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Lydia Gonzalez

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Effect of charismatic signaling in social media settings: Evidence from TED and Twitter” de Tur, B.; Harstad, J. y Antonakis, J. (2020), en el cual se investiga el éxito del carisma de los líderes informales, quienes transmiten sus creencias y preferencias a los demás pero sin autoridad formal sobre ellos.

¿Puede el carisma ayudar a las personas a ganar influencia social como líderes en la esfera digital?

Los límites organizacionales han ido cambiando desde hace cierto tiempo. Los investigadores han ignorado, en gran medida, el funcionamiento del liderazgo en entornos digitales, que caracterizan gran parte de las interacciones sociales actuales. Estos entornos proporcionan una plataforma única y ubicua para que los líderes formales e informales ejerzan influencia social.

En este contexto, debe distinguirse la causa (es decir, el carisma) de sus efectos (es decir, la influencia). Diferenciar la causa de sus efectos no es solo una cuestión de definición, sino también empírica. La señalización carismática ocurre por medio de conductas verbales o no verbales específicas, las cuales son prototipos de líderes o individuos carismáticos. Es importante destacar que el carisma, desde el punto de vista de la señalización, explica la variación que no es capturada por las habilidades de comunicación u otros efectos a nivel individual.

El mecanismo a través del cual se cree que ocurre el efecto del carisma es las inferencias. Los individuos desarrollan esquemas al ser expuestos repetidamente a atributos indicativos de un prototipo. En consecuencia, la exposición posterior a uno de los pocos indicadores es suficiente para desencadenar un esquema. Por ejemplo, se supondrá que las personas que expresan algunos comportamientos prototípicos de liderazgo carismático (es decir, la señal) tienen algunas cualidades de liderazgo subyacentes.

Las señales carismáticas que envían las personas son información creíble sobre sus habilidades de liderazgo, en la medida en que las señales son difíciles de emular por personas con baja capacidad. El carisma se refiere más bien a un conjunto más amplio de señales de transmisión de información, tales como símbolos, valores y emociones que involucran a los observadores e influyen en ellos. También se refiere al seguimiento voluntario, que es particularmente pertinente para obtener influencia social en entornos de liderazgo informal (por ejemplo, el ámbito digital).

Una relación formal líder-seguidor es una relación en la que el líder es una autoridad representativa, ya sea por elección o nombramiento formal en una organización. El líder tiene un poder asimétrico coercitivo o gratificante sobre los subordinados. El liderazgo formal a menudo implica el establecimiento de una jerarquía, de títulos y el otorgamiento de poder al líder designado (o autodesignado) sobre seguidores o instituciones.

En comparación, los líderes informales no se benefician de una posición institucionalizada ni tienen autoridad sobre sus seguidores. En cambio, logran influencia social a través de otros mecanismos como la experiencia, el poder de referencia, informativo, la legitimidad de la dependencia u otros procesos inferenciales. Además, sus seguidores forman un movimiento emergente.

Una forma común de medir el carisma es usar cuestionarios y pedir a los seguidores que califiquen a un líder objetivo en varias cuestiones. Una alternativa al cuestionario es el uso de medidas objetivas de carisma. Las medidas objetivas de carisma se refieren a un conjunto de señales verbales y no verbales que se teorizan para desencadenar significados simbólicos y proporcionar justificaciones morales, entre otros.

Los marcadores verbales del carisma incluyen el uso de historias y anécdotas, metáforas, comparaciones, preguntas retóricas, convicción moral, expresión de los sentimientos del colectivo… etc. Estas tácticas son efectivas, no solo por las inferencias que hacen los observadores, sino también porque afectan la forma en que las personas procesan la información transmitida. El efecto carismático solo ocurrirá en la medida en que las señales utilizadas sean señales de calidad y los valores resuenen con los observadores. De manera similar, las señales no verbales afectan la forma en que las personas procesan la información. Por ejemplo, sonreír puede actuar como una recompensa para reforzar un comportamiento o mantener los lazos sociales. Las señales no verbales también transmiten un cierto estado emocional, el cual puede reforzar lo que se dice.

Teniendo en cuenta todo esto, los autores llevaron a cabo dos estudios para medir los efectos del carisma de líderes en entornos digitales. En el estudio 1, se analizaron las transcripciones de 240 charlas TED seleccionadas al azar de entre el total disponibles en la web oficial. En el estudio 2, se recopilaron tweets de 60 personas durante 3 meses. Debido a que Twitter se usa a menudo para otros fines además de compartir creencias y preferencias, la muestra se redujo a dos subgrupos específicos de usuarios: directores ejecutivos y políticos. Se asumió que estos usaban Twitter como plataforma para ganar influencia social. La muestra incluye 30 directores ejecutivos y 30 políticos estadounidenses elegidos al azar de listas disponibles públicamente, excluyendo cuentas inactivas de Twitter.

Los resultados revelaron lo siguiente. En primer lugar, la señalización carismática aumentaba las medidas de influencia social, según se observó con las vistas y calificaciones de las charlas TED y los retweets de Twitter. También se puso de manifiesto la importancia de las diferencias entre líderes en la señalización carismática. En el caso de Twitter, los resultados subrayan el impacto que la señalización carismática puede tener, incluso en un medio de comunicación muy frugal.

En el caso de TED, un hallazgo interesante es que el carisma verbal tuvo un efecto muy fuerte en las opiniones, incluso más allá del carisma no verbal y el atractivo. Los resultados, particularmente con respecto al atractivo, están alineados con la evidencia de otros trabajos recientes sobre la materia. Tanto TED como Twitter no involucraron una forma institucionalizada de liderazgo; la consecuencia del carisma del líder fue experimentada virtualmente por los seguidores.

Podría suponerse que el acto de seguir, en este contexto, es generalmente voluntario en la mayoría de los casos. Por tanto, los resultados proporcionan evidencia empírica de que el uso de señales carismáticas puede aumentar la influencia social y contribuir al surgimiento del líder, aún desde la distancia, a través de canales de comunicación electrónicos. Asimismo, la posibilidad de medir el impacto del carisma directamente en la comunicación basada en texto, independientemente de las señales no verbales, sugiere que se deben explorar nuevas vías de investigación.

Así, las capacitaciones sobre señalización carismática deben estar dirigidas no solo a líderes, sino a una base más amplia de individuos, incluyendo a aquellos que ejercen una influencia pero que no se consideran líderes (maestros, médicos, expertos en políticas públicas…), con independencia de que actúen online o no.

De hecho, nuestros resultados sacan a la luz la importancia de ver el liderazgo como un proceso de influencia social más que como una posición. Aún así, el efecto del carisma funciona de manera similar, al margen de si ocurre en entornos de liderazgo formales o informales. Por último, cabe señalar que las redes sociales son un canal importante en el que los activistas, escritores o científicos también deberían considerar usar más.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “In the blink of an eye: Quantitative blink dynamics predict deceptive personality traits in forensic interviews” de Gullapalli, A. R.; Anderson, N. E.; Yerramsetty, R.; Harenski, C. L. y Kiehl, K. A. (2021), en el que se analiza la hipótesis de que la detección automatizada del parpadeo y la frecuencia de parpadeo predicen los niveles de engaño en el ámbito forense.

El engaño se define como la transmisión intencional de un mensaje destinado a fomentar creencias o percepciones falsas en el destinatario. A pesar de la prevalencia de varias tácticas para detectar a un mentiroso, su fiabilidad es, en el mejor de los casos, controvertida. La investigación moderna sugiere que los humanos rara vez se desempeñan mejor que el azar cuando se les asigna la tarea de identificar mentiras.

Con la llegada de mejor tecnología, existe un mayor interés en los enfoques automatizados para la detección del engaño. Algunas de estas técnicas se basan teóricamente en observaciones de que mentir, al menos para algunos tipos de mentiras, puede ser más exigente cognitivamente que decir la verdad. Fabricar una mentira plausible con detalles relevantes requiere imaginación, planificación… entre otras estrategias cognitivas. El aumento de la demanda cognitiva de decir una mentira también se ha observado en estudios de resonancia magnética funcional. En estos se asoció con tiempos de respuesta más largos y una mayor actividad cerebral.

