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Paula Atienza

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Too close for confort? The impact of salesperson-customer proximity on consumers’ purchase behavior”, de Otterbring, T.; Wu, F. y Kristensson, P. (2020), en el que los autores investigan cómo afectan las diferentes distancias entre el vendedor y el cliente a la conducta de compra de esta último.

Una de las áreas en las que más interesa el dominio de la comunicación no verbal es en las ventas y el comercio. Bien sabemos que, si la dominamos, puede ser de gran ayuda para aumentar los beneficios de un negocio. 

Un aspecto que se ha discutido y sobre el que existen diferentes teorías es el de la proxémica con respecto a la atención directa en tienda.

La sabiduría convencional sugiere que los vendedores deben mantener una estrecha proximidad física con los clientes para demostrar su atención, ofrecer un servicio personalizado y cerrar las ventas. 

Sin embargo, ¿esta estrategia siempre trae resultados positivos? Esta es la pregunta de la que parten los autores para realizar los diferentes experimentos.

La literatura existente sugiere que los vendedores intuyen que es deseable una mayor proximidad hacia los consumidores, incluso aunque no haya interacciones verbales. 

En la línea de esta idea, otras investigaciones hablan de que una mayor proximidad física entre vendedores y clientes puede mejorar los sentimientos de aceptación con respecto a la tienda y, por tanto, las intenciones de compra.

Los autores proponen la hipótesis de que esto sólo ocurriría en contextos de consumo no expresivo. 

Pero ¿qué es el consumo expresivo y el no expresivo? 

Los productos no expresivos serían aquellos utilitarios, como productos de higiene personal, alimentos, etcétera. Sin embargo, las personas compran y consumen productos con otros fines que no son funcionales, por razones simbólicas, como la creación y expresión de su identidad. Estos últimos serían los productos expresivos

Los autores sostienen, por tanto, que cuando los productos reflejan la identidad de uno mismo, lo cual ocurre en contextos de consumo expresivo, las personas serán más propensas a las preocupaciones de autopresentación. 

De hecho, existen investigaciones previas mencionadas en el artículo, que sugieren que cuando los clientes están motivados para expresar sus propias identidades, generalmente se distancian de otros para afirmar su distinción. 

Otros autores señalan que los consumidores suelen desconfiar cuando perciben una intención de persuasión oculta en los vendedores, y los ven como entidades sociales separadas de ellos, con diferentes objetivos. 

Además, la simple sensación de ser observado puede reducir la percepción de privacidad, con consecuencias negativas posteriores para el consumo y la satisfacción del cliente. 

Con respecto a investigaciones sobre proxémica, se sabe que la invasión del espacio personal puede generar sentimientos de incomodidad y malestar psicológico, especialmente si la distancia física entre dos personas es menor a un metro. 

Para examinar estas cuestiones en entornos de consumo expresivo, los autores llevan a cabo cuatro estudios con una muestra total de más de 1.200 participantes. 

Demostraron que la presencia cercana de un vendedor disminuye de manera significativa la lealtad, las intenciones de compra y el gasto real en los contextos mencionados. 

Incluso los niveles intermedios de proximidad podrían producir respuestas negativas del consumidor en comparación con distancias interpersonales mayores.

Los resultados revelan que existe un malestar psicológico subyacente, un efecto moderado por la relevancia de la identidad. 

En otras palabras, y para resumir, los consumidores experimentan una mayor incomodidad y responden de manera al vendedor que está cerca.

Los resultados contribuyen al creciente grupo de literatura que destaca que existen discrepancias entre las creencias generales basadas en la intuición y las reacciones reales de los consumidores. 

Los autores sugieren que los vendedores deben recibir formación adecuada sobre cuánto espacio personal brindar a los compradores, ya que ofrecer poco espacio puede llevar al efecto contrario al deseado. 

Como limitación, los autores señalan que realizaron los estudios en culturas individualistas con menor contacto interpersonal, como América del Norte y Europa del Norte. Por ello, sugieren que en culturas como la de Latinoamérica o el sur de Europa, podrían obtenerse resultados distintos. 

Con respecto a investigaciones futuras, sugieren estudiar cuándo y por qué los consumidores experimentan incomodidad como resultado de la proximidad del vendedor, y qué procesos psicológicos podrían potencialmente explicar este estado de aversión. 

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The Role of Emoticons in the Comprehension of Emotional and Non-emotional Messages in Dyslexic Youth: a Preliminary Study”, de Lesniak, E. y Grzybowski, S. J. (2021), en el que los autores realizan un estudio preliminar para valorar la comprensión de los mensajes escritos con emoticonos en los jóvenes con dislexia. 

De todas las discapacidades del aprendizaje, la dislexia es la más común, con una tasa de prevalencia de hasta el 17% de la población mundial, con muchos niños y jóvenes en edad escolar sin diagnosticar. 

Además de ser un problema de aprendizaje, también es una fuente de complicaciones conductuales, emocionales y psicosociales, incluso puede llegar a serlo a largo plazo. 

La dislexia se caracteriza por una precisión y/o fluidez escasas en la lectura, que, junto a una mala ortografía y decodificación, impactan de lleno en la comprensión lectora. 

Se ha demostrado que estos déficits afectan negativamente a las funciones ejecutivas, como la atención selectiva. Hay algunos datos que indican, incluso, que la dislexia del desarrollo podría estar relacionada con problemas más graves en los mecanismos cognitivos, como la atención ejecutiva y la memoria de trabajo.

La dislexia genera problemas en la escuela, pero también en el ámbito personal y social, donde los adolescentes pueden ser un grupo más vulnerable, dado que una gran mayoría de sus contactos sociales consisten en escribir y leer mensajes en línea (redes sociales).

Es importante investigar sobre cómo desempeñan los jóvenes disléxicos tareas de la vida diaria, como leer mensajes de distintos tipos, y cómo los factores que poseen los sistemas de mensajería online les afectan. 

