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Paula Atienza

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Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Reading and reacting to faces, the effect of facial mimicry in improving facial emotion recognition in individuals with antisocial behavior and psychopathic traits”, de Kyranides, M. N.; Petridou, M.; Gokani, H. A.; Hill, S. y Fanti, K. A. (2022), en el que los autores investigan cómo las personas con trastorno de personalidad antisocial y/o trastorno de personalidad psicopática reconocen y responden a las expresiones faciales. 

Tanto el trastorno de personalidad antisocial y la psicopatía se relacionan con rasgos antisociales severos. 

El trastorno de personalidad antisocial (TPA de ahora en adelante) tiene una identidad propia, y en muchos manuales se considera a la psicopatía como parte de ella. Sin embargo, numerosos expertos  consideran que la psicopatía puede considerarse como una personalidad en sí misma, y no como un rasgo conductual. 

La psicopatía, como ya hemos explicado en otros artículos, incluiría los rasgos de la tríada oscura, que abarca características afectivas, interpersonales y conductuales. 

Interpretar y transmitir correctamente los estados afectivos y emocionales es algo crucial para las relaciones sociales y el funcionamiento saludable en grupo de los seres humanos. 

La expresividad facial juega un papel central en las relaciones interpersonales, ya que comunica señales sociales silenciosas y ayuda a reforzar comportamientos sociales aceptables. Además, es un canal no verbal al que le prestamos mucha atención. 

Estudios previos sugieren que las personas con rasgos psicópatas se caracterizan por deficiencias en el reconocimiento de las emociones en el rostro, lo que a su vez, da como resultado una mala adaptación social y relaciones interpersonales disfuncionales. 

Esto plantea la idea de que, los déficits similares que se observan en las personas con trastorno de personalidad antisocial se deban al propio trastorno o sean resultado de rasgos psicopáticos, que no está claro si forman o no parte del trastorno antisocial. 

El estudio de esta semana tenía como objetivo diferenciar los déficits en el procesamiento de emociones de individuos con estos rasgos, al examinar cómo personas con trastorno de personalidad antisocial, personas con trastorno psicopático, y personas que poseen ambos, identifican expresiones faciales afectivas y cómo cumplen con las instrucciones en las que se les pide que imiten estas expresiones. 

La evidencia empírica sugiere que las personas con rasgos psicopáticos mostrarán deficiencia en el reconocimiento de las emociones, pero especialmente en la expresiones faciales de miedo y tristeza

Con respecto al trastorno de personalidad antisocial, muy pocas personas han explorado el asunto. En un estudio de 2014 se encontraron deficiencias más severas en el reconocimiento del asco en una muestra de personas con TPA en comparación con el grupo de control. En 2002, se encontraron deficiencias en la identificación correcta de las expresiones faciales felices y tristes, pero ningún estudio controló los rasgos psicopáticos que aparecían en los sujetos con TPA.

Si estas personas experimentan, teóricamente, dificultades para identificar las emociones de los demás, ¿son capaces de practicar la mímica facial?

Los individuos con un desarrollo típico de su personalidad, se involucran en la mímica facial automáticamente cuando observan las expresiones de los demás, y esto se ha asociado con la empatía. 

Sin embargo, los hallazgos con respecto al mimetismo facial en individuos con rasgos psicopáticos son variados. Por ejemplo, según un estudio, tienen intacta la capacidad de imitar con precisión la expresión de miedo; según otro, tienen dificultades para reflejar las emociones negativas. 

Algo que parece ser lógico, es que si las personas con rasgos psicopáticos y las personas con TPA tienen déficits en su capacidad de ser empáticos, tendrán algún tipo de dificultad para imitar correctamente las emociones de los demás. Pero, como vemos, es algo que parece no estar confirmado. 

Para este estudio se reunió a 107 personas mayores de edad, que fueron evaluados individualmente. Se les presentaron estímulos dinámicos que representaban expresiones faciales prototípicas de tristeza, felicidad, ira, miedo y dolor, además de expresiones neutras. Debían imitar las expresiones presentadas, suprimir cualquier respuesta facial provocada por el estímulo, o bien no hacer nada y únicamente responder a la pregunta de qué expresión facial se estaba mostrando. 

Los resultados mostraron que la precisión del reconocimiento facial fue significativamente peor en el grupo que poseía rasgos psicopáticos y TPA al mismo tiempo, en comparación con el grupo de control. Además, el grupo de rasgos psicopáticos + TPA mostró un aumento de elección de la expresión facial de enfado en comparación con los demás. Sorprendentemente, el grupo que sólo poseía TPA mostró expresiones faciales más pronunciadas cuando tenían que imitar las expresiones que se les mostraban

Estos hallazgos están alineados con trabajos previos sobre las deficiencias de estas personas en el reconocimiento de las emociones faciales y apuntan a la idea de que la presencia de rasgos psicopáticos aislados de la personalidad antisocial, puede representar un perfil en sí mismo, en el que los individuos funcionarían de una forma parecida, pero diferente.  

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Effects of color-emotion association on facial expression judgments”, de Takei, A. e Imaizumi, S. (2022), en el que los autores realizan un par de experimentos para investigar cómo se asocian ciertos colores a determinadas emociones cuando se trata de inferir éstas a partir de expresiones faciales.

Los seres humanos a menudo expresamos las emociones vinculándolas con colores en nuestras conversaciones del día a día. Por ejemplo, en inglés y japonés se utiliza mucho el color azul para expresar la tristeza (“I’m feeling blue” = “Me siento triste”). 

Sin embargo, también asociamos las emociones con la percepción visual de los colores. Por ejemplo, en WhatsApp podemos usar un emoticono de una cara de color rojo para transmitir enfado. De hecho, es posible que, debido a que la ira supone un aumento de flujo sanguíneo en el rostro, enrojeciéndolo, las personas hayan aprendido a ver este color en una cara de enfado. 

Todas estas asociaciones lingüísticas y perceptivas forman parte de las asociaciones color-emoción. 