Una de las manifestaciones no verbales observables de la carga cognitiva se puede encontrar en los parpadeos. Los parpadeos no ocurren al azar; se ha dicho que se producen después de una alta carga cognitiva. Esto ha llevado a un mayor interés en el uso de la tasa de parpadeo como indicador de engaño, en función de la carga cognitiva en el cerebro.

Varios estudios han encontrado que las tasas de parpadeo disminuyen con un aumento en la carga cognitiva (durante la confabulación) seguido de un aumento compensatorio en los parpadeos inmediatamente después de la mentira, cuando la carga cognitiva ha disminuido. No obstante, otros estudios han propuesto el efecto contrario: la frecuencia de parpadeo aumenta mientras se dice una mentira.

El hecho común observable en todos los estudios es que hay una desviación de la frecuencia de parpadeo durante el proceso de decir una mentira.

El comportamiento deshonesto como la mentira patológica, engaño y manipulación son características clínicas de la psicopatía. Así, los autores investigaron si la frecuencia de parpadeo puede estar relacionada con rasgos de personalidad psicopáticos en un entorno orgánico, donde no se animó a los participantes a participar en conductas engañosas. El conjunto de datos comprendía grabaciones en video de hombres adultos encarcelados, 125 en total. Los voluntarios fueron filmados durante las evaluaciones clínicas basadas en entrevistas, incluido el PCL-R y el SCID-IV. Los datos se registraron a través de una cámara digital enfocada en los entrevistados, quienes estaban sentados y frente a la cámara.

Hay dos metodologías principales para detectar parpadeos: activa y pasiva. Los métodos activos son muy fiables, pero requieren hardware adicional que puede resultar intrusivo, por ejemplo, cámaras e iluminadores de infrarrojos, etc. Las metodologías pasivas generalmente se basan en datos de video adquiridos de una sola cámara. Los avances recientes en el procesamiento de imágenes han llevado al desarrollo de detectores de puntos de referencia faciales que exhiben robustez en la orientación, iluminación y expresiones de la cabeza. Este último método fue el que utilizaron los investigadores.

Los puntos de referencia faciales se detectan localizando primero el rostro en una imagen. Una vez que se identifica esta región de interés, se identifican las estructuras faciales clave. Hay varias implementaciones, pero todas etiquetan las regiones clave de la cara, como la boca, la nariz, la mandíbula, los ojos y las cejas.

Así, los resultados del estudio indicaron que los rasgos psicopáticos interpersonales están asociados con anomalías en el cambio de las tasas de parpadeo durante las entrevistas naturalistas.

Estas dinámicas anormales de frecuencia de parpadeo indican cambios más frecuentes en la frecuencia de parpadeo en bloques de tiempo cortos. Estos cambios en las tasas de parpadeo se han asociado anteriormente con la deshonestidad en las manipulaciones de laboratorio. Estos resultados pueden agregar credibilidad a la fiabilidad de los indicadores no verbales de deshonestidad, específicamente en este caso el parpadeo.

También debe tenerse en cuenta que los cambios en la frecuencia del parpadeo no son indicativos de engaño per se. Más bien puede considerarse indicativo de los cambios en la demanda cognitiva, entre otras influencias fisiológicas y ambientales. Es notable que no se encontró una asociación significativa con la puntuación general de psicopatía.

Los investigadores utilizaron las puntuaciones PCL-R del Factor 1 como una medida de los rasgos engañosos, en lugar del engaño por se. Esto es, más que detectar una mentira concreta en todo momento, la frecuencia de parpadeo puede indicar tendencias o aspectos engañosos sobre el mensaje del interlocutor, o el propio interlocutor, señalando una mentira o mentira parcial.

En los resultados, vemos una relación entre las co-ocurrencias de conteo de parpadeo más alto con las puntuaciones del Factor 1. Esto puede ser indicativo de ráfagas de parpadeo que se han informado previamente como asociadas con el engaño. La mayor incidencia de parpadeos, en este caso, puede ser indicativa de un comportamiento engañoso.

El enfoque de modelado dinámico propuesto también se puede ampliar para trabajar con datos de parpadeo, en los que se conocen casos explícitos de mentir frente a decir la verdad. Una limitación del estudio de los autores es que la muestra actual incluyó solo hombres adultos. Futuros trabajos deberían examinar si estos resultados se generalizan entre géneros y edades (es decir, jóvenes).

Además de los parpadeos, se han identificado otras señales no verbales del engaño, como el aumento de la velocidad del habla, el aumento del número de palabras habladas y los movimientos de la cabeza mientras se está acostado.

Los hallazgos de los autores se suman a un campo emergente de la literatura, el cual investiga el uso de los últimos avances tecnológicos hacia el modelado del comportamiento. Así, el método seguido en esta investigación resulta único para cuantificar la dinámica de parpadeo extraída de un entorno naturalista, en el cual no se pidió a los participantes ni que mintieran ni que dijeran la verdad.

También se ha demostrado que los patrones de parpadeo, en vez de las tasas generales de parpadeo, son indicadores útiles de los niveles de rasgos de engaño.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Nonverbal Overload: A Theoretical Arguent for the Causes of Zoom Fatigue” de Bailenson, J. N. (2021), en el que se investiga la sobrecarga no verbal como una causa potencial de fatiga y cómo varios aspectos de la interfaz actual de Zoom probablemente conducen a consecuencias psicológicas.

En 2020, la pandemia del Covid-19 forzó un aumento drástico del número de reuniones por videoconferencia. Así, la videoconferencia fue una herramienta fundamental que permitió a los colegios y muchas empresas continuar trabajando durante los confinamientos. Zoom, en particular, ayudó a millones de personas al hacer que las videoconferencias fueran gratuitas y fáciles de usar.

Sin embargo, estar en videoconferencia tanto tiempo parece resultar agotador, surgiendo el popular término “Zoom Fatigue”, en español, cansancio o fatiga de Zoom.

Si bien hay docenas de estudios empíricos en psicología y comunicación que examinan el comportamiento durante las videoconferencias, aún no se han realizado estudios rigurosos sobre las consecuencias psicológicas de pasar horas al día en este medio particular.

En Zoom, el comportamiento reservado para las relaciones cercanas —largos períodos mirando directamente a los ojos, cercanía a los rostros de otros…— se ha convertido en la forma de interactuar con conocidos casuales, compañeros de trabajo e, incluso, desconocidos. En estos contextos hay dos componentes: el tamaño de las caras en la pantalla y la cantidad de tiempo que se está viendo frontalmente la cara de otra persona, simulando el contacto visual.

El tamaño de las caras en una pantalla, por supuesto, dependerá del tamaño del monitor del ordenador, lo lejos que nos sentamos de este, la configuración de vista que se elige en Zoom y cuántas caras hay en pantalla. En las cuadrículas de Zoom, las caras son más grandes en el campo de visión de lo que son cara a cara, cuando se tiene en cuenta cómo los grupos se espacian naturalmente en las salas de conferencias físicas.

Incluso cuando los hablantes ven rostros virtuales en lugar de reales, la investigación ha demostrado que ser mirado mientras se habla provoca excitación fisiológica. Pero el diseño de la interfaz de Zoom transmite constantemente rostros a todos, independientemente de quién esté hablando. Desde el punto de vista de la percepción, Zoom transforma eficazmente a los oyentes en hablantes, asfixiando a todos con la mirada.

Comparado con una sala de conferencias real, donde cada persona habla durante aproximadamente la misma cantidad de tiempo, es bastante raro que un oyente mire fijamente a otro. Es aún más raro que esta mirada dirigida al no hablante dure tanto tiempo como la reunión. Entonces, asumiendo que todos los oyentes siempre están mirando al orador en la sala de conferencias, la cantidad de mirada fija en Zoom es ocho veces mayor. Pero el contacto visual directo se usa con moderación.

