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Paula Atienza

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Predicting Dishonesty When the Stakes are High: Physiologic Responses During Face-to-Face interactions identifies who Reneges on Promises to Cooperate”, de Zak, P. J.; Barraza, J. A.; Hu, X.; Zahedzadeh, G. y Murraya, J. (2022), en el que los autores realizan un experimento donde los sujetos participan en un juego financiero e intentan obtener pruebas de los cambios fisiológicos que, según la literatura previa, se producen en el cuerpo cuando uno miente. 

Ya sabemos que la comunicación y las interacciones cara a cara pueden influir en las decisiones que tomamos, debido a múltiples factores no verbales e incluso de distinta naturaleza que pueden activar estereotipos, como el género, la ropa, los tatuajes, el atractivo…

Esto es especialmente importante en los ámbitos estratégicos y de negociación, donde la comunicación puede aumentar la comprensión de los demás y reforzar la cooperación, mejorando los resultados para ambas partes. 

Además, un dato muy importante, es que las interacciones previas al momento de toma de decisiones, las charlas inocentes o banales, también influyen en el proceso estratégico. Se cree que, mayoritariamente, pueden aumentar la cooperación. 

Aún así, debemos tener en cuenta, en esta época en que las reuniones telemáticas sustituyen a las reuniones presenciales, que esta influencia de la comunicación se da mucho más fácilmente en las reuniones cara a cara y no tanto en las reuniones remotas. 

Sin embargo, las oportunidades de comunicarse también brindan la oportunidad de engañar y hacer trampas. El engaño y la manipulación son aspectos clave de muchas interacciones estratégicas, incluidas las operaciones militares, las negociaciones o incluso jugar al póker.

Pero hay malas noticias para los mentirosos: el ocultamiento y la distorsión requieren un esfuerzo cognitivo extra. El engaño involucra varios procesos cognitivos que son muy costosos, por ejemplo, el uso de la memoria de trabajo y la inhibición de respuestas. La excitación fisiológica, la ansiedad durante la comunicación, la dilatación de las pupilas, entre otras, son señales asociadas al engaño. 

Además, los niveles de estrés se pueden medir porque las hormonas asociadas a él aumentan su presencia en la sangre, por lo que, si mentir causa estrés, podría averiguarse cuándo está sucediendo si observamos el nivel de estas hormonas en nuestro cuerpo. 

Desde un enfoque evolucionista, se cree que las criaturas que viven en grupo, como los humanos, han tenido que desarrollar mecanismos fisiológicos para identificar a los individuos que probablemente cooperarán con el grupo o no. 

Algunos de estos mecanismos pueden ser reconocibles de forma consciente, como la sonrisa de Duchenne. Otros, sólo son percibidos de forma inconsciente. 

Las intenciones de los autores con este estudio eran evaluar la confianza entre adultos que se comunican cara a cara antes de participar en un juego donde, por parejas, y si cooperan, pueden ganar una suma importante de dinero. 

En el experimento participaron 75 sujetos. Tuvieron que participar en el llamado “juego de la confianza”. En él, un software les asignó parejas y un rol a cada una de las dos personas de  cada pareja. El jugador 1 debía transferir una cantidad de dinero al jugador 2, que saldría de su propia asignación. Lo transferido al jugador 2, se multiplicaría por un determinado valor. El jugador 2 sería avisado de la cantidad recibida y, de ésta, debería devolverle al jugador 1 una cantidad que no sería multiplicada. Si la cooperación entre ambos era buena, podían ganar hasta 500$.

Los expertos señalan que la transferencia del jugador 1 al jugador 2 mide la confianza, mientras que la transferencia del jugador 2 al jugador 1 mediría la confiabilidad. 

Sin embargo, lo más interesante de este experimento es que los jugadores tuvieron una charla de un par de minutos antes de participar en el juego. Se les comentó que podían discutir entre ambos una estrategia a seguir, aunque no era obligatorio. 

Los resultados obtenidos sugieren que, si bien casi todas las conversaciones entre las parejas del juego dieron como resultado un compromiso de cooperación, aproximadamente un tercio de los jugadores incumplieron sus promesas. La hipótesis inicial que tenían los investigadores era que se observarían niveles altos de hormonas del estrés en aquellas personas que mintiesen. Al medir los niveles hormonales antes y después de la interacción, se vio cómo quienes habían mentido tenían un aumento de este tipo de hormonas en sangre

Además, cuando los jugadores mintieron, reportaron, en autoinformes posteriores al juego, un aumento de las emociones negativas, lo que revela el coste psicológico del engaño. 

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Shall I Show My Emotions? The Effects of Facial Expressions in the Ultimatum Game” de Ferracci, S.; Giuliani, F.; Brancucci, A. y Pietroni, D. (2021), en el que los autores realizan un par de experimentos para saber cómo afecta la expresión de algunas emociones a los momentos más tensos de una negociación. 

En los últimos años se ha demostrado que las emociones tienen un papel esencial y central en la comunicación de las intenciones y los deseos. 

Las emociones y la información asociada a ellas se pueden transmitir a través de expresiones faciales durante interacciones sociales específicas, donde su inferencia puede influir en procesos de toma de decisiones, como por ejemplo, las negociaciones

El juego del ultimátum tiene mucho que ver con las negociaciones. Fue desarrollado hace cuarenta años como una representación de la realidad de las negociaciones. En este juego, un jugador propone cómo asignar una determinada cantidad de dinero entre él y otro jugador. Este segundo jugador puede aceptar la propuesta, en cuyo caso cada uno recibirá la cantidad decidida, o bien puede rechazarla, haciendo que ninguno de los jugadores reciba dinero. 

Según la economía clásica, el que responde tendría que aceptar cualquier oferta mayor que 0, ya que cualquier cosa es mejor que nada. Sin embargo, se ha observado que los participantes tienden a rechazar las ofertas que están, aproximadamente, por debajo del 30% del total, prefiriendo no ganar nada antes que aceptar una distribución desigual del dinero. Por tanto, frente a la teoría económica clásica, aparece el comportamiento humano y su intolerancia a la desigualdad. 