La teoría de la metáfora conceptual puede explicar la asociación color-emoción. De acuerdo con esta teoría, para comprender los conceptos abstractos relacionados con el pensamiento y la acción, los humanos aplican las estructuras de otros conceptos concretos a los conceptos abstractos específicos, que son experiencias perceptivas claras. En otras palabras, las estructuras metafóricas de conceptos como “la tristeza es azul” y “la ira es roja” facilitan la comprensión de conceptos relacionados con las emociones.

Debido a tales asociaciones, la percepción de los colores puede recordar a las personas de forma explícita o implícita las emociones correspondientes e incluso sesgar sus juicios sobre los estímulos emocionales que reciben. 

Por ejemplo, en un estudio de 2020, los participantes tendieron a asociar la ira y el amor con el rojo, la tristeza con el gris y la alegría con el amarillo. En otro estudio de 2012, relacionaron con la ira las palabras escritas en rojo con más rapidez que si éstas se escribían con azul. Esto sugiere que el rojo se asocia con la ira y mejoraría el procesamiento lingüístico relacionado con ella.

En términos de cognición social, es importante que los humanos comprendan los estados emocionales de los demás. Las expresiones faciales son especialmente útiles para ello, pero también se utilizan otros recursos. De forma parecida, los colores asociados con las emociones también afectan al reconocimiento y el juicio de las emociones combinados con las expresiones faciales. 

En un experimento de 2013, los participantes categorizaron rostros enfadados contra fondos rojos, azules o grises. Los resultados mostraron que el juicio de rostros enfadados fue más rápido contra un fondo rojo, lo que sugiere que el color facilita el reconocimiento de expresiones faciales. 

En otro experimento, este de 2020, los participantes categorizaron las imágenes de caras y emoticonos que representaban la felicidad y la ira sobre un fondo rojo o verde. Las imágenes de ira se volvieron a categorizar más rápido de forma correcta sobre el fondo rojo, ocurriendo lo mismo con la felicidad y el color verde. 

Aunque estudios previos como esto sugieren asociaciones color-emoción, algunas han sido más controvertidas, como la de la tristeza y el color azul. En algunos países es así, pero en otros está asociado con emociones positivas. En un estudio de 2020 se sugería que el gris estaba más relacionado con la tristeza que el color azul, pero aún hay que explorar más esta idea. 

Para ahondar sobre todo esto y saber con qué colores se asocian algunas emociones, los autores llevaron a cabo un par de experimentos.

El primero de ellos se realizó con 20 sujetos y se utilizaron fotografías de personas mostrando felicidad y tristeza. Se colocaron sobre un fondo de color amarillo, azul o gris, y se pidió a los participantes que ignoraran los colores y juzgaran si la cara expresaba felicidad o tristeza. 

El experimento dos, en el que participaron 19 personas, fue igual al primero, excepto porque el color del fondo fue mostrado un poco más tarde que el rostro, superponiendo el estímulo facial al estímulo del color. 

Los resultados sugieren que el amarillo, que se pensaba que estaba asociado con la felicidad, facilita el juicio de la expresión facial feliz, lo cual es consistente con hallazgos anteriores. 

Sin embargo, aunque se esperaba que el azul y/o el gris estuviesen asociados con la tristeza, los resultados no apoyaron esta idea. 

Aquí es donde entra la teoría de la metáfora conceptual otra vez, con la idea de que “la felicidad es luz” y “la tristeza es oscuridad”. 

El contraste de alegría y tristeza puede interpretarse no sólo como una valencia emocional distinta, sino también como diferencias extremas en su brillo. 

Los resultados pueden interpretarse como una sugerencia de que el amarillo facilita el juicio de la felicidad porque activa una asociación metafórica de “ligereza-felicidad” que proporcionan los colores brillantes. 

Por otro lado, el gris y el azul podrían no ser colores simbólicos de la oscuridad y, por tanto, no activar la asociación “oscuridad-tristeza”. 

Por otro lado, gracias al experimento 2, se sugiere que la asociación color-emoción es más fuerte cuando el color y la emoción se experimentan perceptivamente de forma simultánea. 

Los autores señalan, como conclusión, que sería muy interesante continuar investigando sobre cómo la luminancia y el brillo de los colores afecta a la percepción de las emociones.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Detecting deception using comparable truth baselines” de Bogaard, G.; Meijer, E. H.; Vrij, A. y Nahari, G. (2022), en el que los autores realizan un par de experimentos para saber cómo afecta a la detección de la mentira el utilizar líneas base veraces. 

Ya hemos visto en varias ocasiones a lo largo de los diferentes posts cómo la capacidad humana para detectar mentiras es bastante pobre. Tanto la habilidad de los legos como la habilidad de los profesionales no suele superar los niveles del azar y la casualidad. 

Entre las posibles razones que explicarían la deficiencia de estas habilidades se encuentra la idea de que las personas prestamos demasiada atención a las señales de comportamiento, como la aversión a la mirada y los movimientos corporales. La realidad es que no hay tanta relación como se cree entre estas señales y el engaño.

La investigación también ha demostrado que, para mejorar la precisión en la detección de verdades y mentiras, los observadores deben centrarse principalmente en el contenido de las declaraciones de las personas, ya que se ha mostrado como una técnica más prometedora. 

Sin embargo, incluso las herramientas de detección de mentiras verbales tienen una tasa de error importante, y una fuente potencial de esta tasa de error son las diferencias individuales en el comportamiento verbal del mentiroso; la investigación metaanalítica así lo ha mostrado.

Es decir, que los observadores sean capaces de detectar una mentira depende en gran medida de las cualidades de las habilidades para decir mentiras de alguien. 

Por ejemplo, las personas propensas a la fantasía son mejores para formular mentiras creíbles, y las personas con habilidades verbales se salen con la suya con más frecuencia porque tienden a incluir más detalles en sus historias falsas. 

Esto concuerda con el hallazgo de que los buenos mentirosos informan de que confían mucho en las estrategias verbales cuando mienten. 

