miembro del status más bajo de cada díada.

Las relaciones de status, las fotografías naturales / posadas y el género a la conducta no verbal se examinaron en análisis de varianza univariante de modelo mixto de cuatro vías (ANOVA) que tenían dos factores entre pares y dos dentro de las parejas; en estos ANOVA las variables dependientes fueron las conductas no verbales, los factores entre las dos parejas fueron el género de la persona de menor status y el género de la persona de mayor status, y los factores dentro de las parejas fueron el comportamiento de la persona de menor status versus mayor y tipo de fotografía (natural / posada). Las diferencias de género se examinaron adicionalmente utilizando correlaciones entre el género (0: masculino, 1: femenino) y las conductas no verbales.

Los resultados fueron los siguientes:

En cuanto a la inclinación de la cabeza hacia arriba, los miembros de menor status inclinaron la cabeza hacia arriba más que los miembros de mayor status. Hubo también un efecto altamente significativo de fotografías naturales / posadas: Los participantes inclinaron la cabeza más en las fotografías posadas que en las naturales. No hubo otros efectos significativos.

En cuanto a la sonrisa, el status no se relacionó significativamente con la sonrisa. Sin embargo, los participantes sonreían mucho más en las fotografías posadas que en las naturales. Además, para las fotografías naturales, la sonrisa (para los dos participantes combinados) no estaba relacionada con el sexo de la persona de menor status, pero para las fotografías posadas sonriendo (para ambos participantes combinados) fue sustancialmente mayor cuando la persona de menor status era mujer que cuando la persona de menor status era hombre. Lo más llamativo es la cantidad de sonrisas en los casos en las que ambos participantes eran mujeres, en relación con las otras condiciones.

Ni el status ni las fotografías naturales / posadas se relacionaban significativamente con el auto-contacto, aunque cuando la persona de menor status era hombre, la persona de mayor status se tocaba más que la persona de menor status, pero cuando la persona de menor status era mujer no había diferencia. Aparte, en fotografías naturales, los participantes se tocaron un poco más cuando la persona de menor status era mujer que hombre, pero esta diferencia de género se revirtió para las fotografías posadas: los participantes se tocaron más cuando el status inferior era hombre en vez de mujer.

En cuanto a los codos en reposo, la persona de mayor status apoyó los codos en una pierna o en los muebles más que la persona de menor status. Además, cuando la persona de menor status era hombre, la persona de mayor status descansaba más sus codos que la persona de menor status, pero no había mucha diferencia cuando la persona de menor status era mujer.

Sobre las posturas e inclinaciones, ni el estado ni las fotografías naturales / posadas se relacionaron significativamente con estos comportamientos. Tampoco hubo otros efectos significativos en los ANOVA para estos comportamientos.

Sobre las diferencias de género en el comportamiento no verbal de la investigación, hubo algunas diferencias de género significativas. Aunque no fue consistente entre los participantes y las fotografías naturales / posadas, hubo evidencia de que las mujeres se sentaron con una postura más erguida, se inclinaron más hacia adelante, sonrieron más y arquearon las cejas más que los hombres. De todas las diferencias entre las diferencias de género naturales y posadas, la más notable fue la sonrisa: no hubo diferencias sonrientes para las fotografías sinceras, pero en las fotografías posadas las mujeres de menor status sonrieron notablemente más que los hombres de menor status.

En resumen, este estudio encontró evidencia de que varios comportamientos no verbales variaron con el status, las fotografías sinceras versus las posadas, y el sexo. Sin embargo, la evidencia de interacciones entre estos factores sugiere que puede haber una utilidad limitada para generalizar sobre cualquiera de estas variables individualmente en relación con el comportamiento no verbal. Los efectos de status no siempre fueron constantes a través del género, y las diferencias de género no siempre fueron constantes en las fotografías naturales / posadas. Es particularmente interesante que las diferencias de género en la sonrisa parecían ser especialmente sensibles a las demandas situacionales (fotografías naturales frente a las posadas).

