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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Students’ perceptions of verbal and non-verbal communication behaviors during and after the Covid-19 pandemic”, de Dragomir, G. M.; Fărcasiu, M. A. y Simon, S. (2021), en el que los autores realizan un estudio para saber cómo la modificación de las relaciones interpersonales durante y tras la Covid-19 ha afectado a los estudiantes universitarios.

Todos sabemos que la pandemia de Covid-19 ha sacudido y perturbado la salud física y el estado emocional de todo el mundo.

Ha causado estragos en la vida de las personas y cambiado sus comportamientos en tiempo récord como nunca antes se había visto.

Como resultado del confinamiento, la separación, el aislamiento y el miedo a lo desconocido, se ha visto perjudicado no sólo el bienestar psicológico de los trabajadores de la salud en primera línea de riesgo, sino también en la población general.

Además de todo esto, quedó claro que la enfermedad también ha afectado a las relaciones entre las personas influyendo en la forma en que nos comunicamos entre nosotros tanto verbal como no verbalmente.

A nivel interpersonal, la comunicación ha sufrido mucho debido a las mascarillas, que sin duda ayudan a nuestra salud y a luchar contra el virus, pero tensan nuestra comunicación diaria cara a cara.

También ha sufrido debido a las reglas del distanciamiento social, que hizo que las personas se vieran obligadas a adaptarse a estas nuevas condiciones de vida adoptando saludos sin contacto, o cambiando la comunicación en persona por plataformas online como Zoom o Microsoft Teams.

Estudios previos han demostrado que los rasgos de personalidad como la extraversión y la introversión juegan un papel muy importante en el agotamiento resultante de trabajar desde casa y usar estas plataformas.

Por ejemplo, los extrovertidos presentaban mayor agotamiento que los introvertidos, ya que estos últimos se sentían más cómodos en esta configuración.

Además, el nivel de intimidad alcanzado en las videollamadas, con primeros planos y miradas directas, suele estar reservado para relaciones íntimas pero se ha convertido en la nueva forma de interactuar con compañeros de trabajo y conocidos, y parece perturbar nuestra productividad.

Por otro lado, a pesar de ser necesarias para proteger nuestra salud, las mascarillas tienen una gran desventaja para la comunicación interpersonal: ocultan las expresiones faciales de las personas.

Habiendo sido estudiadas desde diferentes perspectivas, estas expresiones se consideran la parte más importante de nuestro arsenal no verbal, ya que comunican emociones y, además, son una parte del cuerpo a la que prestamos mucha atención en nuestras interacciones.

El comportamiento no verbal tiene la función de ayudar a decodificar el mensaje verbal del interlocutor, así como sus sentimientos. Desafortunadamente, las mascarillas nos cubren la zona media e inferior del rostro, lo que impide parcialmente esta decodificación.

Este estudio arroja luz sobre este momento de nuestras vidas en el que las máscaras faciales y el mundo virtual se han convertido en nuestra nueva normalidad.

Se centró en los estudiantes universitarios, personas muy jóvenes, móviles y enérgicas y, por tanto, muy afectadas por la pandemia.

Analiza el impacto de ésta sobre los jóvenes y también cómo consideran que les afectará en el futuro. Es decir, si mantendrán algunos de los comportamientos adoptados durante la pandemia en el futuro o no.

Se realizó utilizando un cuestionario en línea entre el 1 de abril y el 30 de mayo de 2021.

Los resultados obtenidos respecto a la comunicación verbal, revelan que los estudiantes parecen haber adoptado muy bien las reglas al cambiar sin esfuerzo al mundo en línea, gracias a estar ya acostumbrados a utilizar la tecnología.

Al usar mascarillas, para hacerse entender mejor, los estudiantes parecen haber recurrido a repetir las oraciones en ocasiones, utilizando la voz, su tono y volumen como compensación. Además, mencionaron centrarse más en la parte superior del rostro, exagerando a veces los movimientos de estas zonas. Tratan de escuchar con mayor precisión y usar más gestos o más grandes.

Algunos de los encuestados refirieron haber disfrutado en algún momento de las reglas de distanciamiento social, lo cual es coherente con los hallazgos sobre la extraversión y la intraversión.

Por otro lado, admiten que algunas nuevas prácticas, como saludarse de distinta forma en el futuro o exagerar más los movimientos de la zona superior del rostro, probablemente dejarán huella en su comportamiento futuro.