Una forma de incluir las diferencias individuales y verbales de los mentirosos en un procedimiento de detección de mentiras es a través de la línea base. Esto es, utilizando una declaración que se sabe que es verdadera, o parte de una declaración verdadera, para comparar entre ésta y la mentira. 

La idea es que las personas dicen la verdad durante una pequeña charla trivial, y cualquier diferencia de comportamiento entre ésta y la parte de la entrevista que trata sobre el tema importante que se está investigando, se interpreta como una señal a la que se debe prestar atención y como un posible indicador de engaño. 

El problema es que esta comparación es confusa. Los temas que se tratan en las charlas triviales son distintos a los que se investigan y, según el tema y la relevancia personal, las personas pueden responder de manera diferente. Además, lo que está en juego contrasta sustancialmente. 

Por ello, existe la llamada “línea base veraz comparable”. Esta línea base se utiliza para poder considerarla comparable al tema de investigación.

Estudios previos arrojan la idea de que los mentirosos cuyas mentiras están acompañadas de verdades incluyen más detalles. Es decir, los buenos mentirosos calibran sus respuestas engañosas en función de información veraz. Por tanto, aparecen dos ideas contradictorias. Por un lado, si los mentirosos calibran la cantidad de detalles que informan en su mentira en función de una respuesta veraz anterior, un LBVC podría disminuir la discriminabilidad entre la mentira y la verdad. Sin embargo, si los mentirosos no pueden calibrar  sus respuestas, el uso de una LBVC tiene la posibilidad de mejorar la discriminación entre mentira y verdad. 

Es por ello que, en dos experimentos, se investigaron dos aspectos: primero, si proporcionar una LBVC influye en el detalle de una declaración posterior proporcionada por la misma persona; y segundo, si usar una declaración de LBVC mejoraría la capacidad de detección de mentiras gracias a las señales verbales. 

En el primer experimento participaron 171 personas; en el segundo, 138. En ellos básicamente se asignaba a los participantes el rol de decir la verdad o mentir según unas determinadas condiciones, bien explicadas en el artículo original, para después pasar su declaración completa por una herramienta utilizada para evaluar la credibilidad del discurso, que es el Reality Monitoring.

Los análisis mostraron la existencia de un patrón verbal interesante: las declaraciones objetivo (las principales y referentes a los temas de investigación) de los que dicen la verdad suelen incluir más detalles temporales y auditivos que su declaración de referencia, o su LBVC, mientras que los resultados de los mentirosos mostraban el patrón opuesto. 

En el primero de los experimentos no apareció ninguna evidencia de que el uso de una LBVC mejore la precisión a la hora de detectar verdades y mentiras. 

En el experimento número 2, los observadores que usaron la LBVC se volvieron peores en la detección de verdades, pero igualmente precisos en la detección de mentiras, en comparación con aquellos que no usaron la LBVC. 

Sin embargo, los autores mencionan que sus resultados deben interpretarse con cautela, porque el apoyo de éstos es débil y parece prematuro utilizarlos como referencia. Por tanto, animan a que otros investigadores continúen ahondando en este tema, y dejan la puerta abierta a futuros experimentos relacionados. 

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Students’ Classroom Silence and Hopelessness: The impact of Teachers’ Immediacy on Mainstream Education” de Juma, O.; Husiyin, M.; Akhat, A. y Habibulla, I. (2022), en el que los autores reflexionan y analizan las implicaciones del silencio y el abatimiento o desesperanza en el contexto educativo, y cómo los profesores pueden actuar para prevenir sus efectos negativos.

Los sentimientos de los alumnos son una parte clave de su bienestar individual y, obviamente, también de su salud mental, afectando a su inspiración, su atención, su éxito escolar… 

Por un lado, tenemos los sentimientos constructivos, como la alegría, el orgullo, que elevan la inspiración de los alumnos para aprender y su interés. Por otro lado, están los sentimientos destructivos, como el estrés, la exasperación y el aburrimiento, que pueden poner en peligro la educación. 

Cuando los estudiantes se enfrentan al fracaso, pueden encontrarse con sentimientos destructivos, como la humillación, la desesperanza, y es posible que no puedan participar como otros compañeros en el aprendizaje. 

Dado que los sentimientos marcan tanto el proceso de aprendizaje, es importante obtener información sobre ellos para crear un entorno educativo que sea emocionalmente sano y que pueda mejorar la salud mental y el rendimiento de los alumnos. 

Si hablamos de los sentimientos destructivos, por un lado, tenemos el abatimiento o la desesperanza. Los alumnos que la sufren pueden evitar comprometerse con las actividades del curso, lo que lleva a un rendimiento y aprendizaje muy reducidos. También reduce la motivación por la vida, y esto puede generar conductas violentas. 

Es decir, la desesperanza aumenta cuando disminuye la convicción de que un futuro bueno espera. Provoca, además, un aumento de la negatividad sobre la vida. 

Otro tema más explorado en el aprendizaje en general, es el problema del silencio. Es un fenómeno amplio, que se ha convertido en un obstáculo para la creación de vínculos entre educadores y alumnos, lo que influye en el logro de los objetivos de la clase como conjunto y de cada alumno en particular.

El silencio puede ser positivo, pero sin duda sus interpretaciones negativas suelen ser más comunes, y un entorno negativo en el aula a menudo afecta al rendimiento. 

Los profesores han hecho grandes esfuerzos para involucrar a los alumnos en las actividades y para mejorar la eficacia de su educación, pero muchos alumnos siguen sin estar interesados en participar en las clases. Lo más habitual es que estos jóvenes duden en participar, no estén listos para responder, sean inactivos y dependan demasiado, en ocasiones, de los profesores. 

Con todo esto, llegamos a la conclusión de que los educadores quieren instruir a sus alumnos de forma exitosa, por lo que necesitan saber cómo desarrollar la inspiración en su clase y animar a sus alumnos a participar. Para lograrlo, pueden configurarse prácticas verbales y, también, no verbales. 

