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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Non-Verbal Communication and Management of Interactive Conflict in School-based violence: a Sociological Perspective” de Iyekolo, A. O. (2020), en el que el autor hace una revisión de las posibilidades que supone el no prestar atención a la conducta no verbal de los estudiantes y profesores en el entorno escolar.

Todos sabemos que la escuela, en realidad, es una proyección de la sociedad en versión pequeña.

Al final, no deja de ser un entorno en el que personas de diversos orígenes y orientaciones socioeconómicas se reúnen, con el fin de adquirir conocimientos y habilidades sociales.

La interacción social sería el método a través del cual las personas dentro de cualquier entorno (aunque nos referimos al escolar en este caso) se relacionan e intercambian ideas, utilizando para ello tanto el lenguaje verbal como el no verbal.

El lenguaje es tan importante precisamente, porque es la herramienta principal de la interacción social. Los humanos, los animales, e incluso parece que las plantas, tienen formas de comunicar su estado mediante el uso de este.

Y es importante tanto en su manifestación verbal como no verbal. Cuando el autor habla de comunicación no verbal, se refiere a las expresiones faciales, los gestos, el movimiento del cuerpo y la apariencia física, además del paralenguaje, la proxémica, los artefactos, etcétera.

En muchos casos, gran parte de las comunicaciones no verbales del entorno escolar son descuidadas o subestimadas para el correcto desarrollo de la vida en el centro. Sin embargo, se utiliza constantemente. De hecho, la interacción social y las actividades académicas pueden no generar los beneficios esperados cuando no se utilizan adecuadamente los mensajes no verbales, incluso puede aparecer la violencia escolar.

Ocurren los llamados conflictos interactivos. Se dan cuando las interacciones académicas y sociales del personal de la escuela y los estudiantes, se vuelven negativas y disfuncionales. Es decir, la interacción entre el personal y los estudiantes puede no llevarlos hacia el logro de los objetivos propuestos si hay una interrupción de la comunicación.

El autor, en este artículo, presenta desde una perspectiva sociológica cómo la mala comunicación tanto verbal como no verbal puede afectar a la relación entre los estudiantes, maestros y el centro escolar, y cómo pueden surgir conflictos de interacción si los mensajes no son bien decodificados o se subestiman por figuras de poder del entorno.

El autor explica en primera instancia la teoría del etiquetado y la teoría de las profecías autocumplidas, que considera importantes para el desarrollo de su exposición.

La teoría del etiquetado sostiene que a las personas se les asigna una etiqueta en función de lo que hacen, dicen, y la forma en que aparecen. Por tanto, la apariencia de una persona puede ser suficiente para etiquetarla como desviada, conformista, delincuente, obediente, etcétera. Según los expertos que sostienen esta teoría, si es una figura de poder la que adjudica una etiqueta (padres, maestros, etcétera), existe la tendencia a que las personas etiquetadas se vean a sí mismos como tal y actúen en consecuencia de esa etiqueta.

Las interacciones de los profesores con los alumnos se verán influenciadas por le etiqueta o la definición del comportamiento de los alumnos, los cuales se comunican de forma verbal y no verbal. Los docentes pueden, por ejemplo, dar mayores estímulos a aquellos alumnos que consideran brillantes. Esto hará que el autoconcepto de ese alumno sea moldeado por las expectativas del profesor, viéndose a sí mismo como brillante, aburrido o pasivo (en otros casos), actuando en consecuencia. Esta sería la teoría de las profecías autocumplidas aplicada a este contexto.

Por ello es tan importante un buen entendimiento de la comunicación, verbal y no verbal, de alumnos y profesores.

El autor destaca varios puntos no verbales a los que considera que los docentes deberían prestar especial atención.

Los artefactos son elementos de comunicación no verbal que consisten en ropa, maquillaje, gafas, accesorios, joyería, etcétera. Son elementos de la apariencia de la persona. En el entorno escolar se dedican esfuerzos a unificar estos artefactos a través de políticas como llevar uniforme. De esta forma, se intentan eliminar las impresiones negativas, la segregación o las desigualdades, e inculcar disciplina. Pero, igualmente, si echamos una mirada de cerca a los alumnos y profesores, podemos inferir unas cuantas cosas con respecto a su persona.

Por ejemplo, un estudiante puede comunicar a través de esta forma su disposición hacia una determinada subcultura juvenil. También puede reflejar su sentido de la disciplina o su disposición para participar en un acto violento. La forma en que los estudiantes se arremangan, dónde se colocan el cinturón, los pantalones, el nivel al que se abotonan la camisa… puede decir mucho sobre él.

El paralenguaje también es un aspecto muy interesante. Nos referimos a la voz, el volumen, el ritmo del habla, las pausas o suspiros de quien habla. Puede proporcionar una rica fuente de información para el docente, los jefes de estudios, y todo el personal del colegio que desee evitar la violencia en él.

El paralenguaje puede representar el temperamento de los estudiantes y el personal docente. Los maestros pueden decodificar cuál es el nivel de agresividad de un estudiante a través del paralenguaje; al igual que los administradores del centro pueden decodificar cómo sus empleados manejan sus emociones en el colegio.

Este canal informa de forma no verbal a los oyentes sobre las necesidades emocionales del hablante. El docente puede detectar si un alumno u otro docente está emocionalmente estable simplemente escuchándolo hablar.

También tenemos la proxémica, que es el empleo del espacio social y personal al comunicarnos. La forma en la que el estudiante se sienta, mueve las manos, la cara, puede mostrar su interés por lo que está escuchando. Por tanto, el maestro puede evaluar la disposición de sus alumnos para, por ejemplo, aprender.

El hecho de que las escuelas no decodifiquen correctamente una serie de mensajes no verbales dentro de sus entornos puede generar conflictos y violencias en ellos.

Los mensajes no verbales negativos no leídos pueden causar conflictos que obstaculicen la interacción social. Muchos estudiantes quedan aislados y son molestados en el colegio porque no se integran de la misma forma que los demás.

Desafortunadamente, un estudiante puede ser muy callado, reservado y pasivo en clase, no porque esa sea su personalidad, sino porque le resulta difícil ubicarse entre sus compañeros. Un docente que no sea consciente de esto, puede clasificar erróneamente al estudiante como pasivo y, por tanto, descuidarlo. Además, podría afectar al autoconcepto del estudiante, que se desarrolla a partir de sus interacciones con los demás.

La conclusión que obtenemos es que en la escuela no se pueden ignorar los elementos no verbales y es necesario prestarles atención igual que a los verbales. Este tipo de comunicación puede contribuir en gran medida a mejorar el bienestar de alumnos y docentes y, como tal, se deben dedicar recursos a su estudio.

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