Dime hacia donde miras… ¿y te diré si me mientes?. (Parte III). Club del Lenguaje No Verbal

28 junio, 2018 - por Javier Sanz Sierra - en Comunicación no verbal, Detección de mentiras

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Tercera y última parte del estudio “The Eyes Don’t Have It: Lie Detection and NeuroLinguistic Programming“ de Richard Wiseman, Caroline Watt, Leanne Brinke, y otros,  en donde se estudia la validez de la hipótesis de los defensores de PNL que afirman que ciertos movimientos oculares son indicadores fiables de la mentira. 

Como se explicó en la anterior entrada, este tercer experimento examina si la supuesta relación entre los movimientos oculares en las mentiras surge en una serie de videos que contienen mentiras de gran importancia, en concreto, mentiras relativas a la desaparición de un ser querido. El proyecto implicó codificar los movimientos oculares realizados por los participantes en dos tipos de videos. En una serie de videos había pruebas convincentes de que los participantes estaban mintiendo, mientras que en la otra serie de videos la evidencia sugería fuertemente que estaban diciendo la verdad. Como antes, el estudio investigó la duración corta y más larga de los movimientos oculares en la parte superior derecha y en la parte superior izquierda. Las variables dependientes fueron la frecuencia de las miradas de los participantes (es decir, movimientos oculares que duraron un segundo o más) y miradas rápidas (movimientos oculares de menos de un segundo de duración) a la dirección superior derecha o superior izquierda durante la entrevista.

Los videos que se usaron en el experimento eran 52 videos en los que las personas hacen un llamamiento público directo para el regreso seguro de un pariente desaparecido. Estos videos han sido recopilados de agencias de noticias en varios países, incluidos Australia, Canadá, el Reino Unido y los Estados Unidos. Hay pruebas contundentes (que incluyen, por ejemplo, la posesión del arma homicida, las imágenes de la cámara de seguridad, la persona que conduce la policía al cuerpo de la víctima, el pariente más tarde encontrado vivo con el secuestrador o el familiar que se suicidó) para sugerir que las personas en 26 de estos videos estaban mintiendo y los de los otros 26 videos decían la verdad.

Cada una de las cintas de video fue codificada por dos evaluadores independientes. El procedimiento de codificación fue idéntico al empleado en el Estudio 1 e implicó contar el número de veces que el participante miró hacia arriba y hacia la derecha, y hacia arriba a la izquierda, durante cada entrevista. Un codificador analizó todos los videos, mientras que un segundo codificador examinó una selección aleatoria de 13 videos para evaluar la confiabilidad entre evaluadores.

Pues bien, como sucedió con los dos anteriores experimentos, los resultados de nuevo no fueron significativos. Si bien existen más frecuencia de miradas rápidas hacia la izquierda en los casos de mentira que en los casos de verdad, existe aproximadamente el mismo número de frecuencia y tiempo en miradas hacia la derecha en los casos de verdad y de mentira.

Por tanto, una vez más, los datos no respaldaron las afirmaciones hechas por los practicantes de PNL. En resumen, los tres estudios no proporcionaron ninguna evidencia para apoyar la noción de que los patrones de movimientos oculares promovidos por muchos profesionales de PNL ayudan a la detección de mentiras. Esto está en línea con los hallazgos de una cantidad considerable de trabajos previos que muestran que las pistas faciales (incluidos los movimientos oculares) son indicadores pobres de engaño por sí solos. Es decir, determinadas microexpresiones faciales pueden ser indicadores de incongruencias entre lo dicho verbalmente y lo expresado no verbalmente, pero eso no significa que sea un indicador de mentira, y por supuesto no debe trabajarse con un solo indicador para detectar la mentira, sino con un conjunto de indicadores o factores que puedan orientar al evaluador a considerar si existe una incongruencia entre lo que el sujeto explica verbalmente y lo que el cuerpo indica físicamente. Por tanto, aunque hayamos podido comprobar según los resultados de los experimentos la no validez de la detección de la mentira únicamente por el movimiento ocular, tampoco se debe de entender que un solo y único factor, de forma aislada, que indique incongruencia en el testimonio (por ejemplo una microexpresión o una postura corporal), sea suficiente para detectar con total fiabilidad una mentira aun cuando el significado de dicho factor esté validado científicamente.

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