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Paula Atienza

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Assessing pain by facial expression: Facial expression as nexus” de Prkachin, K. M. (2010) en el que el autor realiza una revisión de cuáles son los movimientos que científicamente se han asociado con el dolor a lo largo de la investigación reciente.

En el estudio de las expresiones no verbales de las emociones existe un gran interés por identificar cuáles son los movimientos exactos que representan una emoción.

La realidad es que no hay una respuesta que sea completamente precisa, y hay muchos elementos a los que prestar atención para poder decir que inferimos la presencia de una u otra emoción, pero sí es cierto que a lo largo de los años recientes se han realizado investigaciones con validez científica en las que se observan una serie de movimientos que se repiten en la expresión de las emociones.

El autor del artículo, en concreto, quiere hacer una revisión de los movimientos faciales que se ha demostrado, están asociados con la emoción del dolor.

La evolución nos ha equipado con sistemas complejos para tratar las lesiones, muchas de las cuales dependen del comportamiento.

En el caso de los adultos, existe un lenguaje que nos permite hablar sobre los dolores, sus causas y las opciones para afrontarlos de la mejor forma. Si hablamos de bebés, serán los padres los que describan los comportamientos que éstos utilizan para inferir si su hijo siente dolor. Podemos afirmar, por tanto, que los comportamientos relacionados con el dolor son principalmente comunicativos.

Charles Darwin, a quien debemos las primeras investigaciones sobre las expresiones faciales de las emociones, mencionaba que con el dolor, la boca podía comprimirse, los labios se retraían, se apretaban los dientes y los ojos miraban horrorizados.

Sin embargo, la contribución de Darwin al estudio de la expresión del dolor, al igual que su contribución mucho más amplia sobre el estudio de las expresiones faciales, fue, en gran parte, olvidada durante muchos años.

Y aunque se perdió el interés por el estudio de las expresiones faciales emocionales durante unos años, hubo algunos expertos que relevaron a Darwin. Por ejemplo, Hollander estudió el dolor de forma experimental, colocando un rallador de metal bajo un manguito para medir la presión arterial e inflándolo, viendo cómo los sujetos hacían muecas al notar el dolor.

Por otro lado, Chapman y Jones también realizaron estudios experimentales sobre el dolor y anotaron que observaban una contracción de los párpados en la zona externa de los ojos, incluso cuando pedían a los sujetos que intentasen no hacer ningún movimiento.

En un trabajo posterior, también de Chapman, se sugirió que los pacientes neuróticos tenían una reacción de dolor con estímulos más suaves que el resto de sujetos.

Estos estudios muestran que casi todas las inferencias sobre el dolor surgen de las observaciones de la conducta, así que la investigación se centró en ellas y cómo medirlas.

Como el comportamiento que más se reconocía como una manifestación del dolor era la expresión facial, fue en la que los expertos se centraron. Ofreció, pues, una base para establecer reglas de medida algo más objetivas.

Entre los intentos para clasificar las expresiones faciales, el más influyente y utilizado por los expertos es el Sistema de Codificación de la Acción Facial (FACS) de Ekman y Friesen. En él, describen las expresiones faciales en 44 unidades de acción, que son cambios producidos por movimientos de músculos faciales. A partir de su creación, fue una forma de medir las expresiones faciales que cogió poco a poco fuerza entre los expertos, que la utilizaron para sus estudios.

LeResche utilizó el FACS para describir las expresiones faciales representadas en fotografías reales de personas que sufrían dolores extremos. Llegó a la conclusión de que había una expresión de dolor característica, que incluía el descenso de las cejas, la piel tensa alrededor de los ojos y una boca abierta, estirada horizontalmente, con una profundización del surco nasolabial.

Craig y Patrick, por otro lado y utilizando también el FACS, informaron de que también observaban, en el dolor, una elevación de los pómulos, apretón en los párpados, elevación del labio superior y tirones de las comisuras de los labios.

Al existir una coherencia relativa entre todas las investigaciones empíricas sobre las expresiones faciales asociadas al dolor, cogió fuerza la idea de que existía una expresión, posiblemente universal, para éste.

Observando el éxito que se obtuvo con el FACS, Grunau y Craig desarrollaron el Sistema de Codificación Facial Neonatal (NFCS), para niños recién nacidos. Estos sujetos poseen una piel y un sistema neuromuscular cuyas diferencias con los de los adultos hacen complicada la aplicación del FACS para ambos.

Con este sistema, se identificaron algunos elementos que se asociaban con el dolor en los bebés de corta edad, como el abultamiento de la frente, la contracción de los ojos, la profundización del surco nasolabial o la apertura de los labios.

Existen, por tanto, similitudes entre las acciones faciales asociadas con el dolor en adultos y en recién nacidos, por lo que se sugiere que hay una continuidad en la expresión de esta emoción desde que nacemos hasta la madurez.

Y como la mayoría de acciones asociadas al dolor necesitan de la participación del músculo corrugador, el orbicular de los ojos y el elevador, se sugiere que los investigadores interesados en evaluar la expresión del dolor pueden centrar su atención en esta zona del rostro, donde se concentrará la información clave.

Una limitación del FACS, es que se necesita una cantidad considerable de tiempo para entrenarse en él. Además, también se necesita un tiempo de observación de calidad.

Sin embargo, hasta ahora es una de las herramientas más útiles para estudiar, conocer e investigar sobre las expresiones faciales e identificarlas.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Non-Verbal Communication and Management of Interactive Conflict in School-based violence: a Sociological Perspective” de Iyekolo, A. O. (2020), en el que el autor hace una revisión de las posibilidades que supone el no prestar atención a la conducta no verbal de los estudiantes y profesores en el entorno escolar.

Todos sabemos que la escuela, en realidad, es una proyección de la sociedad en versión pequeña.

Al final, no deja de ser un entorno en el que personas de diversos orígenes y orientaciones socioeconómicas se reúnen, con el fin de adquirir conocimientos y habilidades sociales.

La interacción social sería el método a través del cual las personas dentro de cualquier entorno (aunque nos referimos al escolar en este caso) se relacionan e intercambian ideas, utilizando para ello tanto el lenguaje verbal como el no verbal.

El lenguaje es tan importante precisamente, porque es la herramienta principal de la interacción social. Los humanos, los animales, e incluso parece que las plantas, tienen formas de comunicar su estado mediante el uso de este.