A partir de esta idea, surge la duda de cómo influye la expresión de las emociones humanas en las negociaciones, tema que ha sido estudiado con anterioridad.

En algunos de estos artículos previos, parece ser que las ofertas propuestas con una cara sonriente fueron aceptadas con mayor frecuencia en comparación con las realizadas con una expresión facial neutra. Además, solía haber tasas de aceptación más bajas si las ofertas eran realizadas por una persona con expresión facial de enfado. 

El comportamiento del respondedor, por otro lado, podría estar más impulsado por la sensación de justicia y equidad percibidas de la que ya hemos hablado antes. 

En cuanto a los estudios que hacían que el participante asumiera el papel del proponente, Van Dijk estudió los efectos de la alegría y la ira del respondedor sobre las ofertas del proponente. Encontró que el enfado del respondedor llevaba al proponente a hacer mejores ofertas.

Estos estudios señalan que los proponentes deben tener mucho cuidado en captar el estado emocional de quien responde, ya que así pueden utilizar información obtenida para modular sus respuestas posteriores.

También es interesante el papel de la ira, con resultados diferentes. Por un lado, hay estudios que demuestran que cuando el respondedor reacciona con ira, el proponente realiza más concesiones. Pero por otro lado, hay estudios que afirman lo contrario. 

Los autores deciden explorar y esta y otras cuestiones en dos experimentos. En el primero de ellos participaron 113 personas. Los autores seleccionaron imágenes de rostros que se manipularon para ofrecer cuatro expresiones: feliz, neutral, enfadado/a y asqueado/a. Los participantes, en este caso, fueron los que debían responder si aceptaban o no la oferta. 

En el segundo experimento, a todos los participantes se les asignó el rol contrario, el de proponente. Participaron 134 sujetos y la metodología y el procedimiento fueron los mismos. 

Los resultados mostraron que, en el experimento uno, para la persona que responde la decisión está fuertemente impulsada por la equidad en la oferta, tal y como los autores esperaban. 

También las emociones tuvieron efecto: la emoción neutral y la felicidad llevaron a tasas más altas de aceptación en comparación con la ira y el asco. 

Algunas teorías han intentado explicar los comportamientos irracionales en la toma de decisiones relacionadas con la equidad, como la de “la aversión a la desigualdad”, que confirma las preferencias de los individuos por resultados justos. 

Por otro lado, en el experimento dos, los participantes, en el rol de los proponentes modularon sus ofertas en función de las expresiones que vieron en los rostros de los respondedores.

Específicamente, la ira y el asco no tuvieron efectos diferenciales y se percibieron como igualmente negativos. Se propusieron ofertas más generosas a aquellos con expresiones neutrales, y más generosas aún a los que mostraban expresiones faciales de felicidad. 

Entonces ¿qué pasa con la ira y los estudios previos con ideas contrapuestas? Un trabajo realizado por Steinel y colegas propone la idea de que la ira tendrá un efecto u otro en función de hacia dónde se proyecta. 

Cuando la emoción se dirige a la oferta, puede entenderse como una estrategia para conocer los límites del oponente y, por tanto, puede dar lugar a mayores concesiones. 

Por el contrario, si la emoción se dirige a la persona, puede conducir a resultados negativos, indicando poca cooperación. 

Los autores señalan la necesidad de seguir investigando, sobre todo para conocer los efectos de la ira y el asco en profundidad, y mejorar estos experimentos, por ejemplo, con incentivos reales y más altos. 

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Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Effects of Body-Oriented Interventions on Preschoolers’ Social-emotional Competence: A systematic review” de Dias Rodrigues, A.; Cruz-Ferreira, A.; Marmeleira, J. y Veiga, G. (2022), en el que los autores realizan una revisión de la literatura previa sobre las intervenciones orientadas al cuerpo con niños de preescolar, para saber si éstas mejoran sus capacidades socioemocionales, entre otras.

La primera infancia es un período fundamental de la vida. En él hay un desarrollo muy significativo de las competencias socioemocionales, que son una base muy importante para la salud, el bienestar y el éxito de los niños. Estas competencias son también cruciales para que los niños se enfrenten a factores estresantes, desafíos actuales y futuros.

Cuando hablamos de competencias socioemocionales nos referimos a competencias sociales (capacidad de resolver problemas, ajustar la conducta según la situación social, etcétera) y emocionales (comprensión, regulación y expresión de las emociones) que trabajan juntas hacia el desarrollo adaptativo.

Estas competencias socioemocionales se desarrollan desde edades muy tempranas a través del proceso de socialización de emociones, es decir, a través del modelado, la observación y la comunicación de las emociones.

En las últimas décadas se han implementado varios programas de intervención en contextos educativos con el objetivo de promover el desarrollo de las competencias socioemocionales en niños.

Uno de estos tipos de intervenciones son las orientadas al cuerpo, que nos interesan especialmente porque asumen que las experiencias corporales y emocionales están asociadas entre sí y relacionadas con la psicomotricidad, el juego, la danza, la actividad física o la relajación. Es decir: elementos no verbales.

Todo esto serviría para tener conciencia del cuerpo, del cuerpo en relación con los demás y la conexión entre éste y la emociones.

Un fuerte grupo de evidencias respalda la efectividad de estas intervenciones en el contexto educativo. Es por ello que la investigación trata sobre este contexto específicamente.

El objetivo es saber si efectivamente hay una mejora de las competencias socioemocionales con estas intervenciones enfocadas al cuerpo que utilizan elementos no verbales de comunicación.

El proceso fue el siguiente: se escogieron una serie de artículos, recopilados de varias bases de datos, publicados entre 2000 y 2020. Era necesario que los participantes del estudio fuesen niños de entre 3 y 7 años y asistiesen a educación preescolar. Además, el estudio debía utilizar intervenciones enfocadas al cuerpo durante al menos una semana y obligatoriamente en el contexto de la escuela.

Hasta la fecha, es la primera revisión sistemática para conocer los efectos de las intervenciones enfocadas al cuerpo en los contextos educativos sobre las competencias socioemocionales de niños en edad preescolar.

