El contacto físico en terapia como medio de comunicación no verbal
El contacto físico en terapia como medio de comunicación no verbal

Apreciados lectores, el artículo que hoy presentamos aborda el interesante papel del contacto físico en la terapia como complemento importante de la comunicación no verbal entre el terapeuta y el paciente, de los autores Beverly G. Willison de la Universidad de Pensilvania (California, Estados Unidos)  y Robert L. Masson de la Universidad de Virginia Occidental (Morgantown, Estados Unidos)

El contacto físico, el tacto, a pesar de ser un poderosísimo estímulo no verbal (y por lo tanto de comunicación), no ha recibido hasta hoy mucha atención desde el mundo académico. Se trata de un aspecto de la comunicación  con fuertes tabúes asociados, sobre todo provenientes de la época psicoanalítica. Los autores de este estudio analizan qué papel juega el contacto físico, el tacto, en la relación existente entre el terapeuta y el paciente. Así, en este artículo se analiza, basándose en una adecuada revisión sistemática y en datos clínicos, tanto los efectos positivos como negativos del contacto físico a la hora de establecerlo en el ámbito profesional terapéutico.

A día de hoy los resultados publicados no son concluyentes, aunque si podemos contar con indicios de que, si utilizamos el contacto físico de manera adecuada, este tiene un efecto positivo en el paciente y su evolución. Además, hay que tener en cuenta que en todo caso no contamos con evidencia en sentido contrario, de posibles efectos negativos (o si existe, esta es muy pequeña).  A pesar de estos resultados en relación con la revisión de la literatura, muchos son los investigadores que mantienen una posición conservadora a la hora de utilizar el contacto físico en el ámbito profesional. Por ello, los autores de este artículo proponen algunas directrices de gran interés para el uso adecuado del contacto físico, recomendando siempre que, antes de su uso generalizado, dispongan de formación previa.

En la revisión de la literatura realizada por estos autores, encontramos que el contacto terapéutico puede abarcar desde el simple hecho de tocar la mano, hasta un gran abrazo. Bacorn y Dixon (1984) definieron el tacto como el contacto físico entre las manos, los brazos, los hombros, las piernas o la parte superior de la espalda, entre el terapeuta y el paciente. En relación a la intensidad, duración y frecuencia de este contacto físico, Wheaton y Dixon (1984) dijeron que debe ser lo suficientemente largo para establecer un contacto firme, pero no tan largo como para crear una sensación incómoda. Los resultados del análisis de investigación en relación al contacto físico realizado por Whitch y Fisher (1979) desvelaron que la respuesta al mismo es diferente en el caso de hombre y de mujeres.

En un análisis realizado en un entorno preoperatorio hospitalario, por parte de enfermeras, se observó que los hombres percibían el contacto físico como una amenaza y las mujeres como un gesto de seguridad. En un entorno pediátrico hospitalario, con niños desde 3 días hasta 44 meses se observó que el contacto físico tenía un impacto muy significativo en el cambio positivo de comportamiento en niños y lactantes.

Como hemos comentado con anterioridad, los autores también revelan estudios en los que no se apoya el uso del contacto físico entre terapeutas y pacientes.  Si bien es cierto que las mujeres terapeutas son más favorables a esto que los hombres terapeutas y que aquellos profesionales que tienen una nivel académico de doctor, utilizan más el contacto físico en sus rutinas profesionales. Asimismo, se detectó mayor utilización del contacto físico por parte de terapeutas que trabajan en centros públicos que en privados, siendo los trabajadores sociales y psicólogos los que más lo utilizan, en detrimento de los psiquiatras, que no son proclives a su uso.

Así, Fisher y sus colaboradores (1976) analizaron tres factores que influyen en el grado en el que el contacto es experimentado de manera positiva, determinándose según si era apropiado a la situación y contexto, si no impone un mayor nivel de intimidad del que el paciente puede manejar y si no comunica un mensaje negativo al paciente. De esta manera, el contacto físico ha sido usado con eficacia con pacientes que experimentan dolor, trauma, depresión, o que han sido abusados, víctimas de negligencia, etcétera. Por el contrario, los autores nos revelan que existen situaciones en las que el contacto físico no es recomendado. Older (1982) así nos lo disponía si el terapeuta no quiere tocar al paciente, siente que el paciente no quiere ser tocado, cree que el paciente quiere ser tocado pero no cree que el contacto sea eficaz, el terapeuta se siente manipulado o coaccionado en su contacto físico o es consciente de sus sentimientos, tendientes a la manipulación o coacción al paciente, a través de este acto.

Finalmente, los autores nos recomiendan que los profesionales deben ser claros acerca de sus propias actitudes en relación al contacto físico y en que medida este contacto puede hacer variar su relación con el paciente. Corey, Corey y Callahan (1984), concluyen que la duración y naturaleza del contacto físico no debe generar malestar ni en el terapeuta ni en el paciente y que, siempre, el contacto físico debe ser adecuado a las necesidades del paciente en ese momento concreto del tratamiento. En ningún caso debe ser utilizado para precipitar la reacción del paciente.

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Traducción y resumen: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcazar

3 Comments

  1. desde mi punto de vista: el contacto físico entre entrevistador y entrevistado, se debe utilizar solo cuando las situaciones los ameriten; debido que este contacto es utilizado entre personas que se tienen confianza entre si, padres, hermanos y familiares o en médicos que buscan tan solo brindar un apoyo emocional a su paciente por una grave enfermedad, o el profesional que adelanta una investigación en delitos para demostrar confianza a la victima y de esta manera pueda ella realizar un buen relato.

  2. la epoca victoriana quedo atrás hace muchos años, toda terapia cuando se aplica con profesionalismo es positiva, lo ideal es que los terapeutas solucionen sus “nudos” psicológicos. y se atrevan a innovar .

  3. Ana de la cruz Reply

    Mi terapeuta me dio la oportunidad de sentir seguridad y apoyo emocional a través de sostener mi mano y recibi en ese momento un significado reparador en mi proceso. Somos de naturaleza necesitados de afecto y cariño. Sabiendo utilizar este tipo de recursos dentro del marco profesional y en el momento preciso puede aportar mucho en la evolucion del paciente

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