Aquí es donde aparece el concepto de la inmediatez. Se refiere a una amistad o familiaridad física, expresiva o afectiva que se confirma a través de comportamientos constructivos, y en el ámbito educativo, se considera un medio de interacción entre profesores y alumnos que trae muchos beneficios; de hecho, otros estudios previos han demostrado que la inmediatez es una forma de mejorar la comunicación y los vínculos entre profesores y alumnos.

La inmediatez es indispensable, por tanto, para que los educadores consigan disminuir los filtros emocionales de los estudiantes, así como cambiar y mejorar su salud y conducta a través de la enseñanza y la formación. 

Algunas de las técnicas verbales de inmediatez son proporcionar a los alumnos retroalimentación inmediata, mantener conversaciones antes y después de las clases, llamar por su propio nombre a los alumnos, compartir experiencias, dar opiniones personales, entre otras. 

Las técnicas de inmediatez verbal aluden a mensajes que muestran compasión, franqueza, amabilidad, premio, aclamación, inclusión, comedia, y sobre todo, voluntad de involucrar a los alumnos en el grupo. 

Pero además también se utiliza la simpatía, el lenguaje corporal, los gestos de amistad y apoyo, que son elementos no verbales y también influyen positivamente en la relación entre profesores y alumnos, motivando a estos últimos a ser más activos en el aula y a estar más motivados. 

La inmediatez no verbal implicaría actitudes no orales que promueven la intimidad, sobre todo emocional, y atraen la atención de los alumnos. Es decir, lo más importante de los elementos no verbales aplicados a la inmediatez, es que mejoran la cercanía emocional y mental de profesores y alumnos. 

Pueden incluir la gesticulación, las expresiones faciales, los movimientos corporales, la ropa y la apariencia, la sonrisa, la distancia física… 

Por tanto, tras revisar literatura previa, los autores llegan a la conclusión de que mejorar las prácticas de desarrollo de la inmediatez de los profesores promoverá la tolerancia al estrés de los alumnos, la confianza en sí mismos, su motivación, reduciendo así sus niveles de abatimiento y mejorando su bienestar en general.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Predicting Dishonesty When the Stakes are High: Physiologic Responses During Face-to-Face interactions identifies who Reneges on Promises to Cooperate”, de Zak, P. J.; Barraza, J. A.; Hu, X.; Zahedzadeh, G. y Murraya, J. (2022), en el que los autores realizan un experimento donde los sujetos participan en un juego financiero e intentan obtener pruebas de los cambios fisiológicos que, según la literatura previa, se producen en el cuerpo cuando uno miente. 

Ya sabemos que la comunicación y las interacciones cara a cara pueden influir en las decisiones que tomamos, debido a múltiples factores no verbales e incluso de distinta naturaleza que pueden activar estereotipos, como el género, la ropa, los tatuajes, el atractivo…

Esto es especialmente importante en los ámbitos estratégicos y de negociación, donde la comunicación puede aumentar la comprensión de los demás y reforzar la cooperación, mejorando los resultados para ambas partes. 

Además, un dato muy importante, es que las interacciones previas al momento de toma de decisiones, las charlas inocentes o banales, también influyen en el proceso estratégico. Se cree que, mayoritariamente, pueden aumentar la cooperación. 

Aún así, debemos tener en cuenta, en esta época en que las reuniones telemáticas sustituyen a las reuniones presenciales, que esta influencia de la comunicación se da mucho más fácilmente en las reuniones cara a cara y no tanto en las reuniones remotas. 

Sin embargo, las oportunidades de comunicarse también brindan la oportunidad de engañar y hacer trampas. El engaño y la manipulación son aspectos clave de muchas interacciones estratégicas, incluidas las operaciones militares, las negociaciones o incluso jugar al póker.

Pero hay malas noticias para los mentirosos: el ocultamiento y la distorsión requieren un esfuerzo cognitivo extra. El engaño involucra varios procesos cognitivos que son muy costosos, por ejemplo, el uso de la memoria de trabajo y la inhibición de respuestas. La excitación fisiológica, la ansiedad durante la comunicación, la dilatación de las pupilas, entre otras, son señales asociadas al engaño. 

Además, los niveles de estrés se pueden medir porque las hormonas asociadas a él aumentan su presencia en la sangre, por lo que, si mentir causa estrés, podría averiguarse cuándo está sucediendo si observamos el nivel de estas hormonas en nuestro cuerpo. 

Desde un enfoque evolucionista, se cree que las criaturas que viven en grupo, como los humanos, han tenido que desarrollar mecanismos fisiológicos para identificar a los individuos que probablemente cooperarán con el grupo o no. 

Algunos de estos mecanismos pueden ser reconocibles de forma consciente, como la sonrisa de Duchenne. Otros, sólo son percibidos de forma inconsciente. 

Las intenciones de los autores con este estudio eran evaluar la confianza entre adultos que se comunican cara a cara antes de participar en un juego donde, por parejas, y si cooperan, pueden ganar una suma importante de dinero. 

En el experimento participaron 75 sujetos. Tuvieron que participar en el llamado “juego de la confianza”. En él, un software les asignó parejas y un rol a cada una de las dos personas de  cada pareja. El jugador 1 debía transferir una cantidad de dinero al jugador 2, que saldría de su propia asignación. Lo transferido al jugador 2, se multiplicaría por un determinado valor. El jugador 2 sería avisado de la cantidad recibida y, de ésta, debería devolverle al jugador 1 una cantidad que no sería multiplicada. Si la cooperación entre ambos era buena, podían ganar hasta 500$.

Los expertos señalan que la transferencia del jugador 1 al jugador 2 mide la confianza, mientras que la transferencia del jugador 2 al jugador 1 mediría la confiabilidad. 

Sin embargo, lo más interesante de este experimento es que los jugadores tuvieron una charla de un par de minutos antes de participar en el juego. Se les comentó que podían discutir entre ambos una estrategia a seguir, aunque no era obligatorio. 

