Author

Andreea Leonte

Browsing

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “From self-report to behaviour: mapping charisma onto naturalistic gaze patterns” de Maran T., Moder S., Furtner M., Ravet-Brown T. y Liegl S. (2019), en el cual se analiza la mirada como posible componente no verbal del repertorio de comportamientos que conforman ser carismático.

Persona que posee una presencia vibrante, que despierta en los demás el deseo de identificarse y comprometerse con sus metas, ideas e intenciones. ¿Te suena? Hablamos de las personas carismáticas. Aquellas que, cuando entran en una habitación, envuelven a todos los presentes con su energía y conecta con ellos con facilidad.

El carisma es un atributo personal bidimensional. Tiene una faceta de  influencia y otra de afabilidad. Las personas carismáticas son capaces de moldear a otros hasta cierto punto. Hacen que los otros experimenten una situación cómoda, amable y de confianza. No obstante, de lo que estamos hablando son de los resultados del carisma. Este es un problema encontrado en todas sus conceptualizaciones.

No sabemos que repertorio de comportamientos o señales conductuales conforman el carisma. Por ello, los autores del estudio citado optan por analizar el papel del lenguaje no verbal en la expresión del carisma. Los comportamientos no verbales son clave en la comunicación. Afectan a la recepción de los mensajes y parecen ser reguladores por excelencia del comportamiento ajeno en una interacción cara a cara.

El estudio de los comportamientos no verbales que pueden estar implicados en la expresión del carisma se inicia con uno muy relevante en cualquier interacción: la mirada. La vista en la comunicación tiene 3 funciones principales. Primero, aporta información sobre el estado mental del emisor de un mensaje. Segundo, moldea la percepción del receptor sobre el emisor. Y, tercero, moldea el comportamiento del receptor.

Mirar a los ojos tiene ventajas diferentes dependiendo de si se atiende a funciones del carisma de influencia o afabilidad. En términos de influencia se saca ventaja del mirar a los ojos para promover atribuciones de poder, potencial y dominancia. Mirando a los ojos hace que los seguidores se vuelvan más susceptibles para dejarse guiar. Las personas carismáticas afables provocan con la mirada respuestas como emociones placenteras, sensación de compromiso y deseo de cooperación.

En base a la Teoría de la Señalización, se plantea que mirar a los ojos o a la cara es una manera de señalar a los demás que uno es carismático, que está abierto al intercambio social y al acercamiento. Es decir, si uno mismo cree ser carismático, utilizará este comportamiento no verbal para señalarlo. Además, siendo el carisma un atributo disposicional, se espera que el mayor uso de la mirada a los ojos o a la cara se dé en múltiples situaciones sociales.

En este sentido, se plantean dos hipótesis: cuanto más carismático se percibe un individuo, más a menudo (1) y más tiempo (2) mirará a los ojos de los receptores de sus mensajes. Para verificar estas ideas, en el estudio se utiliza una herramienta de seguimiento ocular.

Los 97 participantes observan un escenario social natural en video: un paseo en un centro comercial lleno de gente. Durante esta observación, se graban sus movimientos oculares. Las miradas que se analizan son las orientadas a las caras de aquellos con los que cada participante se encuentra, hacia sus cuerpos cuando se cruzan de cara/de espaldas y el número total de miradas (TotM). También completan dos cuestionarios: autoevaluación del carisma y factores de personalidad (Big Five).

De importancia para la interpretación de los resultados, la autoevaluación del carisma se lleva a cabo a través de dos escalas. Una escala que mide la influencia, la capacidad de persuadir y guiar a otros de manera eficaz. La segunda mide afabilidad, la capacidad de hacer que los otros se sientan cómodos en la interacción.

Los resultados muestran una conexión clara entre las medidas de influencia carismática y la duración y número de miradas hacia las caras. Es decir, aquellos que se autoevalúan como más carismáticos en términos de influencia, miran más y durante más tiempo a las caras de aquellos con los que se encuentran. También miran más y durante más tiempo hacia los cuerpos con los que se encuentran de frente, pero no de espaldas. Por otro lado, en el caso de la afabilidad carismática, no se observa ninguna relación con las miradas de los participantes.

Algunos factores de personalidad se encuentran asociados tanto al número como a la duración de las miradas. El neuroticismo muestra relaciones inversas. Es decir, a mayor numero y mayor duración de las miradas, menor grado de neuroticismo. Ello se observa en todas las mediciones de las miradas: cara, cuerpo de frente y de espalda y TotM.

En cambio, la extraversión muestra relaciones positivas tanto con el número como con la duración de las miradas hacia la cara y cuerpo frontal. Por otro lado, cuando los sujetos se encuentran con otros de espaldas, a mayor grado de extraversión más miradas, pero no de mayor duración.

Los demás factores de personalidad que forman parte de los Big Five, -apertura a la experiencia, amabilidad y responsabilidad- no muestran relación alguna con el número o duración de las miradas.

¿Conclusiones? La mirada parece ser un comportamiento fuertemente relacionado con el carisma. Específicamente, las relaciones se observan con la dimensión de influencia del carisma, que incluye conductas relativas a la influencia, la presencia y el liderazgo. Los sujetos carismáticos miran más veces y más tiempo a la cara y al cuerpo (en posición frontal).

Que los sujetos carismáticos miren tanto a sus interlocutores es muestra de un compromiso atencional ya antes de una interacción social directa. Este comportamiento no verbal, la mirada, es el primero asociado al carisma y representa un avance en el descubrimiento de qué implica ser carismático, más allá de los resultados que provoca serlo.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y la gran utilidad de conocerlo para nuestras profesiones y para la vida cotidiana, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal. También puedes seguir leyendo artículos de comportamiento no verbal en nuestro blog de Comportamiento No Verbal.

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “How verbal-nonverbal consistency shapes the truth” de ten Brinke L. y Wisbuch M. (2020), en el cual se analiza la coherencia entre el lenguaje verbal y no verbal como característica de importancia en el proceso de comprensión de un mensaje y en las evaluaciones de veracidad de dicho mensaje.

Cuando nos comunicamos con otros cara a cara, la comprensión de cada mensaje implica oír y ver. A lo largo de la historia de la humanidad, las personas se han comunicado mayoritariamente en base a esta integración de información multimodal y, por tanto, a través de lo verbal y de lo no verbal.

Actualmente, aunque utilicemos muchas herramientas digitales para comunicarnos, hay cierta preferencia para aquellas que permiten esta integración. Por ejemplo, ver un video es más preferible que escuchar un podcast.

Utilizar mensajes de texto o hablar por teléfono no implican una comunicación a través de varias modalidades sensoriales. No obstante, como ya explicamos en otros artículos de blog, tampoco conllevan una ausencia total de señales que desempeñen el papel de lenguaje no verbal.

En cualquier caso, los autores del estudio antes mencionado proponen que la comunicación en la que se permite escuchar lo verbal y observar lo no verbal da lugar a mayor facilidad de comprensión. Esta facilidad significa que la comprensión de un mensaje es un proceso fluido. La fluidez, a su vez, impactaría en las evaluaciones que se hacen del mensaje, por ejemplo, si es veraz o no.

La fluidez de comprensión tendría un papel mediador entre la coherencia verbal y no verbal de un mensaje y las evaluaciones que el receptor hace de dicho mensaje. Cuando hay incoherencia entre lo verbal y lo no verbal, el mensaje no se entrega de la manera adecuada. Por ello, también es probable que las evaluaciones sean otras que las intenciones comunicativas del mensaje.

Y ¿por qué? La fluidez que experimentamos en nuestra comprensión de un mensaje puede indicarnos varias cosas.  Que lo que el emisor dice nos es familiar, frecuente, perceptible o atractivo. Y más importante aún, que el mensaje es veraz.

Por ejemplo, si hacemos una pregunta moviendo la cabeza de un lado a otro, ello puede ser incoherente en nuestra cultura, mezclando interrogación con negación. El receptor del mensaje puede sentir confusión y no saber responder a ello.

Si decimos tenía muchas ganas de verte con los brazos cruzados y el cuerpo rígido, también es posible que nuestro interlocutor experimente dudas de la veracidad de esa frase. También cabe destacar en este contexto el conocidísimo efecto McGurk.

Puede que la incoherencia entre el lenguaje verbal y el no verbal no afecte siempre a la (percepción de) comprensión per se del mensaje. No obstante, impediría una integración adecuada de dicho mensaje (fluidez) y, por ello, puede afectar en las evaluaciones posteriores. Por tanto, parece lógico considerar que la coherencia comunicativa es una característica importante del comportamiento de comunicación.

Si la coherencia comunicativa influye en si un mensaje nos parece veraz o engañoso, puede que también sea una característica clave a estudiar en el contexto de la detección del engaño. En cambio, en los estudios de detección de la mentira, el objeto de análisis ha sido mayoritariamente el lenguaje verbal y no verbal de manera aislada. ¿Qué pasaría si se estudian de manera conjunta? Vamos a verlo.

En un primer estudio, los participantes deben observar videos en los cuales una persona está contando que alguien en particular le cae bien.  En algunos de estos videos, dicha persona dice la verdad y, en otros, miente.

Los 61 participantes del estudio se dividen en 3 grupos. Un primer grupo evalúa la coherencia comunicativa del emisor. Ello requiere evaluar el grado en el que el comportamiento visible (no verbal) de los emisores es consistente con lo que han dicho (verbal).