A pesar de la dificultad para identificar cuál es la “dosis” de intervención ideal, el consenso emergente entre los investigadores apunta a que los niños que recibieron más sesiones demostraron mayores resultados. Sin embargo, según el análisis realizado, no hay evidencias suficientes de esta idea.

Algunos de los instrumentos de evaluación utilizados en los estudios incluidos, fueron autoinformes de padres y maestros. El uso de informes de los padres se basa en la idea que los padres ven, y en su conocimiento del niño en varios contextos, por lo tanto, pueden observarlos en situaciones muy distintas. Sin embargo, pueden dejarse llevar por el impulso de crear una imagen positiva de sus hijos y por ello, su opinión puede estar sesgada.

Hubo evidencias limitadas de los efectos positivos de este tipo de intervenciones en el reconocimiento de emociones, en las estrategias de regulación emocional y en la cooperación e independencia social. Sin embargo, los autores sí consideran que las experiencias corporales y emocionales proporcionadas por estas intervenciones posiblemente faciliten el reconocimiento y regulación de las emociones.

Estas habilidades son esenciales para las interacciones sociales y son predictoras de conductas sociales cooperativas.

También hubo evidencias, si bien limitadas, de que estas intervenciones mejoran la interacción en el juego y la habilidad en este, los problemas de conducta y la hiperactividad.

Las investigaciones futuras no deben omitir datos importantes, como ocurrió en algunas de las analizadas, sobre, por ejemplo, criterios de elegibilidad.

Los autores señalan la necesidad de conocer exactamente qué tipo de intervención orientada al cuerpo es más útil para el desarrollo de las competencias socioemocionales en niños de estas edades y lo marcan como uno de los objetivos principales de futuros estudios.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Hong Kong women project a larger body when speaking to attractive men”, de Lee, A. y Ng, E. (2022), en el que los autores realizan un pequeño experimento para saber si las mujeres heterosexuales realizan cambios en su voz cuando hablan con hombres que les resultan atractivos.

¿Tener una voz bonita nos reporta beneficios sociales? Según algunos estudios, parece que sí. Los oyentes tienden a asociarla con una cara atractiva, una personalidad simpática, e incluso una buena salud. 

Además, percibir a una persona como atractiva y más simpática, conduce a ventajas en citas, solicitudes de empleo, ascensos en el trabajo, elecciones públicas, más apoyo social… 

Sin embargo, aunque la apariencia física no se puede alterar fácilmente, sí se puede modular la voz y con ello, influir en la percepción que los demás tienen de nuestra apariencia. 

Entonces, ¿cómo conseguir esto? ¿Cuáles son las tendencias de modulación de la voz para influir en nuestro atractivo físico?

Existen dos hipótesis, aparentemente contrapuestas, que buscan explicar la fonética de una voz atractiva. Son la hipótesis del promedio y la proyección del tamaño corporal. 

La primera hipótesis defiende el fenómeno del atractivo del promedio, y argumenta que las voces similares a la media de la población se consideran más atractivas. 

Desde el punto de vista evolutivo, la voz promedio puede indicar buenos genes ya que ha resistido a los cambios adaptativos y se ha convertido en la norma, produciendo un efecto similar al de las caras promedio, que parecen sugerir una buena condición física y de salud. 

Por otro lado, la hipótesis de proyección del tamaño del cuerpo sostiene que los animales usan su voz para proyectar diferentes tamaños corporales y cumplir con ciertas funciones comunicativas. 

Extendiendo esta idea a los humanos, un estudio descubrió que una voz masculina, en inglés, atractiva para las oyentes femeninas heterosexuales, era una que sonaba como procedente de una persona grande, ocurriendo lo contrario para una voz femenina y oyentes masculinos heterosexuales. 

En general, parece que una voz atractiva es aquella que se asemeja a la media de la población, con ciertos tamaños corporales proyectados que agregan efectos de realce, pero sin desviarse del promedio. 

Se ha visto, sin embargo, que las hablantes femeninas estadounidenses utilizan cada vez más un cierto tono chirriante en sus voces. Esto parece desviarse del principio de proyección del tamaño del cuerpo, ya que se considera que ésta característica pertenece a un cuerpo grande por su sonoridad. También hay evidencias de que el uso de la voz chirriante por parte de las mujeres estadounidenses se considera menos atractivo que una voz normal. 

Por lo tanto, parece ser que no todos los cambios que se producen en las estrategias vocales se alinean con lo que el sexo opuesto considera atractivo. 

Otros estudios realizados con población no occidental encontraron que, si bien los principios generales de la voz promedio y la proyección del tamaño del cuerpo pueden mantenerse, existen ciertas desviaciones específicas según el idioma en el que se hable. Por ejemplo, en japonés y mandarín, la proyección de un tamaño corporal muy grande no sería atractivo ni para hombres ni para mujeres. 

Partiendo de estas ideas y estudios, los autores investigan los cambios vocales en las mujeres heterosexuales cuando se dirigen a un hombre que les resulta atractivo, todo ello en el contexto del habla cantonesa. 

Un total de 19 mujeres participaron en el estudio. Primero vieron unas fotografías de hombres y tuvieron que decir cuáles les parecían atractivos, en una escala del 1 al 10. Con base en las calificaciones anteriores, se les presentaron imágenes de los más atractivos por un lado y también los menos atractivos y se les propuso a las mujeres un juego de rol: tenían que fingir que eran compañeros de universidad y hacerles una pregunta hablada, que posteriormente sería analizada. 

Incluso con las variaciones interlingüísticas, los autores esperaban que las mujeres cantonesas usaran al menos algunas señales que proyectasen un tamaño corporal pequeño. De forma inesperada, las participantes parecían tratar de proyectar una voz que sonara grande cuando hablaban con una cara atractiva.

Esto puede ser porque intentasen, de forma deliberada, sonar menos nerviosas o ansiosas frente a una pareja potencial atractiva. Sin embargo, esta idea debe interpretarse de forma cautelosa. 

Estudios futuros deberían analizar otros factores, los autores sugieren investigar si el ciclo menstrual tiene alguna influencia y también aumentar el número de sujetos del estudio. 