Y es importante tanto en su manifestación verbal como no verbal. Cuando el autor habla de comunicación no verbal, se refiere a las expresiones faciales, los gestos, el movimiento del cuerpo y la apariencia física, además del paralenguaje, la proxémica, los artefactos, etcétera.

En muchos casos, gran parte de las comunicaciones no verbales del entorno escolar son descuidadas o subestimadas para el correcto desarrollo de la vida en el centro. Sin embargo, se utiliza constantemente. De hecho, la interacción social y las actividades académicas pueden no generar los beneficios esperados cuando no se utilizan adecuadamente los mensajes no verbales, incluso puede aparecer la violencia escolar.

Ocurren los llamados conflictos interactivos. Se dan cuando las interacciones académicas y sociales del personal de la escuela y los estudiantes, se vuelven negativas y disfuncionales. Es decir, la interacción entre el personal y los estudiantes puede no llevarlos hacia el logro de los objetivos propuestos si hay una interrupción de la comunicación.

El autor, en este artículo, presenta desde una perspectiva sociológica cómo la mala comunicación tanto verbal como no verbal puede afectar a la relación entre los estudiantes, maestros y el centro escolar, y cómo pueden surgir conflictos de interacción si los mensajes no son bien decodificados o se subestiman por figuras de poder del entorno.

El autor explica en primera instancia la teoría del etiquetado y la teoría de las profecías autocumplidas, que considera importantes para el desarrollo de su exposición.

La teoría del etiquetado sostiene que a las personas se les asigna una etiqueta en función de lo que hacen, dicen, y la forma en que aparecen. Por tanto, la apariencia de una persona puede ser suficiente para etiquetarla como desviada, conformista, delincuente, obediente, etcétera. Según los expertos que sostienen esta teoría, si es una figura de poder la que adjudica una etiqueta (padres, maestros, etcétera), existe la tendencia a que las personas etiquetadas se vean a sí mismos como tal y actúen en consecuencia de esa etiqueta.

Las interacciones de los profesores con los alumnos se verán influenciadas por le etiqueta o la definición del comportamiento de los alumnos, los cuales se comunican de forma verbal y no verbal. Los docentes pueden, por ejemplo, dar mayores estímulos a aquellos alumnos que consideran brillantes. Esto hará que el autoconcepto de ese alumno sea moldeado por las expectativas del profesor, viéndose a sí mismo como brillante, aburrido o pasivo (en otros casos), actuando en consecuencia. Esta sería la teoría de las profecías autocumplidas aplicada a este contexto.

Por ello es tan importante un buen entendimiento de la comunicación, verbal y no verbal, de alumnos y profesores.

El autor destaca varios puntos no verbales a los que considera que los docentes deberían prestar especial atención.

Los artefactos son elementos de comunicación no verbal que consisten en ropa, maquillaje, gafas, accesorios, joyería, etcétera. Son elementos de la apariencia de la persona. En el entorno escolar se dedican esfuerzos a unificar estos artefactos a través de políticas como llevar uniforme. De esta forma, se intentan eliminar las impresiones negativas, la segregación o las desigualdades, e inculcar disciplina. Pero, igualmente, si echamos una mirada de cerca a los alumnos y profesores, podemos inferir unas cuantas cosas con respecto a su persona.

Por ejemplo, un estudiante puede comunicar a través de esta forma su disposición hacia una determinada subcultura juvenil. También puede reflejar su sentido de la disciplina o su disposición para participar en un acto violento. La forma en que los estudiantes se arremangan, dónde se colocan el cinturón, los pantalones, el nivel al que se abotonan la camisa… puede decir mucho sobre él.

El paralenguaje también es un aspecto muy interesante. Nos referimos a la voz, el volumen, el ritmo del habla, las pausas o suspiros de quien habla. Puede proporcionar una rica fuente de información para el docente, los jefes de estudios, y todo el personal del colegio que desee evitar la violencia en él.

El paralenguaje puede representar el temperamento de los estudiantes y el personal docente. Los maestros pueden decodificar cuál es el nivel de agresividad de un estudiante a través del paralenguaje; al igual que los administradores del centro pueden decodificar cómo sus empleados manejan sus emociones en el colegio.

Este canal informa de forma no verbal a los oyentes sobre las necesidades emocionales del hablante. El docente puede detectar si un alumno u otro docente está emocionalmente estable simplemente escuchándolo hablar.

También tenemos la proxémica, que es el empleo del espacio social y personal al comunicarnos. La forma en la que el estudiante se sienta, mueve las manos, la cara, puede mostrar su interés por lo que está escuchando. Por tanto, el maestro puede evaluar la disposición de sus alumnos para, por ejemplo, aprender.

El hecho de que las escuelas no decodifiquen correctamente una serie de mensajes no verbales dentro de sus entornos puede generar conflictos y violencias en ellos.

Los mensajes no verbales negativos no leídos pueden causar conflictos que obstaculicen la interacción social. Muchos estudiantes quedan aislados y son molestados en el colegio porque no se integran de la misma forma que los demás.

Desafortunadamente, un estudiante puede ser muy callado, reservado y pasivo en clase, no porque esa sea su personalidad, sino porque le resulta difícil ubicarse entre sus compañeros. Un docente que no sea consciente de esto, puede clasificar erróneamente al estudiante como pasivo y, por tanto, descuidarlo. Además, podría afectar al autoconcepto del estudiante, que se desarrolla a partir de sus interacciones con los demás.

La conclusión que obtenemos es que en la escuela no se pueden ignorar los elementos no verbales y es necesario prestarles atención igual que a los verbales. Este tipo de comunicación puede contribuir en gran medida a mejorar el bienestar de alumnos y docentes y, como tal, se deben dedicar recursos a su estudio.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Nonverbal Auditory Cues Allow Relationship Quality to be Inferred During Conversations”, de Dunbar, R. I. M.; Robledo, J. P.; Tamarit, I.; Cross, I. y Smith, E. (2021) en el que los autores se preguntan si es posible inferir la calidad de la relación entre las personas que conversan a través de señales auditivas no verbales, y si es así, cómo.

El lenguaje es, sin duda, uno de los desarrollos evolutivos más importantes logrados por la raza humana. Aparte del papel obviamente central que tiene en el enriquecimiento de la cultura, tiene también un valor incalculable como medio a través del cual transmitimos información, negociamos la cooperación o transmitimos emociones.