Una de las características distintivas de los sistemas de mensajería en línea es la presencia de ayudas no verbales para las comunicaciones verbales. Estas ayudas son los emoticonos

Realizan funciones no verbales en la comunicación online y se utilizan para expresar no sólo emociones y humor, sino también para fortalecer los contenidos verbales del mensaje, al tiempo que afectan a su interpretación. Además, transmiten aspectos específicos de los actos de habla, como las intenciones del usuario. Su propósito es hacer que el mensaje sea lo más comprensible posible.

Además, la mayoría de los jóvenes nacidos después de 1980 (los llamados millennials) conocen bien el uso de los emoticonos y dependen en gran medida de ellos en sus intercambios diarios de mensajes escritos. 

Por ello, los autores consideran que merece la pena examinar el papel y los beneficios (si los hay) de los emoticonos en la comprensión lectora de los jóvenes disléxicos, que dependen de las aplicaciones de mensajería online en su vida diaria, especialmente con la situación pandémica y pospandémica, que obliga a mantener el aislamiento social. 

Para el experimento, los autores reunieron a un total de 32 alumnos de primaria y secundaria, de entre 11 y 15 años. 16 de ellos fueron clasificados en el equipo de jóvenes con dislexia, y los otros 16 fueron el grupo de control. 

Se les mostraron una serie de mensajes cortos, con emoticonos, emulando a la plataforma de mensajería “Messenger”. 

Los autores compararon la comprensión de los mensajes escritos con o sin emoticonos con los tiempos de reacción y la precisión de las respuestas dadas tanto en el grupo experimental como en el de control. 

Los tiempos de respuesta más largos se dieron en el grupo experimental, con jóvenes con dislexia. Esto podría señalar los problemas que pueden tener para conseguir la información adecuada. Además, se podría tener en cuenta como un punto a favor para brindar más tiempo durante el proceso educativo a jóvenes con dislexia, incluidos los exámenes escritos. 

Las respuestas más rápidas se dieron en ambos grupos, cuando había emoticonos presentes en los mensajes. Por el contrario, los mensajes que carecían de pistas no verbales y sin contenido emocional, parecían ser los más difíciles de procesar. 

Los análisis y observaciones mostraron que las respuestas a los mensajes con emoticonos no estándar (eso es, aquellos que no representan emociones) fueron las más precisas. Posiblemente, sean estos emoticonos los que más beneficien a las personas con esta discapacidad, ya que son signos puramente no verbales que sirven como transcripciones gráficas del contenido verbal y ayudan en la comprensión del mensaje. 

Como tales, se podrían implementar en programas educativos y estudios online como ayudas en tareas de comprensión lectora.

Por otro lado, los emoticonos tradicionales (que transmiten estados emocionales básicos, como felicidad, tristeza o sorpresa), podrían verse como de naturaleza más compleja, ya que agregan una interpretación, o una intención, al mensaje. 

Sin embargo, este último punto debe abordarse con cautela porque no hubo diferencias significativas entre la precisión de las respuestas de mensajes con emoticonos tradicionales y mensajes con emoticonos no tradicionales. 

Una limitación de este estudio es que, debido a la naturaleza exploratoria y preliminar de este, el tamaño de la muestra es pequeño, lo cual limita la interpretación de los datos y los resultados obtenidos, y es un punto en el que se deberían enfocar las futuras investigaciones. 

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Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Online communication and body language” de Paradisi, P.; Raglianti, M. y Sebastiani, L. (2021), en el que los autores comentan unas hipótesis e ideas sobre los cambios que la comunicación online está trayendo a la comunicación no verbal.

El progreso de las tecnologías digitales está teniendo un profundo impacto en la comunicación interpersonal.

La emergencia de la Covid-19 sacó a relucir la necesidad de explotar más las tecnologías digitales en línea para trasladar a este contexto las relaciones interpersonales. Debido a la necesidad de aislamiento físico, nos vimos obligados, además, a adaptarnos mediante un proceso muy rápido.

Por ello, la modalidad natural de la interacción cara a cara, hoy en día a menudo se reemplaza por interacciones a través de plataformas de comunicación online.

De hecho, este tipo de plataformas se utilizan ahora de manera mucho más rutinaria para reuniones, cursos, etcétera, todos ellos en diferentes contextos: entornos laborales, educativos, y en general para cualquier actividad que implique interacción social.

Incluso las personas mayores, que eran sólo usuarios marginales de estas tecnologías, se vieron obligadas a utilizarlas como su única oportunidad de mantener contacto social con sus allegados.

Esta nueva forma de comunicarnos ha traído consigo una gran mejora en las posibilidades de interacción social al superar las limitaciones del tiempo y el espacio. Sin embargo, también han modificado las reglas de la comunicación, por ejemplo, las relacionadas con la proxémica.

¿Cómo es esto? Cuando nos comunicamos mediante plataformas de vídeo online, la distancia que separa la imagen de la pantalla y al interlocutor real es de unas pocas decenas de centímetros, que es menor que la distancia entre las personas involucradas en una conversación cara a cara.

Tal cercanía, presupondría una intimidad entre personas que realmente no existe y una predisposición mutua al uso potencial del canal táctil (apretón de manos, abrazo, etcétera).

Los problemas señalados sugieren que los cambios de comunicación online son complejos y se deben estudiar en profundidad.

Los movimientos corporales y el lenguaje son cruciales tanto en comunicación no verbal basada en emociones, como en las interacciones sociales basadas en la cognición. Por ello, es previsible que el uso extensivo de tecnologías en línea pueda tener efectos importantes en los procesos cognitivos, no sólo en los relacionados con actividades educativas, sino también los relacionados con las relaciones emocionales en la vida social.

Un ejemplo que proponen los autores es la “terapia de baile”. En esta terapia se emplean los movimientos corporales para promover el bienestar personal y social. El componente social a través de la interacción corporal tiene un papel crucial en este tipo de terapia: se juega con las distancias, las perspectivas y la reciprocidad, creando un contexto comunicativo donde tiene lugar el movimiento.

