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Detección de mentiras

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Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The Limits of Conscious
Deception Detection: When Reliance on False Deception Cues Contributes to Inaccurate Judgements”,
de Stel, M.; Schwarz, A.; van Dijk, E. y van Knippenberg, A. (2020), en el que los autores exploran las
ideas del pensamiento inconsciente, de las señales falsas de engaño y de la capacidad de las personas
para detectar las mentiras.

En varios artículos hemos visto cómo la capacidad de detectar el engaño, además de ser uno de los campos más interesantes en el estudio del lenguaje no verbal, es una habilidad sumamente importante y práctica en la vida cotidiana.

Sin embargo, es importante recordar que la mayoría de estudios demuestra que el nivel de esta habilidad no suele superar el nivel de la probabilidad.

Uno de los argumentos esgrimidos para explicar esto, es que las personas tenemos la tendencia a creer en la información que se nos presenta, lo que se denomina sesgo de la verdad o el “valor predeterminado de la verdad”. Como la mayoría de las comunicaciones son honestas la mayor parte del tiempo, los beneficios de creer superan los costes del engaño ocasional.

Por tanto, se entiende que las personas pueden detectar verdades con mayor precisión que las mentiras. Entonces, si un exceso de confianza se interpone en el camino de una detección exitosa del engaño, ¿no sería la desconfianza un antídoto para ello?

Los autores investigan en este artículo si la capacidad de las personas para detectar el engaño varía en función de si sienten o no desconfianza.

Investigaciones previas mostraron que aumentar la sospecha disminuiría el sesgo de verdad. Sin embargo, los estudios sobre los efectos de la sospecha en la precisión de la detección del engaño nos ofrecen resultados mixtos: en algunos con resultados positivos y en otros con resultados negativos.

Pero sólo unos pocos estudios sobre la detección del engaño se centraron en los efectos de la desconfianza en lugar de la sospecha. Son conceptos parecidos, pero distintos. En un estado de sospecha, los perceptores no están seguros de las motivaciones de los demás; mientras que en un estado de desconfianza, se suman las expectativas negativas sobre estas motivaciones.

Como resultado, los perceptores que sospechan están más dispuestos a buscar información para
determinar si las motivaciones de otra persona son honestos o no. Por otro lado, la desconfianza afecta a la necesidad del perceptor de enfrentarse a una situación posiblemente amenazante. Al tener efectos diferentes, es probable que afecten también de forma distinta a las habilidades de detección del engaño. Según algunos expertos, la desconfianza indica que el entorno no es normal y, como resultado, las personas evitan las estrategias rutinarias y examinan de forma más detallada el comportamiento de las personas. Esto fomenta el procesamiento consciente deliberado, mientras que cuando tenemos señales de que una situación es segura, se fomenta el procesamiento cognitivo de menor esfuerzo.

Es decir, se sugiere que un estado de desconfianza promovería el procesamiento consciente de la
información, mientras que un estado de confianza, promovería el procesamiento intuitivo o inconsciente.
Las decisiones para ambas formas de pensamiento tienen diferencias: para las decisiones de pensamiento inconsciente, la atención se dirige a otra parte antes de tomarlas; para las decisiones conscientes o automáticas, la decisión se toma de forma inmediata. Todo esto, hace que estas ideas se conviertan en atractivas para los autores y decidan explorarlas.

Otros hallazgos sugieren que los procesos conscientes pueden obstaculizar la capacidad de detectar el
engaño. Juzgar si una persona es veraz o nos engaña, puede ser una decisión compleja de tomar. Primero, se evalúan las señales, como el nivel de detalle, la plausibilidad del relato…, y esto es cognitivamente exigente. En segundo lugar, se debe procesar el contenido verbal y no verbal, y prestar atención a diferentes tipos de señales observables. Debido a que juzgar si una persona dice la verdad o no, es un proceso exigente, la teoría del pensamiento inconsciente sugiere que la detección del engaño se puede manejar mejor con él, ya que se supone que el pensamiento inconsciente tendría más capacidad de procesamiento.

La investigación dedicada directamente al pensamiento consciente e inconsciente, mostró que la capacidad de las personas para detectar el engaño aumentó cuando se les impidió deliberar de forma consciente sobre la información presentada.

Para el experimento realizado, los autores utilizaron una manipulación encubierta, haciendo que los observadores adoptaran expresiones faciales de desconfianza (ojos entrecerrados) o confianza (ojos muy abiertos). De esta forma, se buscaba inducir esos estados de ánimo, basándose en estudios previos.

Participaron un total de 93 estudiantes unversitarios que vieron ocho fragmentos de vídeo que mostraban a una persona mintiendo o diciendo la verdad. Después, se preguntó a los participantes cuánto confiaban
en esta persona, siendo necesaria una puntuación en una escala para medir este aspecto.

Se realizó un segundo estudio en el que se investigaba si la confianza en el uso de indicadores falsos del engaño influía en la desconfianza en la detección. En éste participaron 54 personas, siendo el experimento similar al primero, sólo que los participantes debían explicar por qué confiaban o desconfiaban de las personas de los vídeos.

Aunque se esperaba que aumentar la desconfianza redujese el sesgo de verdad, los resultados no mostraron que las personas que desconfían fuesen menos propensas a confundir una mentira con una verdad. Por el contrario, sucedió que la desconfianza llevó a los participantes a confundir verdades con mentiras.

Es decir, la desconfianza llevó a los participantes a juzgar incorrectamente a aquellos que decían la verdad como mentirosos. Además, con el estudio 2, se mostró que las personas que desconfiaban se basaban más en creencias falsas acerca de la mentira al juzgar a los que decían la verdad, que al juzgar a los mentirosos.

Aunque finalmente no se probó de forma directa la existencia o no de beneficios en los juicios de engaño
inconscientes, mostraron que los modos de pensamiento inducidos contextualmente afectan a la capacidad de detectar el engaño, cuando se indujo la confianza o la desconfianza en los sujetos.

Una limitación es que la muestra del estudio 2 es bastante pequeña, y como tal, los resultados deben
interpretarse con precaución.

Como conclusión, los autores demostraron que la desconfianza contextual obstaculiza la capacidad de las personas para detectar el engaño, especialmente para aquellos que dicen la verdad, que en muchas
ocasiones son juzgados como mentirosos.

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