Un segundo grupo evalúa la fluidez de comprensión basada en los mensajes en video. Y ello requiere que cada participante informe de la facilidad que ha experimentado para entender cada mensaje. El tercer grupo no observa los videos, sino sus transcripciones. También evalúa la fluidez de comprensión de los mismos mensajes, pero basada en lenguaje escrito.

Los resultados de estas primeras mediciones indican que la coherencia comunicativa sí tiene efectos en la fluidez de comprensión, pero dichos efectos varían de un individuo a individuo.  Es decir, no se trata de un efecto universal. Además, la coherencia comunicativa que percibieron los participantes no fue diferente en función de si en los videos se contaba una verdad o una mentira. Si la coherencia comunicativa sería un indicador de verdad, los participantes deberían percibir fluidez de comprensión solo para aquellos mensajes veraces.

Puede ser que la fluidez de comprensión solo se base en lo verbal.  Es decir, al emitir un mensaje fácil de comprender haría que el lenguaje verbal y no verbal del emisor sean coherentes entre sí. En este caso, la veracidad del mensaje no tendría un efecto diferencial en la coherencia comunicativa. Por tanto, los participantes no detectarían ni coherencia ni fluidez de comprensión de manera diferencial en función de la veracidad de los mensajes.

Si esto es así, deberían haberse observado las mismas asociaciones cuando se trata de mensaje escritos. En cambio, los resultados indican que las evaluaciones de las transcripciones de los videos no muestran las mismas asociaciones. De hecho, se observa que la fluidez de comprensión en video-mensajes ha sido significativamente mayor que en los mensajes transcritos. Por tanto, el lenguaje no verbal sí puede mejorar la comprensión, aunque no siempre.

Todas las relaciones observadas en el primer estudio no son más que asociaciones sin dirección ni causalidad. Por ello, se desarrolla un segundo estudio con 95 participantes, más orientado a las evaluaciones de la veracidad y que busca establecer relaciones causales entre las variables.

En este caso, se manipula la coherencia comunicativa de video-mensajes veraces. La manipulación consiste en hacer que el canal audio se retarde 600 milisegundos con respecto al canal video.  Por tanto, los participantes observan videos alineados verbal y no verbalmente (sin manipulación), así como no alineados. Después de ver cada video, evalúan si el emisor del mensaje dice la verdad o miente.

Se registraron muchas más evaluaciones de veracidad para los videos alineados que para los no alineados. En este caso, la coherencia comunicativa muestra su impacto, porque aquellos videos no manipulados contienen mensajes coherentes verbal y no verbalmente. Por tanto, ya se podría hablar de una relación causal: la coherencia comunicativa causa evaluaciones de veracidad de los mensajes que la contienen.

El posible papel mediador dela fluidez de comprensión no ha sido objeto directo de este segundo estudio, por lo que se desarrolla un análisis a posteriori con 18 nuevos sujetos. Tal como se esperaba, la percepción de fluidez de comprensión ha sido mayor en los videos alineados que en los no alineados.

Por tanto, una persona escucha y ve un mensaje. Percibe coherencia entre el ver y el escuchar o, mejor dicho, entre el qué dice y cómo lo dice del emisor. Esa coherencia facilita la comprensión, por lo menos la persona lo experimenta como tal. Todo ello le hace evaluar que el mensaje del emisor es veraz. En caso contrario, la falta de coherencia llevaría a experimentar una comprensión baja o confusa; por ello, es probable que el receptor evalué el mensaje como falso o que dude de él.

Si cuando al hablar con una persona tenemos la sensación de que nos miente, puede que dicha persona refleje incoherencia entre su lenguaje verbal y no verbal (lo que dificultaría la fluidez de comprensión). En cualquier caso, ello no implica que la coherencia comunicativa sea indicadora de la verdad y que la falta de ella indique mentira. No nos olvidemos que se trata de evaluaciones de veracidad que las personas hacen. Dichas evaluaciones fluctúan según la coherencia que uno percibe y dicha percepción está mediada por la facilidad que se experimenta para comprender un mensaje.

Además, se plantea que el efecto de experimentar fluidez de la comprensión sería el de sesgar positivamente, dando lugar a evaluaciones positivas y a un aumento de la confianza en las evaluaciones generadas. ¿Será por eso por lo que no conseguimos detectar bien las mentiras?

 

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y la gran utilidad de conocerlo para nuestras profesiones y para la vida cotidiana, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Are there non-verbal signals of guilt?” de Julie-Daniere E., Whitehouse J., Mielke A., Vrij A., Gustafsson E., Micheletta J. y Waller B. M. (2020), en el cual se presentan una de las últimas investigaciones en comportamiento no verbal y emociones: culpa y señales no verbales asociadas.

La culpa es una emoción compleja con una función social importante: estimular los comportamientos de cooperación. Las personas son altamente cooperativas tanto con conocidos como con desconocidos. La necesidad de cooperación debió de suponer una gran presión en la selección natural por encima de otros comportamientos que consideramos humanos.

La culpa no solo es una experiencia emocional, sino también cognitiva. Aparece cuando alguien siente que ha hecho algo mal y puede empujar a comportamientos prosociales. Se clasifica como una emoción moral, de autoconsciencia, junto al orgullo y la vergüenza, y es una de las emociones más sociales.

Cuando sentimos culpa por haber hecho algo no debido, intentamos compensarlo con comportamientos pro-sociales hacia la persona afectada (u otros). Por otro lado, la culpa va más allá del contexto social. Se ha mostrado la presencia de un efecto llamado efecto Dobby. Ello implica que, cuando el que siente culpa no tiene la oportunidad de compensar a los afectados, se autocastiga. Es decir, el aislamiento social no hace desaparecer la culpa. Si se da, alguna forma de compensación se buscará, aunque sea a través del autocastigo.

En términos verbales, experimentar culpa se muestra a través de las disculpas y el admitir haber hecho algo que no debía hacerse. Los aspectos verbales de la culpa se han estudiado bastante, mostrando, por ejemplo, que los afectados de una mala acción son más indulgentes con el que la comete si este reconoce sus fallos.

Pero, ¿reconocemos la culpa en otros a través de su lenguaje no verbal? ¿O hay otra manera de captar la emoción de culpa cuando esta no es explícita? Las personas a menudo declaran que pueden detectar la sensación de culpabilidad de otros.

En el contexto legal, muchas figuras como jueces o miembros del jurado informan saber cuándo un acusado se siente culpable por el delito que ha cometido. Esas percepciones influyen en las sentencias.

Hasta día de hoy, no se ha encontrado alguna expresión facial típica de la culpa. Sabemos que las emociones básicas/primarias sí tienen asociadas expresiones faciales y se consideran universales. No obstante, la culpa es una emoción secundaria, junto al desprecio, a la vergüenza experimentada por haber hecho algo no debido (shame) y la vergüenza experimentada en situaciones embarazosas (embarassament).

Dado su tardío desarrollo con respecto a las emociones primarias, se postula que sus expresiones sean culturalmente específicas. Además, dada su complejidad, podría expresarse a través de varias señales no verbales y no solo a través de las expresiones faciales.

En esta interesante investigación, los autores desarrollan dos estudios. En el primero, participan 131 sujetos que se asignan a dos grupos: control y experimental. En el grupo control los sujetos deben recordar y escribir un evento en el cual se han sentido orgullosos. En el grupo experimental, deben recordar y escribir un evento en el cual han sentido culpa. Posteriormente, ambos grupos deben guardar el archivo en un pendrive.

El experimentador recoge el pendrive y, después de un tiempo, vuelve. A lo sujetos del grupo experimental se les informa que el pendrive se ha estropeado y todos los datos del grupo se han perdido. Así, la inducción de la culpa ocurre, por un lado, cuando recuerdan un evento personal y, por otro lado, cuando se les informa de la posibilidad de haber hecho un mal uso del pendrive. El grupo control es informado de que todo ha sido guardado correctamente.

Todas las expresiones no verbales se graban a lo largo de todo el proceso, algo que los participantes desconocen. De este estudio se extraen patrones de movimientos faciales asociados a la culpa: fruncir el ceño (AU4), apretar/estirar los labios (AU20) y tocarse el cuello.

Para asegurar que estas señales no verbales también se asociarían a la culpa cuando son observadas por otros, se desarrolla un segundo estudio. En este participan 114 sujetos. Primero, los participantes reciben información contextual del estudio anterior: al sujeto del video se le acaba de informar de que ha dañado información importante del pendrive. Esa misma información se aplica tanto al observar videos con sujetos del grupo control, como con sujetos del grupo experimental.

Segundo, estos participantes actúan como observadores y deben valorar, en una escala de 0 a 100%, la expresión de uno de 5 estados emocionales: incomodo, avergonzado, culpable, sorprendido y otro. Cada observador analiza 20 videos sucesivos, cada uno con una duración de 30 a 90 segundos.

Los observadores evaluaron con mayores porcentajes de culpa aquellos videos que contenían la expresión de ceño fruncido, de tocarse el cuello y ojos muy abiertos. También se han observado relaciones positivas entre el nivel de culpa autoinformado por los sujetos del primer estudio y el grado en el que los observadores del segundo estudio consideraron que dichos individuos se sentían culpables.  Este hallazgo apoya la idea de que la culpa es un fenómeno observable con una potencial función social comunicativa.