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Gender Biases in Estimation of Others’ Pain”, de Zang, L.; Reynolds Losin, E. A.; Ashar, Y. K.; Koban, L. y Wager, T. D. (2021), donde los autores realizan dos experimentos para saber si las mujeres sienten o expresan más dolor que los hombres o es al contrario. 

La estimación precisa del dolor de los demás a partir de señales no verbales es un aspecto esencial de la comunicación interpersonal, ya que es la base de la empatía y los cuidados. 

Reconocer el dolor de los demás es una habilidad interpersonal cada vez más valiosa, tanto para los médicos como para el resto de la población. 

Aunque el dolor se suele evaluar a través de autoinformes, el reconocimiento de las expresiones faciales de dolor es una parte muy importante de la evaluación. 

Como las expresiones de dolor son comportamientos comunicativos, las interpretaciones de los observadores de esas expresiones son un aspecto crucial de la comunicación del dolor. Estas interpretaciones se ven afectadas no sólo por las características de las expresiones de dolor, sino también por el conocimiento del observador y los sesgos que tenga sobre el dolor y las características de quienes lo padecen. 

Por ejemplo, varios estudios han probado que es más probable que se recomiende tratamiento psicológico para las mujeres que sufren una dolencia más que para los hombres, a los que se les recetan analgésicos. Por tanto, las pacientes femeninas tardan más tiempo en recibir medicación analgésica. Sin embargo, es importante señalar que existen otros estudios sobre los sesgos sexuales en el tratamiento del dolor que muestran el patrón opuesto, o ninguna diferencia sexual significativa. 

A pesar de las evidencias clínicas de subestimación y tratamiento insuficiente del dolor en las pacientes femeninas, los hallazgos de laboratorio sobre los sesgos sexuales han sido inconsistentes y de hecho, en algunos estudios se ha determinado que las mujeres sienten más dolor que los hombres, teniendo en cuenta sus expresiones faciales. 

Es decir, parece que una gran parte de los resultados en la evaluación del dolor la deciden las expresiones faciales. Por tanto, controlar las medidas objetivas de la expresividad facial en general y del dolor en particular, es un paso importante para aislar el sesgo del perceptor. 

En este contexto también existen estereotipos de género relacionados con el dolor, por ejemplo, que las mujeres se quejan más que los hombres y no informan de forma precisa de su dolor, o que los hombres son más sensatos y cuando se quejan de su dolor, es real. Estas creencias afectarían a la evaluación del dolor y su tratamiento. 

Para profundizar en el tema, los autores realizaron dos experimentos. Primero, compararon las diferencias en la estimación del dolor en hombres y mujeres, controlando que haya el mismo nivel de expresividad facial y también controlando el dolor autoinformado por los pacientes. Esto es necesario porque la cantidad de dolor que experimentan los pacientes es muy variable, también porque la respuesta facial al dolor es una de las señales más destacadas que utilizamos para estimar el dolor, y por último, porque la expresividad de los pacientes puede afectar a las estimaciones del observador a través de la empatía. 

Para el experimento 1, participaron 50 voluntarios que tuvieron que ver una serie de videos de rostros de personas que experimentaban algún dolor. Cada vídeo fue codificado a través del sistema FACS, y fueron especialmente relevantes las unidades de acción AU4 (descenso de las cejas), AU6 y 7 (contracción de los párpados), AU9 y 10 (contracción del elevador) y AU43 (cierre de ojos). Estas unidades de acción son representativas de la emoción del dolor.

Además, los vídeos incluían un autoinforme de los pacientes donde calificaban su propio dolor. 

El objetivo de este experimento fue probar si el sexo de los pacientes afecta a la estimación del dolor según los observadores. La hipótesis era que si no se controlaba la intensidad de las expresiones faciales, las pacientes femeninas serían percibidas como con más dolor que los pacientes masculinos. Si, por otro lado, hubiese niveles similares de expresión y dolor autoinformado, serían los pacientes masculinos los que serían percibidos como pacientes con más dolor. 

Los resultados no respaldaron las hipótesis. No se percibió que los pacientes masculinos y femeninos tuvieran diferentes grados de dolor antes de controlar el dolor, la expresividad facial y el dolor autoinformado del paciente. Sin embargo, se percibió que las pacientes femeninas tenían menos dolor que los pacientes masculinos cuando sí se controlaban las expresiones faciales y los autoinformes. 

El segundo experimento fue muy similar, salvo que se añadieron unos cuestionarios de opinión sobre el tratamiento para el dolor y los estereotipos de género. 

En general, se subestimó el dolor de las mujeres en relación con el dolor autoinformado, mientras que sobreestimaron el de los hombres. Además, las pacientes femeninas, según los observadores, se beneficiarían más de la psicoterapia que los pacientes masculinos. 

La subestimación del dolor y la psicologización en el tratamiento del dolor de las mujeres podría tener efectos secundarios muy negativos en su salud. Por tanto, se debe tener en cuenta la existencia de estos estereotipos y actuar en consecuencia, para que tanto hombres como mujeres reciban el tratamiento que necesitan y su salud no se vea perjudicada. 

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y cómo influye en con las relaciones interpersonales, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Eye size affects cuteness in different facial expressions and ages”, de Yao, L.; Dai, Q.; Wu, Q.; Liu, Y.; Yu, Y.; Guo, T.; Zhou, M.; Yang, J.; Takahashi, S.; Ejima, Y. y Wu, J. (2022), en el que los autores realizan dos experimentos para investigar cómo influye el tamaño de los ojos en la percepción de ternura. 

El rostro es un estímulo visual especial, con el que estamos familiarizados, y que es capaz de transmitir información emocional a los demás, como la ternura y la belleza. 

La ternura es un estímulo positivo que es provocado, a menudo, por observar bebés humanos o crías de animales. Y esto puede estar relacionado con que la razón de ser de la ternura es la búsqueda de la empatía y la compasión de los observadores, debido a que bebés humanos y animales necesitan de mayores cuidados en edades tempranas. Esto es coherente con los hallazgos de algunos estudios, que han demostrado que la percepción de la ternura de los niños disminuye a medida que crecen y se hacen más autónomos e independientes. 

