Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Oral hygiene effects verbal and nonverbal displays of confidence” de Taylor, P.; Banks, F.; Jolley, D.; Ellis, D.; Watson, S.; Weiher, L.; Davidson, B. y Julku, J. (2020), en el que se analiza la influencia de la higiene bucal en el comportamiento no verbal.

La higiene bucal y su manifestación, como el mal aliento, es un aspecto integral de la autoimagen.

Por ejemplo, un estudio encontró que el 75% de los pacientes explicaron su asistencia a una clínica de olores de aliento, no con referencia a su salud, sino porque el mal aliento los había llevado a sentirse inseguros en las relaciones sociales. Otros también han aludido que el mal aliento conduce a una disminución de la confianza, incluida la reducción de autoestima, el aumento de la ansiedad social y la aparición de fobias sociales.

La razón por la que el mal aliento tiene un impacto profundo en la confianza probablemente tenga raíces sociales. La higiene bucal actúa como una de una serie de señales sociales que los humanos utilizan para atender sus relaciones y juicios sociales. Esto, a su vez, se refleja muchas veces en el comportamiento no verbal de las personas.

Esta noción está firmemente arraigada en los relatos evolutivos de la cognición social humana. Un número creciente de estudios ha demostrado que los participantes hacen inferencias adversas sobre un objetivo en función de olores desagradables o inesperados, así como anomalías morfológicas. Tales inferencias parecen ocurrir incluso cuando los perceptores saben que la anomalía es engañosa o que su respuesta refleja un estereotipo inapropiado.

Estos hallazgos sugieren que los olores de una persona pueden afectar a la forma en que los juzgamos y actuamos hacia ellos. No obstante, dicen menos sobre cómo el conocimiento de estos efectos puede moldear el comportamiento personal o cómo el olor moldeará el comportamiento en una interacción en desarrollo. De acuerdo con un estudio previo, el «estigma» del mal aliento llevará a los participantes de una interacción a adaptarse menos al comportamiento de los demás. Así, mostrarán menos imitación verbal y no verbal del comportamiento de los otros que en otras circunstancias.

Así, en el estudio de los autores se contó con 140 participantes, estudiantes de pregrado y posgrado de una universidad de Reino Unido. Se obtuvieron medidas pre-experimentales de cuán conscientes eran los participantes de su presentación a los demás (es decir, autocontrol), su nivel de autoestima y su atractivo. Previamente al experimento, los participantes posaron para una foto estilo pasaporte con una camiseta negra lisa sobre un fondo también liso. Luego completaron las medidas de autoconstrucción, autocontrol y autoestima. Posteriormente, los participantes asistieron al ensayo en grupos de diez.

A su llegada, se les entregó una placa que indicaba una letra y se sentaron separados. Una vez que llegaron todos los participantes, se les explicó que estarían completando una serie de interacciones uno a uno de 3 minutos (es decir, «rondas»), de manera similar a las citas rápidas, con el objetivo de «llegar a conocerse unos a otros». Se les dijo que necesitarían usar una camiseta negra para estandarizar su apariencia en las interacciones.

Específicamente, los participantes fueron asignados al azar a un grupo de control o experimental. Cada uno de estos contenía cinco participantes con una mezcla de hombres y mujeres. Por otro lado, se les pidió que se abstuvieran de comportamientos rituales matutinos normales, como cepillarse los dientes o tomar un café.

Por su parte, el uso de dos baños se explicó como una forma rápida de colocarse las camisetas. Sin embargo, mientras estaban en el baño, los asignados al azar al baño «experimental» también se lavaron los dientes con pasta de dientes. A estos participantes no se les indicó que no mencionaran el cepillado para no levantar sospechas sobre la manipulación. Por la misma razón, tampoco se les pidió que confirmaran que habían seguido instrucciones previas de no comer determinados alimentos y no cepillarse los dientes esa mañana. En cambio, se usaron un conjunto de comprobacionesposteriores al ensayo para determinar hasta qué punto los participantes adivinaron la manipulación.

Después de la manipulación, se dio a cada uno una insignia sociométrica, una hoja de instrucciones y un paquete de cuestionarios. Las preguntas requerían que los participantes calificaran, en una escala de 8 puntos, el grado en el que se sintieron «nerviosos vs. relajados» y «seguros vs. inseguros«. También se les preguntó por su percepción del grado en el que su pareja se sentía nerviosa o relajada, segura o insegura y, en comparación con ellos, como de iguales o diferentes eran.

Así, a través de medidas verbales y no verbales surgió un patrón predecible en el comportamiento de los participantes después de cepillarse —o no cepillarse— los dientes. En comparación con los que no se cepillaron, los que lo hicieron mostraron menos movimiento corporal y mayor asertividad verbal en sus interacciones con los demás.

Estas diferencias conductuales sugieren que el uso de pasta de dientes llevó a los participantes a comportarse de formas normalmente asociadas con una mayor confianza en sí mismos. De hecho, así lo dijeron los participantes como reflejo de su experiencia subjetiva. La manipulación también tuvo efectos interpersonales significativos, hasta el punto de cambiar la impresión subjetiva de la pareja.

Estos hallazgos ofrecen evidencias tentativas de que la higiene bucal puede influir en el comportamiento a corto plazo. Esto se basa en la evidencia de asociaciones entre la higiene bucal y las percepciones y la confianza en sí misma de una persona. Asimismo, los resultados coinciden con investigaciones relacionadas como, por ejemplo, estudios que muestran una correlación positiva entre confianza subjetiva y el volumen del habla. Si bien esta explicación es prometedora, se necesitan más pruebas antes de establecer firmemente una asociación entre la higiene bucal y la confianza interpersonal.

Un resultado curioso fue el aumento del nerviosismo autoinformado durante las interacciones, independientemente de si los participantes se habían cepillado los dientes o no. Como explicación encontramos posibles limitaciones de la investigación. Es posible, por ejemplo, que algunos participantes no siguieran completamente las instrucciones. O que el cambio de rutina afectara a su comportamiento al aumentar la conciencia de sí mismos, etc. Cada una de estas posibilidades puede actuar para moderar o mediar esta asociación entre higiene bucal y comportamiento.

Asimismo, puede sugerirse que la autoconciencia con respecto al atractivo personal puede moderar los efectos de la higiene. Específicamente, aquellos que han aprendido por experiencia cómo los perciben otros pueden estar menos preocupados por la higiene bucal. Contrariamente, otras personas pueden extender esta preocupación a su estado actual de higiene bucal.

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