Desde hace ya unos años, ha habido un interés creciente en estudiar cuáles son los aspectos del habla que tienen más peso, si los verbales o los no verbales.

Las primeras investigaciones afirmaban que predominaban los elementos no verbales. Mehrabian estaba entre los expertos que afirmaban esta idea, pues decía que, al menos con respecto a la comunicación de los afectos, más del 90% de la conversación se transmitía por señales no verbales, como la entonación, el volumen o las expresiones faciales.

Aunque hay otros muchos expertos que niegan esta versión, nadie duda de que las señales no verbales proporcionan una gran cantidad de información durante los intercambios verbales. De hecho, son las que nos permiten inferir el significado de un enunciado.

Esto también tiene que ver con Mehrabian y su famosa afirmación de que sólo el 7% del significado de cualquier enunciado se encuentra en su componente verbal.

Por otro lado, otros expertos encontraron, tras realizar sus experimentos, que tanto los canales de audio como los visuales, informan de forma independiente de características como el dominio social o la confiabilidad.

Los autores señalan que la crítica que más han recibido los estudios previos sobre el tema, es que se han centrado en la transferencia de información de un nivel muy bajo, como sería el reconocimiento de estados emocionales. Reconocer simplemente la expresión de una emoción, o una disposición afectiva, no es comparable con, por ejemplo, reconocer el grado de compenetración entre dos individuos que están manteniendo una conversación.

Un intento reciente de superar este desafío, descubrió que escuchar un clip breve de dos personas riendo juntas, era suficiente para permitir al oyente predecir si la pareja tenía una relación de amistad o eran extraños, con una precisión entre 53-67%, en 24 culturas diferentes.

Aunque esto está apenas por encima del nivel del azar, los resultados nos sugieren que puede ser posible inferir cierta información sobre la calidad de la interacción social a partir de señales únicamente no verbales.

El estudio de los autores se diferencia de los demás en que se utilizan grabaciones naturales de situaciones reales en las que interactúan dos o más personas. Los estudios anteriores, se centraban en cómo interpretamos información emocional con la declaración de un solo hablante.

El hecho de que se utilicen conversaciones naturales garantiza que los estímulos sean ecológicamente válidos y no incluyan exageraciones prosódicas como las que los actores introducen convencionalmente en los estudios de laboratorio.

Por otro lado, mientras que la mayoría de estudios anteriores se han centrado en las señales emocionales de las expresiones, los autores se centran en interpretar la calidad de la relación.

El estudio tiene como objetivo, por tanto, evaluar en qué medida se requiere información semántica y prosódica para que los oyentes identifiquen la calidad de la relación entre los hablantes.

Los participantes escucharon tres versiones distintas del mismo clip de audio: el clip original, con todas las señales prosódicas y verbales conservadas; una versión en la que se conservaron las pistas prosódicas pero se eliminó el contenido verbal; y una versión en la que el flujo de audio se convirtió únicamente en tonos y ritmo.

En él, participaron 199 hablantes nativos de inglés y 139 hablantes nativos de español para determinar si la familiaridad con el idioma tenía algún efecto.

Los autores hicieron tres predicciones: si el contenido verbal es primordial, esperaban que el rendimiento y aciertos estuviesen por encima del azar cuando los participantes escuchasen el audio completo; mientras que si las señales no verbales juegan un papel tan importante, el rendimiento estará por encima del azar incluso cuando el contenido verbal esté degradado.

Por otro lado, si el contenido verbal es crucial, los autores esperaban que los participantes tuviesen un mejor rendimiento al escuchar su propio idioma, con el que están más familiarizados.

Al clasificar los clips, los participantes podían elegir entre situaciones positivas, como: acuerdo libre, diferencias de opiniones (donde aún así los hablantes desean mantener una buena relación), comunión fática (los hablantes no están preocupados por el tema de conversación, sino simplemente pasan tiempo juntos) y provocación/broma amistosa.

También podían elegir entre interacciones negativas, como acuerdos forzados, desacuerdos sin consideración, chismes maliciosos o provocación agresiva.

El primero de los resultados sorprendió a los autores, ya que no concordaba con sus predicciones: no hubo diferencias significativas en el desempeño de hispanohablantes y angloparlantes al escuchar su propio idioma y el otro.

Las tasas más bajas de respuestas correctas las obtuvieron los clips que efectivamente correspondían a acuerdos forzados y chismes maliciosos. Esto puede deberse a que se necesita una gama más amplia de señales para aclarar el significado de la interacción en estos casos.

También había una tendencia a clasificar erróneamente la provocación/broma amistosa como acuerdos amistosos, y viceversa, lo que parece una alternativa razonable.

En los clips deslexicalizados, los participantes acertaron en un 80% cuando se trataba de clasificarlos como pertenecientes a interacciones positivas o negativas (es decir, tomaban una decisión binaria).

Los resultados generales confirmaron que las señales no verbales de los intercambios conversacionales por sí solas brindan información significativa sobre la calidad de la relación entre aquellos que interactúan.

Este estudio es interesante porque, entre otras cosas, puede tener muchas implicaciones para comprender los mensajes online, donde tenemos menos canales verbales y no verbales disponibles, según la interacción.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Too close for confort? The impact of salesperson-customer proximity on consumers’ purchase behavior”, de Otterbring, T.; Wu, F. y Kristensson, P. (2020), en el que los autores investigan cómo afectan las diferentes distancias entre el vendedor y el cliente a la conducta de compra de esta último.

Una de las áreas en las que más interesa el dominio de la comunicación no verbal es en las ventas y el comercio. Bien sabemos que, si la dominamos, puede ser de gran ayuda para aumentar los beneficios de un negocio. 

Un aspecto que se ha discutido y sobre el que existen diferentes teorías es el de la proxémica con respecto a la atención directa en tienda.

La sabiduría convencional sugiere que los vendedores deben mantener una estrecha proximidad física con los clientes para demostrar su atención, ofrecer un servicio personalizado y cerrar las ventas. 

Sin embargo, ¿esta estrategia siempre trae resultados positivos? Esta es la pregunta de la que parten los autores para realizar los diferentes experimentos.

La literatura existente sugiere que los vendedores intuyen que es deseable una mayor proximidad hacia los consumidores, incluso aunque no haya interacciones verbales. 