Lorenz describió, en torno a los años 40, la existencia de un “esquema del bebé”, que sería un mecanismo innato para generar comportamientos de cuidado, y estaría formado por un conjunto de rasgos infantiles, tales como una cabeza y ojos grandes, mejillas y forma corporal regordetas, nariz y boca pequeñas y extremidades cortas y gruesas. Estas características pondrían en funcionamiento el mecanismo, considerando más bonitos a los niños que las poseen y atrayendo la atención y el cuidado de los adultos. 

Otro estudio añadió que la ternura provocada por el “esquema del bebé” no se limitaba sólo a los bebés, sino que los adultos que poseen esos rasgos son también considerados más tiernos. 

Pero, dentro del rostro ¿cuál es el rasgo que más nos suele llamar la atención? Efectivamente, los ojos. Son una característica facial tremendamente importante. Emery argumentó que los ojos contienen la información más importante sobre la identidad y el estado emocional de las personas. 

En un estudio realizado en 2014 y citado en el artículo, se dividieron fotografías de caras de bebés en tres zonas: ojos, nariz y boca. Se midió el número de fijaciones y la duración de éstas, y los resultados mostraron que los observadores se centraron más tiempo y con más frecuencia en los ojos. 

Además, otros estudios han demostrado que lo primero en lo que se fijan los bebés al ver a las personas es en los ojos, lo que les ayuda a reconocer los rostros. 

Esto despertó el interés de los autores y, en este artículo, decidieron investigar si el tamaño de los ojos influye en el nivel de ternura que una persona despierta en otra. 

Para ello se realizaron dos experimentos, en los que intervinieron un total de 24 estudiantes universitarios a los que se mostraron 229 fotografías que se configuraron en escala de grises.

En ellas, aparecían, por un lado, rostros de adultos de 20 a 30 años, con tres expresiones distintas: positiva (sonriendo), neutral y negativa (tristes). Por otro lado, se observaron el mismo tipo de imágenes, divididas en positivas, neutrales y negativas, de rostros de bebés de entre 4 meses y 1 año. Además, tanto a adultos como a bebés se les modificó el tamaño de los ojos, de manera que dentro de cada categoría (expresión positiva, neutral o negativa), había tres variaciones: ojos pequeños, medianos y grandes. 

Es decir, para las fotografías de los adultos, los sujetos se encontraron con: rostros con expresión positiva y ojos pequeños, con expresión positiva y ojos medianos, con expresión positiva y ojos grandes, y así sucesivamente con el resto de expresiones. 

En el primero de los experimentos, los sujetos tuvieron que realizar una comparación, por un lado, entre los rostros de los adultos con la diferenciación del tamaño de los ojos, y decir cuál les resultaba más agradable o les provocaba más ternura. Hicieron lo mismo con las fotografías de los rostros de los bebés. 

En el segundo experimento, compararon las fotografías de los adultos con las fotografías de los bebés y calificaron la ternura

El principal hallazgo del estudio es que, tanto en adultos como en bebés, el tamaño de los ojos tiene un efecto significativo en la ternura, en los tres tipos de expresiones: cuanto más grandes, más ternura. 

En la comparación entre únicamente adultos mostró que sólo cambiando el tamaño de los ojos, la percepción de la ternura cambia. 

Sin embargo, los resultados parecieron indicar que el cambio en la ternura producido por el tamaño de los ojos, no hizo que los adultos resultasen más tiernos que los bebés. 

Como antes se ha indicado, la ternura es un mecanismo de protección para bebés y niños para atraer la atención y los cuidados, por lo que esta última idea cobra sentido. 

También hemos mencionado que en otros estudios se vio que los ojos son la parte del rostro a la que más atención prestamos. Entonces, parece lógico que cuando aumente el tamaño de éstos también lo haga la atención del observador. 

Los autores señalan que sería interesante continuar avanzando en la investigación sobre este tema, para solventar algunas de las limitaciones de estos experimentos, como el pequeño número de sujetos participantes. 

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Towards Understanding the Effect of Voice on Human-Agent Negotiation”, de Mania, J.; Miedema, F.; Browne, R.; Broekens, J. y Oertel, C. (2020), en el que los autores se preguntan cómo afecta la dominancia en la voz en las negociaciones.

Con el desarrollo de la tecnología, los agentes virtuales y los robots sociales cada vez más integrados en la sociedad, es importante conocer los efectos de los comportamientos no verbales cuando estamos interactuando. 

Un área muy interesante donde aplicar estos conocimientos es la negociación, donde cada vez con más frecuencia se emplean, precisamente, robots sociales. 

Una negociación está compuesta de varios elementos, que van desde las tácticas de negociación hasta la influencia de la personalidad de quien negocia. Un punto que los autores consideran importante mencionar, es que la negociación entre humanos ha tendido a centrarse mucho más en las tácticas que en este último punto. 

En los últimos años, una cantidad cada vez mayor de investigaciones se ha centrado en dotar a los agentes de negociación virtuales de habilidades sociales comparables a las de los humanos. Un ejemplo es que cada vez son más capaces de adaptar su táctica de negociación según el comportamiento mostrado por el humano. 

También se ha prestado atención a dotar al agente virtual de la capacidad de expresar señales sociales como la dominancia. A través de implementar señales no verbales de distintos canales, como la postura corporal, las expresiones faciales, la mirada, la inclinación de la cabeza, entre otras, se demostró que el dominio como señal de poder, puede afectar también en las negociaciones con agentes virtuales. 

Si bien muchos estudios centrados en este tema enfatizan la importancia de la voz, rara vez se ha estudiado de forma explícita. Además, tampoco se ha estudiado la percepción que tiene el negociador de la voz de la otra persona, y cómo ésto afecta al proceso de negociación. 

El objetivo principal de este estudio es explorar los efectos de la dominancia vocal en la negociación entre humanos. 

La dominación se puede definir como un comportamiento comunicativo que se utiliza para influir en los demás y extender el poder de uno mismo. 

Se ha demostrado que las personas oyentes son capaces de inferir actitudes y estados afectivos del hablante basándose únicamente en características acústicas, y hacerlo, además, con una precisión superior a los niveles del azar. Se sabe que la variabilidad vocal, el volumen, las interrupciones, las pausas, la velocidad del habla, el tono y la relajación vocal son aspectos esenciales para transmitir o no dominio vocal. 