La expresión de la culpa podría ser confundida con la expresión de la vergüenza, dado el componente moral de ambas. No obstante, las señales no verbales asociadas a la vergüenza suelen ser: mirar hacia abajo y cambios de la dirección de la mirada, sonrisa controlada, tocarse la cara, así como el rubor. Ninguna de estas señales fue asociada a la culpa en este estudio.

Los movimientos dirigidos hacia uno mismo, tales como tocarse el cuello, se consideran comportamientos irrelevantes a la situación en la que aparecen, pero pueden ganar valor comunicativo a lo largo del tiempo. De hecho, se ha visto que la producción de tales movimientos aumenta en situaciones estresantes y desagradables. Pueden servir como movimientos de protección simbólica, para desviar la atención o como autorreguladores del malestar.

Por ello, tiene sentido que aparezcan en la expresión de la culpa. También es probable que se den más de uno (rascarse, frotarse las manos, etc.) en las diversas situaciones de sentirse culpable con las que nos podemos encontrar.

Aunque se necesiten más estudios, parece que la culpa sí tiene señales no verbales propias. Las que coincidieron entre ambos estudios fueron fruncir el ceño y tocarse el cuello. En un artículo previo, ya contabamos que incluso tenemos una cara de no. Por más que nos esforcemos, parece que no podemos esconder totalmente nuestras emociones. Y si es así, puede ser un buen mensaje de la evolución: ¡Que no las escondamos!

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y la gran utilidad de conocerlo para nuestras profesiones y para la vida cotidiana, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Digital emotion contagion” de Goldenberg A. y Gross J. J. (2020), en el cual se resumen las investigaciones más importantes en cuanto al contagio emocional en contexto digitales.

El tiempo que pasamos en internet es considerablemente alto. La exposición a diversos medios digitales conlleva la exposición a la expresión emocional de otras personas. Y al igual que ocurre en las interacciones reales, en el contexto digital también nos contagiamos de las emociones de los demás. Ello puede hacer que nos sintamos identificados con otros o que nos convirtamos en similares a otros.

El contagio emocional se define como el proceso a través del cual las emociones de un individuo se hacen cada vez más similares a las emociones de otros individuos por exponerse a ellas. Puede ser un proceso consciente o inconsciente. La única condición necesaria es que ocurre un aumento en la similitud emocional inter-individuos.

En 2014, un estudio demostró que el contagio emocional es posible a través de las redes sociales. En dicho estudio, el contenido al cual fueron expuestas una serie de personas en Facebook se manipuló de tal manera que la exposición sea mayoritariamente a contenido positivos o negativos. Y lo que se ha observado es que, si los usuarios habían estado expuestos a poco contenido positivo, mostraban pocas emociones positivas. Lo mismo ocurrió en cuanto a contenido y emociones negativas.

Ese fue el único estudio publicado que ha manipulado las emociones de los usuarios sin su consentimiento. Y la publicación y difusión de tal estudio ha confirmado en cierto modo la posibilidad de provocar y contagiar emociones a través de lo digital. A mayor difusión del estudio, han emergido más emociones intensas, haciendo que los usuarios expresasen cada vez más su ansiedad e indignación ante la idea de que se manipulen sus emociones sin su consentimiento explícito.

A partir de ese momento, se desarrollaron cada vez más estudios sobre el contagio emocional digital. Y hay diferentes conclusiones. Por ejemplo, el contagio emocional digital ocurre como respuesta a una gran variedad de situaciones. Ocurre tanto en el ámbito público como el privado, es decir, tanto en un contexto de chat con un amigo, como en las publicaciones tipo Facebook.

Aparte de su ocurrencia tan extendida, con decir que contagiarnos de emociones ajenas nos influye es quedarse corto.  El contagio emocional parece tener un papel clave en determinar las emociones y comportamientos de los usuarios. El contagio emocional también es un factor importante del aumento de los movimientos sociales en el contexto digital. Las personas comparten sus emociones vía online de tal manera que no solo afecta a su bienestar, sino también al bienestar de aquellos con los que están conectados.

Cuando se trata de contagio emocional en interacciones reales, hay tres mecanismos que a través de los cuales ocurre este proceso. No se trata de mecanismos mutuamente excluyentes, sino que pueden ocurrir simultáneamente.

Primero, la imitación de comportamientos emocionalmente expresivos como las expresiones faciales, posturas, movimientos oculares, risa, etc. Es decir, la imitación de comportamiento no verbales.

Segundo, la activación de una categoría emocional. La exposición a estímulos que implican expresión emocional actúa como priming para la categoría emocional en la que se incluyen y da lugar a la activación de procesos emocionales específicos de esa categoría. Es diferente de la imitación, porque a través de este mecanismo el contagio puede producirse sin copiar comportamientos. Puede ocurrir simplemente por la exposición a unos estímulos. Por ejemplo, si alguien nos escribe gracias o un piropo, ello puede activar una categoría emocional positiva.

El tercer mecanismo es la evaluación social. Los individuos usan las emociones ajenas como guías de sus evaluaciones emocionales. Ello lleva a experiencias emocionales similares. Por ejemplo, que a muchos les gusten una película puede hacer que nosotros también la evaluemos positivamente.

En el contexto digital lo que cambia principalmente es la presencia de mediación de las compañías (p. ej. de la plataforma que permite la interacción o de la publicidad) entre la expresión emocional de un usuario y la respuesta de otro usuario. Tales compañías tienen el poder de controlar el contenido al cual se exponen los usuarios y cómo estos se responden entre sí. Incluso en aquellas interacciones digitales que ocurren en tiempo real puede haber modificaciones especiales para incidir en el contagio emocional.

Pensemos en un live en Instagram. Por defecto, los comentarios de otros usuarios se visualizan en la pantalla. Puede que ni prestemos atención al usuario principal y que las múltiples respuestas a través de emoticonos relativos a la risa, nos haga sentirnos graciosos, divertidos y alegres. Puede que el usuario que hace el live ni siquiera cuente algo necesariamente gracioso, pero nos contagiamos de otros usuarios que modifican nuestra percepción.

La exposición a las emociones de otros usuarios mantiene a los usuarios expuestos comprometidos con la actividad en la red. El estudio que mencionamos al principio mostró que, a menor exposición emocional, menos contenido producen los usuarios. Por el contrario, si se expone a los usuarios a las emociones de otros, más comprometidos y ocupado en las redes se les mantiene. Y ello es clave en los resultados y beneficios de las compañías de medios digitales.

En cualquier caso, cabe destacar que maximizar las emociones de los usuarios puede que no sea un objetivo directo de estas compañías. Los algoritmos implementados pueden ajustar el contenido en pos de que los usuarios estén activos y si se consigue con más exposición a contenido emocional, se prioriza dicho contenido.

El aumento de la intensidad y frecuencia de las expresiones emocionales no solo se consigue mostrando contenido de mayor carga emocional. También se alcanza creando una estructura de incentivos que motiva a los participantes a expresar sus emociones. En redes sociales se incentiva la competición por atención y se utilizan refuerzos positivos en forma de me gusta y el share. Asimismo, expresar emociones es muy útil para atraer la atención y recibir me gusta. Un me gusta puede funcionar como una señal no verbal de las interacciones reales, por ejemplo, una sonrisa.

El efecto de la expresión emocional positiva tiene mucho mayor impacto que la expresión emocional negativa. Y es lógico por diferentes razones. En general, las personas prefieren sentir y expresar emociones positivas porque sientan mejor y favorecen las interacciones sociales.

Se ha visto que las expresiones emocionales positivas son generalmente percibidas como más apropiadas que las negativas. De hecho, muchos usuarios consideran que las emociones más adecuadas a expresar en redes sociales son la alegría y el orgullo. Las consideradas menos apropiadas son la tristeza y la ira.

Tanto desde las motivaciones de los usuarios como desde las motivaciones de las compañías de plataforma digitales se favorece la expresión emocional positiva y su contagio. No obstante, las expresión y contagio de emociones negativas también tienen su lugar, especialmente en forma de movimientos sociales. Incluso cuando se trata de problemas sociales que no salen a la luz en las noticias, los propios usuarios pueden ofrecer el contenido al cual pueden acceder millones de personas.

El contagio emocional puede alcanzar a esos millones de personas. Por tanto, puede que sea mucho más potente que el contagio emocional de interacciones reales. No obstante, no siempre es así. La exposición a tantos estímulos puede dar lugar a la fatiga y a la habituación.

Por ejemplo, si cuando entramos en Facebook vemos que todos los periódicos digitales, así como muchos de nuestros amigos comparten noticias sobre incendios forestales en diferentes puntos del mundo y varios días seguidos, puede que desconectemos del tema. Por un lado, se trata de emociones negativas y ya vimos que no se priorizan. Por otro lado, puede darse la fatiga o la habituación e ignoraremos esos contenidos. No produciremos contenido, no compartiremos tales publicaciones, etc.

Los autores de esta revisión también describen diferentes formas de medir el contagio emocional digital. Lo más difícil no es provocar el contagio, sino verificar si realmente se da. No obstante, por razones de espacio, lo dejamos para vuestro descubrimiento.