Se han realizado previamente estudios que han demostrado que la meditación online es compatible con la idea de trabajar con uno mismo, pero con respecto a las interacciones con los demás miembros del grupo no ocurre lo mismo.

Los autores sugieren que el toque humano juega un papel crucial en el establecimiento de un sentido de proximidad entre las personas, además, facilita el comportamiento afiliativo y la vinculación social. De hecho, estudios previos han demostrado una estrecha relación entre un toque social agradable y la liberación de oxitocina (modulador del comportamiento social y las emociones).

El sentido del olfato también está involucrado en la comunicación social no verbal de los humanos; de hecho, a través de éste, podemos transmitir involuntariamente información personal. Y este sentido también se vería perjudicado por la comunicación online.

Por tanto, los autores concluyen con que en las interacciones sociales en línea el olfato y el tacto están ausentes, los estímulos visuales se limitan a una percepción en 2d, mientras que los auditivos prácticamente no varían; hay cambios en la relación entre las distancias percibidas y el conocimiento y no hay interacciones corporales directas.

Cuando las personas están en línea, quienes interactúan no pueden recuperar la mayoría de las características relevantes del entorno y el comportamiento corporal de los demás, adaptando el suyo en consecuencia.

Estos cambios pueden socavar los aspectos emocionales y empáticos de la comunicación interpersonal.

Una mejor comprensión de estos aspectos podría requerir una revisión parcial de las teorías clásicas de la comunicación, para considerar las nuevas modalidades introducidas por las interacciones online.

Una cuestión abierta, que los autores consideran que se merece más investigaciones, es la cuantificación de las distancias virtuales percibidas en las interacciones en línea.

Aunque parece que sólo se observan puntos negativos, los autores animan a que enfoquemos el asunto de forma diferente. No debemos pensar en lo que perdemos, sino en qué nos depara y qué hay de nuevo en este contexto inexplorado.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Does Teacher Immediacy Affect Students? A Systematic Review of the Association Between Teacher Verbal and Non-verbal Immediacy and Student Motivation”, de Liu, W. (2021), en el que el autor realiza una revision de los trabajos acerca de si la inmediatez de los profesores afecta a los estudiantes.

Cada vez atrae más la atención de los expertos el estudio de la inmediatez del maestro en el campo de la comunicación educativa.

Pero ¿qué es la inmediatez?

Fue introducida por primera vez por Mehrabian, que definió el concepto como “conductas de comunicación que mejoran la cercanía y la interacción no verbal con otro”. Además, a la luz de la “teoría de aproximación-evitación”, este autor propuso que es probable que las personas se acerquen a quienes les agradan y se alejen de quienes no les agradan.

En cuanto a la importancia de la inmediatez en los entornos educativos, otros autores han propuesto que los comportamientos verbales y no verbales que emplean los maestros en las interacciones con sus alumnos, pueden ser consideradas gratificantes por estos. Es decir, los maestros podrían inspirar a los estudiantes a estar más motivados, atentos y comprometidos, minimizar la ansiedad, el estrés y las reacciones negativas de los estudiantes, mediante la exhibición de acciones verbales y no verbales.

Se ha señalado que esto podría ser especialmente útil para las clases de idiomas, si bien también podría afectar a todas las actividades formativas en general.

En algunas investigaciones se ha estudiado la satisfacción de los alumnos con respecto a la inmediatez del profesor. En ellos, se llega a conclusiones que apuntan en la dirección de que los estudiantes que tienen un maestro inmediato están más satisfechos con su experiencia de aprendizaje que aquellos que no lo tienen.

A pesar de que numerosos estudios han buscado examinar la asociación entre la inmediatez y factores como el compromiso académico, la participación o el aprendizaje, hay menos que investiguen sobre la inmediatez y la motivación.

Por ello, el autor decide realizar una revisión sistémica de la literatura existente sobre este asunto.

¿Cuáles serían las conductas de inmediatez del maestro? Podemos clasificarlas en verbales y no verbales.

Las verbales pueden ser: llamar a los estudiantes por sus nombres, pedir comentarios sobre las lecciones, referirse a la clase como “nosotros”, entablar conversaciones con los estudiantes antes y después de clase, etcétera.

Las no verbales pueden ser: tener una proxémica cercana, una orientación corporal directa, sonrisas y variedades vocales, emplear gestos físicos, hacer contacto visual, tener una posición corporal relajada, entre otras.

¿Cómo se realizó este estudio? El autor realizó una búsqueda bibliográfica en diferentes bases de datos sobre el tema. Tras filtrar numerosos artículos, finalmente la muestra se redujo a 30 investigaciones.

De estos 30, sólo 5 estudios empíricos (17%) se llevaron a cabo en clases de idiomas; el resto, examinó la interacción entre la inmediatez del maestro y la motivación de los estudiantes en contextos educativos generales (ciencias, comunicación, negocios, etcétera).

Entre los resultados obtenidos, nos encontramos con que los estudiantes perciben las conductas de inmediatez de los profesores como un factor de motivación importante en los entornos de enseñanza-aprendizaje.

Con respecto al papel de la inmediatez no verbal del profesor, los hallazgos indicaron que estos comportamientos mejoran la motivación de los estudiantes. En otras palabras, se reveló que la inmediatez no verbal del profesor es un fuerte predictor de la motivación de sus estudiantes.

También se encontró una relación positiva entre la inmediatez verbal del profesor y la motivación de los estudiantes.

Es decir, que los estudiantes instruidos por un maestro que usa comportamientos de inmediatez tanto verbal como no verbal, están más motivados que aquellos instruidos por maestros que no los emplean.

Esto puede explicarse por el hecho de que llamar la atención de los estudiantes es el factor más crucial para motivarlos. También influyen fuertemente moverse por la clase, hacer contacto visual, y, en general, llamarlos por su nombre.

Estos profesores, además de mejorar el estado de la motivación de sus alumnos, contribuyen a fortalecer su interacción con ellos, y por tanto, la relación entre ambos.