En las interacciones entre personas, el estilo de comunicación agradable y cálido con un alto grado de cortesía, se percibe como de bajo dominio. La persona que presente este comportamiento será percibida como generosa, y esperará que su oponente la recompense con calidez y un buen ambiente en la negociación. Además, estas personas tienden a tener un comportamiento que facilita la apertura hacia el oponente y aumenta la probabilidad de lograr acuerdos. Sin embargo, también es percibido como menos competente y más fácil de explotar. 

Los comportamientos percibidos como dominantes logran mayores ganancias en las negociaciones individuales. Un estilo comunicativo más duro y firme, resulta, de forma general, en mejores resultados económicos y contraofertas más beneficiosas. 

Para examinar la influencia de la expresión verbal de dominio, las tácticas de concesión, y el efecto moderador del tipo de negociación sobre los resultados y la percepción de la negociación, se realizó un experimento online. 

En él, se emplearon dos tipos de tácticas: la individualista y la neutral. La individualista pertenece al grupo de la negociación competitiva y por tanto más dominante; en la táctica neutral se hacen pequeñas concesiones y se tiene un comportamiento más colaborativo. Además, se utilizaron la dominancia vocal y las tácticas de concesión como factores de interés. 

A cada participante se le pidió que jugara a un juego de negociación y al final se le pidió que explicase su opinión sobre la simulación. 

Los resultaros confirmaron en pequeña medida las expectativas derivadas de estudios previos sobre negociaciones entre humanos. Siguiendo los hallazgos de Belkin et al., donde el dominio conduce a mayores ganancias, y los hallazgos de Rosenthal, donde los agentes de negociación dominantes son más persuasivos, se esperaba que el dominio vocal manipulado condujese a mejores resultados de negociación. 

Sin embargo, esto no ocurrió así. En el estudio, el nivel de dominancia se dedujo sólo con la voz, sin señales adicionales como expresiones faciales o gestos. Como consecuencia, los efectos de la dominancia podrían haber sido más leves. 

Además, aunque se usaron la táctica individualista y la táctica neutral, no hubo diferencias significativas en cómo una u otra influyó en la utilidad del acuerdo. 

Sí es cierto que los participantes percibieron la táctica individualista como más injusta que la neutral. En la primera, percibían que el oponente estaba destinado a lograr sólo sus propios objetivos. 

Los participantes percibieron diferencias con respecto al dominio vocal. El grupo que negoció con el agente con dominancia vocal alta, finalizó la negociación en menos rondas. Cuando se interactuó con el agente de dominancia vocal baja, sintieron que había más que ganar y, por lo tanto, negociaron en más rondas.

En estudios futuros, los autores señalan que sería interesante incluir señales multimodales adicionales, como la mirada y las expresiones faciales.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Strong, but Wrong: Lay People’s and Police Officers’ Beliefs about Verbal and Nonverbal Cues to Deception” de Bogaard, G.; Meijer, E. H.; Vrij. A. y Merckelbach, H. (2016), en el que los autores realizan un estudio para saber cómo de equivocados están policías y ciudadanos civiles con respecto a las pistas para detectar una mentira. 

La mentira es la gran protagonista de la comunicación no verbal. Hay estudios que informan de que decimos unas dos mentiras al día. Sin embargo, otros más recientes han demostrado que existen muchas diferencias a nivel individual cuando se trata de mentiras y no se puede considerar esta afirmación como absoluta. 

A pesar de esto, lo que todas las investigaciones afirman es que tenemos mucha experiencia en mentir y que nos mientan y, aún así, nuestra capacidad de detectar el engaño no suele superar el nivel del azar, incluidos los policías.

Una posible explicación puede ser que las personas a menudo tienen creencias incorrectas sobre qué señales son diagnósticas del engaño. Por ejemplo, la creencia de que los mentirosos tienden a apartar la mirada se ha demostrado errónea, pero aún así, la mayoría de las personas confía en ella. Strömwall y Granhag informaron de que la aversión a la mirada y un aumento del movimiento del cuerpo eran, para policías, jueces y fiscales, fuertes señales de engaño. 

Las personas tienden a depender en gran medida de las señales no verbales cuando emiten veredictos de engaño. Sin embargo, una gran cantidad de investigaciones muestra que el engaño no se puede inferir de forma confiable sólo a través del comportamiento. Se necesita, además, prestar atención a las señales verbales. 

Masip (que ha sido en varias ocasiones profesor de nuestro máster en Comunicación No Verbal y Detección de la Mentira) y Herrero, realizaron un estudio en el que preguntaron a policías y ciudadanos civiles cómo se pueden detectar mentiras. Ambos grupos mencionaron que confiaban, principalmente, en señales no verbales.

Como las personas tienden a confiar en las señales no verbales, el contenido verbal se suele ignorar en gran medida, a pesar de que las investigaciones muestran que la precisión del diagnóstico se puede mejorar cuando se confía en el contenido. Sorprendentemente, poca investigación ha analizado las creencias sobre este tipo de señales. 

Se han desarrollado varios métodos de evaluación de la veracidad que se basan específicamente en el contenido de una declaración, como el análisis de contenido basado en criterios (CBCA) o el reality monitoring (RM). 

El CBCA consta de 19 criterios que se espera que estén más presentes en las declaraciones verdaderas que en las inventadas. Por ejemplo, hay evidencia de que los mentirosos generalmente cuentan una historia menos coherente y es menos probable que hagan correcciones espontáneas en sus historias. Además, tienden a describir menos reproducciones de conversaciones. 

El CBCA se desarrolló originalmente para evaluar los testimonios de niños en casos de presuntos abusos sexuales, pero se ha utilizado en numerosos estudios con adultos en contextos distintos de forma exitosa. 

El RM se utiliza para evaluar si un recuerdo se ha originado a partir de una experiencia real o un evento imaginario. La razón de esto, es que es un recuerdo de una experiencia real surge de la percepción y, en consecuencia, contendrá más información sensorial, contextual y afectiva que los recuerdos que se originan en la imaginación.