En la línea de esta idea, otras investigaciones hablan de que una mayor proximidad física entre vendedores y clientes puede mejorar los sentimientos de aceptación con respecto a la tienda y, por tanto, las intenciones de compra.

Los autores proponen la hipótesis de que esto sólo ocurriría en contextos de consumo no expresivo. 

Pero ¿qué es el consumo expresivo y el no expresivo? 

Los productos no expresivos serían aquellos utilitarios, como productos de higiene personal, alimentos, etcétera. Sin embargo, las personas compran y consumen productos con otros fines que no son funcionales, por razones simbólicas, como la creación y expresión de su identidad. Estos últimos serían los productos expresivos

Los autores sostienen, por tanto, que cuando los productos reflejan la identidad de uno mismo, lo cual ocurre en contextos de consumo expresivo, las personas serán más propensas a las preocupaciones de autopresentación. 

De hecho, existen investigaciones previas mencionadas en el artículo, que sugieren que cuando los clientes están motivados para expresar sus propias identidades, generalmente se distancian de otros para afirmar su distinción. 

Otros autores señalan que los consumidores suelen desconfiar cuando perciben una intención de persuasión oculta en los vendedores, y los ven como entidades sociales separadas de ellos, con diferentes objetivos. 

Además, la simple sensación de ser observado puede reducir la percepción de privacidad, con consecuencias negativas posteriores para el consumo y la satisfacción del cliente. 

Con respecto a investigaciones sobre proxémica, se sabe que la invasión del espacio personal puede generar sentimientos de incomodidad y malestar psicológico, especialmente si la distancia física entre dos personas es menor a un metro. 

Para examinar estas cuestiones en entornos de consumo expresivo, los autores llevan a cabo cuatro estudios con una muestra total de más de 1.200 participantes. 

Demostraron que la presencia cercana de un vendedor disminuye de manera significativa la lealtad, las intenciones de compra y el gasto real en los contextos mencionados. 

Incluso los niveles intermedios de proximidad podrían producir respuestas negativas del consumidor en comparación con distancias interpersonales mayores.

Los resultados revelan que existe un malestar psicológico subyacente, un efecto moderado por la relevancia de la identidad. 

En otras palabras, y para resumir, los consumidores experimentan una mayor incomodidad y responden de manera al vendedor que está cerca.

Los resultados contribuyen al creciente grupo de literatura que destaca que existen discrepancias entre las creencias generales basadas en la intuición y las reacciones reales de los consumidores. 

Los autores sugieren que los vendedores deben recibir formación adecuada sobre cuánto espacio personal brindar a los compradores, ya que ofrecer poco espacio puede llevar al efecto contrario al deseado. 

Como limitación, los autores señalan que realizaron los estudios en culturas individualistas con menor contacto interpersonal, como América del Norte y Europa del Norte. Por ello, sugieren que en culturas como la de Latinoamérica o el sur de Europa, podrían obtenerse resultados distintos. 

Con respecto a investigaciones futuras, sugieren estudiar cuándo y por qué los consumidores experimentan incomodidad como resultado de la proximidad del vendedor, y qué procesos psicológicos podrían potencialmente explicar este estado de aversión. 

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The Role of Emoticons in the Comprehension of Emotional and Non-emotional Messages in Dyslexic Youth: a Preliminary Study”, de Lesniak, E. y Grzybowski, S. J. (2021), en el que los autores realizan un estudio preliminar para valorar la comprensión de los mensajes escritos con emoticonos en los jóvenes con dislexia. 

De todas las discapacidades del aprendizaje, la dislexia es la más común, con una tasa de prevalencia de hasta el 17% de la población mundial, con muchos niños y jóvenes en edad escolar sin diagnosticar. 

Además de ser un problema de aprendizaje, también es una fuente de complicaciones conductuales, emocionales y psicosociales, incluso puede llegar a serlo a largo plazo. 

La dislexia se caracteriza por una precisión y/o fluidez escasas en la lectura, que, junto a una mala ortografía y decodificación, impactan de lleno en la comprensión lectora. 

Se ha demostrado que estos déficits afectan negativamente a las funciones ejecutivas, como la atención selectiva. Hay algunos datos que indican, incluso, que la dislexia del desarrollo podría estar relacionada con problemas más graves en los mecanismos cognitivos, como la atención ejecutiva y la memoria de trabajo.

La dislexia genera problemas en la escuela, pero también en el ámbito personal y social, donde los adolescentes pueden ser un grupo más vulnerable, dado que una gran mayoría de sus contactos sociales consisten en escribir y leer mensajes en línea (redes sociales).

Es importante investigar sobre cómo desempeñan los jóvenes disléxicos tareas de la vida diaria, como leer mensajes de distintos tipos, y cómo los factores que poseen los sistemas de mensajería online les afectan. 

Una de las características distintivas de los sistemas de mensajería en línea es la presencia de ayudas no verbales para las comunicaciones verbales. Estas ayudas son los emoticonos

Realizan funciones no verbales en la comunicación online y se utilizan para expresar no sólo emociones y humor, sino también para fortalecer los contenidos verbales del mensaje, al tiempo que afectan a su interpretación. Además, transmiten aspectos específicos de los actos de habla, como las intenciones del usuario. Su propósito es hacer que el mensaje sea lo más comprensible posible.

Además, la mayoría de los jóvenes nacidos después de 1980 (los llamados millennials) conocen bien el uso de los emoticonos y dependen en gran medida de ellos en sus intercambios diarios de mensajes escritos. 

Por ello, los autores consideran que merece la pena examinar el papel y los beneficios (si los hay) de los emoticonos en la comprensión lectora de los jóvenes disléxicos, que dependen de las aplicaciones de mensajería online en su vida diaria, especialmente con la situación pandémica y pospandémica, que obliga a mantener el aislamiento social. 

Para el experimento, los autores reunieron a un total de 32 alumnos de primaria y secundaria, de entre 11 y 15 años. 16 de ellos fueron clasificados en el equipo de jóvenes con dislexia, y los otros 16 fueron el grupo de control. 

Se les mostraron una serie de mensajes cortos, con emoticonos, emulando a la plataforma de mensajería “Messenger”. 

Los autores compararon la comprensión de los mensajes escritos con o sin emoticonos con los tiempos de reacción y la precisión de las respuestas dadas tanto en el grupo experimental como en el de control. 