También hay indicios de que la inmediatez influiría también en los resultados del aprendizaje de los alumnos, con mayores logros. Se puede explicar porque estos comportamientos inspirarían a los estudiantes a estar más atentos y, por tanto, mejorar su rendimiento.

Entre las limitaciones de esta investigación señalamos el escaso número de estudios que se han examinado y, además, que la gran mayoría de ellos se realizó en entornos universitarios y no escolares.

Para futuras investigaciones, se señala la importancia de la realización de más estudios empíricos en estos entornos, especialmente en clases de idiomas.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y cómo influye en con las relaciones interpersonales, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Catching a Liar Through Facial Expression of Fear”, de Shen, X.; Fan, G.; Niu, C. y Zhencai, C. (2021), en el que los autores investigan si es posible distinguir entre verdad y mentira prestando atención a las expresiones faciales de miedo.

Una de las principales incógnitas del lenguaje no verbal es si se puede diferenciar entre la mentira y la verdad atendiendo a conductas observables, obviamente, no verbales.

Casi todos los expertos investigadores del campo de la detección del engaño están de acuerdo en que no existe una “nariz de Pinocho” que pueda servirnos como identificador clave y sencillo de la mentira.

Sin embargo, también existe la llamada “teoría de la filtración” que sostiene que si las mentiras se producen en situaciones de alto riesgo (en estos casos, tanto las recompensas como los castigos son importantes) este contexto puede provocar que haya una filtración del engaño, que se traduciría en cambios fisiológicos o conductuales.

Específicamente, serían las expresiones faciales emocionales observables (micro y macroexpresiones) las que podrían hasta cierto punto determinar quién miente y quién dice la verdad.

Sin embargo, existe un debate entre la comunidad científica en este asunto. Algunos investigadores argumentan que las microexpresiones faciales son útiles para este fin, pero otros creen que no es la mejor manera de atrapar mentirosos.

Aunque puede ser difícil detectar mentirosos basándonos en microexpresiones, existen algunas señales de comportamiento que hasta cierto punto pueden ser útiles para diferenciar entre mentira y verdad.

Por ejemplo, se ha demostrado que la dilatación y el tono de la pupila están estrechamente relacionados con la mentira.

La teoría de la filtración también dice que, al mentir y especialmente en situaciones de alto riesgo, las personas tendrían miedo de que sus mentiras fuesen detectadas y por tanto, esta emoción de miedo podría filtrarse.

Algunos expertos argumentan que las emociones de miedo también pueden aparecer al decir la verdad, sin embargo, quien dice la verdad no necesita esforzarse mucho para reprimir el miedo como lo hacen los mentirosos.

Por ello, en teoría, el grado de represión por parte de los mentirosos sería presumiblemente mayor, por lo que la duración de sus expresiones faciales de miedo sería más corta.

Además de la duración, otras características podrían variar entre expresiones faciales genuinas y falsas, como la simetría. De hecho, Ekman ya demostró que las sonrisas genuinas tienen más simetría en comparación con las deliberadas.

Del mismo modo, las expresiones faciales emocionales filtradas cuando se siente miedo al mentir, podrían mostrar diferentes grados de simetría.

Esto es un tema que desde hace unos años ha sido estudiado por los expertos a través de experimentos en los que, mayoritariamente, se utiliza el ojo humano para juzgar. Sin embargo, en comparación con los humanos, algunos trabajos anteriores con el llamado aprendizaje automático lograron una precisión superior al 70% en la detección del engaño.

Por ello, los autores eligen este método para realizar la investigación. ¿Por qué? Porque pedir que las personas descubran señales de engaño es una tarea difícil, ya que podemos no ser capaces de percibir las diferencias sutiles entre las expresiones. Y los métodos automáticos han demostrado tener el mismo o más éxito aún.

Los autores utilizaron 32 clips de vídeo de 16 personas distintas, diciendo la verdad en la mitad de ellos y mintiendo en la otra mitad. Los vídeos formaban parte de un programa de televisión de alto riesgo, en el que está en juego medio millón de dólares que los participantes pueden ganar si dicen la verdad. Para saber si mienten o no, se utiliza un polígrafo.

Los resultados obtenidos con las técnicas automáticas de detección, indicaron que las expresiones faciales emocionales de miedo podrían diferenciar la mentira de la verdad en situaciones de alto riesgo.

Las comparaciones mostraron diferencias significativas entre mentir y decir la verdad en los valores de la AU20 (unidad de acción consistente en estirar las comisuras de los labios horizontalmente hacia atrás).

Los resultados también confirmaron la hipótesis de que la duración de las unidades de acción del miedo al mentir es más corta que cuando se dice la verdad.

Y, por otro lado, también se encontraron diferencias en cuanto a simetría entre mentir y decir la verdad. Es decir, las expresiones genuinas serían más simétricas que las falsas.

Ya hemos comentado que los que dicen la verdad también experimentan miedo. Sin embargo, la dinámica del miedo experimentado es muy diferente a la de los mentirosos. Por ello, esta emoción podría considerarse “un punto caliente” para diferenciar entre verdad y mentira.

Una limitación del estudio puede ser el número de participantes, que alcanza la cifra de 16 personas y puede considerarse pequeño. Por ello, los autores prefieren denominar a este trabajo como “exploración preliminar”.

Es decir, consideran que se debe seguir explorando la posibilidad de utilizar el miedo como aspecto clave para diferenciar entre verdad y mentira, ya que los resultados de su estudio son prometedores.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Students’ perceptions of verbal and non-verbal communication behaviors during and after the Covid-19 pandemic”, de Dragomir, G. M.; Fărcasiu, M. A. y Simon, S. (2021), en el que los autores realizan un estudio para saber cómo la modificación de las relaciones interpersonales durante y tras la Covid-19 ha afectado a los estudiantes universitarios.