Incluso en reuniones cara a cara, dos conversadores pasarán una parte sustancial de la interacción evitando mirarse el uno al otro. La mayoría de las personas en la sala no miran al orador y, aparte de las dos conversaciones de la barra lateral, las personas que están cerca una de la otra no se miran a los ojos. Pero con Zoom, todas las personas tienen la vista frontal de todos los demás constantemente. Esto es similar a estar entre una multitud y verse obligado a mirar fijamente a quien está muy cerca, en lugar de mirar hacia abajo o al teléfono.

En la interacción cara a cara, la comunicación no verbal fluye de forma natural, hasta el punto en que rara vez prestamos atención consciente a nuestros propios gestos y otras señales no verbales. Uno de los aspectos notables de los primeros trabajos sobre la sincronía no verbal es cómo el comportamiento no verbal es, a la vez, sencillo y complejo. En Zoom, el comportamiento no verbal sigue siendo complejo, pero los usuarios deben esforzarse más para enviar y recibir señales.

Los usuarios se ven obligados a monitorear conscientemente el comportamiento no verbal y a enviar señales a otros que se generan intencionalmente. Los ejemplos incluyen centrarse en el campo de visión de la cámara, asentir de manera exagerada durante unos segundos más para indicar que está de acuerdo o mirar directamente a la cámara, en lugar de las caras en la pantalla, para intentar hacer contacto visual directo al hablar. Este seguimiento constante de la conducta supone un esfuerzo. Incluso la forma en que vocalizamos en video requiere esfuerzo.

Otra fuente de carga se relaciona con la recepción de señales. En una conversación cara a cara, las personas obtienen un gran significado de los movimientos de la cabeza y los ojos. En Zoom, un usuario puede ver que en su cuadrícula parece que una persona mira a otra. Sin embargo, eso no es lo que realmente sucede, ya que las personas a menudo no tienen las mismas cuadrículas. Los usuarios reciben constantemente señales no verbales que tienen diferentes significados en Zoom. Además, en Zoom, los receptores reciben menos señales de las que suelen recibir en las conversaciones cara a cara.

Finalmente, es importante señalar que, a pesar de los argumentos planteados anteriormente sobre la contribución de Zoom a la carga cognitiva, quienes asisten a las conferencias telefónicas con frecuencia se dan cuenta de que las conversaciones de solo audio sufren a medida que los grupos se hacen más grandes. Futuros trabajos deberían examinar los costes y beneficios psicológicos de la videoconfenrencia en comparación con el audio en grupos más grandes.

Por otra parte, los usuarios de Zoom ven imágenes de sí mismos con una frecuencia y duración mayor de lo que antes hacían. No obstante, se carece de datos sobre los efectos de verse a uno mismo durante muchas horas al día. Es probable que un “espejo” constante en Zoom cause autoevaluación y afecto negativo. Pero cómo esto cambia longitudinalmente, es una cuestión importante en el futuro.

Asimismo, aunque Zoom no impide técnicamente usar gestos durante el discurso, verse obligado a sentarse a la vista de la cámara ciertamente altera y limita el movimiento. Una cuestión que deberíamos evaluar es por qué elegimos un video para tantas llamadas que, anteriormente, no hubieran justificado una reunión cara a cara. Las llamadas telefónicas han impulsado la productividad y la conexión social durante muchas décadas, y solo una minoría de las llamadas requieren mirar el rostro de otra persona para comunicarse con éxito.

Así, por un lado, se han enfatizado las diferencias entre las reuniones de Zoom y las presenciales. Pero si se contaran las similitudes entre los dos, superarían con creces las diferencias. Quizás un factor de la fatiga de Zoom es simplemente que estamos asistiendo a más reuniones de las que haríamos cara a cara. Incluso cuando las reuniones cara a cara vuelvan a ser seguras, es probable que la cultura haya cambiado lo suficiente como para eliminar algunos de los estigmas que se tenían anteriormente contra las reuniones virtuales.

Por otro lado, con ligeros cambios, Zoom tiene el potencial de continuar impulsando la productividad y reducir las emisiones de carbono al reemplazar los desplazamientos diarios. En consecuencia, las videoconferencias serán cada vez más habituales. Esto implicará la necesidad de construir mejores interfaces y el desarrollo de mejores prácticas de uso para los usuarios.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Personal Nonverbal Repertoires in facial displays and their relation to individual differences in social and emotional styles” de Ilgen, H.; Israelashvili, J. y Fischer, A. (2021), en el que se estudian las diferencias individuales en las manifestaciones faciales relativamente frecuentes.

Algunas personas levantan constantemente las cejas, otras sonríen continuamente. ¿Pero es esto pura coincidencia o podría reflejar el estilo social y emocional de un individuo en las interacciones?

Algunos trabajos ya han sugerido la posible existencia de diferencias individuales en los micromovimientos faciales. Sin embargo, hasta la fecha, las manifestaciones faciales se han considerado principalmente como estados momentáneos, descritos como lecturas de emociones, señales de intenciones sociales, estados de preparación para la acción o estados motivacionales más generales. Mientras que las reacciones faciales son claramente contingentes a la situación —es decir, respuestas a un evento— también pueden considerarse como disposiciones más estables. Los individuos pueden diferir sistemáticamente en la frecuencia con la que muestran reacciones faciales específicas, en situaciones específicas.

Siguiendo las discusiones en la investigación de la personalidad, la ocurrencia de un comportamiento no verbal en un individuo puede ser relativamente estable en el tiempo. Por lo tanto, mientras que, por ejemplo, todo el mundo puede sonreír más en una boda que en un funeral, algunas personas pueden sonreír más que otras en ambos contextos.

Para profundizar en esta cuestión, los autores investigaron diferentes tipos de medidas de los estilos sociales y emocionales. En primer lugar, midieron dos dimensiones en el dominio interpersonal: extraversión (frente a introversión) y dominio (frente a sumisión). Además, se incluyeron medidas de diferentes estilos en situaciones de conflicto. La finalidad de esto último era distinguir 5 estilos diferentes para afrontar situaciones conflictivas, basados en dos dimensiones: la preocupación por los demás y la preocupación por uno mismo.

Los estilos sociales y emocionales también pueden reflejarse en las diferencias individuales en la regulación de las emociones. Algunos autores distinguen dos tipos de reguladores emocionales: personas que reprimen sus emociones y personas que revaloran el evento emocional.

Esta investigación ha demostrado típicamente que los reevaluadores son más capaces de disminuir la intensidad de sus emociones negativas, en comparación con los supresores. Los supresores todavía experimentan una buena cantidad de emociones negativas, aunque intentan no mostrarlas. Por último, las personas también difieren en lo nerviosas que están por evitar el castigo frente a lo positivas que son para lograr sus objetivos. Así, se han propuesto dos dimensiones de la personalidad: ansiedad e impulsividad.

Hasta la fecha, solo unos pocos estudios han examinado las acciones faciales en relación con las diferencias individuales estables, como el temperamento o el estado de ánimo general. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que en estudios anteriores solo se midieron expresiones planteadas y no espontáneas, enfocándose exclusivamente en las características que los observadores infieren de estas expresiones.

Así, los autores utilizaron en su propio estudio un enfoque novedoso, examinando las acciones faciales espontáneas en relación con las diferencias individuales autoinformadas en los estilos sociales y emocionales. Los participantes fueron 110 hombres y mujeres holandeses, de 20 a 78 años de edad. Cada participante recibió instrucciones sobre el procedimiento, indicando que participarían en sesiones grabadas en vídeo y luego completarían 5 cuestionarios.

Las preguntas por ordenador comenzaron con hechos, pero se volvieron más personales e íntimas durante la sesión, marcando el participante su ritmo de respuesta. Posteriormente, las preguntas con un entrevistador también se centraron en experiencias emocionales específicas (miedo, ira, orgullo). El entrevistador marcó el ritmo de las preguntas y siguió con preguntas sobre las respuestas iniciales del participante.

Los autores encontraron apoyo para el concepto de repertorios personales no verbales: cada individuo mostró una o más acciones faciales con más frecuencia en dos contextos que la media de todas sus acciones faciales. Específicamente, se dentificaron cinco repertorios —sonreír, parpadeo parcial, caída de párpados, tensión y abrir los ojos—, parcialmente consistentes con investigaciones anteriores. Consecuentemente, se examinó la relación de estos con los estilos sociales y emocionales. Cabe señalar que las acciones faciales individuales pueden enviar una señal diferente cuando ocurren en diferentes combinaciones.