Como conclusión, parece que el componente no verbal de la comunicación no desaparece en el contexto digital. En este caso, la expresión emocional y sus consecuencias. Puede que el contagio emocional digital no se desarrolle con tanta facilidad a partir de la percepción de comportamientos no verbales (p. ej. expresiones faciales) tal como en las interacciones reales. No obstante, ya vimos que hay diferentes mecanismos. Asimismo, vimos en otros artículos que hay diferentes estímulos en la comunicación mediada por tecnología que reemplazan a las señales no verbales típicas.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y la gran utilidad de conocerlo para nuestras profesiones y para la vida cotidiana, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The not face: a grammaticalization of facial expressions of emotion” de Benitez-Quiroz C. F., Wilbur R. B. y Martinez A. M. (2016), en el cual se indaga en la posible existencia de una expresión facial propia de la negación y su función gramatical en el lenguaje.

La comunicación humana implica lenguaje verbal y no verbal, siendo en el segundo dónde se sitúan las expresiones faciales. Curiosamente, algunas de estas expresiones faciales tienen una función gramatical. Por ejemplo, no es lo mismo decir no lo sé con cara neutra o sonriendo que decirlo con la típica expresión facial de un no lo sé (difícil de describir, pero simúlalo y lo entenderás). Si la respuesta verbal y la expresión facial van a la par, lo interpretamos como una respuesta adecuada o correcta.

Lo que muestran las expresiones faciales son emociones. Y sabemos que hay emociones con valencia positiva y otras con valencia negativa. En términos generales, cuando algo no nos gusta, no nos conviene o no estamos de acuerdo con ese algo, mostramos ira, asco o desprecio. Es decir, las emociones básicas de valencia negativa.

Conceptualmente, esas emociones sirven para expresar un juicio de valor negativo, un juicio moral negativo. Por ejemplo, cuando se violan derechos, normas o algo no encaja con nuestras creencias. Y, por tanto, con la expresión facial de esas emociones comunicamos negación y desacuerdo.

Según el Sistema de Codificación de las Acciones Faciales (FACS) de Ekman, cada emoción se compone de unidades de acción (AUs). Estas AUs son acciones de músculos de la cara, tal como la contracción. Por ejemplo, vemos en la siguiente imagen, de izquierda a derecha, las AUs de ira, asco, desprecio y de la expresión facial compuesta de ira y asco (algo así como cuando estamos disgustados con algo).

lenguaje no verbal, expresiones faciales, emociones negativas, expresión facial de la negación_ lenguaje no verbal, expresiones faciales, emociones negativas, expresión facial de la negación

Los autores del estudio plantean la hipótesis de que también tenemos una expresión facial que exprese el juicio moral negativo. Asimismo, defienden que dicha expresión es la que sirve de marcador gramatical de la negación. Por tanto, ¿existe la cara de no?

Para que podamos decir que existe una cara de no, hace falta verificar que se da en varias culturas o idiomas. Si ocurre, se puede plantear la posibilidad de un origen biológico de tal expresión facial. Por eso, los autores analizan en un primer experimento las expresiones faciales de hablantes nativos de inglés, español, chino mandarín y lengua de signos. Se pide a los participantes que emitan facialmente una negación y sin mover la cabeza.

Si quieres, antes de seguir leyendo, grábate unos segundos intentando expresar una negación o desacuerdo solo con la cara y sin mover la cabeza.

En un segundo experimento, los participantes leen una frase, la memorizan y luego la repiten, mientras se graban sus caras. Las frases son muy diversas: afirmaciones, negaciones, interrogaciones afirmativas y negativas. Por ejemplo: Brad cocina pescado a la parrilla; Brad no cocina pescado a la parrilla; ¿Puede John comerse el último trozo de tarta?; ¿Por qué no ha encendido Mary ya la parrilla?.

En la lengua de signos existen marcadores no manuales que tienen una función gramatical. Se utilizan en conjunto con marcadores manuales o sin ellos. En el caso de la negación, el movimiento de la cabeza a los lados es el marcador no manual. ¿Habrá expresiones faciales típicas de la negación también en las personas que utilizan el lenguaje de signos? Para responder a esta pregunta, en el tercer experimento, participantes que utilizan el lenguaje de signos expresan las mismas frases utilizadas en experimento anterior.

En un cuarto experimento se atienden las frecuencias de producción de la expresión facial de negación. La frecuencia de producción de las silabas (incluso en lengua de signos) oscila universalmente entre 3 y 8 Hz. Las células del córtex auditivo humano también oscilan con esta frecuencia. Se cree que es para facilitar la segmentación de las señales de lenguaje y poder distinguirlas de otras señales no lingüísticas. Si la cara de no tiene un uso gramatical y el cerebro la interpreta como un marcador gramatical, entonces su ritmo debería ser similar al observado en el discurso verbal y en la lengua de signos.

Si antes te has grabado poniendo cara de negación, es hora de analizarlo. ¿Se parece con alguna de estas imágenes?

lenguaje no verbal, expresiones faciales, emociones negativas, expresión facial de la negación_ lenguaje no verbal, expresiones faciales, emociones negativas, expresión facial de la negación

Los resultados del primer experimento muestran que la cara de no existe. Sería una expresión facial compuesta por AUs que forman parte de la expresión de ira (AU4 y AU7), asco (AU17 y AU 24) y desprecio (AU14). Es decir, de las tres emociones básicas con valencia negativa. El 70% de las veces se da: bajada de la punta/esquina interna de la ceja (AU4), subida de la barbilla (AU17) y una de las AUs de presión entre el labio inferior y superior o ambas (AU14 y 24). Esta presencia a un 70% es comparable con la consistencia observada en el uso de AUs de las expresiones faciales universales de las emociones básicas (>70%). Por otro lado, AU7 solo aparece el 30% de las veces. Es un movimiento de apretar los párpados y se da normalmente en la expresión de la ira.

Los resultados del segundo experimento mostraron la presencia de cara de no 41 veces (2,83%). De todas ellas, 12 se corresponden a las frases negativas. Todas estas se dieron tanto en inglés, como en español y chino mandarín. De las 41, 17 emergieron cuando se indicaba al experimentador que la frase a memorizar fue olvidada. Diez se dieron a posteriori de una reproducción incorrecta de dichas frases. Los dos restantes se dieron en la emisión de afirmaciones. Cabe destacar que la mayoría de las caras de no se dieron en los nativos de inglés americano. Esto es congruente con evidencias que indican un énfasis expresivo mayor en la cultura americana comparada con otras culturas.

El experimento 3, orientado a la lengua de signos, también mostró la presencia de la cara de no en aproximadamente un 15% de las frases de negación.  De todas las veces que aparece, la cara de no se da mayoritariamente en conjunto con el movimiento de la cabeza que indica negación (94,1%). También aparece muchas veces en conjunto con el marcador manual de la negación (62,7%). Por último, la cara de no también se registra como único marcador, pero bastante menos (3,4%).

En cuanto a la frecuencia de producción, se observó que la cara de no encaja una frecuencia theta. La media a lo largo de los tres idiomas hablados fue de 5,68 Hz. Más específicamente, en inglés la frecuencia media fue de 4,33 Hz, en español 5,32 Hz y en chino mandarín 7,49 Hz. En el caso de lengua de signos, la media de la frecuencia de producción de las caras de no fue de 5,48 Hz y, por tanto, con oscilaciones theta.

¿Conclusiones? Las expresiones faciales, además del importantísimo papel en el lenguaje no verbal, también puede tener funciones gramaticales. Podrían ser los precursores de los lenguajes hablados, pero poco se conoce en estos términos. Según este estudio, tenemos una cara de no y esta expresión facial podría darse a lo largo de diversas culturas en conjunto al discurso verbal y como marcador gramatical. Así que no solo vale con decir sí, tu cara puede decir no y tu interlocutor puede que lo note incluso sin saberlo.

 

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y la gran utilidad de conocerlo para nuestras profesiones y para la vida cotidiana, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Music Valence and genre influence group creativity” de Sarinasadat H., Hattori Y., Miyake Y. y Nozawa T. (2019), en el cual se analiza el impacto de la música en la creatividad grupal, en la sincronización de señales no verbales intra-grupo y en la cooperación.

La música siempre es algo en lo que las personas están dispuestas a invertir tiempo. Tiene múltiples beneficios y aunque no sepamos siempre cuáles son sus efectos exactos, sabemos que nos hace bien. Escuchar música no solo es una actividad placentera.  Facilita la liberación de tensión, la regulación emocional, el afrontamiento de situaciones estresantes y nos motiva.

En algunos estudios se ha observado que tocar música en grupo favorece la cooperación entre los miembros del grupo. También parece que el ritmo de la música compartido por varias personas favorece la sincronización entre ellas. La música hace que neuronas del tronco encefálico se disparen sincrónicamente con el tempo y actividades sincronizadas como la música fomentan la conexión social. Asimismo, una persona que escucha música agradable tiende a confiar más en sí mismo que alguien que ha escuchado música desagradable.

También sabemos que la música favorece la creatividad de un individuo, ¿pero qué efecto tendrá la música en la creatividad de un grupo? La creatividad grupal, definida en términos de técnica para mejorar la creatividad y sus resultados a través de la comunicación, ha sido un tema muy estudiado.

Sus beneficios han sido una cuestión controvertida. Por un lado, la actividad comunicativa del grupo quitaría tiempo al pensar y al crear nuevas ideas. Por otro lado, en un grupo con ideas similares la creatividad podría verse afectada. Es decir, la convergencia del grupo sería opuesta al pensamiento divergente que se necesita para la creatividad.