Todos sabemos que la pandemia de Covid-19 ha sacudido y perturbado la salud física y el estado emocional de todo el mundo.

Ha causado estragos en la vida de las personas y cambiado sus comportamientos en tiempo récord como nunca antes se había visto.

Como resultado del confinamiento, la separación, el aislamiento y el miedo a lo desconocido, se ha visto perjudicado no sólo el bienestar psicológico de los trabajadores de la salud en primera línea de riesgo, sino también en la población general.

Además de todo esto, quedó claro que la enfermedad también ha afectado a las relaciones entre las personas influyendo en la forma en que nos comunicamos entre nosotros tanto verbal como no verbalmente.

A nivel interpersonal, la comunicación ha sufrido mucho debido a las mascarillas, que sin duda ayudan a nuestra salud y a luchar contra el virus, pero tensan nuestra comunicación diaria cara a cara.

También ha sufrido debido a las reglas del distanciamiento social, que hizo que las personas se vieran obligadas a adaptarse a estas nuevas condiciones de vida adoptando saludos sin contacto, o cambiando la comunicación en persona por plataformas online como Zoom o Microsoft Teams.

Estudios previos han demostrado que los rasgos de personalidad como la extraversión y la introversión juegan un papel muy importante en el agotamiento resultante de trabajar desde casa y usar estas plataformas.

Por ejemplo, los extrovertidos presentaban mayor agotamiento que los introvertidos, ya que estos últimos se sentían más cómodos en esta configuración.

Además, el nivel de intimidad alcanzado en las videollamadas, con primeros planos y miradas directas, suele estar reservado para relaciones íntimas pero se ha convertido en la nueva forma de interactuar con compañeros de trabajo y conocidos, y parece perturbar nuestra productividad.

Por otro lado, a pesar de ser necesarias para proteger nuestra salud, las mascarillas tienen una gran desventaja para la comunicación interpersonal: ocultan las expresiones faciales de las personas.

Habiendo sido estudiadas desde diferentes perspectivas, estas expresiones se consideran la parte más importante de nuestro arsenal no verbal, ya que comunican emociones y, además, son una parte del cuerpo a la que prestamos mucha atención en nuestras interacciones.

El comportamiento no verbal tiene la función de ayudar a decodificar el mensaje verbal del interlocutor, así como sus sentimientos. Desafortunadamente, las mascarillas nos cubren la zona media e inferior del rostro, lo que impide parcialmente esta decodificación.

Este estudio arroja luz sobre este momento de nuestras vidas en el que las máscaras faciales y el mundo virtual se han convertido en nuestra nueva normalidad.

Se centró en los estudiantes universitarios, personas muy jóvenes, móviles y enérgicas y, por tanto, muy afectadas por la pandemia.

Analiza el impacto de ésta sobre los jóvenes y también cómo consideran que les afectará en el futuro. Es decir, si mantendrán algunos de los comportamientos adoptados durante la pandemia en el futuro o no.

Se realizó utilizando un cuestionario en línea entre el 1 de abril y el 30 de mayo de 2021.

Los resultados obtenidos respecto a la comunicación verbal, revelan que los estudiantes parecen haber adoptado muy bien las reglas al cambiar sin esfuerzo al mundo en línea, gracias a estar ya acostumbrados a utilizar la tecnología.

Al usar mascarillas, para hacerse entender mejor, los estudiantes parecen haber recurrido a repetir las oraciones en ocasiones, utilizando la voz, su tono y volumen como compensación. Además, mencionaron centrarse más en la parte superior del rostro, exagerando a veces los movimientos de estas zonas. Tratan de escuchar con mayor precisión y usar más gestos o más grandes.

Algunos de los encuestados refirieron haber disfrutado en algún momento de las reglas de distanciamiento social, lo cual es coherente con los hallazgos sobre la extraversión y la intraversión.

Por otro lado, admiten que algunas nuevas prácticas, como saludarse de distinta forma en el futuro o exagerar más los movimientos de la zona superior del rostro, probablemente dejarán huella en su comportamiento futuro.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Survey On Emotional Body Gesture Recognition” de Noroozi, F.; Kaminska, D.; Corneanu, C. P.; Sapinski, T.; Escalera, S. y Anbarjafari, G. (2018), en el que los autores hacen una breve revisión sobre algunos de los sistemas utilizados para el reconocimiento de los gestos corporales y su decodificación.

Sabemos que el lenguaje no verbal tiene un papel indispensable en nuestra comunicación diaria. Y además, las personas cambiamos constantemente las pistas no verbales que emitimos a través del movimiento corporal y las expresiones faciales.

Aunque es un aspecto significativo de la psicología social humana, los primeros estudios sobre el lenguaje corporal se hicieron populares en la década de los 60.

Pero el, probablemente considerado, trabajo más importante fue publicado mucho antes del siglo XX: “La expresión de las emociones en el hombre y los animales”, de Darwin. Él observó, por ejemplo, que la gente de todo el mundo utilizaba las expresiones faciales de forma similar.

Esto fue estudiado más adelante por Paul Ekman, que, junto a Friesen, desarrolló el sistema de codificación de acción facial (FACS) para establecer grosso modo una clasificación de las expresiones faciales humanas.

Tal es el papel de la comunicación no verbal, que muchos investigadores coinciden en que son los movimientos corporales los que permiten formar relaciones, no las palabras.

Los gestos serían una de las formas más importantes de comunicación no verbal. Incluyen movimientos de manos, cabeza y otras partes del cuerpo que permiten a las personas comunicar sus sentimientos y emociones.

La mayoría de los gestos básicos son los mismos en todo el mundo: cuando estamos felices, sonreímos; cuando estamos enfadados, fruncimos el ceño.

La posición de la cabeza también revela mucha información sobre el estado emocional. Por ejemplo, las personas tienden a hablar más si el oyente les anima asintiendo con la cabeza. Si se levanta la barbilla, puede significar que la persona está mostrando superioridad o incluso arrogancia, mientras que exponer el cuello puede interpretarse como una señal de sumisión.