El primero, sonreír, el cual también incluía levantar la mejilla y apretar el párpado inferior, entrecerrando los ojos y sugiriendo una sonrisa auténtica e intensa, más que educada. Como era de esperar, sonreír se asoció con un estilo de interacción positivo y extravertido, destinado a afrontar los problemas y encontrar compromisos.

El segundo, el parpadeo parcial, se asoció negativamente con parpadear, levantar el párpado inferior y levantar las cejas internas. Esto sugiere pasividad, puesto que son señales de una mirada activa y alerta. La asociación negativa con la extraversión encaja con esta explicación, sugiriendo una asociación positiva con la supresión de las emociones y la introversión.

El tercero, la caída de párpados, reflejando una baja excitación. Se asoció positivamente con ceder, lo que implica un estilo de interacción sumiso y ansioso basado en el estrés. La pregunta es cómo se pueden distinguir el parpadeo parcial y la caída, ya que ambos representan una postura pasiva. Mientras que el parpadeo parcial parece estar asociado principalmente con no mostrar ningún sentimiento (es decir, una cara de póquer), el otro sugeriría ansiedad y ceder.

El cuarto repertorio, tensión, consistía en fruncir el ceño, tensar los párpados, los labios y levantar las cejas. Los resultados sugirieron que las personas con este repertorio no verbal personal pueden, por un lado, mostrar enfoque y concentración, al tiempo que reprimen sus sentimientos de ansiedad. Finalmente, el quinto repertorio, abrir los ojos, no se asoció con levantar las cejas internas y externas. De hecho, no se encontró relación con los factores autoinformados. Sin embargo, sí se encontró con la reevaluación y negativa con el compromiso.

Resumidamente, todos los participantes mostraron una o más acciones faciales con relativa frecuencia, encontrándose evidencia de estos cinco factores de acciones faciales, denominados repertorios personales no verbales. Tres de ellos están asociados con estilos sociales y emocionales específicos en las interacciones. A saber: la sonrisa se asocia con el compromiso y la extraversión; la caída de párpados con ceder y el parpadeo parcial se correlaciona negativamente con la extraversión.

Las correlaciones con los estilos sociales y emocionales muestran que existe al menos un apoyo inicial para la idea de que las diferencias individuales, en algunas acciones faciales relativamente frecuentes, están relacionadas con estilos específicos de cada persona en las interacciones sociales.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Epistemic Vigilance in Early Ontogeny: Children’s Use of Nonverbal Behavior to Detect Deception” de Ghossainy, M. E.; Al-Shawaf, L. y Woolley, J. D. (2021), en el que se analiza el desarrollo de la vigilancia epistémica en los niños; esto es, la capacidad de los niños para modular su confianza en el testimonio verbal como una función del comportamiento no verbal.

Una consecuencia importante de los intercambios comunicativos es el potencial de engaño y desinformación. Los intereses de los oradores a menudo divergen, estando rara vez perfectamente alineados. En otras palabras, normalmente existe una posibilidad distinta de cero de ser engañado o manipulado.

Las ventajas evolutivas resultantes de nuestra capacidad para aprender de los demás solo pueden existir en conjunto con la coevolución de aquellos mecanismos que nos protegen contra el engaño y la desinformación. Según esta lógica, es posible que incluso los niños pequeños posean tales defensas.

El proceso de evolución cultural acumulativa se beneficia enormemente de la capacidad de comunicación, mediante la cual los miembros de una especie transmiten deliberadamente información útil a otros. La veracidad de la información transmitida de una persona a otra depende de al menos dos factores: la capacidad o competencia del comunicador como fuente de información y sus intenciones. Según algunos autores, la comunicación manipuladora impulsa la evolución conjunta de los mecanismos que protegen contra la manipulación.

El riesgo de explotación genera una presión de selección que favorece a quienes son capaces de evitar la manipulación y explotación, dándoles más probabilidades de sobrevivir y reproducirse. Asimismo, los mecanismos de engaño y contraengaño se vuelven cada vez más sofisticados con el tiempo. Podría decirse que esto es lo que vemos en el repertorio humano de interacción social.

Practicar la vigilancia epistémica nos protege de formar creencias falsas basadas en lo que otras personas nos dicen. Implica adoptar una postura crítica hacia la información que recibimos. Para los niños, que adquieren gran parte de sus conocimientos a través del testimonio de otros, la vigilancia epistémica es inmensamente útil. La vigilancia ayuda a los niños a detectar fuentes de información inferiores y/o engañosas.

Así, las investigaciones indican que una variedad de atributos de los hablantes afectan a la confianza selectiva de los niños. Estos incluyen la edad percibida del hablante, las características morales, la familiaridad, la precisión previa y la experiencia. Los niños pequeños prefieren aprender de los adultos en lugar de otros niños. También usan la información sobre la personalidad de los hablantes para juzgar su confiabilidad, confiando preferentemente en los hablantes familiares sobre los extraños.

Es importante destacar que, a los 4 años, los niños se vuelven expertos no solo en reconocer a informantes inexactos, sino en preferir juiciosamente aprender de aquellos con un historial de precisión. Tomados en conjunto, estos estudios demuestran que los niños usan heurísticas que los guían a confiar de manera preferencial en algunos informantes sobre otros. Sin embargo, sigue desconociéndose mucho sobre cómo los niños se protegen contra individuos potencialmente engañosos: cuándo se desarrollan estos mecanismos defensivos, en qué señales se basan y qué tan exitosos son.

Por ello, el estudio de los autores tiene como objetivo comenzar a llenar este vacío, examinando el desarrollo de la capacidad espontánea de los niños para utilizar el comportamiento no verbal para modular la confianza en el testimonio verbal.

Así, en dicho estudio participaron 83 niños de entre 4 y 6 años. Los niños vieron una serie de vídeos que mostraban a un adulto sentado detrás de dos cajas. A los niños se les dijo que solo una tenía un juguete dentro. Para asegurarse de que los niños entendieran la tarea, todos los participantes vieron primero dos vídeos de familiarización. Después, los niños pasaron a ver una serie de 12 vídeos en los que se grabó a un adulto diferente para cada vídeo. Todos los niños visionaron, primero, un vídeo de testimonio verbal, seguido de un vídeo de testimonio inconsistente. Los 10 vídeos restantes se presentaron en orden aleatorio. Después de cada video, se les pidió a los niños que eligieran la caja que creían que tenía el juguete escondido y que justificaran su respuesta.

En los videos de testimonios no verbales, el adulto abrió cada caja, en secuencia, y miró adentro. Para una de las cajas el adulto tuvo una expresión neutra, pero reaccionó emocionado al mirar dentro de la otra caja. En los vídeos de testimonios consistentes, el adulto expresó su entusiasmo de manera no verbal hacia el contenido de una caja y sugirió verbalmente que el objeto estaba en esa misma caja. Durante los vídeos inconsistentes, el adulto expresó su entusiasmo de manera no verbal hacia una de las cajas, pero sugirió verbalmente que el objeto estaba en otra.

Cuando no se ofreció otra información, los niños de hasta 4 años demostraron una capacidad clara y sistemática para aprender del testimonio verbal de los adultos. Los niños no eligieron al azar ni mostraron una desconfianza sistemática en lo que decía el adulto. En cambio, los niños de todas las edades utilizaron la declaración verbal del adulto como verdadera sobre la ubicación del juguete. Cuando las dos fuentes de testimonio ofrecieron información coherente, las decisiones de los niños también se basaron abrumadoramente en el testimonio. Es importante destacar que ningún niño decidió desconfiar del testimonio en los tres juicios consistentes.

Cuando los testimonios verbales y no verbales no coincidían, los resultados muestran que, antes de los 6 años de edad, los niños pequeños basan principalmente sus decisiones en el testimonio verbal de un hablante. En las tres situaciones de testimonio inconsistente, la mayoría de niños de 4 y 5 años eligieron mirar en la caja indicada por la declaración verbal del adulto. Aunque esto no se debe a una falta de comprensión de que la conducta no verbal es comunicativa. Por el contrario, la mayoría de los niños de 6 años atendieron a la información no verbal en los tres ensayos que incluían inconsistencias entre la información verbal y no verbal.

