Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Epistemic Vigilance in Early Ontogeny: Children’s Use of Nonverbal Behavior to Detect Deception” de Ghossainy, M. E.; Al-Shawaf, L. y Woolley, J. D. (2021), en el que se analiza el desarrollo de la vigilancia epistémica en los niños; esto es, la capacidad de los niños para modular su confianza en el testimonio verbal como una función del comportamiento no verbal.

Una consecuencia importante de los intercambios comunicativos es el potencial de engaño y desinformación. Los intereses de los oradores a menudo divergen, estando rara vez perfectamente alineados. En otras palabras, normalmente existe una posibilidad distinta de cero de ser engañado o manipulado.

Las ventajas evolutivas resultantes de nuestra capacidad para aprender de los demás solo pueden existir en conjunto con la coevolución de aquellos mecanismos que nos protegen contra el engaño y la desinformación. Según esta lógica, es posible que incluso los niños pequeños posean tales defensas.

El proceso de evolución cultural acumulativa se beneficia enormemente de la capacidad de comunicación, mediante la cual los miembros de una especie transmiten deliberadamente información útil a otros. La veracidad de la información transmitida de una persona a otra depende de al menos dos factores: la capacidad o competencia del comunicador como fuente de información y sus intenciones. Según algunos autores, la comunicación manipuladora impulsa la evolución conjunta de los mecanismos que protegen contra la manipulación.

El riesgo de explotación genera una presión de selección que favorece a quienes son capaces de evitar la manipulación y explotación, dándoles más probabilidades de sobrevivir y reproducirse. Asimismo, los mecanismos de engaño y contraengaño se vuelven cada vez más sofisticados con el tiempo. Podría decirse que esto es lo que vemos en el repertorio humano de interacción social.

Practicar la vigilancia epistémica nos protege de formar creencias falsas basadas en lo que otras personas nos dicen. Implica adoptar una postura crítica hacia la información que recibimos. Para los niños, que adquieren gran parte de sus conocimientos a través del testimonio de otros, la vigilancia epistémica es inmensamente útil. La vigilancia ayuda a los niños a detectar fuentes de información inferiores y/o engañosas.

Así, las investigaciones indican que una variedad de atributos de los hablantes afectan a la confianza selectiva de los niños. Estos incluyen la edad percibida del hablante, las características morales, la familiaridad, la precisión previa y la experiencia. Los niños pequeños prefieren aprender de los adultos en lugar de otros niños. También usan la información sobre la personalidad de los hablantes para juzgar su confiabilidad, confiando preferentemente en los hablantes familiares sobre los extraños.

Es importante destacar que, a los 4 años, los niños se vuelven expertos no solo en reconocer a informantes inexactos, sino en preferir juiciosamente aprender de aquellos con un historial de precisión. Tomados en conjunto, estos estudios demuestran que los niños usan heurísticas que los guían a confiar de manera preferencial en algunos informantes sobre otros. Sin embargo, sigue desconociéndose mucho sobre cómo los niños se protegen contra individuos potencialmente engañosos: cuándo se desarrollan estos mecanismos defensivos, en qué señales se basan y qué tan exitosos son.

Por ello, el estudio de los autores tiene como objetivo comenzar a llenar este vacío, examinando el desarrollo de la capacidad espontánea de los niños para utilizar el comportamiento no verbal para modular la confianza en el testimonio verbal.

Así, en dicho estudio participaron 83 niños de entre 4 y 6 años. Los niños vieron una serie de vídeos que mostraban a un adulto sentado detrás de dos cajas. A los niños se les dijo que solo una tenía un juguete dentro. Para asegurarse de que los niños entendieran la tarea, todos los participantes vieron primero dos vídeos de familiarización. Después, los niños pasaron a ver una serie de 12 vídeos en los que se grabó a un adulto diferente para cada vídeo. Todos los niños visionaron, primero, un vídeo de testimonio verbal, seguido de un vídeo de testimonio inconsistente. Los 10 vídeos restantes se presentaron en orden aleatorio. Después de cada video, se les pidió a los niños que eligieran la caja que creían que tenía el juguete escondido y que justificaran su respuesta.

En los videos de testimonios no verbales, el adulto abrió cada caja, en secuencia, y miró adentro. Para una de las cajas el adulto tuvo una expresión neutra, pero reaccionó emocionado al mirar dentro de la otra caja. En los vídeos de testimonios consistentes, el adulto expresó su entusiasmo de manera no verbal hacia el contenido de una caja y sugirió verbalmente que el objeto estaba en esa misma caja. Durante los vídeos inconsistentes, el adulto expresó su entusiasmo de manera no verbal hacia una de las cajas, pero sugirió verbalmente que el objeto estaba en otra.

Cuando no se ofreció otra información, los niños de hasta 4 años demostraron una capacidad clara y sistemática para aprender del testimonio verbal de los adultos. Los niños no eligieron al azar ni mostraron una desconfianza sistemática en lo que decía el adulto. En cambio, los niños de todas las edades utilizaron la declaración verbal del adulto como verdadera sobre la ubicación del juguete. Cuando las dos fuentes de testimonio ofrecieron información coherente, las decisiones de los niños también se basaron abrumadoramente en el testimonio. Es importante destacar que ningún niño decidió desconfiar del testimonio en los tres juicios consistentes.

Cuando los testimonios verbales y no verbales no coincidían, los resultados muestran que, antes de los 6 años de edad, los niños pequeños basan principalmente sus decisiones en el testimonio verbal de un hablante. En las tres situaciones de testimonio inconsistente, la mayoría de niños de 4 y 5 años eligieron mirar en la caja indicada por la declaración verbal del adulto. Aunque esto no se debe a una falta de comprensión de que la conducta no verbal es comunicativa. Por el contrario, la mayoría de los niños de 6 años atendieron a la información no verbal en los tres ensayos que incluían inconsistencias entre la información verbal y no verbal.

Por tanto, los resultados del estudio actual sugieren que los niños de 4 y 6 años difieren notablemente en su capacidad para detectar el engaño a través del comportamiento no verbal.

Durante estas edades, los niños parecen experimentar un cambio de desarrollo dramático en su comprensión de la relación entre los comportamientos verbales y no verbales, así como su utilidad en las decisiones de confianza. Aunque los niños de tan solo 4 años extraen información de la conducta no verbal, cuando el testimonio verbal está ausente o es consistente, no parecen comprender su función de indicar un testimonio engañoso hasta los 6 años. Una vez que los niños tienen esta comprensión, se vuelven capaces de utilizar conductas no verbales para modular su confianza en el testimonio que reciben.

Estos resultados proporcionan una nueva y emocionante evidencia del desarrollo de la vigilancia epistémica. Específicamente la capacidad de los niños para modular la confianza en el testimonio verbal basado en la presencia de conductas no verbales conflictivas. Los niños no sólo muestran la capacidad de identificar y, preferentemente, aprender de buenas fuentes de información, sino que también, a los 6 años, pueden disminuir juiciosamente su confianza en los adultos que parecen estar mintiendo. Consecuentemente, estos hallazgos representan una fuerte evidencia de que los niños están equipados con una capacidad de vigilancia epistémica basada en señales no verbales.

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