_Algunos estudios han dejado ver que las emociones que mejor se reconocen al pasar de los años son las positivas y entre ellas en especial la de felicidad. ¿Esto sucede porque conforme envejecemos nos quedamos con los estímulos más felices o porque existen partes de nuestro cerebro que rigen estas zonas y cambian con la edad? Quizás podríamos responder esto preguntando a Susan T. Charles y Belinda Campos, investigadoras del Departamento de Psicología y Conducta Social de la Universidad de California, las cuales han revisado el trabajo de Isaacowitz y Stanley sobre el reconocimiento emocional facial relacionado a las edades, el cual señalan como una habilidad que va de la mano del funcionamiento socio-emocional pero que está constantemente marcado por el declive relacionado a la edad. Algunas de sus conclusiones fueron que el declive relacionado a la edad existe, pero con una notoriedad menor en emociones positivas que negativas, por lo cual se necesita discutir posibles explicaciones motivacionales y estructurales a este efecto “positivo”, y que futuras investigaciones sobre las diferencias de edad deben realizarse en contextos más ecológicos. Partiendo de estos apuntes como base, Susan T. Charles y Belinda Campos han querido abordar tres principales temas sobre esta materia:

  1. Asuntos metodológicos al comparar emociones positivas y negativas.
  2. Explicaciones motivacionales y estructurales para diferencias de edad.
  3. La necesidad de más contextos ecológicos.

En cuanto al primer punto, las autoras no encuentran tan certera la evaluación de las emociones a través de preguntas cerradas, ya que no distinguen bien entre las diferentes emociones negativas. Por ejemplo, la felicidad figura en la mayoría de los estudios, como la emoción más comúnmente detectada y la única positiva, por lo que podría tratarse de la mejor preservada debido a que es la más sencilla y la que menos labor cognitivo y esfuerzo de percepción supone. Si este fuera el caso, habría que evaluar otras explicaciones y no motivaciones, por ejemplo preguntarse ¿por qué las emociones positivas son más fáciles de detectar que otras? o si con relación a las diferencias de edad, ¿la emoción más básica y fácil de reconocer es la menos susceptible a desaparecer con la edad, o existen áreas del cerebro involucradas que favorezcan lo positivo o negativo con el paso de los años? Lo que ellas recomiendan es el uso de metodologías que utilicen respuestas abiertas, para así expandir la posibilidad de tener varias emociones positivas.

En cuanto al segundo tema, proponen que los investigadores desarrollen y evalúen más hipótesis relacionadas a los cambios en la estructura cerebral y cambios de motivaciones derivadas de la edad, similar a los debates existentes sobre factores genéticos vs. entorno, diferencias de géneros e interacciones entre este tipo de hipótesis. Basarse en un solo tipo de explicación ya sea estructural o motivacional, es una idea simplista, por eso hablan de fomentar el manejo de hipótesis donde se involucren diversos factores, lo cual puede dar una idea más completa de por qué y cuándo aparecen las diferencias de edad para el reconocimiento emocional.

Finalmente ante la necesidad de mayores contextos ecológicos para analizar la diferencia de edad en el reconocimiento emocional, su visión es optimista ya que se han encontrado con investigadores que han comenzado a practicar estos estudios a través de diferentes contextos, entendiendo la vida cotidiana de los jóvenes, adultos y gente mayor, así como la frecuencia con la que cambian de estados emocionales. Entendiendo también los resultados de la imprecisión en la interpretación de las expresiones emocionales de una persona, a lo que los estudios empíricos continuarán ayudando a entender de mejor manera.

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