Por tanto, los resultados del estudio actual sugieren que los niños de 4 y 6 años difieren notablemente en su capacidad para detectar el engaño a través del comportamiento no verbal.

Durante estas edades, los niños parecen experimentar un cambio de desarrollo dramático en su comprensión de la relación entre los comportamientos verbales y no verbales, así como su utilidad en las decisiones de confianza. Aunque los niños de tan solo 4 años extraen información de la conducta no verbal, cuando el testimonio verbal está ausente o es consistente, no parecen comprender su función de indicar un testimonio engañoso hasta los 6 años. Una vez que los niños tienen esta comprensión, se vuelven capaces de utilizar conductas no verbales para modular su confianza en el testimonio que reciben.

Estos resultados proporcionan una nueva y emocionante evidencia del desarrollo de la vigilancia epistémica. Específicamente la capacidad de los niños para modular la confianza en el testimonio verbal basado en la presencia de conductas no verbales conflictivas. Los niños no sólo muestran la capacidad de identificar y, preferentemente, aprender de buenas fuentes de información, sino que también, a los 6 años, pueden disminuir juiciosamente su confianza en los adultos que parecen estar mintiendo. Consecuentemente, estos hallazgos representan una fuerte evidencia de que los niños están equipados con una capacidad de vigilancia epistémica basada en señales no verbales.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y su relación con la detección de mentiras y el desarrollo de la infancia, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Nonverbal Immediacy in Teaching Process: A Case Study in Secondary Education” de Stamatis, P. J. y Kostoula, V. E. (2021), en el que se analiza la influencia de la inmediatez en la comunicación entre profesores y alumnos de secundaria.

La educación y la docencia son predominantemente comunicativas. Las interacciones pedagógicas que se desarrollan en las aulas son parte de un proceso de comunicación instructivo.

La creación de un ambiente pedagógico y advertir las relaciones interpersonales son elementos que refuerzan la eficiencia de la enseñanza y el aprendizaje. Los protagonistas del proceso educativo, docente y alumno, desarrollan relaciones humanas basadas en la comunicación verbal y no verbal. No obstante, es importante aclarar el término “comunicación”. La comunicación es un proceso continuo, dinámico y en constante cambio. La comunicación no verbal juega un papel importante en la comunicación interpersonal. Envía y recibe mensajes de varias formas sin utilizar códigos verbales, pudiendo ser intencionada o no.

Así, en el proceso de enseñanza intervienen tres factores principales: transmisor, mensaje y receptor. El profesor envía sus mensajes a los alumnos, que son los receptores del mensaje. Luego, los estudiantes responden a los mensajes del profesor enviándole uno nuevo, quien se convierte en un destinatario o receptor a su vez.

La comunicación en la educación se centra en las formas de utilizar los principios y métodos de comunicación en el proceso de enseñanza y las habilidades de comunicación de los profesores, para ser más eficientes en el aula. No basta con conocer la asignatura que se imparte; la asignatura debe transmitirse pedagógicamente a los estudiantes, para atraer su atención y lograr resultados en el aprendizaje.

Es importante que cada profesor integre las “técnicas” de comunicación en la práctica docente, como el entorno pedagógico y la inmediatez. Según diversos autores, el comportamiento no verbal durante la enseñanza parece afectar al proceso de comunicación. Por parte de los profesores, es frecuente el uso de expresiones faciales, contacto visual, gestos y lenguaje corporal en general. Esto muestra su expectativa de tener un impacto importante en los estudiantes, relacionándose con resultados positivos.

En el ámbito educativo, el concepto de inmediatez es un factor relacionado con la actitud docente y la conducta comunicativa de los docentes. Es un comportamiento de comunicación que incluye elementos de comunicación verbal y no verbal. La inmediatez verbal se refiere a los mensajes verbales utilizados por los profesores que expresan empatía, transparencia, amabilidad, elogio, sentimiento de inclusión, humor… y la voluntad de los profesores de involucrar a los estudiantes en la comunicación.

La inmediatez no verbal se define como la conducta que refuerza la proximidad y la interacción no verbal entre las partes comunicantes. Es la capacidad de los profesores para transmitir sentimientos, calidez, proximidad, sentido de pertenencia… Lo que es posible lograr mediante el contacto visual, la posición y movimientos corporales, los gestos, la sonrisa, la expresividad o la háptica.

La inmediatez del profesor aumenta la comunicación e interacción entre él y el alumno, lo que facilita la adquisición de la información que estos últimos necesitan. También constatan que la diferencia de estatus entre alumnos y profesores se reduce, aunque sin igualarse. Como resultado, se anima al alumno a hacer preguntas sin miedo. A su vez, la discusión personal refuerza el entorno pedagógico, creando un impacto positivo en el proceso de aprendizaje.

Este impacto positivo se traduce en un mayor aprendizaje cognitivo y una evaluación más positiva de los estudiantes por parte de los profesores. Además, fomenta la actitud positiva de los estudiantes hacia los profesores y la escuela en general.

Teniendo en cuenta esto, los autores realizaron su propia investigación para estudiar la inmediatez y su impacto en alumnos de secundaria. Para ello, se contó con docentes de un colegio de educación general de Bachillerato en Grecia de diversas materias, a los que se realizó una encuesta. De los docentes, el 48,1% eran hombres y el 51,9% mujeres. La investigación de campo se llevó a cabo en 2019.

En las encuestas se observó que los participantes expresaban a menudo inmediatez no verbal moviendo sus manosmientras enseñan. Además, parecía que los profesores eran habitualmente cercanos con sus alumnos. De acuerdo con la literatura académica, los profesores que, mientras enseñan, se mueven entre sus alumnos, son percibidos como más amigables y eficientes. Aunque esto también podría considerarse como una forma indirecta de supervisar y controlar a los estudiantes.

Los participantes del estudio evitaban tocar a sus alumnos para evitar malentendidos. En cuanto al contacto visual, la mayoría de participantes afirmó que mantienen contacto visual con los estudiantes. Este es particularmente importante para el ambiente escolar, ya que el profesor puede pretender ignorar un comportamiento o hacer contacto visual para enfatizarlo.

No obstante, los resultados de la investigación mostraron que el indicador de inmediatez no verbal se encontraba en un nivel moderado, aunque las mujeres tenían una ligera ventaja sobre los hombres. Dada la cultura mediterránea de la muestra, se esperaría un indicador de inmediatez no verbal más alto.

Esto puede deberse a la variedad de especializaciones y formación de los distintos profesores. Además, en la educación secundaria griega ha prevalecido una cultura disuasiva en cuanto al desarrollo de conductas de inmediatez no verbal. Esto es debido a que se consideran incompatibles con los objetivos y la metodología de enseñanza de las unidades escolares.

Teniendo en cuenta que, por la naturaleza de su trabajo, los docentes desarrollan un diálogo e interactúan constantemente con los alumnos adolescentes en el caso estudiado, este hallazgo se considera suficientemente justificado, aunque se podría haber esperado una inmediatez no verbal mayor.

Un factor adicional que afecta la inmediatez no verbal es el sistema orientado al examen. En este sistema, el profesor es visto como un evaluador, más distante. Esta relación examinador-examinado es un factor limitante en el desarrollo de la comunicación interpersonal y, por lo tanto, la expresión de la inmediatez no verbal.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “A Randomized Pilot Study of Rhythm-Based Music with Movement Strategies on Stress and Interaction Behaviors of Infant Caregivers” de Geist, K.; Zoccola, P.; Andary, N.; Geist, E.; Dogbey, G.; Williams, L. A. y Tuttle, B. (2021), en el que se investiga si existe relación entre la música y las hormonas de estrés del cuidador y los comportamientos de interacción positiva.

Las interacciones saludables entre cuidador y bebé son fundamentales para el bienestar cognitivo, social y emocional a largo plazo de un bebé.