Señalamos, como siempre, la necesidad de tener en cuenta el contexto y diferentes partes del cuerpo para interpretar correctamente el estado emocional.

Si bien las emociones se pueden expresar de diferentes formas, el reconocimiento automático de ellas se ha centrado principalmente en las expresiones faciales y el habla, dejando en un segundo plano los trabajos sobre gestos/movimientos corporales y la postura.

En este artículo, los autores intentan ofrecer una visión general de las técnicas más novedosas para el reconocimiento automático de emociones a partir de gestos corporales.

Nos referimos a sistemas digitales y tecnológicos de reconocimiento. Para utilizarlos, primero se debe utilizar una base de datos, bien de acceso público, o bien propia, para buscar imágenes o vídeos.

El primer paso es detectar los cuerpos de las personas como un todo y restar el fondo. Después, se detecta y se sigue la pose para reducir la variación de datos irrelevantes causada por la postura. Por último, se debe hacer una representación adecuada de los datos y aplicar técnicas para mapear ésta.

La mayoría de los datos disponibles en bases de datos públicas contienen expresiones actuadas, pero muestran emociones claras y sin distorsiones. Sin embargo, algunos investigadores refieren que no reflejan las condiciones del mundo real. Por ello, muchos expertos recomiendan utilizar películas, reality shows o programas en directo, donde es posible que la calidad del material no sea óptima, pero sí mucho más real.

Las aplicaciones del reconocimiento de gestos corporales emocionales son principalmente de tres tipos.

En primer lugar, están aquellos sistemas que detectan las emociones de los usuarios.

En segundo lugar, aparecen agentes conversacionales animados, reales o virtuales, como robots o avatares que se espera que actúen de forma similar a los humanos.

Por último, están los sistemas que pueden aplicarse en videotelefonía, videoconferencias, herramientas de monitorización del estrés, detección de violencia o videovigilancia, entre otros ámbitos.

Los sistemas automáticos de reconocimiento pueden utilizar fuentes de información que se basan en el rostro, la voz y los gestos corporales al mismo tiempo. Por lo tanto, si el sistema es capaz de combinar aspectos emocionales y sociales del contexto, y tomar una decisión basada en las señales disponibles, puede ser un asistente útil para los humanos.

Un ejemplo de estimación y seguimiento de posturas, en este caso de varias personas, es “Arttrack”. Con este software se logran resultados a la vanguardia mediante el uso de una tecnología capaz de detectar y asociar las articulaciones corporales de la misma persona incluso en el desorden.

Este modelo es especialmente útil cuando se trata de formular un seguimiento articulado de la postura. Permite, por tanto, resolver el problema de asociación para personas en la misma escena.

Sin embargo, en general, las representaciones actuales siguen siendo superficiales. Aunque recientemente se está aprendiendo a darles profundidad y relevancia para el reconocimiento de afectos, todavía queda un largo camino por delante.

Una limitación es la escasez de gestos corporales y datos afectivos multimedia. Otra sería la falta de consenso en cuanto a la interpretación de los gestos.

En general, para un análisis humano afectivo integral a partir del lenguaje corporal, el reconocimiento de gestos corporales debe aprender del reconocimiento facial emocional.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “A liar and a copycat: nonverbal coordination increases with lie difficulty” de Van Der Zee, S.; Taylor, P.; Wong, R.; Dixon, J. y Menacere, T. (2020), en el que los autores investigan si la coordinación interpersonal aumenta o disminuye cuando se está mintiendo.

En varias ocasiones hemos hablado de la mentira, de cómo reconocerla y de cuáles son los efectos observables que tiene en las personas.

Por ello, ya sabemos que la mayoría de los estudios sobre el engaño y el comportamiento no verbal se enfocan en la conducta de los entrevistados cuando tienen la tarea de mentir o decir la verdad, y también en el comportamiento de los entrevistadores, que tienen la tarea de determinar la veracidad del relato.

Sin embargo, pocos consideran el conjunto de la interacción.

Esto sorprende a los autores porque el impacto que el interlocutor tiene en el entrevistado forma parte de las explicaciones de por qué cambia el comportamiento cuando mentimos.

Por ejemplo, se cree que el aumento de carga cognitiva asociado al proceso de mentir, se debe en gran parte a la necesidad de crear y mantener un relato coherente mientras se presta atención a las reacciones del entrevistador.

Es decir, la mayoría de la literatura nos sugiere que las muestras conductuales de los procesos cognitivos y sociales de la mentira, probablemente se observan mejor en una dinámica de comportamiento interpersonal.

Una de estas muestras conductuales que parecen fundamentales, tanto para la interacción interpersonal como para la mentira, es la coordinación no verbal, los movimientos sincrónicos que ocurren entre dos personas que comparten una interacción.

Se cree que este tipo de coordinación puede haber evolucionado para permitir a los individuos mantener relaciones armoniosas con los miembros de un grupo, facilitando el comportamiento social.

Sin embargo, en el reino animal, la imitación de los comportamientos de las presas es una técnica engañosa que permite la supervivencia de muchos depredadores.

Podemos extrapolarlo a las relaciones humanas si pensamos en que, tal y como describe un artículo mencionado en este trabajo, habría una mayor coordinación del movimiento de la cabeza en conversaciones engañosas en comparación con las conversaciones honestas.

Los autores creen que mentir podría afectar a la coordinación no verbal interpersonal de dos formas radicalmente opuestas.

Por un lado, la mentira podría aumentar la coordinación siguiendo la idea de que las demandas cognitivas del engaño dejarían al mentiroso con menos recursos para controlar su comportamiento social.

¿Por qué? Existen estudios que sugieren que liderar la propia conducta rítmica, en lugar de seguir a la conducta del interlocutor, requeriría inhibir las acciones de éste, o al menos mejorar la representación de las propias acciones de uno. Y esto es una conducta que demanda un gran esfuerzo cognitivo.