Se ha encontrado apoyo en estudios previos para algunos criterios de RM, como por ejemplo, que los mentirosos incluyen menos información perceptiva, espacial y temporal en sus relatos, y que las historias de los mentirosos son menos plausibles que las historias de los que dicen la verdad.

En el estudio que nos ocupa, los autores exploran los puntos de vista de los participantes sobre las señales verbales y no verbales a través de preguntas abiertas, y, además, para examinar más a fondo su opinión sobre las señales verbales, se les hizo una serie de preguntas cerradas, obtenidas del CBCA y el RM. 

La muestra estuvo conformada por 95 policías y 104 estudiantes universitarios de los Países Bajos. Los agentes de policía eran detectives o interrogadores profesionales con una media de experiencia de 22 años. 

Cuando los estudiantes y oficiales de policía tuvieron la oportunidad de enumerar las señales que creían que indicaban engaño, hablaron de las señales no verbales estereotipadas y sin apoyo científico, como la aversión de la mirada, el nerviosismo, el movimiento exagerado o la sudoración. 

Además, mencionaron más señales no verbales que verbales para el diagnóstico de la mentira, lo cual está en línea con las investigaciones previas. 

En las preguntas abiertas, los policías mencionaron menos pistas que los estudiantes en general, pero dentro de aquellas que mencionaron, predominaban las pistas verbales

La mayoría de señales de comportamiento que mencionaron los participantes, se remontan a la idea de que mentir hace que los mentirosos se angustien, y esta angustia se muestra en sus expresiones faciales (se sonrojan, sudan, parpadean…), o en sus gestos (están inquietos, su cuerpo se mueve, aparecen gestos ilustradores…). Sin embargo, la gente subestima la importancia de los factores situacionales que pueden influir en el comportamiento de alguien. Por ejemplo, los que dicen la verdad también pueden estar nerviosos por otras razones además del engaño, si por ejemplo el estilo de la entrevista es intimidatorio o tienen miedo a no ser creídos. 

Los oficiales de policía son más cautos al hablar de señales de engaño, probablemente porque para ellos cometer errores en su trabajo es algo más serio que para los estudiantes entrevistados. 

Probablemente, estas creencias sean tan persistentes por la falta de feedback. Es decir, nadie confiesa si efectivamente ha estado mintiendo o no después de una entrevista y menos en un entorno policial. 

Una limitación del estudio es que sólo se investigaron las creencias sobre las mentiras y no se observó el rendimiento real de la detección del engaño. 

Aunque varios estudios ya han demostrado los peligros de confiar en señales no verbales estereotipadas, el estudio actual revela que las personas aún creen que estas señales son útiles para desenmascarar a los mentirosos. Para los profesionales, estas creencias son especialmente dañinas. Ser consciente de ellas podría ser suficiente para cambiar poco a poco su atención a las señales verbales, sobre las cuales, según los hallazgos de este artículo y literatura previa, deberían ser más precisas. 

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Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Gender affects body language Reading” de Sokolov, A. A.; Krüger, S.; Enck, S.; Krägeloh-Mann, I. y Pavlova, M. A. (2012), que realizaron el que fue uno de los primeros estudios sobre las distintas capacidades de hombres y mujeres para entender el lenguaje no verbal.

La lectura del lenguaje corporal es de inmensa importancia para el comportamiento social adaptativo y la comunicación en general. Esta habilidad forma parte del núcleo de las competencias sociales.

Aquellas personas que son capaces de inferir emociones en los demás, representadas por movimientos corporales, probablemente tendrán más éxito a la hora de interactuar con otras personas.

Además, se puede discriminar entre engaño y verdad a través de observar el cuerpo y toda la información no verbal que nos transmite la persona, teniéndola en cuenta como un conjunto y analizando su congruencia.

Las expresiones corporales dinámicas, los gestos y las acciones de los demás, son una fuente muy rica y válida a la que prestar atención en nuestras interacciones sociales.

Se sabe, gracias a literatura previa, que las emociones expresadas por cuerpos dinámicos, en comparación con los rostros, provocan una mayor activación en varias áreas del cerebro, incluyendo el surco temporal superior, que es sumamente importante en el cerebro social.

Pero, ¿cómo saber en quién confiar? Estos juicios son vitales para la interacción social, y parece que hombres y mujeres presentan diferencias en las señales a las que prestan atención.

De acuerdo con las creencias generalizadas, las mujeres muestran una mayor sensibilidad a las señales no verbales: discriminan mejor la amistad del interés sexual y son más competentes en el reconocimiento de emociones en el rostro. Incluso las mujeres con síndrome de Asperger reconocerían mejor las emociones de rostros dinámicos que los hombres.

Además, las mujeres tienden a reconocer mejor las emociones de los rostros que de las voces, mientras que los hombres, muestra la tendencia opuesta.

Sin embargo, sorprendentemente, se desconoce en gran medida el impacto de género en la lectura del lenguaje corporal. En un estudio realizado a principios de los años 80, se apuntaba a la superioridad de las mujeres en la lectura de éste, pero no hay mucha más literatura al respecto, como sí ocurre con otros aspectos de la comunicación no verbal.

El artículo tiene la intención de dar un paso inicial para llenar el vacío y aclarar si el género del perceptor afecta al reconocimiento de las expresiones emocionales transmitidas por las acciones de los demás y, de ser así, como lo hace. Más específicamente, los autores se preguntan si el género afecta al reconocimiento de las emociones representadas por el movimiento del cuerpo o, en otras palabras, si las hembras sobresalen en el reconocimiento de las acciones emocionales, y si los efectos de género dependen del contenido emocional de las acciones.

Con este fin, los autores reunieron a 34 adultos sanos de entre 20 y 36 años que se inscribieron en el estudio. Se les presentaron pantallas de puntos de luz que representaban a una persona llamando a la puerta con diferentes expresiones emocionales (feliz, neutral o enfadada).

Se aprovechó la técnica de punto de luz porque ayuda a aislar la información revelada por la aparición de otras señales. Los perceptores vieron solo unos pocos puntos brillantes colocados en las articulaciones principales de un brazo que, de otro modo, sería invisible.