Quienes cuidan a sus bebés y crean experiencias de apego seguro al tocar, vocalizar, abrazar, mecer… al infante, brindan experiencias que ayudan a este a crecer y prosperar. Los bebés que no experimentan esto, pueden tener un apego inseguro, tendiendo a tener dificultades con la regulación sensorial y emocional, así como para manejar situaciones emocionales a lo largo de sus vidas.

La literatura existente sobre el impacto que tienen los cuidadores principales, específicamente maternos, que brindan música en vivo, con interacciones de movimiento rítmico con los bebés, respalda la premisa de que los bebés necesitan estas interacciones para su desarrollo. La investigación desde la neurociencia apoya el uso de estrategias rítmicas cuando un cuidador está interactuando con un bebé. Por ejemplo, los beneficios de que el cuidador cante al ritmo de la respiración de un bebé pueden beneficiar la percepción, la calma y la atención tanto del bebé como del cuidador.

Asimismo, es bien sabido que, si una persona se expone repetidamente a situaciones estresantes, puede resultar en una variedad de problemas de salud. El cortisol es una hormona secretada en respuesta a situaciones estresantes. La exposición repetida o prolongada a niveles elevados de cortisol puede afectar negativamente a nuestra salud física y mental.

Las concentraciones más altas de cortisol y sus proporciones son indicativas de una patología de estrés más alta, mientras que las proporciones de cortisol relativamente más bajas son indicativas de resistencia. También existe una creciente evidencia sobre cómo la música impacta positivamente los niveles de cortisol en los niños. El impacto positivo de la música y el movimiento para reducir el estrés en niños y cuidadores se encuentra bien documentado.

Así, los autores realizaron su propio estudio al respecto. Este se correspondió con un ensayo piloto de control aleatorio. El objetivo era observar si la música basada en el ritmo y las estrategias de movimiento influyeron en las medidas de estrés pre y post intervención del cuidador, así como en las conductas de interacción social observados durante el estudio. Se contó con cuidadores y bebés para participar en dos visitas al lugar de investigación. Se asignó al azar a la pareja la condición de control o experimental.

La muestra en este estudio consistió en 13 díadas de lactantes / cuidadores, 6 de control y 7 de intervención. De los cuidadores, 1 era hombre y 12 eran mujeres. Había 5 niñas y 8 niños varones; las edades de los bebés oscilaron entre 6 y 40 semanas (10 meses). La edad de los cuidadores iba desde los 23 a los 50 años.

La sala de sesiones era un espacio abierto con dos áreas, estando una de ellas destinada a que una enfermera tomara los signos vitales del cuidador y del bebé y recolectara una muestra de saliva del cuidador. La otra sección de la habitación estaba decorada como una guardería.

Para la condición de control no había música de fondo, aunque sí ruido ambiente del aire acondicionado. En este supuesto, se pidió a los cuidadores que permanecieran en la habitación con su bebé durante 30 minutos e interactuaran con ellos como lo harían normalmente. La enfermera llegó después de la sesión y tomó medidas de saliva y signos vitales posteriores a la sesión del cuidador.

Para la condición de intervención, los intervencionistas de música y movimiento estuvieron en la sala junto a los participantes. Esta condición incluyó de 5 a 10 minutos para construir una buena relación y preguntarle al cuidador sobre las experiencias musicales del bebé. Los siguientes 15-20 minutos de la sesión se basaron en la música y la intervención de movimiento. El objetivo general era que los intervencionistas demostraran estrategias musicales y de movimiento accesibles para el cuidador y receptivas para el bebé.

Las estrategias musicales que se utilizaron incluyeron un tarareo dirigido a los bebés, canto dirigido a los bebés, toques rítmicos y el uso de movimiento rítmico. Las estrategias de toque rítmico abarcaron desde el uso de este sin palabras ni melodía, hasta combinar el toque con tararear o cantar. Las estrategias de movimiento rítmico incluyeron tararear, cantar y tocar con el objetivo principal de facilitar los patrones de movimiento del desarrollo. Ahora bien, cabe señalar las siguientes limitaciones del estudio.

Primeramente, aunque se reconoce que se trataba de una prueba piloto, se contó con una muestra pequeña, siendo deseable ampliar el estudio a una muestra más grande para obtener una observación más fiable. Otra limitación fue que el diseño observacional de las interacciones era defectuoso, ya que la cantidad de tiempo del que disponía el cuidador para interactuar con el bebé fue distinta para ambos grupos.

Ahora bien, el resultado más impactante de este piloto, aún a pesar de la muestra pequeña, fue la disminución significativa en el cortisol del cuidador antes y después de la intervención en comparación con el control. Si bien la investigación sobre los niveles de cortisol de los cuidadores después de usar música es limitada, estos resultados son consistentes con la disminución de cortisol de los bebés después de haber estado expuestos a experiencias musicales. De media, la proporción de cortisol tendió a disminuir después de la intervención en este grupo, mientras que fue más alto después en el grupo de control. Esta tendencia es significativa y debería explorarse más en futuras investigaciones.

Los hallazgos del piloto sugieren que las intervenciones musicales y movimiento son prometedoras para reducir las hormonas del estrés entre los cuidadores de bebés. Dichos hallazgos son consistentes con observaciones anteriores sobre los beneficios socioemocionales del uso de estas intervenciones para promover relaciones sanas y duraderas entre el cuidador y el bebé.

Estas interacciones en sí mismas podrían transformar la relación socioemocional de la díada cuidador-infante y, quizás, prevenir los efectos negativos a largo plazo relacionados con la falta de experiencias de vinculación y apego prolongadas.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Oral hygiene effects verbal and nonverbal displays of confidence” de Taylor, P.; Banks, F.; Jolley, D.; Ellis, D.; Watson, S.; Weiher, L.; Davidson, B. y Julku, J. (2020), en el que se analiza la influencia de la higiene bucal en el comportamiento no verbal.

La higiene bucal y su manifestación, como el mal aliento, es un aspecto integral de la autoimagen.

Por ejemplo, un estudio encontró que el 75% de los pacientes explicaron su asistencia a una clínica de olores de aliento, no con referencia a su salud, sino porque el mal aliento los había llevado a sentirse inseguros en las relaciones sociales. Otros también han aludido que el mal aliento conduce a una disminución de la confianza, incluida la reducción de autoestima, el aumento de la ansiedad social y la aparición de fobias sociales.

La razón por la que el mal aliento tiene un impacto profundo en la confianza probablemente tenga raíces sociales. La higiene bucal actúa como una de una serie de señales sociales que los humanos utilizan para atender sus relaciones y juicios sociales. Esto, a su vez, se refleja muchas veces en el comportamiento no verbal de las personas.

Esta noción está firmemente arraigada en los relatos evolutivos de la cognición social humana. Un número creciente de estudios ha demostrado que los participantes hacen inferencias adversas sobre un objetivo en función de olores desagradables o inesperados, así como anomalías morfológicas. Tales inferencias parecen ocurrir incluso cuando los perceptores saben que la anomalía es engañosa o que su respuesta refleja un estereotipo inapropiado.

Estos hallazgos sugieren que los olores de una persona pueden afectar a la forma en que los juzgamos y actuamos hacia ellos. No obstante, dicen menos sobre cómo el conocimiento de estos efectos puede moldear el comportamiento personal o cómo el olor moldeará el comportamiento en una interacción en desarrollo. De acuerdo con un estudio previo, el “estigma” del mal aliento llevará a los participantes de una interacción a adaptarse menos al comportamiento de los demás. Así, mostrarán menos imitación verbal y no verbal del comportamiento de los otros que en otras circunstancias.

Así, en el estudio de los autores se contó con 140 participantes, estudiantes de pregrado y posgrado de una universidad de Reino Unido. Se obtuvieron medidas pre-experimentales de cuán conscientes eran los participantes de su presentación a los demás (es decir, autocontrol), su nivel de autoestima y su atractivo. Previamente al experimento, los participantes posaron para una foto estilo pasaporte con una camiseta negra lisa sobre un fondo también liso. Luego completaron las medidas de autoconstrucción, autocontrol y autoestima. Posteriormente, los participantes asistieron al ensayo en grupos de diez.