Los tiempos de respuesta más largos se dieron en el grupo experimental, con jóvenes con dislexia. Esto podría señalar los problemas que pueden tener para conseguir la información adecuada. Además, se podría tener en cuenta como un punto a favor para brindar más tiempo durante el proceso educativo a jóvenes con dislexia, incluidos los exámenes escritos. 

Las respuestas más rápidas se dieron en ambos grupos, cuando había emoticonos presentes en los mensajes. Por el contrario, los mensajes que carecían de pistas no verbales y sin contenido emocional, parecían ser los más difíciles de procesar. 

Los análisis y observaciones mostraron que las respuestas a los mensajes con emoticonos no estándar (eso es, aquellos que no representan emociones) fueron las más precisas. Posiblemente, sean estos emoticonos los que más beneficien a las personas con esta discapacidad, ya que son signos puramente no verbales que sirven como transcripciones gráficas del contenido verbal y ayudan en la comprensión del mensaje. 

Como tales, se podrían implementar en programas educativos y estudios online como ayudas en tareas de comprensión lectora.

Por otro lado, los emoticonos tradicionales (que transmiten estados emocionales básicos, como felicidad, tristeza o sorpresa), podrían verse como de naturaleza más compleja, ya que agregan una interpretación, o una intención, al mensaje. 

Sin embargo, este último punto debe abordarse con cautela porque no hubo diferencias significativas entre la precisión de las respuestas de mensajes con emoticonos tradicionales y mensajes con emoticonos no tradicionales. 

Una limitación de este estudio es que, debido a la naturaleza exploratoria y preliminar de este, el tamaño de la muestra es pequeño, lo cual limita la interpretación de los datos y los resultados obtenidos, y es un punto en el que se deberían enfocar las futuras investigaciones. 

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Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Online communication and body language” de Paradisi, P.; Raglianti, M. y Sebastiani, L. (2021), en el que los autores comentan unas hipótesis e ideas sobre los cambios que la comunicación online está trayendo a la comunicación no verbal.

El progreso de las tecnologías digitales está teniendo un profundo impacto en la comunicación interpersonal.

La emergencia de la Covid-19 sacó a relucir la necesidad de explotar más las tecnologías digitales en línea para trasladar a este contexto las relaciones interpersonales. Debido a la necesidad de aislamiento físico, nos vimos obligados, además, a adaptarnos mediante un proceso muy rápido.

Por ello, la modalidad natural de la interacción cara a cara, hoy en día a menudo se reemplaza por interacciones a través de plataformas de comunicación online.

De hecho, este tipo de plataformas se utilizan ahora de manera mucho más rutinaria para reuniones, cursos, etcétera, todos ellos en diferentes contextos: entornos laborales, educativos, y en general para cualquier actividad que implique interacción social.

Incluso las personas mayores, que eran sólo usuarios marginales de estas tecnologías, se vieron obligadas a utilizarlas como su única oportunidad de mantener contacto social con sus allegados.

Esta nueva forma de comunicarnos ha traído consigo una gran mejora en las posibilidades de interacción social al superar las limitaciones del tiempo y el espacio. Sin embargo, también han modificado las reglas de la comunicación, por ejemplo, las relacionadas con la proxémica.

¿Cómo es esto? Cuando nos comunicamos mediante plataformas de vídeo online, la distancia que separa la imagen de la pantalla y al interlocutor real es de unas pocas decenas de centímetros, que es menor que la distancia entre las personas involucradas en una conversación cara a cara.

Tal cercanía, presupondría una intimidad entre personas que realmente no existe y una predisposición mutua al uso potencial del canal táctil (apretón de manos, abrazo, etcétera).

Los problemas señalados sugieren que los cambios de comunicación online son complejos y se deben estudiar en profundidad.

Los movimientos corporales y el lenguaje son cruciales tanto en comunicación no verbal basada en emociones, como en las interacciones sociales basadas en la cognición. Por ello, es previsible que el uso extensivo de tecnologías en línea pueda tener efectos importantes en los procesos cognitivos, no sólo en los relacionados con actividades educativas, sino también los relacionados con las relaciones emocionales en la vida social.

Un ejemplo que proponen los autores es la “terapia de baile”. En esta terapia se emplean los movimientos corporales para promover el bienestar personal y social. El componente social a través de la interacción corporal tiene un papel crucial en este tipo de terapia: se juega con las distancias, las perspectivas y la reciprocidad, creando un contexto comunicativo donde tiene lugar el movimiento.

Se han realizado previamente estudios que han demostrado que la meditación online es compatible con la idea de trabajar con uno mismo, pero con respecto a las interacciones con los demás miembros del grupo no ocurre lo mismo.

Los autores sugieren que el toque humano juega un papel crucial en el establecimiento de un sentido de proximidad entre las personas, además, facilita el comportamiento afiliativo y la vinculación social. De hecho, estudios previos han demostrado una estrecha relación entre un toque social agradable y la liberación de oxitocina (modulador del comportamiento social y las emociones).

El sentido del olfato también está involucrado en la comunicación social no verbal de los humanos; de hecho, a través de éste, podemos transmitir involuntariamente información personal. Y este sentido también se vería perjudicado por la comunicación online.

Por tanto, los autores concluyen con que en las interacciones sociales en línea el olfato y el tacto están ausentes, los estímulos visuales se limitan a una percepción en 2d, mientras que los auditivos prácticamente no varían; hay cambios en la relación entre las distancias percibidas y el conocimiento y no hay interacciones corporales directas.

Cuando las personas están en línea, quienes interactúan no pueden recuperar la mayoría de las características relevantes del entorno y el comportamiento corporal de los demás, adaptando el suyo en consecuencia.

Estos cambios pueden socavar los aspectos emocionales y empáticos de la comunicación interpersonal.

Una mejor comprensión de estos aspectos podría requerir una revisión parcial de las teorías clásicas de la comunicación, para considerar las nuevas modalidades introducidas por las interacciones online.

Una cuestión abierta, que los autores consideran que se merece más investigaciones, es la cuantificación de las distancias virtuales percibidas en las interacciones en línea.