Los resultados obtenidos sugieren que, si bien casi todas las conversaciones entre las parejas del juego dieron como resultado un compromiso de cooperación, aproximadamente un tercio de los jugadores incumplieron sus promesas. La hipótesis inicial que tenían los investigadores era que se observarían niveles altos de hormonas del estrés en aquellas personas que mintiesen. Al medir los niveles hormonales antes y después de la interacción, se vio cómo quienes habían mentido tenían un aumento de este tipo de hormonas en sangre

Además, cuando los jugadores mintieron, reportaron, en autoinformes posteriores al juego, un aumento de las emociones negativas, lo que revela el coste psicológico del engaño. 

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Shall I Show My Emotions? The Effects of Facial Expressions in the Ultimatum Game” de Ferracci, S.; Giuliani, F.; Brancucci, A. y Pietroni, D. (2021), en el que los autores realizan un par de experimentos para saber cómo afecta la expresión de algunas emociones a los momentos más tensos de una negociación. 

En los últimos años se ha demostrado que las emociones tienen un papel esencial y central en la comunicación de las intenciones y los deseos. 

Las emociones y la información asociada a ellas se pueden transmitir a través de expresiones faciales durante interacciones sociales específicas, donde su inferencia puede influir en procesos de toma de decisiones, como por ejemplo, las negociaciones

El juego del ultimátum tiene mucho que ver con las negociaciones. Fue desarrollado hace cuarenta años como una representación de la realidad de las negociaciones. En este juego, un jugador propone cómo asignar una determinada cantidad de dinero entre él y otro jugador. Este segundo jugador puede aceptar la propuesta, en cuyo caso cada uno recibirá la cantidad decidida, o bien puede rechazarla, haciendo que ninguno de los jugadores reciba dinero. 

Según la economía clásica, el que responde tendría que aceptar cualquier oferta mayor que 0, ya que cualquier cosa es mejor que nada. Sin embargo, se ha observado que los participantes tienden a rechazar las ofertas que están, aproximadamente, por debajo del 30% del total, prefiriendo no ganar nada antes que aceptar una distribución desigual del dinero. Por tanto, frente a la teoría económica clásica, aparece el comportamiento humano y su intolerancia a la desigualdad. 

A partir de esta idea, surge la duda de cómo influye la expresión de las emociones humanas en las negociaciones, tema que ha sido estudiado con anterioridad.

En algunos de estos artículos previos, parece ser que las ofertas propuestas con una cara sonriente fueron aceptadas con mayor frecuencia en comparación con las realizadas con una expresión facial neutra. Además, solía haber tasas de aceptación más bajas si las ofertas eran realizadas por una persona con expresión facial de enfado. 

El comportamiento del respondedor, por otro lado, podría estar más impulsado por la sensación de justicia y equidad percibidas de la que ya hemos hablado antes. 

En cuanto a los estudios que hacían que el participante asumiera el papel del proponente, Van Dijk estudió los efectos de la alegría y la ira del respondedor sobre las ofertas del proponente. Encontró que el enfado del respondedor llevaba al proponente a hacer mejores ofertas.

Estos estudios señalan que los proponentes deben tener mucho cuidado en captar el estado emocional de quien responde, ya que así pueden utilizar información obtenida para modular sus respuestas posteriores.

También es interesante el papel de la ira, con resultados diferentes. Por un lado, hay estudios que demuestran que cuando el respondedor reacciona con ira, el proponente realiza más concesiones. Pero por otro lado, hay estudios que afirman lo contrario. 

Los autores deciden explorar y esta y otras cuestiones en dos experimentos. En el primero de ellos participaron 113 personas. Los autores seleccionaron imágenes de rostros que se manipularon para ofrecer cuatro expresiones: feliz, neutral, enfadado/a y asqueado/a. Los participantes, en este caso, fueron los que debían responder si aceptaban o no la oferta. 

En el segundo experimento, a todos los participantes se les asignó el rol contrario, el de proponente. Participaron 134 sujetos y la metodología y el procedimiento fueron los mismos. 

Los resultados mostraron que, en el experimento uno, para la persona que responde la decisión está fuertemente impulsada por la equidad en la oferta, tal y como los autores esperaban. 

También las emociones tuvieron efecto: la emoción neutral y la felicidad llevaron a tasas más altas de aceptación en comparación con la ira y el asco. 

Algunas teorías han intentado explicar los comportamientos irracionales en la toma de decisiones relacionadas con la equidad, como la de “la aversión a la desigualdad”, que confirma las preferencias de los individuos por resultados justos. 

Por otro lado, en el experimento dos, los participantes, en el rol de los proponentes modularon sus ofertas en función de las expresiones que vieron en los rostros de los respondedores.

Específicamente, la ira y el asco no tuvieron efectos diferenciales y se percibieron como igualmente negativos. Se propusieron ofertas más generosas a aquellos con expresiones neutrales, y más generosas aún a los que mostraban expresiones faciales de felicidad. 

Entonces ¿qué pasa con la ira y los estudios previos con ideas contrapuestas? Un trabajo realizado por Steinel y colegas propone la idea de que la ira tendrá un efecto u otro en función de hacia dónde se proyecta. 

Cuando la emoción se dirige a la oferta, puede entenderse como una estrategia para conocer los límites del oponente y, por tanto, puede dar lugar a mayores concesiones. 

Por el contrario, si la emoción se dirige a la persona, puede conducir a resultados negativos, indicando poca cooperación. 

Los autores señalan la necesidad de seguir investigando, sobre todo para conocer los efectos de la ira y el asco en profundidad, y mejorar estos experimentos, por ejemplo, con incentivos reales y más altos. 

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Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Effects of Body-Oriented Interventions on Preschoolers’ Social-emotional Competence: A systematic review” de Dias Rodrigues, A.; Cruz-Ferreira, A.; Marmeleira, J. y Veiga, G. (2022), en el que los autores realizan una revisión de la literatura previa sobre las intervenciones orientadas al cuerpo con niños de preescolar, para saber si éstas mejoran sus capacidades socioemocionales, entre otras.

La primera infancia es un período fundamental de la vida. En él hay un desarrollo muy significativo de las competencias socioemocionales, que son una base muy importante para la salud, el bienestar y el éxito de los niños. Estas competencias son también cruciales para que los niños se enfrenten a factores estresantes, desafíos actuales y futuros.