A su llegada, se les entregó una placa que indicaba una letra y se sentaron separados. Una vez que llegaron todos los participantes, se les explicó que estarían completando una serie de interacciones uno a uno de 3 minutos (es decir, “rondas”), de manera similar a las citas rápidas, con el objetivo de “llegar a conocerse unos a otros”. Se les dijo que necesitarían usar una camiseta negra para estandarizar su apariencia en las interacciones.

Específicamente, los participantes fueron asignados al azar a un grupo de control o experimental. Cada uno de estos contenía cinco participantes con una mezcla de hombres y mujeres. Por otro lado, se les pidió que se abstuvieran de comportamientos rituales matutinos normales, como cepillarse los dientes o tomar un café.

Por su parte, el uso de dos baños se explicó como una forma rápida de colocarse las camisetas. Sin embargo, mientras estaban en el baño, los asignados al azar al baño “experimental” también se lavaron los dientes con pasta de dientes. A estos participantes no se les indicó que no mencionaran el cepillado para no levantar sospechas sobre la manipulación. Por la misma razón, tampoco se les pidió que confirmaran que habían seguido instrucciones previas de no comer determinados alimentos y no cepillarse los dientes esa mañana. En cambio, se usaron un conjunto de comprobacionesposteriores al ensayo para determinar hasta qué punto los participantes adivinaron la manipulación.

Después de la manipulación, se dio a cada uno una insignia sociométrica, una hoja de instrucciones y un paquete de cuestionarios. Las preguntas requerían que los participantes calificaran, en una escala de 8 puntos, el grado en el que se sintieron “nerviosos vs. relajados” y “seguros vs. inseguros“. También se les preguntó por su percepción del grado en el que su pareja se sentía nerviosa o relajada, segura o insegura y, en comparación con ellos, como de iguales o diferentes eran.

Así, a través de medidas verbales y no verbales surgió un patrón predecible en el comportamiento de los participantes después de cepillarse —o no cepillarse— los dientes. En comparación con los que no se cepillaron, los que lo hicieron mostraron menos movimiento corporal y mayor asertividad verbal en sus interacciones con los demás.

Estas diferencias conductuales sugieren que el uso de pasta de dientes llevó a los participantes a comportarse de formas normalmente asociadas con una mayor confianza en sí mismos. De hecho, así lo dijeron los participantes como reflejo de su experiencia subjetiva. La manipulación también tuvo efectos interpersonales significativos, hasta el punto de cambiar la impresión subjetiva de la pareja.

Estos hallazgos ofrecen evidencias tentativas de que la higiene bucal puede influir en el comportamiento a corto plazo. Esto se basa en la evidencia de asociaciones entre la higiene bucal y las percepciones y la confianza en sí misma de una persona. Asimismo, los resultados coinciden con investigaciones relacionadas como, por ejemplo, estudios que muestran una correlación positiva entre confianza subjetiva y el volumen del habla. Si bien esta explicación es prometedora, se necesitan más pruebas antes de establecer firmemente una asociación entre la higiene bucal y la confianza interpersonal.

Un resultado curioso fue el aumento del nerviosismo autoinformado durante las interacciones, independientemente de si los participantes se habían cepillado los dientes o no. Como explicación encontramos posibles limitaciones de la investigación. Es posible, por ejemplo, que algunos participantes no siguieran completamente las instrucciones. O que el cambio de rutina afectara a su comportamiento al aumentar la conciencia de sí mismos, etc. Cada una de estas posibilidades puede actuar para moderar o mediar esta asociación entre higiene bucal y comportamiento.

Asimismo, puede sugerirse que la autoconciencia con respecto al atractivo personal puede moderar los efectos de la higiene. Específicamente, aquellos que han aprendido por experiencia cómo los perciben otros pueden estar menos preocupados por la higiene bucal. Contrariamente, otras personas pueden extender esta preocupación a su estado actual de higiene bucal.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Does Self‐Reported Childhood Trauma Relate to Vocal Acoustic Measures? Preliminary Findings at Trauma Recall” de Monti, E.; D’Andrea, W.; Freed, S.; Kidd, D. C.; Feuer, S.; Carroll, L. M. y Castano, E. (2021), en el que se investiga la relación entre los traumas infantiles y la voz como indicador no verbal del mismo.

La voz es un instrumento fundamental para la comunicación y puede revelar información importante sobre un individuo. Debido a que la voz puede transmitir información muy compleja sobre un individuo, cabe preguntarse si la voz también puede servir como un marcador no verbal del trauma infantil.

El trauma infantil se ha relacionado con una multitud de resultados para los sobrevivientes de abuso y negligencia. La evidencia sugiere que existen vínculos entre el trauma infantil y la conducta no verbal, como la desconexión física o los índices de afecto. La literatura también relaciona el trauma infantil con las diferencias en las expresiones faciales de las emociones al revelar el abuso. Sobre la relación empírica entre trauma y voz, la literatura es escasa. Sin embargo, algunas líneas de investigación y hallazgos de la psicofisiología y medicina de la voz parecen sugerir que podría existir una relación entre ambos.

El aparato vocal está muy relacionado con la fisiología. El trauma se ha relacionado con cambios fisiológicos en este aparato y puede predisponer a un individuo a desarrollar un trastorno de la voz. Sin embargo, el trauma puede tener una relación con el aparato vocal incluso cuando no existe un trastorno de voz específico. En la medicina de la voz, el trauma psicológico se ha relacionado con casos de pacientes con disfunción laríngea y trastornos de la voz “psicógenos”. Estos son trastornos que ocurren en ausencia de patología laríngea y que a menudo van precedidos de un evento traumático.

A menudo, el diagnóstico de estos trastornos se produce cuando se han descartado causas biológicas y el especialista en voz tiene dificultades para encontrar un factor “físico” que afecte la voz. En algunos casos, los pacientes han perdido la voz por completo, inmediatamente después del evento traumático. En otros casos la voz se ha vuelto inusualmente ronca después de dicho evento, lo que hace que la investigación psicológica sea parte del tratamiento.

Así, en el estudio de los autores se exploró la relación entre el trauma infantil autoinformado y las características de la voz. La perturbación de la voz se midió tanto al inicio como después de recordar el trauma. Además, también se incluyó en los modelos la “minimización” o negación del trauma. Esto es debido a que la evidencia sugiere que minimizar o “reprimir” las emociones puede alterar la fisiología de formas que potencialmente podrían afectar la voz.

Los autores se centraron en las medidas de frecuencia fundamental y perturbación en la fonación sostenida (sonido /a/ alargado, no tener un habla continua), para señalar la relación del trauma infantil en características específicas de la voz. De acuerdo con la mayoría de la investigación fisiológica relacionada con el trauma, la relación de este con la voz puede surgir solo, o con mayor fuerza, después de la evocación del trauma. Por ello, las características vocales se evaluaron antes y después de que los participantes respondieran a preguntas sobre el trauma en cuestión.

Se contó con 48 participantes de todos los géneros, mayores de 18 años y que dominaran el inglés. De ellos, 12 no aludieron a antecedentes de trauma, mientras que 36 participantes informaron al menos de una categoría de trauma infantil. La forma en que se publicitó el estudio podría haber tenido un impacto en atraer el interés de los participantes que se preguntan sobre su historia psicológica y cómo se puede comunicar en voz alta.

Así, se utilizó el Childhood Trauma Questionnaire-Short Form (CTQ-SF en inglés). Se trata de una escala de autoinforme de 28 ítems que consta de diferentes subescalas las cuales evalúan la gravedad de la exposición al abuso físico, emocional y sexual, así como la negligencia física y emocional en la niñez y la adolescencia. El CTQ también incluye una subescala de minimización-negación para evaluar la tendencia de los participantes a minimizar su exposición al trauma.