Aunque parece que sólo se observan puntos negativos, los autores animan a que enfoquemos el asunto de forma diferente. No debemos pensar en lo que perdemos, sino en qué nos depara y qué hay de nuevo en este contexto inexplorado.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y cómo influye en con las relaciones interpersonales, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Does Teacher Immediacy Affect Students? A Systematic Review of the Association Between Teacher Verbal and Non-verbal Immediacy and Student Motivation”, de Liu, W. (2021), en el que el autor realiza una revision de los trabajos acerca de si la inmediatez de los profesores afecta a los estudiantes.

Cada vez atrae más la atención de los expertos el estudio de la inmediatez del maestro en el campo de la comunicación educativa.

Pero ¿qué es la inmediatez?

Fue introducida por primera vez por Mehrabian, que definió el concepto como “conductas de comunicación que mejoran la cercanía y la interacción no verbal con otro”. Además, a la luz de la “teoría de aproximación-evitación”, este autor propuso que es probable que las personas se acerquen a quienes les agradan y se alejen de quienes no les agradan.

En cuanto a la importancia de la inmediatez en los entornos educativos, otros autores han propuesto que los comportamientos verbales y no verbales que emplean los maestros en las interacciones con sus alumnos, pueden ser consideradas gratificantes por estos. Es decir, los maestros podrían inspirar a los estudiantes a estar más motivados, atentos y comprometidos, minimizar la ansiedad, el estrés y las reacciones negativas de los estudiantes, mediante la exhibición de acciones verbales y no verbales.

Se ha señalado que esto podría ser especialmente útil para las clases de idiomas, si bien también podría afectar a todas las actividades formativas en general.

En algunas investigaciones se ha estudiado la satisfacción de los alumnos con respecto a la inmediatez del profesor. En ellos, se llega a conclusiones que apuntan en la dirección de que los estudiantes que tienen un maestro inmediato están más satisfechos con su experiencia de aprendizaje que aquellos que no lo tienen.

A pesar de que numerosos estudios han buscado examinar la asociación entre la inmediatez y factores como el compromiso académico, la participación o el aprendizaje, hay menos que investiguen sobre la inmediatez y la motivación.

Por ello, el autor decide realizar una revisión sistémica de la literatura existente sobre este asunto.

¿Cuáles serían las conductas de inmediatez del maestro? Podemos clasificarlas en verbales y no verbales.

Las verbales pueden ser: llamar a los estudiantes por sus nombres, pedir comentarios sobre las lecciones, referirse a la clase como “nosotros”, entablar conversaciones con los estudiantes antes y después de clase, etcétera.

Las no verbales pueden ser: tener una proxémica cercana, una orientación corporal directa, sonrisas y variedades vocales, emplear gestos físicos, hacer contacto visual, tener una posición corporal relajada, entre otras.

¿Cómo se realizó este estudio? El autor realizó una búsqueda bibliográfica en diferentes bases de datos sobre el tema. Tras filtrar numerosos artículos, finalmente la muestra se redujo a 30 investigaciones.

De estos 30, sólo 5 estudios empíricos (17%) se llevaron a cabo en clases de idiomas; el resto, examinó la interacción entre la inmediatez del maestro y la motivación de los estudiantes en contextos educativos generales (ciencias, comunicación, negocios, etcétera).

Entre los resultados obtenidos, nos encontramos con que los estudiantes perciben las conductas de inmediatez de los profesores como un factor de motivación importante en los entornos de enseñanza-aprendizaje.

Con respecto al papel de la inmediatez no verbal del profesor, los hallazgos indicaron que estos comportamientos mejoran la motivación de los estudiantes. En otras palabras, se reveló que la inmediatez no verbal del profesor es un fuerte predictor de la motivación de sus estudiantes.

También se encontró una relación positiva entre la inmediatez verbal del profesor y la motivación de los estudiantes.

Es decir, que los estudiantes instruidos por un maestro que usa comportamientos de inmediatez tanto verbal como no verbal, están más motivados que aquellos instruidos por maestros que no los emplean.

Esto puede explicarse por el hecho de que llamar la atención de los estudiantes es el factor más crucial para motivarlos. También influyen fuertemente moverse por la clase, hacer contacto visual, y, en general, llamarlos por su nombre.

Estos profesores, además de mejorar el estado de la motivación de sus alumnos, contribuyen a fortalecer su interacción con ellos, y por tanto, la relación entre ambos.

También hay indicios de que la inmediatez influiría también en los resultados del aprendizaje de los alumnos, con mayores logros. Se puede explicar porque estos comportamientos inspirarían a los estudiantes a estar más atentos y, por tanto, mejorar su rendimiento.

Entre las limitaciones de esta investigación señalamos el escaso número de estudios que se han examinado y, además, que la gran mayoría de ellos se realizó en entornos universitarios y no escolares.

Para futuras investigaciones, se señala la importancia de la realización de más estudios empíricos en estos entornos, especialmente en clases de idiomas.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Catching a Liar Through Facial Expression of Fear”, de Shen, X.; Fan, G.; Niu, C. y Zhencai, C. (2021), en el que los autores investigan si es posible distinguir entre verdad y mentira prestando atención a las expresiones faciales de miedo.

Una de las principales incógnitas del lenguaje no verbal es si se puede diferenciar entre la mentira y la verdad atendiendo a conductas observables, obviamente, no verbales.

Casi todos los expertos investigadores del campo de la detección del engaño están de acuerdo en que no existe una “nariz de Pinocho” que pueda servirnos como identificador clave y sencillo de la mentira.

Sin embargo, también existe la llamada “teoría de la filtración” que sostiene que si las mentiras se producen en situaciones de alto riesgo (en estos casos, tanto las recompensas como los castigos son importantes) este contexto puede provocar que haya una filtración del engaño, que se traduciría en cambios fisiológicos o conductuales.

Específicamente, serían las expresiones faciales emocionales observables (micro y macroexpresiones) las que podrían hasta cierto punto determinar quién miente y quién dice la verdad.

Sin embargo, existe un debate entre la comunidad científica en este asunto. Algunos investigadores argumentan que las microexpresiones faciales son útiles para este fin, pero otros creen que no es la mejor manera de atrapar mentirosos.

Aunque puede ser difícil detectar mentirosos basándonos en microexpresiones, existen algunas señales de comportamiento que hasta cierto punto pueden ser útiles para diferenciar entre mentira y verdad.

Por ejemplo, se ha demostrado que la dilatación y el tono de la pupila están estrechamente relacionados con la mentira.

La teoría de la filtración también dice que, al mentir y especialmente en situaciones de alto riesgo, las personas tendrían miedo de que sus mentiras fuesen detectadas y por tanto, esta emoción de miedo podría filtrarse.