Por lo tanto, si los mentirosos tienen menos recursos cognitivos para dedicar a la gestión de sus señales sociales, se puede esperar que demuestren una mayor coordinación.

Por el otro lado, la otra opción se relaciona con la tendencia de las personas a paralizarse en respuesta a factores estresantes o amenazas sociales. Este “congelamiento” podría conducir a una disminución de coordinación.

Las señales del engaño, como la dilatación de la pupila o el aumento de la tensión, podrían indicar que mentir es, efectivamente, estresante. Por ello, se podría esperar que los mentirosos que “se congelan” muestren una coordinación reducida en comparación con las personas que dicen la verdad.

Para comprobar esto, los autores llevaron a cabo dos experimentos en los que, básicamente, se explicó a unos participantes que debían mentir a diferentes niveles (mentiras sencillas, complejas o muy complejas), infiltrarse en un grupo, entre otras actividades. Lo interesante es que se realizó una monitorización de su conducta no verbal mientras el participante llevaba a cabo estas tareas.

Entre los resultados obtenidos, se encuentran las siguientes ideas.

Lo principal y más interesante es que parece existir evidencia de que la coordinación no verbal aumenta junto a la dificultad de mentir.

Esto sería consistente con la hipótesis primera, que sostiene que el mimetismo aumentaría cuando la carga cognitiva aparece, debido a una mayor dependencia de los procesos automáticos de la conducta interpersonal.

Además, este hallazgo es coherente con la idea de que los procesos automatizados pueden volverse más frecuentes cuando las personas se cargan cognitivamente.

El hecho de haber obtenido estos resultados convierte el mimetismo automático en una pista hasta ahora inexplorada para el engaño.

Cuando intentan parecer creíbles, los mentirosos pueden implementar contramedidas como evitar los comportamientos asociados con la mentira o mostrar deliberadamente comportamientos asociados con la honestidad. También podría ser posible que la consecuencia de estos efectos puede ser la coordinación recíproca, lo que tiene el efecto de disminuir la capacidad del entrevistador para identificar el engaño.

Esto sugeriría que mentir no siempre es más difícil que decir la verdad, especialmente cuando hablamos de mentiras simples.

En próximas investigaciones, a los autores les gustaría investigar quién es quien lidera el cambio del grado de coordinación, si el entrevistado o el entrevistador, ya que lo consideran un punto muy interesante.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Nonverbal behavior of interviewers influences the competence ratings of observers in recruitment interviews: a study investigating social influence using 360-degree videos with virtual reality and 2D screen displays”, de Wyssenbach, T.; Zeballos, M.; Loosli, S. y Schwaninger, A. (2020), en el que los autores estudian, utilizando la realidad virtual y vídeos en 2D, si el comportamiento no verbal del entrevistador afecta a la percepción de los observadores sobre las habilidades de los aplicantes en procesos de selección del mundo laboral.

Hoy en día, las entrevistas siguen siendo el método más utilizado en los procesos de selección de trabajadores. De hecho, lo es en todos los países.

En una encuesta llevada a cabo entre el personal de recursos humanos de empresas en Suiza, se reveló que el 99% de los sujetos incluía algún tipo de entrevista para seleccionar personal, con un 71% de entrevistas semiestructuradas.

En ellas, los entrevistadores deben juzgar las competencias del aplicante lo más objetivamente posible, guiándose por su currículum pero, cada vez más, por lo que transmite cada candidato.

Una parte esencial de la comunicación e interacción humana es no verbal, eso ya lo sabemos. La conducta no verbal tiene una enorme influencia social, afectando a nuestras actitudes y creencias.

Es por ello por lo que los autores se preguntan cómo influiría el comportamiento no verbal del entrevistador en la percepción que tendría un tercero observador de las habilidades del candidato.

Hasta ahora, esto jamás había sido estudiado, si bien sí se han dedicado esfuerzos a investigar cómo influye el comportamiento no verbal de aquellos que aplican para un trabajo.

Sabemos que existen señales no verbales que podemos clasificar como positivas o negativas, en función de si nos transmiten algo bueno o algo malo.

Señales positivas podrían ser mirar a los ojos, asentir para expresar acuerdo o sonreír. Mientras que señales negativas serían fruncir el ceño, apretar los labios o mirar de forma severa. Si bien debemos añadir que dependen mucho del contexto.

Para realizar su experimento, los autores estudian estas señales negativas y positivas. ¿Cómo?

Un total de 110 participantes fueron divididos en cuatro grupos para observar un vídeo de una entrevista de trabajo: aquellos que verían la escena con lenguaje corporal positivo a través de realidad virtual, y aquellos que verían un lenguaje corporal negativo con el mismo método; por otro lado, se encontraba un grupo que vería señales positivas en dos dimensiones y otro, de la misma forma, señales negativas.

Se hizo esta distinción entre realidad virtual y dos dimensiones para conocer cuál facilita más la inmersión, si es que hay diferencia real entre ellas.

Los participantes tenían que evaluar tres habilidades de los candidatos: comportamiento en equipo, atención al cliente y capacidad de venta.

Los resultados obtenidos van en la línea de lo esperado.

Los participantes, actuando como observadores de la entrevista, puntuaron las habilidades de comportamiento en equipo y atención al cliente de forma más alta cuando el entrevistador reaccionaba con un lenguaje corporal positivo a las respuestas del candidato, mientras que ocurría lo contrario cuando el lenguaje corporal observado era negativo.

No se observó ninguna diferencia significativa con respecto a la percepción de la capacidad de venta del candidato en función de si el lenguaje no verbal del entrevistador era positivo o negativo.

Una explicación posible para esto puede ser que los participantes se sintiesen más competentes o exigentes a la hora de calificar esta habilidad.

Estos resultados confirman el sesgo de la influencia social y, por tanto, los autores recomiendan entrenamiento y práctica en esta área. En particular, porque los procesos de selección en los que hay más de un entrevistador son cada vez más populares.