Cuando hablamos de competencias socioemocionales nos referimos a competencias sociales (capacidad de resolver problemas, ajustar la conducta según la situación social, etcétera) y emocionales (comprensión, regulación y expresión de las emociones) que trabajan juntas hacia el desarrollo adaptativo.

Estas competencias socioemocionales se desarrollan desde edades muy tempranas a través del proceso de socialización de emociones, es decir, a través del modelado, la observación y la comunicación de las emociones.

En las últimas décadas se han implementado varios programas de intervención en contextos educativos con el objetivo de promover el desarrollo de las competencias socioemocionales en niños.

Uno de estos tipos de intervenciones son las orientadas al cuerpo, que nos interesan especialmente porque asumen que las experiencias corporales y emocionales están asociadas entre sí y relacionadas con la psicomotricidad, el juego, la danza, la actividad física o la relajación. Es decir: elementos no verbales.

Todo esto serviría para tener conciencia del cuerpo, del cuerpo en relación con los demás y la conexión entre éste y la emociones.

Un fuerte grupo de evidencias respalda la efectividad de estas intervenciones en el contexto educativo. Es por ello que la investigación trata sobre este contexto específicamente.

El objetivo es saber si efectivamente hay una mejora de las competencias socioemocionales con estas intervenciones enfocadas al cuerpo que utilizan elementos no verbales de comunicación.

El proceso fue el siguiente: se escogieron una serie de artículos, recopilados de varias bases de datos, publicados entre 2000 y 2020. Era necesario que los participantes del estudio fuesen niños de entre 3 y 7 años y asistiesen a educación preescolar. Además, el estudio debía utilizar intervenciones enfocadas al cuerpo durante al menos una semana y obligatoriamente en el contexto de la escuela.

Hasta la fecha, es la primera revisión sistemática para conocer los efectos de las intervenciones enfocadas al cuerpo en los contextos educativos sobre las competencias socioemocionales de niños en edad preescolar.

A pesar de la dificultad para identificar cuál es la “dosis” de intervención ideal, el consenso emergente entre los investigadores apunta a que los niños que recibieron más sesiones demostraron mayores resultados. Sin embargo, según el análisis realizado, no hay evidencias suficientes de esta idea.

Algunos de los instrumentos de evaluación utilizados en los estudios incluidos, fueron autoinformes de padres y maestros. El uso de informes de los padres se basa en la idea que los padres ven, y en su conocimiento del niño en varios contextos, por lo tanto, pueden observarlos en situaciones muy distintas. Sin embargo, pueden dejarse llevar por el impulso de crear una imagen positiva de sus hijos y por ello, su opinión puede estar sesgada.

Hubo evidencias limitadas de los efectos positivos de este tipo de intervenciones en el reconocimiento de emociones, en las estrategias de regulación emocional y en la cooperación e independencia social. Sin embargo, los autores sí consideran que las experiencias corporales y emocionales proporcionadas por estas intervenciones posiblemente faciliten el reconocimiento y regulación de las emociones.

Estas habilidades son esenciales para las interacciones sociales y son predictoras de conductas sociales cooperativas.

También hubo evidencias, si bien limitadas, de que estas intervenciones mejoran la interacción en el juego y la habilidad en este, los problemas de conducta y la hiperactividad.

Las investigaciones futuras no deben omitir datos importantes, como ocurrió en algunas de las analizadas, sobre, por ejemplo, criterios de elegibilidad.

Los autores señalan la necesidad de conocer exactamente qué tipo de intervención orientada al cuerpo es más útil para el desarrollo de las competencias socioemocionales en niños de estas edades y lo marcan como uno de los objetivos principales de futuros estudios.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Hong Kong women project a larger body when speaking to attractive men”, de Lee, A. y Ng, E. (2022), en el que los autores realizan un pequeño experimento para saber si las mujeres heterosexuales realizan cambios en su voz cuando hablan con hombres que les resultan atractivos.

¿Tener una voz bonita nos reporta beneficios sociales? Según algunos estudios, parece que sí. Los oyentes tienden a asociarla con una cara atractiva, una personalidad simpática, e incluso una buena salud. 

Además, percibir a una persona como atractiva y más simpática, conduce a ventajas en citas, solicitudes de empleo, ascensos en el trabajo, elecciones públicas, más apoyo social… 

Sin embargo, aunque la apariencia física no se puede alterar fácilmente, sí se puede modular la voz y con ello, influir en la percepción que los demás tienen de nuestra apariencia. 

Entonces, ¿cómo conseguir esto? ¿Cuáles son las tendencias de modulación de la voz para influir en nuestro atractivo físico?

Existen dos hipótesis, aparentemente contrapuestas, que buscan explicar la fonética de una voz atractiva. Son la hipótesis del promedio y la proyección del tamaño corporal. 

La primera hipótesis defiende el fenómeno del atractivo del promedio, y argumenta que las voces similares a la media de la población se consideran más atractivas. 

Desde el punto de vista evolutivo, la voz promedio puede indicar buenos genes ya que ha resistido a los cambios adaptativos y se ha convertido en la norma, produciendo un efecto similar al de las caras promedio, que parecen sugerir una buena condición física y de salud. 

Por otro lado, la hipótesis de proyección del tamaño del cuerpo sostiene que los animales usan su voz para proyectar diferentes tamaños corporales y cumplir con ciertas funciones comunicativas. 

Extendiendo esta idea a los humanos, un estudio descubrió que una voz masculina, en inglés, atractiva para las oyentes femeninas heterosexuales, era una que sonaba como procedente de una persona grande, ocurriendo lo contrario para una voz femenina y oyentes masculinos heterosexuales. 

En general, parece que una voz atractiva es aquella que se asemeja a la media de la población, con ciertos tamaños corporales proyectados que agregan efectos de realce, pero sin desviarse del promedio. 

Se ha visto, sin embargo, que las hablantes femeninas estadounidenses utilizan cada vez más un cierto tono chirriante en sus voces. Esto parece desviarse del principio de proyección del tamaño del cuerpo, ya que se considera que ésta característica pertenece a un cuerpo grande por su sonoridad. También hay evidencias de que el uso de la voz chirriante por parte de las mujeres estadounidenses se considera menos atractivo que una voz normal. 

