Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Assessing abstract thought and its relation to language with a new nonverbal paradigm: Evidence from aphasia” de Langland-Hassan, P.; Faries, F. R.; Gatyas, M.; Dietz, A. y Richardson, M. J. (2021), en el que se analiza si el lenguaje facilita el pensamiento abstracto. Para ello, se emplearon tareas de memoria semántica, diseñadas para evaluar el pensamiento abstracto de manera no lingüística.

¿Qué es, si es que hay algo, distintivo del pensamiento humano?

Una respuesta común es que los seres humanos son excepcionalmente capaces de pensar en abstracto, reflejado en las lenguas habladas. Esto hace preguntarnos: ¿cuál es la relación entre el pensamiento abstracto y las palabras que usamos para expresarlo?

Una respuesta a esta pregunta asigna al lenguaje un papel meramente comunicativo, con palabras que permiten la expresión de pensamientos, mientras que no son esenciales para el pensamiento abstracto en sí. Desde este punto de vista, alguien que carece de lenguaje podría tener los mismos pensamientos que un hablante fluido sin poder expresar sus pensamientos con palabras. Recientemente, sin embargo, una hipótesis considera que el lenguaje no solo comunica pensamientos, sino que también es un recurso que apoya o habilita ciertas formas de pensamiento. En particular, el lenguaje es visto por muchos como un soporte o herramienta crucial para el pensamiento abstracto.

Pero ¿qué califica una forma de pensamiento como «abstracto»?

Todos los conceptos son abstractos en cierto sentido. Sin embargo, se puede definir un sentido relativo de abstracción, por el cual algunos conceptos son más abstractos que otros. Un medio común para hacerlo es apelar a la relativa concreción o imaginabilidad de las palabras asociadas con el concepto. En líneas generales, el pensamiento abstracto alude a conceptos que tratan de cosas que en cierto sentido son difíciles de percibir, o que representan categorías que son superiores con respecto a muchas otras.

La relatividad de prueba de la dimensionalidad baja y alta es especialmente importante, ya que es probable que ocurra dentro de muchas evaluaciones no verbales del pensamiento abstracto. Estas evaluaciones son, a su vez, importantes para investigar la relación del lenguaje con el pensamiento abstracto. En particular, la relatividad de prueba ocurre dentro de las tareas de memoria semántica pictórica estándar (recuerdo/ evocación de imágenes), que sirven como marco para la prueba del pensamiento abstracto desarrollado por los autores.

Por un lado, la concreción de conceptos es la concreción vinculada a palabras o conceptos individuales. Las calificaciones de concreción, las calificaciones de capacidad de imagen y las calificaciones de experiencia sensorial son todas formas de medir la concreción del concepto, así entendido. Por otro lado, la concreción del ensayo consta, a su vez, de dos dimensiones.

Primero, una prueba podría ser más concreta en la medida en que el objetivo y la coincidencia compartan muchas similitudes perceptibles visualmente. Esto se correspondería con la idea de que las categorías subordinadas (ej. manzana) son más concretas que las superiores (ej. fruta). La segunda dimensión de abstracción relevante para las tareas de memoria semántica consiste en si los dos elementos coincidentes se encuentran a menudo en un entorno común y, por esa razón, están fuertemente asociados.

Un tenedor y un plato, por ejemplo, no comparten muchas similitudes visuales. Sin embargo, están asociados temáticamente debido a que suelen aparecer juntos en un contexto. Las conexiones temáticas de este tipo son muy destacadas y moldean fuertemente las expectativas del perceptor. Los adultos tienden a clasificar los elementos más rápidamente por relación temática que por categoría funcional. Y, de manera más general, la presentación de una palabra o imagen favorece el reconocimiento de elementos relacionados temáticamente.

Así, el experimento de los autores compara un grupo de personas con afasia con otro grupo control, emparejados por edad, educación y género para analizar su desempeño en la selección de la imagen de coincidencia correcta en los ensayos normativos. Se utilizaron 430 imágenes a color para crear 86 pruebas de cinco imágenes cada una. No se utilizó ninguna imagen más de una vez. Cada ensayo consistió en una imagen de destino en la parte superior de la pantalla con cuatro imágenes de elección debajo. En total se contó con 1000 participantes. Estos participantes se dividieron en tres subgrupos. Cada participante completó solo un tipo de tarea.

Las pruebas se clasificaron en cuatro bancos, conteniendo cada uno 21 o 22 ensayos. Había tres tipos de tareas diseñadas para generar normas para lo siguiente: (1) elecciones correctas y palabras de enlace para cada prueba; (2) la frecuencia con la que el objetivo y la elección correcta se encuentran juntos en un entorno común, en relación con las otras opciones; y (3) la similitud visual del objetivo y la elección correcta, en relación con las otras opciones.

Los resultados demostraron que incluso las tareas que implican vincular dos imágenes apelando a su conexión compartida con un concepto concreto pueden requerir un alto grado de pensamiento abstracto. La relación del pensamiento abstracto con el lenguaje sigue sin resolverse. Los resultados de las personas con afasia y otras poblaciones con trastornos del lenguaje han sugerido, durante mucho tiempo, que el pensamiento abstracto —y el razonamiento complejo en general— no depende estrictamente de la capacidad simultánea para generar lenguaje.

Por otro lado, también se ha considerado que el lenguaje juega un papel importante como facilitador del pensamiento abstracto. Esto incluye el hecho de que los tiempos de respuesta de las personas con afasia eran proporcionalmente más lentos, y que los tiempos de respuesta de confianza de las personas con afasia estaban correlacionados con sus habilidades lingüísticas.

Además, se debe reconocer que el lenguaje aún podría haber jugado un papel en el apoyo a las personas con afasia en el desempeño, en la medida en que todas las personas con afasia tenían habilidades normales del lenguaje en algún momento de su desarrollo. Por lo tanto, pueden haber adquirido estructuras neuronales que dependen del lenguaje en el desarrollo. Es posible que tales estructuras permanezcan intactas y faciliten el pensamiento abstracto, incluso si, después de un accidente cerebrovascular, no son suficientes para la producción activa del lenguaje.

La complejidad de los resultados en el experimento principal puede simplemente reflejar una realidad subyacente compleja. Parece poco probable que las diversas habilidades reconocidas como «pensamiento abstracto» dependan del lenguaje. Determinar la forma precisa de apoyo que el lenguaje proporciona al pensamiento abstracto requerirá un refinamiento continuo de nuestra comprensión tanto de lo que significa que el pensamiento sea “abstracto” como de los paradigmas destinados a medirlo.

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