No obstante, los procesos convergentes son necesarios para poder distinguir nuevas ideas y unificarlas. El grupo debe ser diverso y cada uno de los miembros debe producir nuevas ideas. El pensamiento divergente puede darse mientras haya diversidad. También se necesita de cooperación, por un lado, para ofrecer nuevas ideas y, por otro lado, para unificarlas.

Por tanto, se puede decir que la creatividad grupal se basa en el nivel individual de creatividad y en la tendencia de cooperación de los individuos que componen el grupo. Además de eso, el pensamiento creativo necesita de: la combinación de tantas ideas como sean posibles (fluidez), en tantas categorías que se puedan alcanzar (flexibilidad), generando ideas únicas y novedosas (originalidad).

 Para probar los procesos subyacentes a los efectos de la música en la creatividad grupal, los autores del estudio analizan la sincronía inter-cerebral y la comunicación no verbal (CNV). En el primer caso, se trata del registro de la actividad cerebral de córtex prefrontal medial e izquierdo mediante una técnica llamada Espectroscopia funcional del Infrarrojo Cercano (fNIR). En el segundo caso, la CNV se limita a la coordinación física entre los miembros del equipo y, más específicamente, a la sincronía de movimientos de la cabeza.

Los estudios previos mostraron que la música tiene efectos diferenciales en función de especialmente dos características: valencia (agradable vs desagradable) y género. En este estudio, el género se diferencia en dos categorías. Una con música más reflexiva, eligiéndose para ello música clásica. Otra con música de  ritmo animado, tipo country o pop.

La valencia se obtiene a través de la evaluación de los participantes de 100 canciones en versión instrumental. De esas evaluaciones se consiguen seleccionar y agrupar canciones agradables y desagradables. Otras características que se han tenido en cuenta para la elección de las canciones son la no familiaridad y un tempo moderado, ambos debido a posibles influencias en los resultados.

Los grupos del estudio son en realidad pares de sujetos. Estos observan en una pantalla el nombre de objetos comunes como un huevo o un par de calcetines. Después de la visualización de cada objeto, los participantes dicen en voz alta las ideas que se les ocurren como uso creativo de cada objeto. Las respuestas de cada uno son escuchadas por el compañero que le corresponde.

Mientras, suenan de fondo diversas canciones que en cada sesión experimental y aleatoriamente cumplen con una de 4 combinaciones: agradables/desagradables-reflexivas/animadas. También se da la condición control, en la cual no suena ninguna canción.

Para entender los resultados, destacar que las medidas de creatividad se basan en las tres características antes mencionadas: fluidez, flexibilidad y originalidad. También se tiene en cuenta un índice de convergencia como medida de la cooperación. Para calcular este índice se registran las veces que el grupo coincide en la categoría de ideas creativas y las veces que no coinciden.

Independientemente de las combinaciones de valencia y género de las canciones, parece que la música de fondo facilita la creatividad grupal a diferencia de la ausencia de música. No obstante, lo que facilita específicamente es la fluencia, es decir, mayor cantidad de ideas creativas generadas durante el experimento.

Como la música incide en el estado de ánimo, puede que su presencia haya disminuido el estrés de los participantes y la posibilidad de caer en actitudes negativas o pensamientos evaluativos. Aunque solo se consiguiera un estado de ánimo positivo, con eso basta para explicar una mayor cantidad de ideas creativas que el grupo sin música.

La música, en general, también genera mayor sincronía en la comunicación no verbal. Específicamente, la mayoría de los grupos mostraron mayor sincronía en los movimientos de la cabeza (a nivel intra-grupo) cuando había música de fondo y bastante menos en las sesiones sin música. También se observa una tendencia de mayor impacto de la música con valencia positiva en la comunicación no verbal.

Por otro lado, la sincronía a nivel cerebral no se ha registrado en ninguna de las condiciones. Por tanto, este estudio lo que muestra es que la música no tiene efecto en la sincronía inter-cerebros o bien hay factores que no se han tenido en cuenta y que influyen en los resultados.

Ni la flexibilidad ni el índice de convergencia se han visto afectados por la valencia de las canciones. En cambio, el género mostró un efecto en el índice de convergencia, por tanto, en la cooperación. Las canciones animadas facilitan la cooperación intra-grupal y no solo con respecto a las canciones más reflexivas, sino también en comparación a una tarea sin música de fondo.

La combinación de música evaluada como agradable (valencia positiva) con un ritmo animado mejoró la creatividad del grupo en todos los indicadores de medición, excepto en la flexibilidad. Es decir, escuchar canciones que nos gustan y con un ritmo alegre durante una sesión de creatividad grupal da lugar a mayor número de ideas creativas y más originalidad. También genera más cooperación, tal como hemos mencionado antes.

De hecho, los autores proponen que el impacto de la música agradable y alegre en la creatividad ocurre a través de su influencia en la cooperación, algo congruente con algunos estudios previos. En cualquier caso, se trata de suposiciones, teniendo en cuenta que hasta el momento no hay evidencias previas de la mejora de la creatividad grupal debida a este tipo de música, aunque sí las hay en cuanto a la creatividad individual.

Como conclusión, si nos toca un brainstorming o algo similar, no sería mala idea poner algo de música de fondo. No obstante, parece recomendable que la música sea consensuada, asegurando el agrado de todos y que el género implique ritmos alegres o no tan tranquilos como la música clásica.

Asimismo, el impacto de la música en la sincronía de comportamientos no verbales nos puede dar una idea de lo positivo que puede llegar a ser poner algo de música de fondo en contextos en los que se desea la cooperación. El ejemplo más fácil de una prueba de ello es estar en un grupo bailando. ¿Acaso hay alguien en un grupo así que se niega a cooperar incluso para las cosas más atrevidas?

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y la gran utilidad de conocerlo para nuestras profesiones y para la vida cotidiana, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Implicit reactions to women in high power body postures: less wonderful but still weaker” de Bailey A., Lambert R. y LaFrance M. (2020), en el cual se analiza el impacto de los estereotipos de género en la percepción de poder y de las posturas corporales asociadas al poder.

A pesar de que la participación femenina haya aumentado en muchas áreas laborales, sigue habiendo deficiencias en cuanto a la ocupación de puesto de poder. El techo de cristal existe y una razón de su existencia puede deberse a que las personas no perciben a las mujeres como poseedoras de atributos relativos al poder.

El poder se define como el tener control sobre resultados y sobre recursos de valor. Es un concepto cuyos componentes se solapan a lo largo de otros conceptos: liderazgo, alto estatus y dominancia. Y los tres reflejan verticalidad.

De todos los comportamientos que denotan poder, los comportamientos no verbales conforman una ruta plausible a través de la cual las personas pueden transmitir poder sin generar reacciones negativas en otros. Una de las señales no verbales de poder es la postura corporal.

¿Tiene la postura corporal efectos diferentes según el género? Vamos a averiguarlo. El género es un elemento importante que impacta en la formación de impresiones. Es decir, la percepción e impresión que uno se hace de otra persona en los primeros 100 ms de contacto.

Los estereotipos de género incluyen tanto evaluaciones como expectativas relativas al poder. Y si impactan en la formación de impresiones, por más poderosa que se muestre una persona, su género puede ser como una sombra que tapa cualquier otra señal que indica poder y otras características.

Teniendo siempre en la mente el impacto de los estereotipos de género y los roles asociados, se destacan algunas diferencias en cuanto al poder que provienen de investigaciones previas. Las mujeres suelen caer mejor a otras personas, pero los hombres suelen ser percibidos como más poderosos.

A la mujer se le asocia constantemente rasgos como calidez, bondad, cercanía y otras con una valencia afectiva similar. En cambio, a los hombres se les asocian rasgos como la agencialidad y otros de carácter más instrumental. Esto es importante porque los rasgos más instrumentales también están ligados al éxito y a roles de alto poder.

En términos generales, hay múltiples asociaciones similares entre conceptos, roles de género, atributos, etc., que generan dificultades para que las personas sean capaces de asociar rápidamente (como en las primeras impresiones) mujer y poder.

¿Y qué importancia tiene el comportamiento no verbal en todo esto? Investigaciones previas indican que los comportamientos no verbales tienen la capacidad de hacer que se superen los estereotipos de género. Las mujeres y hombres que muestran señales no verbales de poder consiguen reflejar rasgos de poder de manera similar.

Además, se ha visto que las mujeres que expresan alto poder a través de lo verbal suelen ser vistas como menos poderosas que los hombres que han dicho exactamente lo mismo. En cambio, cuando la expresión del poder se concentra en el lenguaje no verbal, se evitan esas reacciones negativas y discriminadas según el género.

El efecto de las posturas corporales en la percepción de poder según el género no queda claro en las investigaciones previas. Por eso, los autores analizan tales efectos a lo largo de tres estudios. Se analizan posturas corporales expansivas o abiertas versus cerradas o contraídas.

comportamiento no verbal, postura corporal, percepción del poder, estereotipos de género, postura y poder_ comportamiento no verbal, postura corporal, percepción del poder, estereotipos de género, postura y poder

En el estudio 1 se analizaron reacciones afectivas ante imágenes de mujeres y hombres con ambas posturas corporales antes mencionadas. En la imagen observamos las posturas expuestas a los participantes.

Las reacciones afectivas son automáticas. Por otro lado, los estereotipos aun de ser superados a nivel explicito, pueden permanecer a nivel implícito y seguirán impactando en la percepción, impresiones, emociones y expectativas, así como en las conductas posteriores. Por ello, las medidas utilizadas en los tres estudios son implícitas/indirectas.