Por lo tanto, parece ser que no todos los cambios que se producen en las estrategias vocales se alinean con lo que el sexo opuesto considera atractivo. 

Otros estudios realizados con población no occidental encontraron que, si bien los principios generales de la voz promedio y la proyección del tamaño del cuerpo pueden mantenerse, existen ciertas desviaciones específicas según el idioma en el que se hable. Por ejemplo, en japonés y mandarín, la proyección de un tamaño corporal muy grande no sería atractivo ni para hombres ni para mujeres. 

Partiendo de estas ideas y estudios, los autores investigan los cambios vocales en las mujeres heterosexuales cuando se dirigen a un hombre que les resulta atractivo, todo ello en el contexto del habla cantonesa. 

Un total de 19 mujeres participaron en el estudio. Primero vieron unas fotografías de hombres y tuvieron que decir cuáles les parecían atractivos, en una escala del 1 al 10. Con base en las calificaciones anteriores, se les presentaron imágenes de los más atractivos por un lado y también los menos atractivos y se les propuso a las mujeres un juego de rol: tenían que fingir que eran compañeros de universidad y hacerles una pregunta hablada, que posteriormente sería analizada. 

Incluso con las variaciones interlingüísticas, los autores esperaban que las mujeres cantonesas usaran al menos algunas señales que proyectasen un tamaño corporal pequeño. De forma inesperada, las participantes parecían tratar de proyectar una voz que sonara grande cuando hablaban con una cara atractiva.

Esto puede ser porque intentasen, de forma deliberada, sonar menos nerviosas o ansiosas frente a una pareja potencial atractiva. Sin embargo, esta idea debe interpretarse de forma cautelosa. 

Estudios futuros deberían analizar otros factores, los autores sugieren investigar si el ciclo menstrual tiene alguna influencia y también aumentar el número de sujetos del estudio. 

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Gender Biases in Estimation of Others’ Pain”, de Zang, L.; Reynolds Losin, E. A.; Ashar, Y. K.; Koban, L. y Wager, T. D. (2021), donde los autores realizan dos experimentos para saber si las mujeres sienten o expresan más dolor que los hombres o es al contrario. 

La estimación precisa del dolor de los demás a partir de señales no verbales es un aspecto esencial de la comunicación interpersonal, ya que es la base de la empatía y los cuidados. 

Reconocer el dolor de los demás es una habilidad interpersonal cada vez más valiosa, tanto para los médicos como para el resto de la población. 

Aunque el dolor se suele evaluar a través de autoinformes, el reconocimiento de las expresiones faciales de dolor es una parte muy importante de la evaluación. 

Como las expresiones de dolor son comportamientos comunicativos, las interpretaciones de los observadores de esas expresiones son un aspecto crucial de la comunicación del dolor. Estas interpretaciones se ven afectadas no sólo por las características de las expresiones de dolor, sino también por el conocimiento del observador y los sesgos que tenga sobre el dolor y las características de quienes lo padecen. 

Por ejemplo, varios estudios han probado que es más probable que se recomiende tratamiento psicológico para las mujeres que sufren una dolencia más que para los hombres, a los que se les recetan analgésicos. Por tanto, las pacientes femeninas tardan más tiempo en recibir medicación analgésica. Sin embargo, es importante señalar que existen otros estudios sobre los sesgos sexuales en el tratamiento del dolor que muestran el patrón opuesto, o ninguna diferencia sexual significativa. 

A pesar de las evidencias clínicas de subestimación y tratamiento insuficiente del dolor en las pacientes femeninas, los hallazgos de laboratorio sobre los sesgos sexuales han sido inconsistentes y de hecho, en algunos estudios se ha determinado que las mujeres sienten más dolor que los hombres, teniendo en cuenta sus expresiones faciales. 

Es decir, parece que una gran parte de los resultados en la evaluación del dolor la deciden las expresiones faciales. Por tanto, controlar las medidas objetivas de la expresividad facial en general y del dolor en particular, es un paso importante para aislar el sesgo del perceptor. 

En este contexto también existen estereotipos de género relacionados con el dolor, por ejemplo, que las mujeres se quejan más que los hombres y no informan de forma precisa de su dolor, o que los hombres son más sensatos y cuando se quejan de su dolor, es real. Estas creencias afectarían a la evaluación del dolor y su tratamiento. 

Para profundizar en el tema, los autores realizaron dos experimentos. Primero, compararon las diferencias en la estimación del dolor en hombres y mujeres, controlando que haya el mismo nivel de expresividad facial y también controlando el dolor autoinformado por los pacientes. Esto es necesario porque la cantidad de dolor que experimentan los pacientes es muy variable, también porque la respuesta facial al dolor es una de las señales más destacadas que utilizamos para estimar el dolor, y por último, porque la expresividad de los pacientes puede afectar a las estimaciones del observador a través de la empatía. 

Para el experimento 1, participaron 50 voluntarios que tuvieron que ver una serie de videos de rostros de personas que experimentaban algún dolor. Cada vídeo fue codificado a través del sistema FACS, y fueron especialmente relevantes las unidades de acción AU4 (descenso de las cejas), AU6 y 7 (contracción de los párpados), AU9 y 10 (contracción del elevador) y AU43 (cierre de ojos). Estas unidades de acción son representativas de la emoción del dolor.

Además, los vídeos incluían un autoinforme de los pacientes donde calificaban su propio dolor. 

El objetivo de este experimento fue probar si el sexo de los pacientes afecta a la estimación del dolor según los observadores. La hipótesis era que si no se controlaba la intensidad de las expresiones faciales, las pacientes femeninas serían percibidas como con más dolor que los pacientes masculinos. Si, por otro lado, hubiese niveles similares de expresión y dolor autoinformado, serían los pacientes masculinos los que serían percibidos como pacientes con más dolor. 