Junto a este se utilizó también el State-Trait Anxiety Inventory (STAI, en inglés) como medida de autoevaluación sobre el rasgo y el estado de ansiedad. Con respecto a la voz, se utilizó un medidor del nivel de sonido estándar (comúnmente utilizado para registrar el sonido y medir las variables del nivel de presión del sonido) para registrarla. Finalmente, los participantes completaron un cuestionario demográfico, así como un cuestionario sobre factores que pudieran afectar a la voz: problemas respiratorios, cirugía vocal, tabaquismo y hábitos de bebida.

A continuación, en una habitación silenciosa, se realizó la primera serie de grabaciones vocales. El análisis de voz se realizó utilizando el software lingWAVES para el análisis profesional de la voz y el habla. Se analizó la voz de cada participante para evaluar la frecuencia fundamental y los datos de perturbación acústica.

Así, los resultados mostraron lo siguiente. El trauma total informado mostró una relación marginalmente significativa con la frecuencia fundamental de la voz al inicio del estudio. Curiosamente, la minimización del trauma infantil predijo significativamente la frecuencia fundamental de la voz al inicio del estudio. Se encontró la misma relación entre el rasgo de ansiedad y frecuencia fundamental.

Es importante destacar que varios de los indicadores de perturbación de la voz tras el recuerdo traumático se relacionaron con el trauma infantil autoinformado. Estos efectos indican que, después de recordar la historia de trauma infantil, la voz puede reflejar la cantidad de exposición al trauma y no solo el “estrés” de recordarlo. En esta muestra, la relación del trauma infantil con el nerviosismo vocal y con la aspereza/irregularidad es fuerte y consistente. Esto sugiere que la reactividad específica al recuerdo del trauma infantil podría tener una relación con variaciones en los patrones vibratorios de las cuerdas vocales.

Dicho esto, ciertamente esta respuesta vocal puede que no se deba exclusivamente al recuerdo del trauma infantil. Asimismo, tampoco es probable que este tipo de respuesta vocal no sea un marcador definitivo de antecedentes de abuso y negligencia en una persona. No obstante, entre otros factores importantes, sí puede sugerirse que el historial de trauma de una persona puede estar relacionado con la voz.

La relación observada entre el trauma infantil, la minimización y la voz aporta evidencia empírica preliminar para apoyar el papel potencial de la voz como un marcador de trauma. Además, estos hallazgos son consistentes con los informes terapéuticos sobre cómo responde la voz a las experiencias traumáticas.

Cabe destacar que este estudio destaca la necesidad de combinar metodologías, sentando las bases para direcciones futuras en el estudio de la relación voz-trauma, un campo poco explorado y que debe investigarse más a fondo.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y su relación con las experiencias traumáticas y la psicología, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The detection of deception during trials: Ignoring the nonverbal communication of witnesses is not the solution—A response to Vrij and Turgeon (2018)” de Denault, V.; Dunbar, N. E. y Plusquellec, P. (2019), en el cual se argumenta por qué los jurados sí deberían tener en cuenta el comportamiento no verbal de los testigos, informándose asimismo sobre información errónea.

Cuando los testigos testifican durante los juicios, incluso si están bajo juramento, algunos de ellos no dirán la verdad.

En los sistemas legales contradictorios, como los de Canadá y Estados Unidos, si los miembros del jurado o el tribunal no identifican correctamente a los testigos honestos y deshonestos, las consecuencias pueden ser sustanciales. En los juicios penales, la libertad de los acusados o incluso su vida (en países donde todavía existe la pena de muerte) puede depender de la capacidad de detección de mentiras de los jurados. A pesar de estas terribles consecuencias, se ha prestado muy poca atención a la detección del engaño durante los juicios.

Vrij y Turgeon (2018) abordan este tema tan importante. Los autores argumentan que se debe advertir a los miembros del jurado de que no consideren la conducta al tratar de evaluar si los testigos son honestos o deshonestos. Esto es debido a una “evidencia científica abrumadora”. Asimismo, reflexionan sobre dos posibles razones por las que las personas confían excesivamente en las señales no verbales para detectar el engañar. También detallan técnicas para mejorar la precisión de la detección del engaño utilizando señales verbales.

Sin embargo, en la respuesta de los autores a Vrij y Turgeon, se sostiene que, si bien se debe advertir a los miembros del jurado sobre creencias erróneas y conceptos dudosos sobre la comunicación humana, también se les debe advertir de que consideren la conducta como una forma de enriquecer su comprensión general de los testigos y su testimonio verbal.

Si bien el público en general, y también los profesionales de la justicia, tienen creencias erróneas sobre las señales no verbales del engaño, también tienen creencias erróneas sobre los mensajes verbales y vocales. La coherencia de los testimonios y la espontaneidad de los testigos, por ejemplo, se asocian con la veracidad. Sin embargo, no son indicadores confiables de honestidad. Si se aconseja a los miembros del jurado que ignoren las expresiones faciales y los gestos debido a dichas creencias erróneas, ¿no se les debería recomendar que ignoren los testimonios en su conjunto?

El uso de señales vocales y verbales estereotipadas del engaño es un peligro para los jurados, sobretodo considerando que los abogados en contrainterrogatorios pueden atraer a los testigos a estas señales, para que parezcan nerviosos y mentirosos. Además, las valoraciones de los testimonios pueden verse distorsionadas por otras suposiciones incorrectas, como en falsas confesiones.

La comunicación humana es un proceso complejo. La importancia de la comunicación no verbal durante los juicios se extiende mucho más allá de la detección del engaño. Por ejemplo, la aversión a la mirada no es un indicador confiable de engaño. Sin embargo, la mirada sirve para una plétora de otras funciones de regulación, seguimiento y expresión que se han documentado durante décadas. De ahí la importancia de la mirada en las interacciones cara a cara.

Durante los juicios, la responsabilidad principal de los jurados es averiguar los hechos, no determinar quién miente y quién dice la verdad. No siempre hay un testigo mintiendo y un testigo diciendo la verdad. Los testimonios pueden ser diversos y parecer irreconciliables, pero siendo veraces; pueden contar la historia desde sus propias perspectivas.

Tanto Vrij como Turgeon abogan por el uso de técnicas desarrolladas para entrevistas de investigación, utilizadas para provocar señales verbales de engaño. Sin embargo, durante los juicios con jurado, el uso de tales técnicas es muy poco probable. Esto se debe, principalmente, a que los jurados no pueden hacer a los testigos preguntas abiertas y de seguimiento. La naturaleza y el objetivo de las preguntas formuladas por los abogados durante los interrogatorios y contrainterrogatorios son completamente diferentes de las que formula la policía durante las entrevistas de investigación.

Por tanto, no parece que ignorar la comunicación no verbal de los testigos sea la solución, más aún cuando las alternativas sugeridas no sirven durante los juicios. En contraposición, el entrenamiento para mejorar la precisión de los juicios de emoción, intención y personalidad mediante el uso de señales no verbales ofrece resultados notables.

En consecuencia, considerando que la responsabilidad primordial de los jurados no es determinar quién miente y quién dice la verdad, se debe abandonar la idea de que deben ser capaces de esto. Pedirles que ignoren la conducta, como sugieren Vrij y Turgeon, es una tarea imposible y, probablemente, resultará en frustración y confusión por parte de los miembros del jurado.

Vrij y Turgeon reflexionan correctamente sobre las creencias erróneas de que la comunicación no verbal es más reveladora y espontánea que la verbal. Estas son dos posibles razones por las que las personas confían demasiado en las señales no verbales para engañar. Sin embargo, el impacto de tales creencias erróneas puede extenderse mucho más allá de la detección del engaño. Desafortunadamente, otras creencias erróneas también podrían ser perjudiciales. Por ejemplo, aquellas que afirman que los movimientos corporales tienen significados absolutos para saber lo que otros piensan, pero no dicen.

El significado de los comportamientos no verbales puede variar, dependiendo de factores contextuales y culturales, entre otras cosas, y lo mismo se aplica a los mensajes verbales.

Las palabras no tienen el mismo significado todas y cada una de las veces que se pronuncian, lo que respalda aún más la importancia de apreciar adecuadamente la comunicación humana. Por ende, la importancia de la comunicación no verbal durante los juicios se extiende mucho más allá de la detección del engaño.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y su relación con la detección de la mentira, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

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