Algunos expertos argumentan que las emociones de miedo también pueden aparecer al decir la verdad, sin embargo, quien dice la verdad no necesita esforzarse mucho para reprimir el miedo como lo hacen los mentirosos.

Por ello, en teoría, el grado de represión por parte de los mentirosos sería presumiblemente mayor, por lo que la duración de sus expresiones faciales de miedo sería más corta.

Además de la duración, otras características podrían variar entre expresiones faciales genuinas y falsas, como la simetría. De hecho, Ekman ya demostró que las sonrisas genuinas tienen más simetría en comparación con las deliberadas.

Del mismo modo, las expresiones faciales emocionales filtradas cuando se siente miedo al mentir, podrían mostrar diferentes grados de simetría.

Esto es un tema que desde hace unos años ha sido estudiado por los expertos a través de experimentos en los que, mayoritariamente, se utiliza el ojo humano para juzgar. Sin embargo, en comparación con los humanos, algunos trabajos anteriores con el llamado aprendizaje automático lograron una precisión superior al 70% en la detección del engaño.

Por ello, los autores eligen este método para realizar la investigación. ¿Por qué? Porque pedir que las personas descubran señales de engaño es una tarea difícil, ya que podemos no ser capaces de percibir las diferencias sutiles entre las expresiones. Y los métodos automáticos han demostrado tener el mismo o más éxito aún.

Los autores utilizaron 32 clips de vídeo de 16 personas distintas, diciendo la verdad en la mitad de ellos y mintiendo en la otra mitad. Los vídeos formaban parte de un programa de televisión de alto riesgo, en el que está en juego medio millón de dólares que los participantes pueden ganar si dicen la verdad. Para saber si mienten o no, se utiliza un polígrafo.

Los resultados obtenidos con las técnicas automáticas de detección, indicaron que las expresiones faciales emocionales de miedo podrían diferenciar la mentira de la verdad en situaciones de alto riesgo.

Las comparaciones mostraron diferencias significativas entre mentir y decir la verdad en los valores de la AU20 (unidad de acción consistente en estirar las comisuras de los labios horizontalmente hacia atrás).

Los resultados también confirmaron la hipótesis de que la duración de las unidades de acción del miedo al mentir es más corta que cuando se dice la verdad.

Y, por otro lado, también se encontraron diferencias en cuanto a simetría entre mentir y decir la verdad. Es decir, las expresiones genuinas serían más simétricas que las falsas.

Ya hemos comentado que los que dicen la verdad también experimentan miedo. Sin embargo, la dinámica del miedo experimentado es muy diferente a la de los mentirosos. Por ello, esta emoción podría considerarse “un punto caliente” para diferenciar entre verdad y mentira.

Una limitación del estudio puede ser el número de participantes, que alcanza la cifra de 16 personas y puede considerarse pequeño. Por ello, los autores prefieren denominar a este trabajo como “exploración preliminar”.

Es decir, consideran que se debe seguir explorando la posibilidad de utilizar el miedo como aspecto clave para diferenciar entre verdad y mentira, ya que los resultados de su estudio son prometedores.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Students’ perceptions of verbal and non-verbal communication behaviors during and after the Covid-19 pandemic”, de Dragomir, G. M.; Fărcasiu, M. A. y Simon, S. (2021), en el que los autores realizan un estudio para saber cómo la modificación de las relaciones interpersonales durante y tras la Covid-19 ha afectado a los estudiantes universitarios.

Todos sabemos que la pandemia de Covid-19 ha sacudido y perturbado la salud física y el estado emocional de todo el mundo.

Ha causado estragos en la vida de las personas y cambiado sus comportamientos en tiempo récord como nunca antes se había visto.

Como resultado del confinamiento, la separación, el aislamiento y el miedo a lo desconocido, se ha visto perjudicado no sólo el bienestar psicológico de los trabajadores de la salud en primera línea de riesgo, sino también en la población general.

Además de todo esto, quedó claro que la enfermedad también ha afectado a las relaciones entre las personas influyendo en la forma en que nos comunicamos entre nosotros tanto verbal como no verbalmente.

A nivel interpersonal, la comunicación ha sufrido mucho debido a las mascarillas, que sin duda ayudan a nuestra salud y a luchar contra el virus, pero tensan nuestra comunicación diaria cara a cara.

También ha sufrido debido a las reglas del distanciamiento social, que hizo que las personas se vieran obligadas a adaptarse a estas nuevas condiciones de vida adoptando saludos sin contacto, o cambiando la comunicación en persona por plataformas online como Zoom o Microsoft Teams.

Estudios previos han demostrado que los rasgos de personalidad como la extraversión y la introversión juegan un papel muy importante en el agotamiento resultante de trabajar desde casa y usar estas plataformas.

Por ejemplo, los extrovertidos presentaban mayor agotamiento que los introvertidos, ya que estos últimos se sentían más cómodos en esta configuración.

Además, el nivel de intimidad alcanzado en las videollamadas, con primeros planos y miradas directas, suele estar reservado para relaciones íntimas pero se ha convertido en la nueva forma de interactuar con compañeros de trabajo y conocidos, y parece perturbar nuestra productividad.

Por otro lado, a pesar de ser necesarias para proteger nuestra salud, las mascarillas tienen una gran desventaja para la comunicación interpersonal: ocultan las expresiones faciales de las personas.

Habiendo sido estudiadas desde diferentes perspectivas, estas expresiones se consideran la parte más importante de nuestro arsenal no verbal, ya que comunican emociones y, además, son una parte del cuerpo a la que prestamos mucha atención en nuestras interacciones.

El comportamiento no verbal tiene la función de ayudar a decodificar el mensaje verbal del interlocutor, así como sus sentimientos. Desafortunadamente, las mascarillas nos cubren la zona media e inferior del rostro, lo que impide parcialmente esta decodificación.

Este estudio arroja luz sobre este momento de nuestras vidas en el que las máscaras faciales y el mundo virtual se han convertido en nuestra nueva normalidad.

Se centró en los estudiantes universitarios, personas muy jóvenes, móviles y enérgicas y, por tanto, muy afectadas por la pandemia.

Analiza el impacto de ésta sobre los jóvenes y también cómo consideran que les afectará en el futuro. Es decir, si mantendrán algunos de los comportamientos adoptados durante la pandemia en el futuro o no.