Los resultados no respaldaron las hipótesis. No se percibió que los pacientes masculinos y femeninos tuvieran diferentes grados de dolor antes de controlar el dolor, la expresividad facial y el dolor autoinformado del paciente. Sin embargo, se percibió que las pacientes femeninas tenían menos dolor que los pacientes masculinos cuando sí se controlaban las expresiones faciales y los autoinformes. 

El segundo experimento fue muy similar, salvo que se añadieron unos cuestionarios de opinión sobre el tratamiento para el dolor y los estereotipos de género. 

En general, se subestimó el dolor de las mujeres en relación con el dolor autoinformado, mientras que sobreestimaron el de los hombres. Además, las pacientes femeninas, según los observadores, se beneficiarían más de la psicoterapia que los pacientes masculinos. 

La subestimación del dolor y la psicologización en el tratamiento del dolor de las mujeres podría tener efectos secundarios muy negativos en su salud. Por tanto, se debe tener en cuenta la existencia de estos estereotipos y actuar en consecuencia, para que tanto hombres como mujeres reciban el tratamiento que necesitan y su salud no se vea perjudicada. 

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Eye size affects cuteness in different facial expressions and ages”, de Yao, L.; Dai, Q.; Wu, Q.; Liu, Y.; Yu, Y.; Guo, T.; Zhou, M.; Yang, J.; Takahashi, S.; Ejima, Y. y Wu, J. (2022), en el que los autores realizan dos experimentos para investigar cómo influye el tamaño de los ojos en la percepción de ternura. 

El rostro es un estímulo visual especial, con el que estamos familiarizados, y que es capaz de transmitir información emocional a los demás, como la ternura y la belleza. 

La ternura es un estímulo positivo que es provocado, a menudo, por observar bebés humanos o crías de animales. Y esto puede estar relacionado con que la razón de ser de la ternura es la búsqueda de la empatía y la compasión de los observadores, debido a que bebés humanos y animales necesitan de mayores cuidados en edades tempranas. Esto es coherente con los hallazgos de algunos estudios, que han demostrado que la percepción de la ternura de los niños disminuye a medida que crecen y se hacen más autónomos e independientes. 

Lorenz describió, en torno a los años 40, la existencia de un “esquema del bebé”, que sería un mecanismo innato para generar comportamientos de cuidado, y estaría formado por un conjunto de rasgos infantiles, tales como una cabeza y ojos grandes, mejillas y forma corporal regordetas, nariz y boca pequeñas y extremidades cortas y gruesas. Estas características pondrían en funcionamiento el mecanismo, considerando más bonitos a los niños que las poseen y atrayendo la atención y el cuidado de los adultos. 

Otro estudio añadió que la ternura provocada por el “esquema del bebé” no se limitaba sólo a los bebés, sino que los adultos que poseen esos rasgos son también considerados más tiernos. 

Pero, dentro del rostro ¿cuál es el rasgo que más nos suele llamar la atención? Efectivamente, los ojos. Son una característica facial tremendamente importante. Emery argumentó que los ojos contienen la información más importante sobre la identidad y el estado emocional de las personas. 

En un estudio realizado en 2014 y citado en el artículo, se dividieron fotografías de caras de bebés en tres zonas: ojos, nariz y boca. Se midió el número de fijaciones y la duración de éstas, y los resultados mostraron que los observadores se centraron más tiempo y con más frecuencia en los ojos. 

Además, otros estudios han demostrado que lo primero en lo que se fijan los bebés al ver a las personas es en los ojos, lo que les ayuda a reconocer los rostros. 

Esto despertó el interés de los autores y, en este artículo, decidieron investigar si el tamaño de los ojos influye en el nivel de ternura que una persona despierta en otra. 

Para ello se realizaron dos experimentos, en los que intervinieron un total de 24 estudiantes universitarios a los que se mostraron 229 fotografías que se configuraron en escala de grises.

En ellas, aparecían, por un lado, rostros de adultos de 20 a 30 años, con tres expresiones distintas: positiva (sonriendo), neutral y negativa (tristes). Por otro lado, se observaron el mismo tipo de imágenes, divididas en positivas, neutrales y negativas, de rostros de bebés de entre 4 meses y 1 año. Además, tanto a adultos como a bebés se les modificó el tamaño de los ojos, de manera que dentro de cada categoría (expresión positiva, neutral o negativa), había tres variaciones: ojos pequeños, medianos y grandes. 

Es decir, para las fotografías de los adultos, los sujetos se encontraron con: rostros con expresión positiva y ojos pequeños, con expresión positiva y ojos medianos, con expresión positiva y ojos grandes, y así sucesivamente con el resto de expresiones. 

En el primero de los experimentos, los sujetos tuvieron que realizar una comparación, por un lado, entre los rostros de los adultos con la diferenciación del tamaño de los ojos, y decir cuál les resultaba más agradable o les provocaba más ternura. Hicieron lo mismo con las fotografías de los rostros de los bebés. 

En el segundo experimento, compararon las fotografías de los adultos con las fotografías de los bebés y calificaron la ternura

El principal hallazgo del estudio es que, tanto en adultos como en bebés, el tamaño de los ojos tiene un efecto significativo en la ternura, en los tres tipos de expresiones: cuanto más grandes, más ternura. 

En la comparación entre únicamente adultos mostró que sólo cambiando el tamaño de los ojos, la percepción de la ternura cambia. 

Sin embargo, los resultados parecieron indicar que el cambio en la ternura producido por el tamaño de los ojos, no hizo que los adultos resultasen más tiernos que los bebés. 

Como antes se ha indicado, la ternura es un mecanismo de protección para bebés y niños para atraer la atención y los cuidados, por lo que esta última idea cobra sentido. 

También hemos mencionado que en otros estudios se vio que los ojos son la parte del rostro a la que más atención prestamos. Entonces, parece lógico que cuando aumente el tamaño de éstos también lo haga la atención del observador. 

Los autores señalan que sería interesante continuar avanzando en la investigación sobre este tema, para solventar algunas de las limitaciones de estos experimentos, como el pequeño número de sujetos participantes. 

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