Este entrenamiento sería beneficioso porque incrementaría la consciencia de que la influencia social va de la mano con la conducta no verbal y, realmente, este es un elemento que influye nuestra conducta y nuestras percepciones.

Con respecto al uso de la realidad virtual versus los vídeos en dos dimensiones, no se observaron diferencias significativas en cuanto a la inmersión de los participantes en el estudio.

Como cualquier investigación, esta presenta limitaciones. Una de las que señalan los autores es que la información recopilada solamente examina la percepción de tres habilidades juzgadas en entrevistas semiestructuradas. Sería interesante aumentar el rango de las capacidades mencionadas y también añadir preguntas descriptivas sobre el lenguaje no verbal que los participantes están observando.

De esta forma, se alcanzarían conclusiones, seguramente interesantes y útiles, sobre otras competencias que también tienen influencia social, especialmente en el trabajo.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Body language influences on Facial Identification at Passport Control: an exploration in virtual reality”, de Tummon, H. M.; Allen, J. y Bindemann, M. (2020), en el que los autores estudian la influencia del lenguaje corporal en la identificación de las personas en los controles de los aeropuertos.

Hoy en día vivimos en un mundo globalizado, donde es posible moverse por (casi) todo el globo terráqueo sin problemas.

Por ello, es necesario identificar correctamente a las personas para llevar un registro de quiénes entran y salen de los países.

Las personas encargadas de los controles se ven obligadas a observar de forma rutinaria a un gran volumen de pasajeros, normalmente mediante documentación fotográfica, comparando la imagen del pasaporte con la persona que tienen delante.

Un problema de seguridad se presenta con los impostores y suplantadores de identidad, que viajan con documentos ilegales de alguien que se les parece e intentan no ser detectados.

Y a los autores de este artículo se les ocurrió que podían investigar esta problemática desde un enfoque que hasta ahora no se había estudiado.

Sabemos que la conducta no verbal influye en prácticamente cualquier área de la vida y las relaciones interpersonales, pero ¿también afecta a la identificación de las personas en los aeropuertos? Y si es que sí, ¿cómo?

En términos generales, ya existe alguna evidencia de que la información que transmite el cuerpo afecta a la coincidencia de identidad.

Por ejemplo, aunque el rostro es más importante en lo que a identificar a una persona se refiere, la precisión con la que esta tarea se realiza es mucho mayor si cuerpo y rostro están presentes.

Es decir, las personas son más fáciles de distinguir cuando se muestran completas, que con rostros y cuerpos aislados.

Los autores comentan las ideas preconcebidas y de sentido común que todos consideramos ciertas. Por ejemplo, que los impostores, al buscar no ser detectados, pueden traicionar su intención transmitiendo señales conductuales de ansiedad, como cambios en su postura corporal o movimientos en las extremidades.

Para investigar este asunto, los autores llevan a cabo un total de 6 experimentos, cuyos resultados explicamos al final del post.

En líneas generales, todos consistían en que los sujetos participantes identificasen, en un entorno de realidad virtual, a personas con las fotografías de sus pasaportes.

En el primer experimento se investiga si el lenguaje corporal inusual influye en la identificación de la persona con la fotografía de su pasaporte. La idea obtenida más importante fue que el nivel de actividad del lenguaje corporal pareció no influir, en primera instancia, en la identificación de la persona.

Por ello, se llevó a cabo el segundo experimento. Para investigar la posibilidad de que las diferencias de intensidad fuesen muy sutiles y por ello no se hubiesen observado diferencias. Aún así, parecía que los resultados no eran concluyentes.

Se sostuvo la posibilidad de que, al no saber los participantes que debían fijarse específicamente en el comportamiento no verbal, éste no hubiese influido en sus opiniones. Para el tercer experimento se les comentó que debían prestarle atención.

Los resultados obtenidos indicaron que aquellos avatares que exhibían un lenguaje corporal inusual tendían a ser clasificados como no concordantes con su foto del pasaporte. Sin embargo, la mayoría de los avatares cuyo comportamiento era clasificado como inusual, presentaban movimientos corporales muy vivos.

Por tanto, a los autores les surgió la pregunta de si habían sido clasificados como no concordantes con su pasaporte por simplemente haber aumentado el lenguaje corporal normal. Esto es lo que se exploró en el cuarto experimento.

En éste, los avatares con una actitud tranquila influyeron mucho menos a los participantes que aquellos con un comportamiento corporal más vivo, lo que sugiere, otra vez, que lo que más afecta para identificar a una persona con su pasaporte sería el aumento del lenguaje corporal, más que un lenguaje corporal inusual.

Para comprobar este punto, los autores llevaron a cabo el quinto experimento con únicamente dos tipos de avatares: inactivos y muy activos. Previamente había un tercer grupo de avatares con un comportamiento a medio camino entre ambos extremos, pero se suprimió para el quinto experimento.

El resultado fue que, efectivamente, parece ser que presentar un lenguaje corporal considerado inusual, como podría ser un comportamiento corporal exagerado o muy vivo, afectaría al emparejamiento de rostros y, por tanto, a la identificación de las personas con sus fotos de los pasaportes.

En el experimento final, los autores intentan investigar por qué puede surgir este sesgo de identificación.

Concluyen con que existen varias explicaciones potenciales para este efecto. Por ejemplo, podría ser que, el hecho de que apareciese un nivel alto de actividad en el lenguaje corporal de forma inesperada o inusual, distrajese a las personas de manera que no pudiesen extraer de los rostros la información visual relevante para realizar las tareas de identificación.

A pesar de todo esto, los autores señalan que parece ser que el lenguaje corporal sólo influiría decisivamente en este contexto en las personas que son conscientes de que deben fijarse en él.

Una limitación de los estudios es que, a pesar de realizar seis, los autores no consideran que se alcanzase un número de pruebas suficiente.

Por ello, resaltan que se debe ahondar en este tema para saber cómo el conocimiento del comportamiento no verbal puede ayudar a mejorar la seguridad en este tipo de controles.

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