Se realizó utilizando un cuestionario en línea entre el 1 de abril y el 30 de mayo de 2021.

Los resultados obtenidos respecto a la comunicación verbal, revelan que los estudiantes parecen haber adoptado muy bien las reglas al cambiar sin esfuerzo al mundo en línea, gracias a estar ya acostumbrados a utilizar la tecnología.

Al usar mascarillas, para hacerse entender mejor, los estudiantes parecen haber recurrido a repetir las oraciones en ocasiones, utilizando la voz, su tono y volumen como compensación. Además, mencionaron centrarse más en la parte superior del rostro, exagerando a veces los movimientos de estas zonas. Tratan de escuchar con mayor precisión y usar más gestos o más grandes.

Algunos de los encuestados refirieron haber disfrutado en algún momento de las reglas de distanciamiento social, lo cual es coherente con los hallazgos sobre la extraversión y la intraversión.

Por otro lado, admiten que algunas nuevas prácticas, como saludarse de distinta forma en el futuro o exagerar más los movimientos de la zona superior del rostro, probablemente dejarán huella en su comportamiento futuro.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Survey On Emotional Body Gesture Recognition” de Noroozi, F.; Kaminska, D.; Corneanu, C. P.; Sapinski, T.; Escalera, S. y Anbarjafari, G. (2018), en el que los autores hacen una breve revisión sobre algunos de los sistemas utilizados para el reconocimiento de los gestos corporales y su decodificación.

Sabemos que el lenguaje no verbal tiene un papel indispensable en nuestra comunicación diaria. Y además, las personas cambiamos constantemente las pistas no verbales que emitimos a través del movimiento corporal y las expresiones faciales.

Aunque es un aspecto significativo de la psicología social humana, los primeros estudios sobre el lenguaje corporal se hicieron populares en la década de los 60.

Pero el, probablemente considerado, trabajo más importante fue publicado mucho antes del siglo XX: “La expresión de las emociones en el hombre y los animales”, de Darwin. Él observó, por ejemplo, que la gente de todo el mundo utilizaba las expresiones faciales de forma similar.

Esto fue estudiado más adelante por Paul Ekman, que, junto a Friesen, desarrolló el sistema de codificación de acción facial (FACS) para establecer grosso modo una clasificación de las expresiones faciales humanas.

Tal es el papel de la comunicación no verbal, que muchos investigadores coinciden en que son los movimientos corporales los que permiten formar relaciones, no las palabras.

Los gestos serían una de las formas más importantes de comunicación no verbal. Incluyen movimientos de manos, cabeza y otras partes del cuerpo que permiten a las personas comunicar sus sentimientos y emociones.

La mayoría de los gestos básicos son los mismos en todo el mundo: cuando estamos felices, sonreímos; cuando estamos enfadados, fruncimos el ceño.

La posición de la cabeza también revela mucha información sobre el estado emocional. Por ejemplo, las personas tienden a hablar más si el oyente les anima asintiendo con la cabeza. Si se levanta la barbilla, puede significar que la persona está mostrando superioridad o incluso arrogancia, mientras que exponer el cuello puede interpretarse como una señal de sumisión.

Señalamos, como siempre, la necesidad de tener en cuenta el contexto y diferentes partes del cuerpo para interpretar correctamente el estado emocional.

Si bien las emociones se pueden expresar de diferentes formas, el reconocimiento automático de ellas se ha centrado principalmente en las expresiones faciales y el habla, dejando en un segundo plano los trabajos sobre gestos/movimientos corporales y la postura.

En este artículo, los autores intentan ofrecer una visión general de las técnicas más novedosas para el reconocimiento automático de emociones a partir de gestos corporales.

Nos referimos a sistemas digitales y tecnológicos de reconocimiento. Para utilizarlos, primero se debe utilizar una base de datos, bien de acceso público, o bien propia, para buscar imágenes o vídeos.

El primer paso es detectar los cuerpos de las personas como un todo y restar el fondo. Después, se detecta y se sigue la pose para reducir la variación de datos irrelevantes causada por la postura. Por último, se debe hacer una representación adecuada de los datos y aplicar técnicas para mapear ésta.

La mayoría de los datos disponibles en bases de datos públicas contienen expresiones actuadas, pero muestran emociones claras y sin distorsiones. Sin embargo, algunos investigadores refieren que no reflejan las condiciones del mundo real. Por ello, muchos expertos recomiendan utilizar películas, reality shows o programas en directo, donde es posible que la calidad del material no sea óptima, pero sí mucho más real.

Las aplicaciones del reconocimiento de gestos corporales emocionales son principalmente de tres tipos.

En primer lugar, están aquellos sistemas que detectan las emociones de los usuarios.

En segundo lugar, aparecen agentes conversacionales animados, reales o virtuales, como robots o avatares que se espera que actúen de forma similar a los humanos.

Por último, están los sistemas que pueden aplicarse en videotelefonía, videoconferencias, herramientas de monitorización del estrés, detección de violencia o videovigilancia, entre otros ámbitos.

Los sistemas automáticos de reconocimiento pueden utilizar fuentes de información que se basan en el rostro, la voz y los gestos corporales al mismo tiempo. Por lo tanto, si el sistema es capaz de combinar aspectos emocionales y sociales del contexto, y tomar una decisión basada en las señales disponibles, puede ser un asistente útil para los humanos.

Un ejemplo de estimación y seguimiento de posturas, en este caso de varias personas, es “Arttrack”. Con este software se logran resultados a la vanguardia mediante el uso de una tecnología capaz de detectar y asociar las articulaciones corporales de la misma persona incluso en el desorden.

Este modelo es especialmente útil cuando se trata de formular un seguimiento articulado de la postura. Permite, por tanto, resolver el problema de asociación para personas en la misma escena.

Sin embargo, en general, las representaciones actuales siguen siendo superficiales. Aunque recientemente se está aprendiendo a darles profundidad y relevancia para el reconocimiento de afectos, todavía queda un largo camino por delante.

Una limitación es la escasez de gestos corporales y datos afectivos multimedia. Otra sería la falta de consenso en cuanto a la interpretación de los gestos.

En general, para un análisis humano afectivo integral a partir del lenguaje corporal, el reconocimiento de gestos corporales debe aprender del reconocimiento facial emocional.

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