Los resultados obtenidos arrojaron información interesante. Parece ser que el efecto del género estaría relacionado con el contenido emocional de las acciones.

Las mujeres tienden a sobresalir en el reconocimiento de los golpes enfadados, mientras que los hombres destacan en el reconocimiento de las acciones felices.

Además, las mujeres superan a los machos en el reconocimiento de golpes emocionalmente neutrales.

A las mujeres se les ha asociado socialmente con una alta sensibilidad a las señales emocionales y detalles sutiles, ocurriendo al revés con los hombres, que pueden tener un mejor desempeño en el reconocimiento de expresiones amenazantes negativas.

Estas suposiciones se basan en los diferentes roles evolutivos y socioculturales de ambos géneros.

Los datos concuerdan con los hallazgos que muestran que los hombres parecen exhibir una activación cerebral más fuerte en respuesta a imágenes positivas (que representan paisajes, actividades deportivas, familias o escenas eróticas) que las mujeres.

Por último, las mujeres tienen ventaja en el reconocimiento de movimientos neutrales. Sugiere que están mejor sintonizadas con la falta de contenido emocional en las acciones corporales.

Los autores señalan que la investigación futura debe estar dirigida a descubrir las diferencias sexuales en la actividad cerebral durante la lectura del lenguaje corporal. Dicha investigación, también arrojaría luz sobre las diferencias de sexo en las condiciones neuropsiquiátricas caracterizadas por deficiencias en la cognición social, como trastornos del espectro autista, depresión o esquizofrenia.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Communication training is inadequate: the role of deception, non-verbal communication and cultural proficiency” de Baugh, A. D.; Vanderbilt, A. A. y Baugh, R. F. (2020), en el que los autores explican por qué consideran que es necesario mejorar el entrenamiento comunicativo en el contexto de la medicina. 

El artículo de esta semana parte de la pregunta de: ¿estamos entrenando bien a nuestros médicos para que la comunicación sea efectiva con todo tipo de paciente? 

Los sistemas de salud de todas las sociedades tienen interés en mejorar la capacidad de sus médicos para dar una atención competente a todos los usuarios del sistema, sin importar cuál sea su cultura. 

Las Naciones Unidas han reconocido que se deben abordar las desigualdades a las que se enfrentan las poblaciones marginadas y ha incluido el asunto en su agenda. 

Más del 20% de las personas desplazadas o pertenecientes a colectivos marginados afirman haber renunciado a buscar atención médica por completo, debido a las dificultades que encontraron en el camino y a malas experiencias previas, lo que demuestra la importancia de una atención culturalmente sensible. Además, identificaron el racismo como una de las principales causas de insatisfacción.

Lo que los autores defienden, teniendo todo esto en cuenta, es que los fallos en la comunicación son lo que subyace a estos problemas, y tienen sus raíces en la demografía cambiante y heterogénea de la cultura actual y las actitudes de los médicos. Además, consideran que la comunicación intercultural efectiva nace del conocimiento de las diferencias culturales y de un deseo genuino de comunicarse de forma activa y correcta.

Para ello, es importante tener en cuenta que la socialización durante la infancia imparte valores y tendencias sociales que arraigan en nosotros y guían nuestro comportamiento en la vida, a pesar de la educación, las experiencias posteriores, etcétera. 

Los estudiantes de medicina a menudo carecen de exposición intercultural, debido a la tendencia a la autosegregación residencial, económica y cultural. En ausencia de esto, predomina la tendencia a privilegiar la propia y se presagia un efecto negativo en las actitudes interculturales cuando se exponen a la diversidad. Y la creciente desigualdad sólo emporará la situación. 

La comunicación, un pilar fundamental de la interacción social humana, y por tanto también para la práctica de la medicina, requiere de la alineación y sincronización del hablante y el oyente. 

La comunicación efectiva entre dos personas requiere la superposición de señales verbales y no verbales, que pueden ser, en ocasiones, culturalmente específicas. 

La sanidad debe aspirar a algo más alto: la creación de una realidad compartida entre el médico y el paciente

Las influencias culturales surgen a raíz de muchos factores: el origen étnico, la religión, la edad, el estatus socioeconómico, o el nivel educativo entre otros. 

Tanto la aspiración a una realidad compartida, como las complejidades inherentes a la práctica de la medicina y las influencias culturales, hacen que confiar únicamente en señales verbales o no verbales sea una estrategia poco exitosa, sino que ambas son necesarias. 

Por ejemplo, debido a que la mayor parte de la comunicación no verbal es inconsciente, se pueden usar de forma predeterminada señales que quizá no sean las adecuadas y, por tanto, frustrar los intentos de mejorar la comunicación. 

También está el punto de que, los daños en las relaciones médico-paciente también se relacionan con la capacidad del paciente para percibir una comunicación deshonesta. 

El comportamiento o la comunicación no verbal incongruente es lo que subyace a la mayoría de la detección de mentiras. Por ejemplo, existen diferencias detectables a partir de la activación o no de ciertos músculos del rostro para saber si una sonrisa es falsa o es genuina (la llamada “sonrisa de Duchenne”). 

Los pacientes aprecian las incongruencias no verbales de los médicos y las pueden entender como señales de deshonestidad. 

Además, los encuentros médicos representan situaciones tensas o de riesgo, que hacen más probable la detección de falta de sinceridad. 

Para remediar todo esto, se ha visto que los estudiantes adquieren fluidez cultural de forma más lenta cuando se hace en pequeñas dosis, por ejemplo, en encuentros médicos; mientras que ocurre lo contrario si pasan un tiempo inmersos en una cultura diferente. Además, cuanto mayor y más extensa sea la exposición previa y la interacción con otra cultura, menores serán los sesgos inconscientes. 

Hay algunas escuelas que imparten cursos de lenguaje médico, reconociendo la relación del lenguaje y la cultura, sin embargo, tienen una accesibilidad limitada y sería muy positivo facilitarla más. 

Se debe entrenar a las escuelas de medicina para rediseñar la capacitación en comunicación, de manera que los estudiantes sean más conscientes de estas debilidades y se busque cómo cambiarlas.

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