Dadas estas condiciones, en el primer estudio se utiliza una tarea de priming. Los participantes ven durante corto tiempo una imagen de las anteriores, seguida de 150 ms de pantalla en blanco, 125 ms de un carácter chino y pantalla en gris hasta pulsar una tecla de respuesta.

Ante esta situación, los participantes debían pulsar i si evaluaban el carácter chino como agradable o e si lo evaluaban como desagradable.  Las respuestas, aunque se evalúen los caracteres chinos, reflejan actitudes afectivas ante las imágenes primadas (posturas y género).

En los estudios 2 y 3, se utiliza una tarea de interferencia cognitiva tipo Stroop. Aparecen imágenes como las anteriores una tras otra. Los participantes deben clasificarlas rápidamente como alto versus bajo poder o como sumisión versus dominancia. El tiempo de respuesta mostrará si hay diferencias en función del género en la percepción del poder.

Las posturas corporales abiertas y expansivas suelen expresar poder. No obstante, los resultados de esta investigación indican que expresan poder en mayor o menor medida según el género y ello impacta en las medidas implícitas. Es decir, los participantes no son conscientes de ello y podría haber resultados distintos si se utilizaran medidas directas.

Para entenderlo más fácilmente, supongamos que tenemos que elegir una persona para un puesto directivo. Si nos preguntan si queremos excluir del cribado a las mujeres, muchos de nosotros tendríamos muy claro la discriminación que eso supone.

En cambio, ser conscientes de ello no asegura que en el cribado no estemos descartando a las mujeres. Los estereotipos de género y, en este caso, asociar al hombre con el poder, puede hacer, por ejemplo, que dediquemos menos tiempo a la lectura de CVs de las mujeres y que, en consecuencias, consideremos que no hay una mujer apta para ese puesto en la muestra que analizamos.

De hecho, cuando en este estudio se piden razonamientos explícitos y controlados sobre el poder, el género no muestra ningún efecto. Es decir, no se encontraron diferencias en la percepción de poder según género y posturas corporales.

Los autores han observado que las mujeres con posturas corporales cerradas fueron evaluadas como más agradables que los hombres en la misma postura. En cambio, entre mujeres y hombres con posturas abiertas no se observaron diferencias en dicha evaluación afectiva.

Por lo tanto, las mujeres con posturas abiertas no son percibidas como tan agradables que las mujeres con posturas cerradas. Por lo menos no aparecen diferencias inter-género cuando se trata de posturas abiertas, pero sí las hay con posturas cerradas.

El género parece provocar interferencias en las percepciones implícitas del poder. Por un lado, los participantes tardaron más tiempo en clasificar a las mujeres con posturas abiertas como poderosas. Por otro lado, también tardaron más en clasificar a los hombres con posturas cerradas como poco poderosos. No obstante, cabe destacar que no hay diferencias en las respuestas de los participantes según su género.

Por tanto, parece que a las mujeres con posturas relacionadas con el poder, aunque en última instancia sean percibidas como poderosas, cuesta más situarlas en esa categoría, lo que se puede entender como una percepción de poderosas, pero menos que los hombres. Del mismo modo, cuesta considerar que un hombre con una postura cerrada es igual de poco poderoso que una mujer con la misma postura. Es decir, sumiso, pero no tanto como una mujer.

Lo más importante es, no solo el impacto de los estereotipos en nuestras percepciones, sino también esa permanencia de su influencia a nivel implícito, a pesar de superar un pensamiento consciente basado en estereotipos de género. Sí, nos queda mucho trabajo por hacer.

Por último, el comportamiento no verbal, y en este caso las posturas corporales, no solo nos informan de conceptos tan complejos como el poder, sino que nos puede ayudar a ser conscientes de las limitaciones que tenemos en la formación de impresiones.

Curiosamente, solemos considerar el lenguaje no verbal en términos de información que otros nos trasmiten y especialmente sobre ellos mismos. En cambio, este estudio es un perfecto ejemplo de cómo el lenguaje no verbal de otros y la interpretación que hacemos de él habla también de nosotros mismos.

 

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y la gran utilidad de conocerlo para nuestras profesiones y para la vida cotidiana, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Facial micro-expression states as an indicator for conceptual change in students’ understanding of air pressure and boiling points” de Chiu M., Liaw H. L., Yu Y., Chou C. (2019), en el cual se intenta predecir el cambio conceptual en función de las microexpresiones faciales que emergen cuando se experimenta un conflicto conceptual.

El cambio conceptual es un tema bastante estudiado en el campo de la educación. Se plantea que, para conseguir un cambio conceptual, el conflicto conceptual es el único medio que lleva a tal fin. No obstante, existen otras rutas que se activan ante cada concepto con el que nos topamos, pero no llevan al cambio.

Por ejemplo, se nos presenta el concepto de probabilidad y ante las explicaciones pertinentes podemos tener la ilusión de comprenderlo, aunque no lo hayamos hecho realmente. Por lo que, lógicamente, no habrá cambio conceptual. Si no hay conflicto conceptual entre lo que creemos saber y las evidencias relativas al concepto, no habrá cambio.

Hablamos de conflicto conceptual solo cuando tanto el concepto (pre)existente en la mente de un aprendiz, como su significado real son inteligibles para dicho alumno. También es un requisito el hecho de que el aprendiz sea consciente del conflicto activado entre lo que sabe y lo que hay en la realidad.

Para entenderlo, no puede haber conflicto conceptual si sabemos una palabra pero desconocemos su significado por completo. Debe haber una comprensión previa del concepto a analizar, aunque sea errónea. Asimismo, no puede haber conflicto si la explicación objetiva de un concepto supera la capacidad del individuo para entenderlo, como pasaría a menudo con los/as niños/as.

En un escenario educativo de conflicto conceptual, el proceso se inicia con una introducción a un concepto particular. Aquello que se informa sobre dicho concepto no se corresponde con lo que los estudiantes creen o con las predicciones que hacen en función de dicho concepto. Por eso, ocurre un conflicto conceptual. Y, aunque la meta sea el cambio conceptual y el conflicto esté presente, el proceso puede culminar con el cambio o no. Por tanto, el cambio conceptual no es una garantía.

Múltiples factores influyen en los resultados de aprendizaje y uno de los más potentes lo conforman las emociones de los aprendices/alumnos. Las expresiones y microexpresiones faciales son el reflejo de las emociones y representan una de las respuestas más directas e inmediatas que se pueden obtener en el proceso de instrucción.

Hay una serie de cuestiones destacables en cuanto a evidencias previas relativas a emociones y aprendizaje. Muchos estudios han mostrado que las emociones están muy ligadas al aprendizaje. Específicamente, que durante el proceso de aprendizaje haya emociones positivas indica un aprendizaje exitoso probable.

Además, existe una relación significativa entre las microexpresiones faciales de los estudiantes (y los estados emocionales asociados) que ocurren durante un conflicto conceptual y el cambio conceptual.

Aparte de estos hallazgos, se desconoce qué emociones están más ligadas al conflicto conceptual. Por eso, los autores de este estudio analizan las relaciones entre microexpresiones y el conflicto conceptual. Hay muy pocos estudios que relacionan tales variables. Por un lado, se pretende observar si las microexpresiones pueden informar de un conflicto conceptual o no. Por otro lado, se pretende averiguar qué emociones están detrás del conflicto conceptual.

En el estudio participaron 72 estudiantes que conocían el concepto de relación entre la presión del aire y el punto ebullición del agua, pero erróneamente. Por tanto, primero se comprobó el conocimiento previo de los alumnos sobre esta relación.

Después de dicha prueba (pre-test), los alumnos pasaron por una fase de enseñanza basada en la estrategia Predecir-Observar-Explicar-Visualizar-Comparar. En esta fase, se presentó un video con una demostración científica relativa al concepto con el fin de generar un conflicto conceptual. En el video se mostraba un frasco con agua en ebullición, posteriormente sellado y puesto del revés. Encima de dicho frasco se ponía una bolsa de hielo. El video paraba y se pedía a los alumnos predecir qué pasará y justificar sus respuestas.

La siguiente fase consistió en mostrar el resultado en el video. Se les preguntaba qué han observado y se les explicaba las causas del fenómeno científico en relación a sus predicciones previas. La última fase del estudio fue un post-test en relación al concepto antes atendido. Durante todo el proceso, se han registrado las acciones y reacciones faciales de todos los alumnos con FaceReader 4.0. Las microexpresiones se categorizan en función de 7 estados emocionales (incluido neutro), siguiendo el modelo de Ekman.

Con toda la muestra se crearon dos grupos: cambio conceptual (CC) y sin cambio conceptual (NCC). El grupo CC cumplía 3 criterios. Primero, en el pre-test mostraron una comprensión errónea del concepto. Segundo, predijeron mal durante la demonstración científica. Y, tercero, respondieron correctamente a todas las preguntas del post-test. El grupo NCC se formó de alumnos que no cumplían todos los criterios antes mencionados.

Los autores observaron que las microexpresiones faciales que aparecen durante el conflicto conceptual son principalmente las que indican neutralidad, tristeza y sorpresa. Estas emergieron cuando los alumnos visualizaron la demonstración científica antes descrita.

Los resultados se plantean en un árbol de decisión del cual emergen diferentes rutas basadas en la activación de diferentes microexpresiones que predicen el cambio conceptual. Cada ruta tiene unas condiciones en cuanto a la cantidad de microexpresiones requerida por cada tipo de emoción para predecir cambio o no cambio conceptual.