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Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Physical distancing and the perception of interpersonal distance in the Covid-19 crisis” de Welsch, R.; Wessels, M.; Bernhard, C.; Thönes, S. y von Castell, C. (2021), en el que los autores investigan si existen variaciones en la percepción de la distancia interpersonal con motivo de la crisis de la Covid-19 y, en general, cómo ha afectado a la proxémica social.

La pandemia de la Covid-19 ha creado la necesidad de implantar rápidamente medidas de prevención para frenar el contagio de la enfermedad.

Una de ellas ha sido el distanciamiento social, ya que la frecuencia de los contagios aumenta en las interacciones cara a cara.

Se ha demostrado que esta medida reduce el riesgo de reproducción del virus un 38% aproximadamente, por lo que se considera efectiva.

Para hablar de este tema, primero necesitamos explicar las medidas proxémicas más conocidas y utilizadas.

Existe la distancia íntima que se comparte sólo con las personas de un entorno más cercano y es de 0 a 45 centímetros.

Después, tenemos el espacio personal, en el que se encontrarían las amistades o compañeros de trabajo cercanos, entre 45 y 120 centímetros.

Para interactuar con extraños, solemos guardar la llamada distancia social, entre 120 y 365 centímetros.

Y, por último, estaría la distancia o espacio público, que guardamos con las personas desconocidas que nos cruzamos por la calle o en lugares muy abiertos, entre 365 y 762 centímetros.

Los autores manejan varias hipótesis en el artículo.

La primera de ellas es si la nueva y necesaria distancia física ha cambiado la norma social y, por tanto, ha incrementado con la crisis de la Covid-19.

La segunda es si la exposición a situaciones de aislamiento, como el confinamiento, también ha hecho aumentar las preferencias de distancia social.

Por último, se preguntan si los efectos de estas dos situaciones persisten después de los momentos de crisis más intensos y son observables una vez estos han pasado.

Para ello, los autores llevaron a cabo una encuesta con una muestra de 186 personas de nacionalidad alemana, uno de los países europeos que más ha sufrido las consecuencias de la pandemia.

La encuesta comenzó a realizarse una semana después del comienzo del primer confinamiento en Alemania, cuando se impuso que la distancia social debía ser entre 150 y 200 centímetros.

Las preguntas de la encuesta se centraban en la percepción de los participantes antes, durante y después de la pandemia con respecto a la proxémica interpersonal.

Los participantes refirieron mantener, como norma y de media, una distancia aproximada de 172 centímetros, lo cual, durante la pandemia, es una distancia adecuada.

Al calcular la diferencia entre las distancias interpersonales antes y después de la pandemia, y la distancia interpersonal durante ella, los resultados mostraron tan solo 6 centímetros entre unas y otra, por lo que, en principio, se confirmaría la primera hipótesis que los autores proponen.

Parece ser que, a finales de 2020, los participantes refirieron preferir mantener unas distancias mayores que antes de sufrir los efectos de la pandemia. Esto, además de volver a confirmar las hipótesis de los autores, también pone de manifiesto lo sencillo que ha sido para las personas adaptarse a las nuevas normas de prevención en cuanto a proxémica se refiere.

Se sugiere que influyen factores como el riesgo personal percibido de contagiarse, lo cual es coherente con la situación de crisis sanitaria vivida.

También parece ser que existe una incomodidad importante cuando se reducen aproximadamente 10 centímetros o más las distancias interpersonales.

Y, además, con los resultados obtenidos, los autores consideran que con posterioridad a la pandemia estas costumbres están manteniéndose en el tiempo y las personas prefieren guardar la distancia de seguridad recomendada por las autoridades sanitarias en los peores momentos de la crisis.

Por tanto, las hipótesis propuestas por los autores son coherentes con los resultados obtenidos.

Como cualquier estudio, existen unas limitaciones que han de ser consideradas. Por ejemplo, que la muestra no es representativa de toda la población alemana, ya que la gran mayoría eran estudiantes universitarios y la edad media de los participantes era de 30 años.

Las futuras investigaciones, señalan los autores, deberían ir en la línea de subsanar esta y otras limitaciones que aparecen en el artículo. Además, sería muy interesante estudiar el porqué exactamente se sigue prefiriendo, aun cuando la pandemia no está en su punto más álgido, la distancia de seguridad que se recomendaba a principios de esta.

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