Consideremos que el total de microexpresiones de cada alumno conforma un 100%. Todas las microexpresiones registradas dividen a los sujetos en dos grupos principales: los que mostraron durante el conflicto conceptual microexpresiones de sorpresa en un 72,5% o más y los que no cumplen tal criterio (menos de 72,5%). Para ponerlo más fácil, llamemos al primero grupo sorpresa+ y al segundo sorpresa-.

Las rutas que llevan al cambio conceptual son dos. Primero, sorpresa+ junto a microexpresiones neutrales en un 3% o más (ruta 1). En este caso, hay un 83% de probabilidad de que el cambio conceptual ocurra. Segundo, sorpresa- junto a microexpresiones de tristeza en un 70,5% o más (ruta 3). En este caso, hay un 75% de probabilidad de que los alumnos muestren un cambio conceptual.

También hay dos rutas cuya probabilidad asociada muestra qué combinaciones de microexpresiones y, por tanto, emociones, predicen la ausencia de cambio conceptual. Por un lado, sorpresa+ junto a microexpresiones neutras a menos del 3% (ruta 2). Por otro lado, sorpresa- junto a microexpresiones de tristeza a menos de 70,5% (ruta 4). Las probabilidades de que no haya cambio conceptual son del 67% y 79% respectivamente.

La mayoría de los alumnos se situaron en la ruta 4. Además, se detecta que, al contrario de lo predicho, hay bastantes alumnos en este grupo que sí muestran cambio conceptual. Por eso, los autores construyen otro árbol de decisión dentro de este grupo para así detectar si hay otras microexpresiones que marcan la diferencia.

En consecuencia, se detecta que, si durante el conflicto conceptual aparecen un 28% o más de microexperesiones neutras junto a microexpresiones de asco en un 2,5% o más, será más probable que haya cambio conceptual. Es decir, la presencia de microexpresiones de asco junto a diferentes grados de microexpresiones faciales de sorpresa, tristeza y neutralidad predicen el cambio conceptual.

Las emociones que predominan durante el conflicto conceptual parece que son de valencia negativa. No obstante, la sorpresa puede tener valencia tanto positiva como negativa. Asimismo, si el proceso de aprendizaje se ha visto asociado a emociones positivas, parece que la etapa que corresponde al conflicto conceptual se da en un contexto de afecto negativo. Esta idea es congruente con otros estudios relativos al cambio conceptual. Los alumnos experimentan emociones negativas antes de que consigan comprender el concepto enseñado.

El modelo utilizado en ese estudio y basado en un árbol de decisión tiene una capacidad de discriminación aceptable. Asimismo, el uso de tecnología de reconocimiento de las microexpresiones tiene un alto potencial para predecir el cambio conceptual de los alumnos. Puede que para analizar las microexpresiones de los alumnos con el fin de predecir rendimiento sea algo muy complicado, pero sin duda alguna, ello aportaría datos muy importantes para la investigación y avance en el análisis de microexpresiones.

En cualquier caso, el cambio conceptual nunca está garantizado. Los autores destacan que sus hallazgos sirven como un paso más para comprender cómo las personas aprenden. Y como hemos visto, las emociones están presentes constantemente y no solo impactan en el aprendizaje, sino que podrían predecir sus resultados.

 

¿Quieres saber más sobre expresiones faciales y otros comportamientos no verbales? Visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación no verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Amigo del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Effects of handshake duration on other nonverbal behavior” de Nagy E., Farkas T., Guy F. y Stafylarakis A. (2019), en el cual se analiza el efecto de la duración de un apretón de manos en las interacciones sociales.

En los libros de etiqueta, el adecuado acto de darse la mano suele ser descrito detalladamente. En cambio, experimentos sobre este comportamiento no verbal (CNV) siguen siendo escasos en número. La mayoría de los CNV encierran un significado compartido y aceptado socialmente. Particularmente, darse la mano refleja confianza interpersonal.

Existen diferentes descripciones sobre las características que debería tener este CNV en pos de transmitir y provocar sensaciones positivas en los interlocutores, así como evitar las negativas. Se ha dicho, por ejemplo, que dar la mano fuertemente transmite una mezcla de dominancia y agresividad. No obstante, incluso si el comportamiento de alguien se percibe globalmente como negativo o poco amistoso, cuando ese alguien da la mano con su interlocutor es percibido más positivamente que en ausencia de este gesto.

Darse la mano tiene consecuencias duraderas. La calidad de esta acción se ha visto asociada a contrataciones después de una entrevista de trabajo. Pequeños toques al interlocutor y, hasta cierto punto, darse la mano, aumentan la disposición de tomar riesgos financieros. Un paciente que cierra la consulta con un apretón de manos refleja su satisfacción con la atención médica.

Algunas características del apretón de manos, como cuánto tiempo debería durar y las consecuencias de violar los patrones esperados, rara vez se han estudiado. En cualquier caso, el análisis de muchos CNV (y otros tipos de comportamientos) muestran una duración adecuada compartida: 2-3 segundos.

Vamos a describir algunos ejemplos. El análisis de 1542 movimientos corporales en 3 culturas distintas mostró que el 93% de estos duran 2-3 segundos. Gestos como despedirse con la mano o el apretón también suelen mostrar patrones rítmicos de 3 segundos de duración. El intervalo de 3 segundos se corresponde con lo que experimentamos como el ahora en la sucesión continua de momentos presentes de nuestra vida. Ya hace mucho, el padre de la psicología científica, Wilhelm Wundt, determinó que si el intervalo temporal entre dos grupos de estímulos es mayor de 5-6 segundos, las personas perciben dichos estímulos como separados.

En la misma línea, el cambio atencional de un estímulo a otro lleva 2-3 segundos. En la percepción visual, se necesitan unos 3 segundos para cambiar la perspectiva cuando se observan estímulos ambiguos. Las unidades de entonación en el discurso suelen durar unos 2 segundos. Frases de 2-3 segundos se pueden identificar como protoconversación con niños/as muy pequeños/as. Y, por último, las frases musicales suelen llevar 2-3 segundos para cantarlas.

Dada la importancia que parece tener esa duración en algunos comportamientos, los autores de este estudio analizan si y cómo reaccionan las personas cuando no se respeta esa duración óptima en el apretón de manos. El experimento tiene lugar en condiciones de entrevista y participan 34 personas. Cada uno de los participantes entran en una sala y se sientan delante de una entrevistadora (E1). La distancia entre sus caras es de aproximadamente 115 centímetros.

 Ocurre una conversación simple y, luego, cada participante completa cuestionarios relativos a ansiedad y empatía. Al finalizar, la E1 da paso una segunda experimentadora (E2), que es la que llevará a cabo la entrevista. La E2 lleva a cabo una entrevista semiestructurada y pregunta sobre aspectos relativos al empleo. Por ejemplo, elecciones sobre la carrera, experiencia laboral, planes de tiempo libre y objetivos a corto y largo plazo.

Existen 3 condiciones en cuanto a la interacción inicial con la E2. Cuando entra en la sala, antes de que empiece la entrevista, la E2 saluda sin dar la mano (grupo control, GC), da la mano con el participante durante 2-3 segundos (grupo del apretón normal, GAN) o da la mano con el participante durante 5-6 segundos (grupo del apretón prolongado, GAP).

A lo largo del experimento también se registran otros comportamientos no verbales de los participantes. Por ejemplo, mirar a los ojos del interlocutor o duración del discurso. Otros son presencia y duración de risa y sonrisas, gestos con las manos y pies y tocarse cara/cuerpo/pelo.

Se obtienen diferentes resultados destacables. Primero, violar la expectativa natural de un apretón de manos de aproximadamente 2 segundos impacta en el CNV de los participantes y provoca diferentes manifestaciones en sus estados de ánimo. Por ejemplo, los participantes del GAP se rieron menos en la entrevista que los del GC y GAN.

Una posible explicación es que se experimenta menos disfrute, cercanía y/o amabilidad cuando el apretón de menos tiene una duración antinaturalmente prolongada. La risa espontánea en situaciones sociales muestra una actitud de relajación. Y es probable que ese apretón de manos prolongado genere tensión.

Por otro lado, e inesperadamente, se registraron menos sonrisas en los participantes del GAN. Una explicación podría ser que la sonrisa es parte del saludo y contacto inicial. Una vez pasado ese momento, el enfoque cambia: más seriedad, escucha, atención al interlocutor, etc. Es decir, tiene mucha relevancia en la fase inicial de socialización, pero cuando esta finaliza, el contexto formal de entrevista da lugar a otros CNVs. En cualquier caso, es importante saber que las sonrisas en entrevistas de trabajo pueden marcar diferencias en la decisión de ser aceptado o rechazado para un puesto.

Segundo, el apretón de manos prolongado fue el único asociado a un aumento de movimientos de las manos. Más específicamente, lo que aumentó fue el tiempo que cada participante dedicó a tocarse una mano con la otra, como agarrándose su propia mano. La condición del GAP también fue en la que se observaron menores duraciones en gestos que implican tocarse el propio cuerpo.

Los gestos de frotarse las manos o agarrarlas entre ellas, así como tocarse el cuerpo son conductas que, en su conjunto, reflejan ansiedad y/o nervosismo (aun así, no olvidarse de interpretar teniendo en cuenta el contexto). Los gestos con las manos también son bastante difíciles de controlar y suelen revelar estados de ánimo. Cuando no se dan, suele interpretarse como muestra de auto-control o inhibición deliberada. Y en condiciones de detección de mentira, su análisis tiene bastante importancia.

Tercero, la duración del CNV relativo a tocarse la cara disminuyó a continuación del apretón de manos de duración normal. En situaciones formales, como las entrevistas de trabajo, se ha visto que nos tocamos menos la cara que en situaciones informales. Por eso, el hecho de que los participantes del GAN se tocaran menos la cara puede indicar que se sintieran como en una situación formal normal, sin tensión destacable.

En cuanto a características de personalidad relativas a ansiedad y empatía, no se encontraron relaciones significativas. Es decir, no se registran relaciones entre ser una persona más o menos ansiosas/empática y el CNV posterior al apretón de manos.

Como conclusión, se plantea que un apretón de manos prolongado (>3’’) impacta negativamente en el CNV posterior de los participantes. Ese impacto negativo se traduce en su conjunto en una mayor incomodidad o malestar emocional. No obstante, los autores son cautos y destacan que, con tan pocos datos, solo pueden especular. A primera vista, parece que la longitud del apretón de manos se traduce en más o menos señales de ansiedad del receptor de dicho apretón.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y la gran utilidad de conocerlo para nuestras profesiones y para la vida cotidiana, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación no verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Reply speed as nonverbal cue in text messaging with a read receipt display function: effect of meesaging dependancy on times until negative emotions occur whil wainting for a reply” de Kato S., Kato Y. y Ozawa Y. (2020), en el cual se analizan relaciones entre tiempo de respuesta a los mensajes, tipos de receptores, estado del mensaje (leído vs no leído) y activación de emociones negativas, así como el papel de estos factores en términos de lenguaje no verbal.

En la situación actual, utilizamos las herramientas digitales más que nunca, especialmente para hablar con las personas que nos importan. En cualquier caso, utilizamos estas como parte de nuestra rutina diaria. La eliminación de restricciones temporales y espaciales que ofrecen las herramientas digitales suponen ventajas revolucionarias. Podemos comunicarnos cuándo y dónde queramos.

En general, observamos constantemente personas que, incluso si están caminando o conduciendo, responden a los mensajes que reciben con la mayor rapidez posible. ¿Se trata de una presión ligada a la mensajería instantánea (MI) o proviene de nosotros y/o nuestros interlocutores?

Asimismo, cuando enviamos un mensaje, verificamos si hay respuesta, si lo que enviamos se ha leído, si el receptor está activo, etc. Los autores del estudio plantean que, desde enviar un mensaje hasta recibir una respuesta, hay un lapso de tiempo cuya duración modula la aparición de emociones negativas. Estas desaparecen cuando recibimos respuestas.

Una de las aplicaciones que más utilizamos es Whatsapp. Tanto esta como Facebook Messenger o LINE tienen una función de confirmación de lectura. Si esa función no está presente, entre el envío de un mensaje y su respuesta no hay interacción alguna entre los que interactúan. En cambio, si está presente, esa función se podría entender como una señal no verbal. Y la presencia/ausencia de comportamiento no verbal (CNV) en las interacciones digitales es una cuestión importante, dado el gran impacto del CNV en la comunicación.  

Otras señales no verbales de la MI podrían ser los emoticonos e incluso el tiempo de respuesta a los mensajes. Este último elemento transmite información no verbal importante. Podría ser que una respuesta tardía transmita una emoción negativa del emisor. Por ejemplo, si alguien tarda mucho en contestar, podríamos interpretar que está enfadado o que no tiene interés suficiente en nosotros.

Las emociones ligadas a la comunicación a través de MI tienen un papel clave en la dependencia de este tipo de mensajería. Las personas con una dependencia más alta tienden a utilizar MI más compulsivamente y a sentir miedo de que una relación se interrumpa por la ausencia de mensajes de texto. Otros incluso pueden tener miedo a su propio aislamiento de la red social.

Se ha sugerido en diversas investigaciones que hay personas con una sobredependencia a la MI. En este contexto es relevante el grado de sincronicidad, siendo la rapidez con la que las personas responden a los mensajes. En general, los resultados de las interacciones humanas dependen de la sincronicidad, entre otros factores. Y este aspecto se ha visto relacionado con la frecuencia de uso de MI en pos de un mantenimiento de las relaciones.

Para entender las relaciones entre rapidez de respuesta, emociones negativas y la función de confirmación de lectura, los autores aplican un cuestionario en papel a 213 sujetos. Todos utilizaban LINE y todos conocían la función de confirmación de lectura.

Se les plantea que envían un mensaje a las 12 pm a 4 tipos de receptores: familiares, parejas, amigos y conocidos/familiares de la tercera edad. Una vez que envían el mensaje, ¿cuándo aparecerán emociones como: tristeza, ansiedad, ira o culpa? ¿Cuánto tardan estas emociones en aparecer si los mensajes permanecen no leídos?

Hay diferentes opciones de respuesta en términos temporales: hasta las 13 pm, 15 pm, 17 pm, 19 pm, 21 pm, 23 pm, 1 am, mañana siguiente, mediodía siguiente, tarde siguiente. También se mide la dependencia a la MI con el uso de una escala pertinente. Se generan dos grupos en función del nivel de dependencia a MI: dependencia baja vs alta.

Las 4 emociones estudiadas aparecen significativamente más rápido con estado leído, cuando se esperan mensajes de cualquiera de los 4 tipos de receptores. Es decir, los emisores de mensajes leídos experimentan emociones negativas más rápido cuando no reciben respuestas.

La ansiedad y la tristeza son las emociones que más rápido aparecen. Es decir, si no se recibe una respuesta a los mensajes en próximas horas del envío o, por lo menos, en el mismo día, aparecen más y más rápido que la ira o la culpa.

Se registran diferencias en función del tipo de receptores. Y las más destacable se dan cuando se trata de pareja y familiares. Cuando se esperan mensajes de estos receptores, la ansiedad aparece en poco tiempo, tanto si el estado del mensaje enviado es leído como no leído. Las relaciones con estos dos tipos de receptores suelen tener más importancia personal, por lo que es fácil preocuparse por accidentes o enfermedad cuando los mensajes permanecen no leídos durante un largo periodo de tiempo.

También se ha observado que la tristeza aparece con mayor rapidez cuando el receptor es pareja y el estado del mensaje es leído. ¿Por qué no se da lo mismo con la familia? Los autores plantean que ambos tipos de relaciones son cercanas e importantes. No obstante, la relación con la familia suele ser fuerte y duradera, a diferencia de las relaciones de pareja, que son bastante frágiles.

Además, cuando una pareja no contesta rápidamente, aunque haya leído el mensaje, es probable que se interprete como una falta de interés o similar. Probablemente es por eso por lo que la tristeza aparece con bastante rapidez.

Si nos enfocamos en los receptores, independientemente del estado de mensaje enviado, la emoción más rápida en aparecer es la ansiedad, seguida de ira cuando se trata de familia. En cambio, como decíamos, si el receptor es pareja, son la ansiedad y la tristeza las que más rápido aparecen.

Cuando se trata de amigos, somos mucho más comprensibles. La ansiedad puede darse si el estado del mensaje es leído, pero tarda bastante en aparecer. Es decir, uno espera mucho más tiempo por la respuesta que en los otros casos sin sentir ningún afecto negativo. Lo mismo ocurre con la tristeza.

En el caso de conocidos o familiares de la tercera edad, la ansiedad es la emoción más rápida, independientemente del estado del mensaje. Si solo nos enfocamos en el estado leído, la culpa aparece más rápido. Esta puede estar relacionada con una preocupación sobre generar molestias al receptor. Además, si no hay interacción frecuente con estos receptores, la culpa también puede darse por no haber interaccionado más.

En términos generales, las personas con mayor dependencia a la MI suelen sentir emociones negativas con mayor rapidez cuando esperan que se les responda a los mensajes. Da igual si hay confirmación de lectura o no. No obstante, análisis específicos muestran ausencia de diferencias según el nivel de dependencia a MI y el tipo de receptores.

Se podría destacar que, en el caso de la pareja, las diferencias probablemente sean en términos de interpretación de la tardanza en responder a los mensajes con estado no leído. El grupo con baja dependencia a MI pueden sentir ansiedad y tristeza, pero por cuestiones de preocupación en términos de emergencias. En cambio, el grupo con alta dependencia a MI pueden sentir las mismas emociones, con la misma rapidez, pero con preocupaciones en cuanto al estado de la pareja.

Como conclusión, parece que las confirmaciones de lectura tienen un papel importante en generar emociones negativas. Aparecen más rápido cuando el receptor ha leído el mensaje y tarda en responder. Por algo se permite desactivar la función de confirmación de lectura, ¿verdad?

En términos de lenguaje no verbal, parece que tanto el tiempo de respuesta como el estado del mensaje transmiten información. No obstante, es probable que dicha información esté mucho más sesgada que la extraída del CNV real. Aun así, dada nuestra capacidad de extraer información de cualquier aspecto implicado en las interacciones y la permanente presencia del contexto virtual, no cabe duda de que investigaciones como esta nos ayudan a comprender un poco más el fascinante mundo no verbal.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y la gran utilidad de conocerlo para nuestras profesiones y para la vida cotidiana, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación no verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Club del Lenguaje No Verbal